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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2010

Con qu derecho sobrevivimos a los muertos?

Santiago Alba Rico
La Calle del Medio


A media maana del da 19 de enero del presente ao, el Liberty of the Seas, uno de los navos ms grandes y lujosos del planeta, desembarc a sus pasajeros en el idlico puerto de Labedee, un paraso privado propiedad de la empresa estadounidense Royal Caribbean. Recibidos con msica folklrica y refrescantes Labaduzees -el cctel exclusivo del recinto-, los viajeros descendieron alborozados para disfrutar de las playas ms sensuales, la comida ms sofisticada, los hoteles ms confortables, el parque acutico ms grande del Caribe y hasta de una montaa rusa, tautolgica y vertiginosa, siempre a disposicin de los clientes. Este sueo materializado, retorno civilizado al edn bblico, colindaba sin embargo con un mundo de inocencia perdida y barbarie antediluviana. Era slo un tabique, una transparencia dura e infranqueable. Porque, en efecto, al otro lado del muro de tres metros, erizado de espinas y protegido por guardias armados, no era 19 de enero sino 12; no era media maana sino las cinco de la tarde; no era Labedee sino Hait y la tierra temblaba, las casas se derrumbaban, los nios lloraban y miles de supervivientes buscaban entre los escombros cadveres y alimentos.

En el siglo XIX, los personajes de Jane Austen -nos dice Edward Said- podan disfrutar de vidas buclicas en la campia inglesa, preocupados slo por los pretendientes de sus hijas, gracias a que el lejano ejrcito imperial saqueaba entre tanto la India. El turismo -y la televisin- complican moralmente las cosas. Estamos en la misma habitacin. En diciembre de 2004, despus del tsunami que revolc el Sudeste asitico, muchos ingleses aprovecharon la reduccin de los precios para viajar a las playas de Indonesia, donde se baaban, beban y rean mientras, al otro lado de una sucinta alambrada, centenares de nios hurfanos deambulaban sobre el fango de un mundo desecho. Con qu derecho sobrevivimos a los muertos? Con el que nos da la certeza inevitable de nuestra propia muerte. Los muertos nos autorizan a seguir viviendo, a rernos, a enamorarnos, a construir una casa y a celebrar una fiesta a condicin de que tarde o temprano tambin nosotros nos muramos. El dolor de mi vecino no paraliza mi vida porque mi vida misma me llevar al mismo punto; la catstrofe de Indonesia no paraliza a Inglaterra porque los ingleses mismos son mortales. Pero, con qu derecho los ingleses van a un funeral en Indonesia? Con qu derecho los estadounidenses se ren en un funeral en Hait? Aceptemos la idea ms bien audaz de que entre el placer de unos y el dolor de otros no hay ninguna conexin culpable; dejemos a un lado la poltica, la economa, la historia misma; queda sin justificar nuestra presencia en un lugar al que nadie nos ha llamado, en el que no tenemos ningn pariente, en el que no queremos aprender nada. Queda por justificar, por tanto, nuestra mala educacin. Todas las civilizaciones de la tierra, tras un periodo de duelo, permiten a los humanos vestirse de colores y hacer el amor; pero todas las civilizaciones de la tierra han considerado siempre una mortal ofensa rerse en un entierro, sobre todo en el entierro de un desconocido. Pues bien: la globalizacin capitalista consiste -desde el punto de vista antropolgico- en que las clases medias de occidente, a travs del turismo y la televisin, vayan a rerse a carcajadas, a beber y bailar y follar en los entierros de los dems. Por qu nos remos en el entierro de los indonesios? Por qu nos remos en el entierro de los haitianos? Estamos all porque somos ms ricos y poderosos, y eso vale tambin para los buenos sentimientos; pero si somos adems descorteses y groseros -si nos remos en sus funerales- es porque estamos convencidos de que, al contrario que los haitianos y los indonesios, nosotros no nos vamos a morir.

Si no fuese colonialismo, el turismo sera en todo caso mala educacin. Cmo justifican los viajeros su alegra in situ? Con qu derecho nos remos en el funeral de un desconocido? Tanto la Royal Caribbean en 2010 como las agencias inglesas en 2004, lo mismo los turistas estadounidenses en Hait que los ingleses en Indonesia, aseguraban estar ayudando a reconstruir el pas. John Weiss, el vicepresidente de la empresa estadounidense, se enorgulleca de algunas sillas y colchones que les sobraban y que han entregado a los haitianos. Pero se referan, sobre todo, a las pocas decenas de trabajadores locales que emplean las agencias y al puado de artesanos a los que dejan vender, a la debida distancia, algunos productos locales. Los personajes de Austen eran ignorantes; los del Marqus de Sade eran cnicos; los turistas son tan ingenuos y fanticos como los terroristas de Al-Qaida. Es el liberalismo llevado a su expresin ms pura y radical: frente al dolor del otro y la muerte ajena, lamentarse no sirve de nada... lo que hay que hacer es rer y beber y bailar y follar. Si dejamos a un lado la poltica, la economa, la historia, an tenemos que juzgar las sociedades capitalistas por las paradojas antropolgicas que obligan a asumir como comportamientos normativos. Por qu me ro en el entierro de tu madre? Divertirme te ayuda, mi placer calma tu dolor, mi bienestar es una deuda contigo. La grosera, la descortesa, la mala educacin han pasado a ser casi imperativos morales Puede extraar que, cuando se trata de salvar el mundo, Occidente se apresure a mandar marines y turistas?

En 1558, Peter Brueghel, llamado el Viejo, llamado tambin el Campesino, pint La muerte de Icaro, un cuadro conservado en Bruselas en el que el espectador tiene que buscar con lupa al personaje mitolgico nombrado en el ttulo. Por delante de la aldea lejana y hospitalaria, del barco sereno en la baha y del pastor ocioso en medio del rebao, la figura central es la de un campesino milenario que rotura un cuadrado de tierra, sin percatarse de esa manchita espumosa, abajo y a la derecha del lienzo, que revela el fracaso de Icaro y de sus desproporcionadas ambiciones. Brueghel, mientras el Renacimiento espumaba ya el despegue europeo, afirma pictricamente una tesis y una toma de partido: las vidas paralelas del Hombre Viejo, triunfalmente aferrado a la tierra, y del Hombre Nuevo, cuyos caprichos insensatos sucumben en el mar sin llegar a rozar el orden ancestral de los humanos. El reaccionario Brueghel se equivoc y triunf el Hombre Nuevo, pero no era se, no, excogitado de la Razn y la Virtud, que haban soado Robespierre. Marx y el Ch. Contra el espesor de la tierra y el abrigo de las supersticiones, contra la lentitud narrativa y los hipcritas buenos modales del Antiguo Rgimen, en Occidente no triunf el Derecho y la Ciudadana sino Icaro, el cual, gracias a Iberia y American Airlines, llega siempre indemne a su destino. Hay que invertir las proporciones del cuadro de Brueghel. El Hombre Viejo y el Hombre Nuevo, como dos especies paralelas, escarabajos y cebras, inmigrantes y turistas, pobres y ricos, comparten el mismo lienzo, pero es el Hombre Nuevo el que vuela y vuela, en el centro de la escena, sin percatarse de la catstrofe del resto del mundo, en una esquina, que acabar arrastrndolo tambin a l.

El Hombre Viejo al menos respetaba a los muertos. El Hombre Nuevo capitalista es nuevo porque es el primero en la historia del mundo que se re en los funerales de los desconocidos. Se cree inmortal y, como todos los inmortales, demuestra -cuando no desprecio o crueldad- una olmpica indiferencia hacia los mortales.

Diablos, coo, joder, ser tan complicado entender, despus de esto, por qu la anomala cubana es tan importante para toda la Humanidad?



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