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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-01-2005

Washington y el tsunami: llorar con un ojo

Higinio Polo
Rebelin


El presidente norteamericano, Bush, partidario del conservadurismo caritativo (recuerdan?), y sus asesores, cometieron una evidente torpeza con su falta de reaccin ante la catstrofe asitica del maremoto, el tsunami que permanece en el centro de la atencin informativa internacional. Pareca que la catstrofe no tena nada que ver con ellos. Sin embargo, las duras palabras pronunciadas por diferentes responsables de las Naciones Unidas, sugiriendo la mezquindad de algunos pases ricos, forzaron una respuesta de Washington, no en vano el propio The New York Times haba hablado, en un editorial del peridico, de Amrica, la indiferente, poniendo al gobierno de su pas ante el espejo de su indiferencia por el sufrimiento ajeno.

 

El posterior paseo de Colin Powell por la geografa de la tragedia, donde asegur que no haba visto nada igual en su vida, y las grandilocuentes declaraciones de Bush, anunciando la creacin de una coalicin internacional para hacer frente a la desgracia dirigida por Estados Unidos, claro, como a los responsables norteamericanos les parece siempre ms adecuado quedaron rpidamente olvidadas: apenas haba transcurrido una semana del nuevo ao, y esa plataforma era disuelta por Washington, ante la evidencia de que la ayuda deba ser canalizada por la ONU, y por organizaciones como la Cruz Roja y la Media Luna Roja. Los acontecimientos posteriores han confirmado la indiferencia norteamericana: pese a su riqueza, Estados Unidos no contribuye en la medida de sus posibilidades para facilitar ayuda a las vctimas. El anuncio de que Washington aportara 350 millones de dlares fue recibido con escepticismo, y la reunin de Ginebra organizada por la ONU para reunir los recursos urgentes confirm las sospechas: Estados Unidos no estaba entre los ms importantes donantes de ayuda inmediata. Bush slo haba pronunciado palabras, que siempre salen gratis.

Jan Egeland, coordinador de la Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU, elogi, en cambio, los esfuerzos de Japn y China, y de pases con escasos recursos, como Nepal, Timor o Corea del Norte, diciendo que era algo sin precedentes en la historia. Egeland ha denunciado tambin que pases en apariencia generosos no cumplen despus lo prometido. Sus palabras sobre el tsunami no dejaban lugar a dudas: Debemos mantener una actitud prudente, porque, cada vez que sucede un gran desastre, los pases desarrollados suscriben activamente en la lista de donaciones, mostrando su gran generosidad, pero otra cosa es si estn realmente dispuestos a cumplir lo que prometen. En la actualidad, es muy importante la suma de donaciones suscritas por los diversos pases, pero sabemos que sern mucho menores de lo prometido.

Egeland hablaba con conocimiento de causa. Los organismos de ayuda de la ONU, por ejemplo, saben que los gastos de las tropas enviadas son contabilizados despus como si hubieran sido donaciones. Un portavoz de esa Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU record el tifn de 1998, que destruy buena parte de Honduras y Nicaragua, y que caus nueve mil muertos y unos tres millones de afectados. Las donaciones prometidas por los principales pases capitalistas desarrollados alcanzaban la cifra de 3.500 millones de dlares, y el FMI y el Banco Mundial se comprometieron a realizar aportaciones de 5.200 millones de dlares. Los recursos que llegaron al final apenas fueron la tercera parte de los prometidos.

Ese ejemplo no es una excepcin. De hecho, es la norma con la que actan los principales pases ricos, y, especialmente, los Estados Unidos. En Liberia, en enero de 2004, los pases reunidos suscribieron compromisos para entregar 1.000 millones de dlares: un ao despus, apenas se han entregado 70. El propio Kofi Annan, secretario general de las Naciones Unidas, en la conferencia de Yakarta que intentaba coordinar la ayuda internacional para paliar el desastre del tsunami, record que despus del terremoto que destruy Bam, en Irn, en diciembre de 2003, los pases ricos se comprometieron a entregar 1.100 millones de dlares: slo llegaron 17.

La especial responsabilidad de Washington en esa situacin es algo que debe recordarse. Sin embargo, aunque su actual presidente, como los anteriores, ha proclamado su exigencia de que el mundo debe ser dirigido por Washington, esa vocacin desaparece cuando se trata de mostrar solidaridad con el sufrimiento ajeno. En Nicaragua lo saben bien. Washington prometi ayuda para reconstruir el pas, despus de haber conseguido la derrota de la revolucin sandinista, financiando mercenarios y ahogando los cambios progresistas: la ayuda entregada siempre fue insuficiente y nada tena que ver con las promesas realizadas. Nicaragua, un pas repetidamente agredido y colonizado por Washington se ha convertido hoy en el pas ms pobre del hemisferio occidental, slo superado por Hait. Tambin lo saben los organismos internacionales que coordinan los programas para frenar la expansin del SIDA: el gobierno Bush no ha entregado la ayuda que se haba comprometido a aportar.

Estados Unidos no es el nico pas en tener una postura semejante, pero s puede afirmarse que, entre los pases ricos, es el que muestra una mayor hipocresa y una indiferencia criminal ante el sufrimiento de buena parte de la humanidad. En la cumbre de Ro de Janeiro, los pases industrializados se comprometieron a aumentar significativamente sus contribuciones a los pases pobres: diez aos despus sus palabras todava deben cumplirse. En el ao 2003, aportaron el 0,25 de su renta nacional bruta, cuando tambin se haban comprometido a aportar el 0,7. Estados Unidos se encuentra entre los pases que contribuyen en un porcentaje menor a la ayuda al desarrollo.

Al mismo tiempo, mientras se sigue coordinando la ayuda a las vctimas del maremoto asitico, segn las cifras del Banco Mundial, la deuda externa pblica de los cinco pases ms afectados se eleva a ms de 300.000 millones de dlares. Esa deuda obliga a que, cada ao, deban pagar ms de 30.000 millones de dlares en intereses, tanto al Banco Mundial (controlado por Washington), como a las arcas de los pases capitalistas ricos, y a los bancos y empresas privadas. De hecho, puede decirse que son los pases afectados por la catstrofe, y otras naciones pobres, las que siguen financiando la economa del mundo desarrollado y, principalmente, de los Estados Unidos. Los mecanismos econmicos que lo hacen posible son conocidos por todos y han sido denunciados por diferentes organismos de la ONU. As, se ha calculado que la totalidad de los recursos de ayuda al desarrollo que llegan a los pases pobres desde el mundo rico son, cada ao, aproximadamente, la cuarta parte del importe total que esos pases endeudados pagan a los ricos en concepto de intereses por la deuda externa. Debe continuar la ayuda a los pases afectados por el maremoto, y hay que exigir a los pases ricos que cumplan sus compromisos, pero hay que insistir tambin en la urgencia de la anulacin de la deuda externa de los pases pobres. Esa exigencia para acabar con la deuda externa de los ms pobres, que debe estar en el centro de la actividad de las fuerzas de izquierda, tiene que acabar con el engao de la explotacin y de la caridad simultneas. Porque, ante el tsunami, los responsables de Washington lloraban con un solo ojo.

Esa hipocresa de los poderosos trae a la memoria la historia que explica el fotgrafo cataln Kim Manresa sobre las mujeres de Bangla Desh algunas de ellas, casi nias a las que sus maridos haban quemado el rostro con cidos, como, para vergenza del gnero humano, suelen hacer en algunas zonas. Las noticias sobre ellas, no hace mucho, conmovieron a la opinin pblica, momentneamente. Una empresa multinacional hizo una gran campaa publicitaria y llev a seis de ellas a Valencia, para que recibieran tratamiento. Era un gesto de solidaridad. Kin Manresa confiesa que, fotografiar a las jvenes, en Valencia, al igual que hicieron otros muchos fotgrafos, fue el trabajo ms duro que ha hecho en su vida: las chicas no tenan labios, les faltaban ojos, sus orejas haban desaparecido, sus rostros quemados daban miedo y horror. En la medida de lo posible, les recompusieron sus caras. Despus, las mujeres volvieron a casa, a Bangla Desh, y los periodistas y el mundo olvidaron otra vez a aquellas jvenes vctimas que haban recibido tratamiento gratuito para sus rostros devastados. Aquella empresa que las llev a Valencia para remediar algo su sufrimiento pareca haber hecho un hermoso gesto. Sin embargo, Kin Manresa volvi un ao despus a Bangla Desh, porque se haba hecho amigo de aquellas mujeres cuyo destino le haba conmovido. En Bangla Desh, comprob que la empresa que haba pagado el tratamiento de aquellas seis jvenes no haba hecho un seguimiento posterior. Todas estaban peor. Las muchachas seguan viviendo en sus aldeas, y sus rostros se haban infectado de nuevo, se les caan los injertos de piel, las prtesis de ojos, las orejas reconstruidas. Todas se queran morir.

 



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