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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-03-2010

Hablemos de las prisiones y el rgimen carcelario en Cuba

Felipe de J. Prez Cruz
Rebelin


 

 

Ms de un milln de comentarios, notas de prensa, y declaraciones, circulan ahora mismo en el mundo meditico, sobre los horrores de las prisiones, la violacin de los derechos de los presos polticos y de los derechos humanos en Cuba. El hecho disparador de la nueva escalada propagandstica anticubana es la muerte en prisin de un disidente en huelga de hambre.

El caracterstico manejo de las medio verdades y la tergiversacin, de que hacen gala los actuales mulos de la propaganda negra, ha convertido en activista poltico a una persona con amplio expediente delictivo, hombre violento y de juzgada conducta antisocial, y por ello cumpla sancin de privacin de libertad1. Este sujeto ejerci contra s mismo, la ltima y ms enajenante de las formas de violencia fsica, el suicidio.

Es muy esclarecedor el artculo que sobre esta ltima maquinacin anticubana, publicara en Cubadebate y luego en Rebelin Enrique Ubieta Gmez2. Su ampliacin con datos irrefutables en el peridico Granma3, desmonta en su propio cimiento la mitologizacin que del delincuente, asesinado por la mafia anticubana, ya est en marcha. Las verdades rotundas que se han colocado a disposicin de la opinin pblica mundial, como otras tantas que son objeto de desinformacin, precisan que quienes las compartimos, nos comprometamos pblica y decididamente con ellas, y en tal dimensin aportemos nuestra perspectiva.

La algarada en s misma de los eternos sembradores de calumnias carece de importancia, pero no desprecio el impacto y los resultados de su masivo ataque, entre quienes estn distantes de lo que realmente pasa en Cuba. Se trata adems, de que en este mundo cada vez ms ciberconectado, y del cual no menos de 800 mil cubanos y cubanas participan directamente todos los das, esa distancia que refiero, no necesariamente es geogrfica. Cada vez se trabaja ms por los servicios enemigos, en el diseo de una propaganda internacional, que sin dirigirse aparentemente al pblico cubano, a la comunidad cubana en el exterior y sus familiares en Cuba, a los jvenes y otros grupos poblacionales, los incluya y atrape.

Parto de un criterio bsico: De Cuba y en Cuba, los revolucionarios podemos hablar de cualquiera, y de todos los temas.

Las conductas patgenas

Durante no pocos aos consideramos la delincuencia una lacra heredada del pasado colonial y neocolonial. Sin dudas en las antiguas relaciones de explotacin y enajenacin capitalista de los resultados del trabajo honrado de nuestro pueblo, estn los motores de reproduccin a escala cultural e ideolgica de las conductas patgenas, pero lo que no percibimos inicialmente, es que parte de aquellas relaciones se mantienen de una u otra forma en nuestro trnsito socialista, y se rearticulan y reproducen desde las limitaciones objetivas, los errores y en ocasiones excrecencias-, que tambin se producen en la creacin de la nueva sociedad. A nivel de las condiciones culturales de existencia y de la psicologa de determinados grupos sociales los ms marginados y excluidos en pocas pasadas-, se mantienen y reconstruyen las tradiciones negativas.

La tensin social generada por el perodo especial, sin dudas contribuy al aumento de las conductas negativas. Hubo personas que decayeron en su nimo solidario, en el inters a la realizacin con calidad de su trabajo, y hasta abandonaron su empleo dedicndose a actividades paralegales o definitivamente ilegales. Bajo la influencia del incremento de la entrada de capital extranjero, el aumento de las relaciones de mercado y de incipientes formas capitalistas de explotacin en el sector de los cuentapropistas, aparecieron nuevos ricos y pronto las personas que reaprendieron a vivir del trabajo de otros.

La situacin descrita, se complica an ms en las circunstancias de la contemporaneidad, se concitan nuevos fenmenos negativos. Se trata de las nuevas formas y dimensiones alcanzadas por la delincuencia a escala mundial, dadas en dos tendencias fundamentales: su crecimiento numrico y su carcter cualitativamente ms peligroso, lo que amenaza la estabilidad econmica, poltica, social e institucional de muchos pases. Cuba en particular por su estratgica posicin geogrfica y apertura al turismo, est bajo el asecho de las mafias del narcotrfico internacional, y la poltica de aliento a la confrontacin e ilegalidad en las relaciones migratorias que mantiene el gobierno de los Estados Unidos, ha provocado el negocio del trfico humano.

Las expresiones y conductas patgenas, de aquellos, que no han querido ni podido trascender las contradicciones e insuficiencias- de nuestra sociedad, y que optan por intentar soluciones transgresoras, y delictivas, reclamarn siempre nuestra mxima atencin. La defensa de la obra comn, no puede ponerse en riesgo, y nuestro pas, ha sido forzado a escoger, en legtima defensa, el camino de establecer y aplicar disposiciones y leyes severas.

Las crceles en Cuba

El problema de la atencin a la poblacin penal y sobre todo la falta de programas que realmente contribuyan a una vida decorosa de los sancionados, es un problema insoluble a nivel mundial. En los sistemas carcelarios de los pases capitalistas, predomina el concepto del castigo, la severidad y la exclusin.

En Cuba el sistema penal se dirige precisamente a concretar el paradigma del humanismo, que insiste en la necesidad de buscar en todo momento, la oportunidad y los medios para la dignificacin del ser humano. La profilaxis del socialismo cubano, se inserta en toda la filosofa del hombre y la mujer que defiende nuestro proyecto. Consideramos al ser humano perfectible, y se asume que sus conductas negativas pueden reformarse, y sobre esta base, se enriquecen constantemente los conceptos de reeducacin en los centros penitenciarios.

El doble bloqueo que represent la interrupcin abrupta de las relaciones econmicas con la exURSS y el extinto campo socialista europeo, y el incremento genocida del bloqueo con que nos agreden los Estados Unidos, produjo un deterioro sustantivo en la vida material del pueblo cubano, situacin de la que an no nos hemos recuperado completamente. Sufrieron nuestros hogares, las escuelas y hospitales y el conjunto de la infraestructura y aseguramiento social. Las condiciones de las prisiones tambin fueron afectadas, pero los reclusos cubanos recibieron las mismas protecciones que todos los ciudadanos y ciudadanas.

La alimentacin en las prisiones mantuvo una estable y segura suficiencia. En los establecimientos penitenciarios se elabora la misma dieta para reclusos, educadores, custodios y dems trabajadores de la institucin. Si la comida no puede ser la mejor, no lo es para todas las personas que trabajan y habitan en el lugar. La atencin mdica y hospitalaria, se realiza ininterrumpidamente para los trabajadores y reclusos de cada instalacin.

Nadie muri de hambre o de enfermedades curables en las prisiones, an en los das ms cruentos del perodo especial. Los reclusos cubanos siempre han recibido un trato respetuoso. Cada interno tiene derecho a recibir correspondencia, libros y abastecimientos, pueden solicitar y contratar asesora legal, se comunican con sus familiares y reciben visitas, incluidas visitas conyugales. Existe adems, un programa de salidas de estmulo, para que visiten a sus familiares en el seno de sus hogares.

En la mayora de las prisiones existen bibliotecas, salas de televisin y vdeos y se est incorporando la computacin. En el plan de vida de los reclusos hay opciones recreativas, deportivas y culturales, con la aspiracin de que toda la poblacin penal, tenga la posibilidad de ampliar sus conocimientos, se instruya y pueda recrearse de forma sana. El derecho a la prctica del deporte, la cultura y recreacin, incluye la constitucin de equipos deportivos y grupos de artistas aficionados, atendidos por instructores profesionales, y la realizacin de competencias inter establecimientos.

En atencin a los delitos que cometieron, la conducta dentro de los establecimientos, y las posibilidades del restablecimiento de las condiciones de las instituciones, los reclusos pueden solicitar acogerse a diversos planes de vida. La evaluacin y el estudio de la poblacin penal, es la base para estructurar un tratamiento diferenciado y recuperativo, en particular con los jvenes reclusos, lo que va desde las posibilidades de alcanzar estudios superiores, condiciones de vida y trabajo y rescate de la dignidad afectada por la condicin de recluso.

La labor de reeducacin

Los reclusos, siempre sern asumidos como cubanos y cubanas, que an sancionados, merecen nuestro respeto, sujetos en su inmensa mayora dignos de recibir una segunda oportunidad. En Cuba se parte del principio de que la persona que cumple una sancin de reclusin, lo hace para volver a reinsertarse en la sociedad. Nuestro concepto esencial radica, en que la no permisibilidad y el rigor en la defensa de la legalidad y el clima solidario de la nacin, presupone que cada recluso, incluido el que haya sido comisor de delitos contrarrevolucionarios, es tambin una responsabilidad de la sociedad, y esta debe esforzarse por ayudarlo a rectificar su error.

Las opciones de trabajo resultan elemento fundamental para incentivar la labor de reincorporacin social de los reclusos, tanto dentro como fuera del penal, en dependencia del delito que se extinga. Por ello se le propicia que en el perodo en que transcurre su pena, tenga acceso al estudio y al trabajo, preparndose en un oficio y ayudando econmicamente a su familia, pues en todos los casos, se retribuye salarialmente, por igual labor que la realizada por otro ciudadano fuera de la prisin. La sancin de trabajo correccional sin internamiento es una de las soluciones penales ms recurridas.

Los programas desarrollados en Cuba, para convertir las prisiones en escuelas para los jvenes reclusos -el plan est concebido para atender a reclusos que tengan hasta 30 aos y excepcionalmente incluye a personas de 35 aos-, constituyen una experiencia nica en el contexto internacional. Los programas en coordinacin con el Ministerio de Educacin (MINED), Ministerio de Educacin Superior (MES), Ministerio de Salud Pblica (MINSAP) y el Instituto Cubano de Educacin Fsica y Deportes (INDER), abarcan desde cursos de escolarizacin media y general, enfermera y educacin fsica, hasta sedes universitarias, para los que deseen incorporarse a los estudios superiores. Estos programas ya se extienden hacia la totalidad de los centros penitenciarios del pas. La actividad docente, estimula mucho ms la vinculacin afectiva y educativa entre los sancionados, la familia y las organizaciones sociales de su comunidad.

En el centro penitenciario San Francisco de Paula, en las afueras de la Ciudad de la Habana, se empez a experimentar con la idea de una crcel sin cercas, sin rejas, ni cerrojos, los cuales fueron sustituidos por aulas, talleres, laboratorios de computacin y bibliotecas. Se trata del primer paso de una experiencia, que pretende convertir a los centros penitenciarios en escuelas, partiendo del estrecho vnculo entre los reeducadores del sistema de prisiones y los jvenes internados, sus familias, y los trabajadores sociales encargados de atender tanto a los reclusos como a sus familiares. Por tal experiencia ya han pasado varios centenares de reclusos.

Retos y perspectivas

Resulta muy difcil lograr que en la dinmica estatal y por supuesto tambin en la social-, que todo marche segn se conciba y regule por el Gobierno central. Siempre hay estilos y formas particulares de enfocar las mismas orientaciones en uno u otro lugar, decisiones casusticas que nos son las ms acertadas, burocratismos y errores humanos. Y de esta realidad que an nos afecta la produccin, los servicios, la salud y la educacin, no se libra el sistema de prisiones.

Hoy el sistema penitenciario est inserto en los planes de recuperacin de la vitalidad constructiva y el aseguramiento, que se extiende a las diversas instituciones del Estado socialista, a pesar de las nuevas restricciones que ha sumado la adversa situacin econmica internacional. En ello se trabaja tanto por la direccin de prisiones, como por otros organismos estatales que deben asegurar y facilitar esta labor, tambin en tales medidas de revitalizacin estn incorporadas las organizaciones sociales y comunitarias.

En nuestras poblacin penal, como en cualquier grupo humano sometido a restricciones y condiciones especiales, se producen conflictos entre sus miembros, pero en el pas nunca se han dado los fenmenos, promiscuidad y corrupcin, tan afines al estado de las prisiones en el mundo. Todo el trabajo educativo y profilctico, la organizacin y disciplina de los establecimientos y sus opciones educativas, culturales y recreativas, articulan un esfuerzo sostenido, para evitar que las instituciones penitenciarias se conviertan en escuelas de delincuencia y corrupcin moral, tal como se certifica que ocurre en la inmensa mayora de las crceles de los pases capitalistas.

Ese maravilloso mosaico social que es mi barrio de El Canal, en el habanero municipio de El Cerro, me ha permitido conversar con reclusos que disfrutan de visitas a sus hogares, conozco y mantengo excelentes relaciones humanas, con ciudadanos que cumplieron sanciones en prisiones y con sus familiares, participo como vecino de la comisin que se ocupa en la comunidad de la reinsercin de estas personas, y no me son ajenas quejas e inconformidades. Esas demandas estn relacionadas con aspectos puntuales de la vida, las condiciones y el deterioro de servicios en los establecimientos, de sus relaciones con uno u otro encargado, con la ubicacin en un puesto trabajo, con la interpretacin de su rgimen de sancin. En quienes nada tienen que ocultar, me resulta sumamente interesante, la unnime buena opinin, el respeto, e incluso el cario, que expresan de mil maneras, por la figura de sus reeducadores, algo que confirman tambin madres, padres, y familiares que los han acompaado en ese difcil perodo de sus vidas.

La mayora de los exsancionados en mi comunidad se han reincorporado al trabajo, y participan de las actividades de los Comits de Defensa de la Revolucin (CDR) y de la Federacin de Mujeres Cubanas (FMC). Desafortunadamente hay varios que mantienen una conducta de rechazo a la accin social, evaden el trabajo y muestran hostilidad. Con estos ciudadanos seguimos en permanente dilogo de persuasin y rescate.

Los presos contrarrevolucionarios

En Cuba no existen presos polticos como se esfuerza por hacer ver la propaganda anticubana. Se sanciona no por pensar en contra de la Revolucin, sino por la comisin de actos contra la estabilidad poltico social y la seguridad del pas. Entonces son penados quienes secundan los planes y acciones de terrorismo de Estado del gobierno estadounidense, practican el mercenarismo, trabajan para la potencia enemiga y sus aliados, o afectan la seguridad nacional y violan la paz social con acciones peligrosas. Siempre apegados a la ms estricta legalidad y con respeto de las garantas procesales y judiciales reconocidas internacionalmente, que incluye la rpida presentacin de cargos, transparente instruccin penal, la eleccin por el acusado de la defensa que considere apropiada, la presentacin de hechos probados en juicios orales, en tribunales civiles, y juicios pblicos.

Estos reclusos, de acuerdo a los delitos por los que fueron hallados responsables y a su peligrosidad, reciben el tratamiento justo y humanitario que caracteriza al sistema penitenciario cubano. Si es su deseo pueden acogerse a los distintos planes de participacin laboral y estudio, y tiene derecho a recibir el mismo trato que el resto de la poblacin penal, en cuanto a sus relaciones con la familia y la sociedad, incluidas las visitas conyugales. Nada que se parezca al trato inhumano y canallesco, que reciben los cinco hroes antiterroristas cubanos, ilegalmente presos en las crceles del imperio, nada similar a los presos polticos nacionalistas puertorriqueos, a los militantes y activistas de los movimientos indios y afronorteamericanos que estn, como los patriotas cubanos, bajo seversimas medidas de rigor y aislamiento dentro del sistema carcelario estadounidense..

En el negocio de la contrarrevolucin, los mercenarios presos y sus perspectivos reclutas, tienen un guin pautado. No se incorporan a los programas existentes, asumen una conducta hostil y provocadora, y su trabajo es el de tratar por todos los medios de sabotear y tensar la vida en los establecimientos. Por ello son compensados en especies y dinero. Para qu realizar un trabajo honesto, si a ellos les llegan con regularidad los paquetes de ayuda humanitaria, que les permiten el acceso a alimentos, ropas y productos, que los sitan en condiciones de privilegio sobre el resto de la poblacin penal? Si sus familias comienzan a vivir del presupuesto millonario, que para la subversin interna tiene asignada la Oficina de Intereses de Washington en La Habana, y otras Embajadas de sus aliados europeos.

Recib hace unos meses a una alumna de espaol, de un amigo que trabaja en un pas de la Europa exsocialista. Una muchacha muy amable y de ideas humanistas. Cuando la conoc, me coment que vena de entregar ayuda solidaria a la familia de un preso poltico. Indagu, y la joven me explic que se haba dirigido a su Embajada, para que le recomendaran cmo poda ayudar al pueblo cubano, y all solcitamente le facilitaron la direccin de una sufrida familia represaliada!

Contrarrevolucin y delincuencia

La aspiracin de la Revolucin de resolver por medios humanistas, las causas y consecuencias de las conductas antisociales y delictivas, tienen una barrera principal en la poltica criminal que auspicia y desarrolla el imperio estadounidense. La peligrosidad de las acciones terroristas, que se urden en Miami y otros centros de la mafia cubano americana, con el apoyo y aliento del gobierno norteamericano y de sus grupos ms conservadores y profascistas, estn dirigidas en primer lugar contra la vida y la seguridad de los ciudadanas y ciudadanos cubanos. Un saldo hasta ahora documentado de 3 478 muertos, 2 099 incapacitados y daos fsicos y psquicos a cientos de vctimas y familiares, resulta el terrible costo humano con el que hemos sido castigados, por nuestra decisin de defender la soberana, la independencia y el socialismo.

Mientras el gobierno norteamericano proteja y despenalice a criminales internacionales como Orlando Bosh y Luis Posada Carriles, les otorgue el perdn presidencial, o los juzgue por delitos menores, para dejarlos luego en plena libertad en territorio estadounidense, el pueblo de Cuba tendr que estar ms alerta que nunca, y sus medidas de proteccin y disuasin para evitar nuevos actos terroristas, tienen que ser necesariamente muy rigurosas. Quienes se presten a secundar la actividad contrarrevolucionaria, recibirn la justa respuesta de nuestros rganos de seguridad y orden interior, y tendrn que responder por los delitos tipificados en la ley. Y sobre todo, los que cometan actos criminales contra la niez y la juventud, la integridad fsica y la vida de los ciudadanos, deben saber que pueden ser sancionados hasta con la pena capital.

Es de dominio pblico como la inescrupulosidad de los servicios enemigos, no repara en utilizar para sus fines desestabilizadores a delincuentes comunes. Desde contratar el asesinato de Fidel con la mafia estadounidense, y reclutar matones y terroristas en otros pases, hasta pagar a elementos inescrupulosos dentro del territorio nacional, para que den cobertura a sus agentes, asistan a sus convocatorias y creen disturbios y manifestaciones contra la paz y la seguridad.

Resulta evidente que la naturaleza antisocial de la delincuencia, propicia su manipulacin por los enemigos de la Revolucin. Hay individuos que resisten las polticas de profilaxis de la Revolucin, e intentan sacar partido de la poltica agresiva de los Estados Unidos.

Los articuladores de la actual operacin anticubana, no hallaron a su vctima en una fbrica, en nuestras escuelas, o en las instituciones culturales y sociales. Lo detectaron y reclutaron en la hez de la sociedad, luego de reincidencias delictivas, a punto de asesinar a otro ciudadano.

La muerte de este cubano que ahora pretenden inscribir en banderas de martirologio contrarrevolucionario, comenz el da que cegaron su raciocinio, no con una causa poltica, sino con su propio y acendrado individualismo, cuando lograron imbricar su naturaleza violenta y antisocial, con sus necesidades consumistas y el dinero fcil que llega a los mercenarios. Las trampas de la enajenacin capitalista, y los cantos de sirena de la propaganda y subversin ideolgico-cultural del imperio, se confirman en toda su criminalidad. Morir demandando privilegios especiales sobre el resto de la poblacin del penal, en este caso televisin, cocina y telfono personal en la celda, resulta tan descabelladamente absurdo, como carente de principios y seriedad, es todo el programa que la contrarrevolucin, tiene dictado desde Washington. 

La manipulacin del absurdo llega al cinismo, cuando se conoce que el Estado cubano en estos ltimos cinco aos, ha beneficiado a las familias cubanas con la reposicin de cocinas y refrigeradores, la entrega a quienes no lo posean de televisores y otros electrodomsticos - que ya llega a los 21 millones de unidades-, todos a precios subsidiados o a su costo, con el respaldo de facilidades bancarias sin precedentes, y la donacin en el caso de los ciudadanos que carecan de posibilidades reales de pago.

La sinrazn de quienes pretenden calumniarnos

Cada ao mueren 7 000 personas en las crceles de los Estados Unidos, muchas son asesinadas o se suicidan. En los ltimos cinco aos dentro de los centros de detencin de emigrantes 72 personas han perdido la vida. En el 2006 en las prisiones de California, se registraron 426 casos de muerte, debido a un tratamiento mdico tardo. De ellos, 18 fallecimientos fueron considerados como "evitables" y otros 48 como "posiblemente evitables". Un recluso diabtico de 41 aos de edad, Rodolfo Ramos, muri despus de haber sido abandonado solo y cubierto por sus propias heces durante una semana. Los funcionarios de la prisin no le proporcionaron tratamiento mdico, pese a conocer su condicin. Sin embargo, no conozco que esto haya preocupado a uno solo de los gobernantes de ese pas. A esta situacin nunca se ha referido un secretario de Estado. Tampoco recuerdo -y auxilio mi memoria con el estudio de la documentacin internacional-, que se le haya propuesto a los gobiernos europeos, por unos u otros grupos de presin y opinin poltica del centro a la derecha, que se juzgue al pas del Norte por una sola de tales muertes, mucho menos que se sugiera tomar medidas y sancionar.

La opinin pblica se horroriza cuando por casualidad conoce las atrocidades de los policas militares estadounidenses y los agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), en Abu Ghraib, las prisiones y campos que mantiene en Irak, en el enclave de la ilegal base de Guantnamo en Cuba, y en otros pases. Tambin se alarmaron los ciudadanos del mundo desarrollado, cuando conocieron de la abierta complicidad de los gobiernos europeos, que dieron -y an proporcionan- cobertura a los secuestros y vuelos clandestinos de la norteamericana CIA, con la carga de detenidos hacia distintos centros de tormento, con muy slidas sospechas de que en su territorio, tambin existan crceles y centros de tortura, enmascarados a travs de la cooperacin de las agencias de inteligencia de la OTAN. Pero como tales hechos llegan a los grandes espacios solo por casualidad4, estas imgenes pronto se sepultan en la avalancha de productos informativos banales, cuyo principal objetivo, es el de desorientar y desviar la atencin de los temas que no interesan a los arquitectos de la hegemona ideolgico cultural imperialista.

Cuba revolucionaria no conoce un solo caso de tortura, desaparecidos, ejecuciones extrajudiciales, ni crceles clandestinas. Si embargo, una y otra vez se fabrican campaas de descrdito, de lo que realmente ocurre en el pas y se colocan tales engendros mediticos en los noticieros de todo el mundo capitalista. Ahora estamos ante un nuevo episodio: La guerra criminal del imperio nos ha arrebatado otra vida. Su irresponsabilidad lleva dolor a una madre y sus familiares, y aspira a dar continuidad en estos compatriotas, al odio feroz de clase, que nos profesan los enemigos histricos de la nacin cubana.

Podrn ladrar los cancerberos del imperio, regocijarse con los esculidos apoyos de gobernantes prostituidos, personeros venales y meretrices intelectuales. Se felicitarn por quienes logren confundir y sumar a su carro de engaos. Pero lo definitivo, siempre estar a nuestro alcance. Nada nos har apartarnos de nuestros principios. Mucho menos nos atrincheraremos en autocomplacencias y justificaciones. Un caso como el que nos ocupa precisa del resumen de aprendizajes y experiencias.

Nuestra respuesta ser la de trabajar con ms eficiencia social, en los sistemas que ya estn en curso, los dirigidos a erradicar las causas de la marginalidad y a proteger a los sectores de la poblacin en riesgo de pobreza, as como perfeccionar en nuestras comunidades y consejos, la labor de las comisiones de prevencin y atencin social; pero sobre todo, hay que reafirmar cada da ms, en nuestras familias y escuelas, en los colectivos laborales y por supuesto, tambin en las prisiones, los valores y la belleza de la honestidad, honradez, solidaridad, laboriosidad, y de la disciplina social, porque en ellas est la cultura civilizatoria y base ideolgica, para defender y reproducir el universo moral de la nueva sociedad que construimos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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