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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-03-2010

Para esto el Tratado de Lisboa?

Carlos Taibo
Pblico


En los ltimos meses no han sido pocas las voces que, conocedoras de lo que se cuece en la Unin Europea, han expresado su recelo ante un argumento mil veces repetido: el que llama la atencin sobre las presuntas bondades del Tratado de Lisboa en lo que se refiere a acrecentar la agilidad y la eficacia de unas instituciones hasta hoy ms bien mortecinas. Para muchas de las voces que nos ocupan, y por decirlo rpido, el tratado ha llegado demasiado tarde en un escenario en el que han surgido de por medio nuevos y acuciantes problemas.

Lo cierto es que las semanas transcurridas desde la entrada en vigor del Tratado de Lisboa no han aportado savia nueva a una Unin Europea que sigue tan cabizbaja como antes. Basta con echar una ojeada a los nombramientos de las dos figuras Herman van Rompuy y Catherine Ashton que encabezan la UE en estas horas para percatarse de que poco hay que huela a un renovado impulso que rescate a la Unin de su crisis. Aunque hay quien aducir, con respetable razn, que la ausencia de figuras de primer orden en Bruselas bien puede ser una buena noticia nos alejar, sin ir ms lejos, de polticas marcadas por irrefrenables designios personales, el problema de fondo parece, en realidad, otro: la Unin Europea de estas horas no tiene resuello para encarar ninguno de los grandes retos que debe afrontar, algo que convierte en ancdota los nombres de quienes encabecen unas u otras instituciones.

El primero de esos retos inabordables lo configura un inquietante alejamiento entre polticos y tecncratas, por un lado, y ciudadanos de a pie, por el otro. Sobran las razones para aducir al respecto que se ha acabado un idilio de aos. Las trampas vinculadas con la ratificacin del viejo tratado constitucional y con el propio Tratado de Lisboa han dejado una huella imperecedera a la que se suma una circunstancia ms: el chalaneo permanente al que se entregan desde hace tiempo liberales, conservadores y socialistas ha cancelado en los hechos muchos de los elementos de vivacidad que, al calor de la competicin y la oposicin, dan aire a tantos sistemas polticos.

No es ms halageo el registro de la Unin, cada vez ms inmersa en la consolidacin de una Europa fortaleza, en lo que hace al encaramiento de la crisis econmica. Si en los 20 ltimos aos los poderes pblicos han perdido dramticamente capacidades de accin, los problemas que acosan a Grecia o a Espaa a duras penas aciertan a ocultar que en el propio ncleo duro de la Unin faltan las respuestas convincentes mientras, y con lo que ha llovido, la desregulacin, adobada con los mitos de la competitividad y del crecimiento, sigue impregnndolo casi todo. A estas alturas, y en paralelo, slo los ms ingenuos creen que la UE, esa audaz compradora de cuotas de contaminacin que los pases pobres no estn en condiciones de agotar, se halla comprometida en una lucha sin cuartel contra el cambio climtico. Qu no decir, en fin, de una poltica exterior que, alicada, sigue arrastrando una dcil sumisin al dictado norteamericano. Qudenos el consuelo de certificar, eso s, que con los mimbres presentes no hay ningn motivo para afirmar que una diplomacia fuerte del lado de la UE dibujara un mundo ms justo y solidario

http://blogs.publico.es/delconsejoeditorial/490/%C2%BFpara-esto-el-tratado-de-lisboa/



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