Portada :: frica :: Congo, una guerra por el derecho a la explotacin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-03-2010

La paz no llega a las provincias orientales de la Repblica Democrtica del Congo. Un informe desde las orillas del lago Kivu
La maldicin del coltn

Javier Fdez. Retenaga
Junge Welt


Gregor mantiene un rato la mirada fija en el avin. Es un Cessna. Podra ser uno de los que se utilizan para el contrabando de armas desde los pases vecinos. Y por qu no?, pregunta sarcstico, quin va detenerlos?. Aqu seran tiles los aviones de vigilancia del sistema AWACS. Pero nadie quiere emplearlos. Con su ayuda podra controlarse todo el espacio areo de la Repblica Democrtica del Congo (RDC), un pas seis veces mayor que Alemania. Y eso permitira impedir al menos una parte de la importacin ilegal de armas.

Entonces, por qu los pases occidentales no hacen nada? Por qu siguen actuando en la zona en disputa? Con bastante imprecisin y torpeza, como sealan Gregor y Sylvia. Ellos son miembros de la Deutsche Welthungerhilfe (Agro Accin Alemana) y saben por experiencia que a Occidente le interesan ms las valiosas materias primas que la estabilidad del pas. Siempre ha sido as.

La senda conduce desde el lago Kivu hacia el interior, a travs de parajes de un verde intenso. Tiempo atrs los europeos llamaron al este de Congo y a toda la regin de los Grandes Lagos la Suiza de frica. El clima benigno, las montaas y colinas y la variada flora recuerdan al paisaje de los Alpes. A Gregor le viene a veces a la cabeza esa denominacin de la poca colonial cuando se mueve por la zona, de un proyecto a otro, y se enfurece al ver la miseria y la pobreza de hoy.

Inseguridad permanente

En calidad de mnager de la organizacin humanitaria atiende diversos proyectos en el este de Congo. Construimos escuelas y calles. Ayudamos en la agricultura, repartimos semillas y proporcionamos asistencia mdica. Pero es difcil hacer algo y proporcionar a la gente seguridad fsica y psicolgica, dice, y aade, ... condenadamente difcil cuando al poco tiempo todo lo que se ha conseguido puede quedar reducido a cenizas por un cohete, una granada o los disparos de una ametralladora.

El conflicto armado no ha cesado en el este de Congo. No termin con el fin oficial de la guerra mundial africana, como denomin la ex ministra de Exteriores estadounidense Madeleine Albright a las matanzas que all se produjeron entre 1998 y 2003. Entonces murieron millones de personas, cuando diversos grupos rebeldes, pero tambin tropas regulares de los Estados vecinos de Ruanda, Burundi y Uganda hacan de las suyas. Era la poca de una lucha abierta para obtener el control de las inmensas y valiosas riquezas naturales existentes en las provincias orientales de Congo. Hoy siguen resultando muy atractivas. Ni el frgil acuerdo de alto el fuego de 2003, ni las primeras elecciones ms o menos democrticas de 2006 han puesto fin a cuarenta aos de combates.

La gente deposit sus esperanzas en las elecciones, de cuya seguridad se encargaron tropas armadas de la UE. Pero pronto las esperanzas se transformaron en una gran decepcin, dice Gregor. Sabe de qu habla. Vive aqu desde hace ms de diez aos. La economa y las infraestructuras de la zona estn destrozadas. El pas est hundido, a pesar de las riquezas que se encuentran en la tierra. La lucha por el poder y el control, por la tierra, por las minas, alcanza dimensiones terribles. La corrupcin est tan a la orden del da como la violencia. Los sectores polticos y econmicos en pugna, y tambin los diversos grupos paramilitares, se encargan de mantener un clima de inseguridad permanente.

Una vieja mquina de coser

En una pequea estancia de paredes toscamente enlucidas, algunas mujeres se han juntado en torno a una mesa de madera. Sylvia, una psicloga de familia francesa que trabaja para la Agro Accin Alemana, entra y saluda amablemente. Las mujeres tiene cierto parecido entre s, o esa impresin da, aunque no tanto por su aspecto fsico. Los mismos ademanes lentos, la actitud distanciada y el rostro inexpresivo; poco dicen sus parcos gestos. Estn ligadas por el destino, unidas en el dolor y en la pena.

Me entero de que llegaron al pueblo algunos todoterreno abollados. De ellos saltaron a tierra unos cuantos jvenes e incluso nios, lanzando gritos y agitando las armas. Insultaron a los habitantes y los acusaron de simpatizar con la gente equivocada y de apoyar a un grupo militar enemigo. El poder de los ms fuertes, de quienes portaban armas, tom el mando. Fue el fin de la vida cotidiana, el final de muchas vidas, el comienzo de muchos traumas, sobre todo para las mujeres.

Chozas quemadas, casa destrozadas, muertos. Y violaciones, mutilaciones, expulsiones. Muchos nios fueron llevados a trabajar en las minas o a campos militares de entrenamiento. All se les convirti en asesinos, por medio del terror y el lavado de cerebro.

Segn el balance de Naciones Unidas, en 2008, en tan slo dos meses 200.000 personas se vieron obligadas a huir en busca de proteccin, vagando sin rumbo entre los frentes. Era la poca en que comenzaron los enfrentamientos armados entre el desolado ejrcito congoleo, compuesto por diversos grupsculos armados, y las tropas de Laurent Nkunda, apoyadas desde Ruanda. Nkunda acab siendo detenido, lo cual, no obstante, consolid la situacin.

Sylvia explica que las mujeres, vctimas de la violencia y la discriminacin racial, y a menudo separadas de sus hijos, necesitan sobre todo apoyo psicolgico. Hacemos posible que aprendan a leer y escribir, que reciban una educacin. Por ejemplo, como costureras: en medio de la estancia, sobre la mesa, hay una vieja mquina de coser Singer. Pero los rostros de las mujeres permanecen impasibles. Impenetrables, oscuros como una piedra volcnica. Su historia est ligada a la del pas: una historia de opresin, humillaciones, pena y dolor.

Bajo dominio extranjero

El pas, donde antes exista uno de los mayores reinos de frica, ha sido sistemticamente explotado desde el S. XVII. Primero llegaron los portugueses, luego los holandeses y los britnicos. A partir de la Conferencia de Berln, en 1884-85, dominaron all la monarqua belga y sus gobiernos por medio de la brutalidad y el terror. El cambio lleg con la independencia y las primeras elecciones democrticas, en 1960. Patrice Lumumba, el carismtico lder de la resistencia congolea contra la dominacin extranjera, fue elegido presidente, convirtindose en una astilla en el ojo para los occidentales.

Lumumba recelaba de los EE. UU. y de las potencias europeas que antes dominaron en la zona, con mayor motivo despus de haber criticado pblicamente a Bruselas por los crmenes cometidos en la poca colonial. Lumumba, la esperanza para Congo y para muchos movimientos de liberacin africanos, fue asesinado en enero de 1961 por rdenes provenientes de Blgica y con conocimiento de Balduino I. Le sucedi en el gobierno Joseph Mobutu, apoyado entre otros por Washington, Pars y Bruselas, y ms tarde llamado mi distinguido amigo por George Bush padre. El dspota se mantuvo en el poder durante ms de 40 aos, cambiando en 1971 el nombre del pas por el de Zaire. Muri en 1997 en el exilio, en Marruecos. Su sucesor fue Laurent-Dsir Kabila, muerto en atentado en 2001. Desde entonces gobierna su hijo Joseph, confirmado como presidente en dudosas elecciones llevadas a cabo bajo control internacional.

En el este del pas, sobre todo en la provincia de Kivu del Norte, siguen producindose hoy en da violentos combates entre el ejrcito congoleo, las milicias Mai-Mai y los grupos rebeldes procedentes de Ruanda. Desde hace tiempo se acusa al ejrcito congoleo de colaborar con grupos hutu implicados en el genocidio ruands de 1994. Grupos rebeldes de Ruanda y Uganda pretenden acceder a los recursos naturales de la zona fronteriza de R. D. del Congo. Financian la lucha mediante la extraccin y el comercio ilegales, sobre todo de oro y coltn, y compran armas a los traficantes internacionales. Precisamente el coltn es un mineral particularmente codiciado, ya que es utilizado por la industria electrnica de los pases ms industrializados para la construccin de telfonos celulares, y se precisa tambin en la tecnologa espacial.

Riquezas minerales por armas

La R. D. del Congo posee el 70% de las reservas mundiales de coltn. Sin embargo, hasta hoy estas riquezas han sido ms una maldicin que una bendicin para el pas. Los cascos azules de la ONU (MONUC), que con alrededor de 18.000 soldados constituyen su mayor contingente mundial, apenas han contribuido hasta ahora a poner fin al conflicto. En las ciudades de la regin estn presentes el ejrcito y el MONUC, pero quien se adentra en las zonas rurales se topa indefectiblemente con paramilitares e incluso nios armados con Kalashnikovs que, en el mejor de los casos, slo quieren robarte, dice Gregor.

Hasta hace poco, las tropas de paz no disponan siquiera de helicpteros equipados para la visin nocturna. La ONU estaba ciega por la noche. El nmero de soldados es escaso para la enorme extensin del pas. Seala tambin que debido a la mala preparacin y al pobre equipamiento, la misin de la MONUC est casi condenada al fracaso. No es ningn secreto que los cascos azules a menudo llegan tarde y actan sin coordinacin; no es raro que para confirmar una orden tengan que telefonear a Nueva York. Eso lleva tiempo, un tiempo que del que quiz las vctimas ya no disponen.

Por las maanas, antes de ponerse en marcha para atender sus proyectos, Gregor y Sylvia se coordinan va Internet con sus colegas de la DW y de otras organizaciones humanitarias presentes en la zona. Se ponen al da de la situacin y los posibles peligros. Como es natural, los cooperantes extranjeros dependen muchas veces de la informacin que reciben de la poblacin. Es importante que las autoridades locales, los seores de la guerra y sus combatientes estn informados de los desplazamientos y la presencia de los grupos occidentales y de sus diversos proyectos. De otro modo, sera visto como una injerencia; slo la comunicacin reduce el riesgo.

Obras en Goma

En la parte norte del lago Kivu, no muy lejos de la ciudad de Goma, ya no miramos tan a menudo temerosos a ambos lados del camino, hacia el bosque. La sensacin de una cierta seguridad crece a medida que nos acercamos a los arrabales de la ciudad. Ya no es tan grande el peligro de sufrir un asalto repentino desde la espesa maleza, o de toparnos con una inesperada patrulla de rebeldes. Nuestro vehculo se tambalea en su marcha por el irregular firme. Pronto habr aqu un nuevo pavimento, explica Gregor. Las obras ya han comenzado, dice, y seala por encima del volante una gran nube de humo. Nos bajamos y nos dirigimos hacia donde se encuentran algunos hombres con palas.

Un camin descarga ante nosotros toneladas de arena y piedra. Todos aguardan a que la carga se asiente. Un rato despus el camin se aleja, los hombres toman las palas, se suben al montn de arena y empiezan a repartirlo por la carretera. Al otro lado se ve a unas mujeres, algunas con nios pequeos, que al pie del montculo clasifican las piedras a mano, un trabajo arduo y laborioso. Es otro proyecto nuestro, dice Gregor. Lo llamamos 'cash for work'; ofrecemos trabajo y lo pagamos de inmediato. Intentamos as llegar a los parados. Y se desarrollan las infraestructuras de la regin. No slo las mujeres, las vctimas de violaciones, reciben ayuda, tambin se acoge a antiguos combatientes, miembros de unidades paramilitares, del ejrcito o rebeldes, que han sido despedidos.

Entretanto, las Fuerzas Armadas de la R. D. del Congo estn siendo modernizadas, as lo llaman, por la UE. Esto se hace en el marco de la misin de asesoramiento y asistencia, EUSEC. Asesores militares enviados por Bruselas entre ellos personal del ejrcito alemn dirigen y controlan las reformas. Se pretende una integracin del ejrcito y crear nuevas estructuras administrativas, segn se dice. Se recogen armas y se controla el pago del salario a los soldados. Tambin se ayuda a los menores para que acudan a la escuela y evitar as que vaguen sin rumbo por el pas y sean reclutados por los paramilitares.

Sigue siendo demasiado poco. Debera hacerse ms. Pero un Congo estable es probablemente una quimera, dice Gregor. Despus de todos los aos que he pasado aqu, me ha quedado claro que lo que a todos les importa son los valiosos recursos naturales, especialmente a Occidente. Si la R. D. del Congo fuera de verdad un Estado democrtico y soberano, los derechos de extraccin, las aduanas y los impuestos jugaran un papel importante. Sin embargo, es ms sencillo sortear las estructuras estatales, es ms barato pagar a los seores de la guerra locales, que luego se encargan de que las codiciadas mercancas salgan del pas de manera segura. Que con ese dinero los rebeldes adquieran nuevas armas y las utilicen, apenas interesa a nadie.

Fuente: DR Kongo: Der Fluch des Coltans 

Javier Fdez. Retenaga forma parte de los colectivos Rebelin y Tlaxcala, la red internacional de traductores por la diversidad lingstica. Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.

URL de este artculo en Tlaxcala:
http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=10088&lg=es

 


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