Ahora soy yo quien le sugiere a Rosa Montero otro ejemplo puramente hipotético. Cójase un pequeño país que desea seguir su propio y soberano camino en la situación internacional. Frente a él, el más poderoso de los países le niega todo tipo de relaciones comerciales y sanciona con prisión a cualquier persona, empresa o gobierno que ose ayudar, donar o comerciar con ese pequeño país. Además, el país grande paga y premia a cualquier habitante del pequeño que muestre su oposición, mienta, engañe o impida el normal desarrollo de la vida cotidiana dentro del pequeño, aunque sea con la violencia.
No conforme con esto, el grande presiona con sus poder militar y económico a toda la comunidad internacional para que aísle al pequeño. Al no ser todo eso suficiente, esgrime la amenaza constante de una intervención militar como tantas que ya ha consumado en otros países del mundo.
El país grande exige como condición para el cese de su hostilidad que se celebren elecciones. Tiene reservado para entonces, jugosos fondos para quienes defiendan sus intereses y las amenazas constantes para quienes se nieguen a sus imposiciones. Parafraseando a Rosa Montero, “¿consideran ustedes que eso sería un ejercicio de libre elección?”. Entonces, le pregunto yo a la musa de El País, ¿por qué tanto interés por esas elecciones en Cuba y no en Euskadi?