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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-03-2010

La historia se repite
Inexpugnable Afganistn

Alain Gresh
Le Monde diplomatique

Traducido para Rebelin por Caty R.


En enero de 1842 el ejrcito britnico abandon Kabul; de los 16.000 soldados y civiles que intentaron dejar el reino, slo un puado lleg a salvo a la India. El 15 de febrero de 1989 los ltimos soldados del Ejrcito Rojo cruzaron el puente de la Amistad sobre el ro Amu-Daria; ms de 15.000 de ellos perecieron desde 1979. En dos aos, quizs tres, el ejrcito estadounidense, la mayor potencia del mundo con su material de alta tecnologa, sus aviones espa y sus drones, seguido por sus colaboradores de la Organizacin del Atlntico Norte (OTAN), se retirarn a su vez. Cuntos hombres y mujeres habrn perdido? Cuntos afganos muertos, cuntas ciudades bombardeadas, cuntos refugiados? Y en qu estado se encontrar la regin desestabilizada por la ampliacin de las operaciones militares a Pakistn?

La historia se repite y Afganistn permanece inexpugnable con su geografa accidentada, con sus tribus y etnias dispares, con su feroz voluntad de independencia.

Por supuesto las diversas guerras que han asolado el pas no son comparables: los contextos geopolticos, los pretextos que se invocaron para iniciarlas y las consecuencias son diferentes. Si los britnicos declararon abiertamente sus objetivos defender los intereses del imperio y los mercados de la India-, los soviticos y los occidentales se arroparon y estos ltimos se siguen arropando- con la bandera de la tica y los grandes principios para justificar sus cruzadas: salvar a los afganos de la barbarie, contra ellos mismos si fuera necesario.

Comparadas con las destrucciones provocadas por la guerra sovitica y la estadounidense, las operaciones que llevaron a cabo los britnicos (que incluso quemaron el bazar de Kabul en 1841) casi aparecen como naderas.

Sin embargo cuando Estados Unidos se lanz a la aventura afgana en 2001 disfrutaba de todas las ventajas: la indignacin levantada por los atentados del 11-S, el apoyo de la comunidad internacional confirmado por las resoluciones de las Naciones Unidas, un compromiso militar de la OTAN y de decenas de pases y el descrdito del rgimen talibn frente a los opositores armados, especialmente entre las etnias no pastunes.

Ocho aos despus las ilusiones se han evaporado y el presidente Barack Obama hered una situacin desastrosa. Pero el hombre que desde 2002 se pronunci contra la guerra de Iraq tambin proclam durante su campaa electoral que Estados Unidos en Afganistn estaba librando una guerra buena contra el terrorismo de al-Qaida ms tarde aludi a una guerra justa- De ah su decisin de aumentar, desde ahora a finales de 2010, el contingente expedicionario estadounidense a ms de 100.000 soldados. Obama tambin ha seguido a George W. Bush en su voluntad de extender el conflicto al vecino Pakistn: ya se habla Afpak, convertido en un nico teatro de operaciones.

Sin embargo, al contrario de su predecesor y a pesar de sus discursos electorales, Obama ha perdido muchas de sus ilusiones de victoria. Como escribe el comentarista ultraconservador estadounidense Arnaud de Borchgrave, todas las negociaciones giran en torno a la forma de acabar con la guerra, no sobre la idea de que se puede ganar (1) Pero, cmo terminar con las hostilidades?

La administracin de Hamid Karzai, prorrogada despus de amaar vergonzosamente las elecciones presidenciales, est desacreditada; los jefes de guerra responsables de numerosos crmenes de guerra siguen al mando en muchas provincias; los talibanes, aunque no gozan de un apoyo mayoritario, han ampliado sus bases. No existe ninguna solucin viable sin la reconciliacin nacional, incluida con la organizacin del mul Omar (2). Pero el establecimiento de un gobierno de unidad nacional implica aislar a al-Qaida de los grupos insurgentes y asociarse con los vecinos de Afganistn, cuyas ambiciones a veces son antagnicas: Pakistn, Irn, Rusia y La India. No es una tarea fcil. Recordemos que la retirada de las tropas soviticas de Afganistn en 1989, que habra podido dar lugar a una transicin pacfica, desemboc en una reactivacin de la guerra civil debido a la voluntad estadounidense (y paquistan) de humillar a Mosc.

Una importante leccin se desprende de la historia afgana. Las guerras extranjeras, incluso aunque se lleven a cabo en nombre de los principios ms nobles, agravan las crisis ms que resolverlas. Los pueblos rechazan que los sometan a tutela. Estados Unidos, pas emblemtico de las expediciones fuera de sus fronteras desde hace al menos un siglo, debera abandonar la idea de que el mundo le necesita, le escucha y aspira a que le dirija para garantizar finalmente el triunfo de la libertad (3).

Notas:

(1) Pakistan doubting US alliance, 1 de febrero de 2010, Newsmax.com.

(2) Ahmed Rashid, A deal with the taliban? , The New York Review of Books, 25 de febrero de 2010.

(3) Leer Andrew J. Bacevich, en el dossier sobre Afganistn de Boston Review, enero-febrero de 2010, Can the US succeed in Afghanistan?. Leer tambin Le basculement du monde, Manire de voir, n 107, octubre-noviembre de 2009.

Fuente: http://www.monde-diplomatique.fr/mav/110/GRESH/18966


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