Portada :: Europa :: El capitalismo devasta Europa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-03-2010

Grecia
Euro, la picota de los tratados

Bernard Cassen
Mmoire des luttes

Traducido para Rebelin por Susana Merino


Los actuales planes de salvataje financiero de Grecia de Espaa y Portugal seguramente maana y de otros Estados pasado maana no tienen en modo alguno el objeto de salvar a un pas. Slo se trata de evitar a cualquier precio el hundimiento de una construccin monetaria, el euro, y en consecuencia de los fundamentos ideolgicos de la construccin europea.

La decisin de crear una moneda nica europea, principal disposicin del tratado de Maastrich de 1992, constitua un desafo a la lgica. Impona en efecto una misma poltica monetaria a economas tan diferentes como, por ejemplo, las de Alemania y Grecia. Esta poltica, como fuere, poda ser por definicin solamente til a un determinado inters nacional estructural o coyuntural e inservible para otros intereses nacionales. En la oportunidad fueron los intereses alemanes y solamente ellos (un euro fuerte en reemplazo de un marcofuerte) los que impulsaron su definicin.

El euro habra tenido sentido en una zona econmica relativamente homognea, como en EEUU el dlar, que dispusiera por otra parte de instrumentos de transferencias financieras internas masivas (como sucede en el presupuesto federal usamericano), decididos por una nica autoridad poltica (la presidencia y el Congreso) actuando adems en estrecha coordinacin con un banco central: la Reserva federal. Sin hablar de un idioma nico, el ingls, y una cultura de movilidad de la mano de obra.

La Unin Europea (UE) no cumple ninguna de esas condiciones. Su presupuesto equivale solamente a alrededor del 1% del producto interior bruto del conjunto de los estados miembros. La movilidad en su seno solo puede ser muy limitada aunque solo sea por motivos idiomticos.

Las polticas europeas no estn dirigidas a resolver las desigualdades de desarrollo econmico y social acrecentadas por la entrada de diez nuevos miembros en 2004 y dos ms en 2006, sino ms bien al contrario, se utilizan para favorecer las deslocalizaciones internas y el dumping social. Si alguna armonizacin se produce es hacia abajo. Adems las capacidades de intervencin econmica y financiera de los Estados se han transferido, a travs de tratados sucesivos (como el de Lisboa) no a autoridades democrticas supraestatales sino a lo sustancial del mercado y a otras instancias llamadas independientes o lo que es lo mismo a los guardianes de los dogmas ultraliberales: la Comisin y el Banco Central europeo (BCE).

Verdadera picota, las reglas de la UE le impiden intervenir. Mientras tanto el BCE ha salvado a los bancos que inmediatamente han especulado indirectamente contra el euro, pero sin embargo no puede conceder prstamos a uno de los 16 miembros de la eurozona! Prisionero de una moneda nica cuya sobrevaluacin solo beneficia a Alemania, Grecia (y bien pronto ser el caso de los dems pases en dificultades) puede contar solamente, es un decir, con un vago apoyo poltico de la UE (que frente a los mercados financieros juega el papel de gendarme de los compromisos asumidos por su gobierno), sobre prstamos que les concedieran otros Estados y sobre el Fondo Monetario Internacional(FMI).

Frente a este lamentable balance, lo absurdo de los tratados europeos se pone claramente en evidencia. Los gobiernos de los Veintisiete, a los que se les hizo adoptar en nombre de los principios liberales estn actualmente obligados a violarlos, ms o menos discretamente, para salvar a la UE Contra s misma! Es dudoso que este gran distanciamiento entre los dogmas y la realidad pueda mantenerse mucho tiempo.

Fuente: http://www.medelu.org/spip.php?article350


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