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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-03-2010

La tempestad social que se aproxima

Editorial de Punto Final
Punto Final


Pasado el primer impacto del terremoto y maremoto del 27 de febrero, quedan las secuelas que demorarn aos en superarse. Apenas comienza la evaluacin de los destrozos para determinar lo que debe ser demolido, qu se construir nuevamente y dnde, qu se reparar y a qu costo, cmo se recuperarn las fuentes de trabajo y se pondrn en marcha otra vez las actividades productivas paralizadas. Sin embargo, por primera vez en ms de setenta aos una catstrofe de la magnitud y profundidad de la ocurrida ser abordada solamente con criterios de mercado, en los que predomina como objetivo la ganancia capitalista.

Entretanto, todo marcha a tropezones, desmitificando la aureola eficientista y profesional de que intentaba revestirse el gobierno de la derecha. El presidente Sebastin Piera aparece hasta ahora ms preocupado de producir efectos mediticos que de gobernar racionalmente. Su actitud incesante ante cmaras y micrfonos est lejos de la sobriedad en los gestos, la profundidad en las palabras y la calma necesaria para adoptar medidas que beneficien a los sectores ms modestos que han sufrido lo peor del desastre.

El presidente-empresario, en cambio, prefiere correr de un lado para otro, siempre rodeado de su equipo de prensa, convencido de que las imgenes valen ms que la realidad. Esta ltima, sin embargo, est mostrando la pereza asombrosa del equipo de gobierno.

Lo que se anuncique estaba muy estudiado y que contaba con el respaldo tcnico de los grupos Tantauco, se ha desvanecido, al igual que se ha hecho humo la promesa del presidente Piera de vender sus acciones en LAN antes de asumir el mando, as como desvincularse de su canal de TV, Chilevisin. Se levantan sospechas de que la tardanza ha correspondido a la voluntad de ganar tiempo para aprovechar el alza de sus acciones, incrementando as su ya enorme fortuna. Clculos mesurados sealan que en un mes ha duplicado su capital (ver pgs. 6 y 7).

Ni siquiera el estudio de algo tan sencillo como el bono de marzo estaba terminado. Hay ms, el apagn que el 14 de marzo afect al Sistema Interconectado Central, desde Taltal hasta Puerto Montt en una extensin de dos mil kilmetros, dej sin electricidad a casi el 90 por ciento de la poblacin del pas pero descoloc al gobierno. Pasaron horas antes de que las autoridades dieran la cara para explicar las causas de una falla que fue responsabilidad de las empresas privadas que generan, transportan y distribuyen la energa elctrica. Slo atinaron a decir que la falla corresponda a la cada de un transformador en la Regin de La Araucana. 24 horas despus, todava haba zonas del pas sin electricidad y ninguna de las empresas asumi su responsabilidad, en un hecho que confirm la extrema debilidad de la infraestructura levantada por la empresa privada.

El gobierno se empea en construir imgenes que respalden sus llamamientos a la unidad nacional. Este artilugio persigue debilitar a la oposicin y hacer expedita la tramitacin de proyectos de ley con los cuales tratar de imponer el peso de la reconstruccin a los propios afectados, es decir, a los sectores populares y a las clases medias bajas, facilitando a los grandes consorcios hacer fabulosas ganancias. Las vacilaciones de la oposicin favorecen en este sentido los planes del gobierno. Todava los sectores opositores -la Concertacin y el Partido Comunista, hoy aliados en la Cmara de Diputados- no tienen un planteamiento claro que apunte a lo fundamental, es decir, a que no deben ser los pobres los que paguen los daos y que los recursos para la reconstruccin provengan de los que ganan enormes sumas, como las transnacionales del cobre y los consorcios nacionales, las grandes empresas del retail, las AFPs, los bancos, las empresas de seguros y sobre todo, la industria de la construccin y sus derivados. Ni siquiera se ha planteado por la oposicin la disminucin del gasto militar, uno de los ms elevados del continente.

Hablar de unidad nacional es una burla en un pas donde la desigualdad entre ricos y pobres es una de las mayores del mundo. Un pas en que los ricos pagan menos impuestos que los pobres, donde una minora vive como millonario texano y los pobres vegetan en medio de la precariedad, agobiados por las deudas y la incertidumbre del desempleo, las enfermedades y las catstrofes.

El gobierno se propone entregar la reconstruccin al sector privado, convirtindola en un negocio y no en una tarea solidaria y patritica. Descarta seguir el camino que en circunstancias similares siguieron los gobiernos desde 1939, cuando el terremoto de Chilln dio paso a la creacin de la Corfo y de la Corporacin de Reconstruccin y Auxilio, primer organismo estatal encargado de la vivienda y que enfrent la reconstruccin de la zona devastada por el sismo. De esa forma se cumpli una labor eficiente, de alto sentido social, que ech las bases del desarrollo de un pujante capitalismo de Estado. Incluso las construcciones de emergencia fueron de alta calidad y algunas todava permanecen. En cambio, ahora se ha generalizado el uso de mediaguas, soluciones de extrema necesidad que no deberan durar ms de un par de inviernos, ya que sus condiciones apenas superan el mnimo aceptable.

Con el mercado como rector de la reconstruccin, la empresa privada har el negocio del siglo, estrujando las posibilidades del ahorro fiscal. En trminos de calidad y seguridad, el historial de las empresas constructoras no es precisamente un ejemplo. Miles de casas deben ahora ser demolidas por estar mal construidas; decenas de edificios se han derrumbado o tienen que ser demolidos. La electricidad, el agua potable y las telecomunicaciones, todas en manos privadas, se han revelado como fuentes de grave inseguridad y abuso para los usuarios. Caminos, puentes y autopistas concesionadas se han agrietado o derrumbado por responsabilidad de sus constructores. Se tolera, incluso, la estafa que significa la venta de departamentos que no se pueden habitar y por cuyas fallas nadie responde. Las empresas constructoras o inmobiliarias se disuelven al poco tiempo y sus dueos desaparecen o se convierten en indigentes que han cedido su patrimonio a terceros.

Preparndose para nuevos y mayores negocios como los que augura la reconstruccin de viviendas y obras pblicas, impresiona la publicidad que rodea las donaciones de estos emprendedores, dinero que recuperarn alzando precios y descontando impuestos. Los diarios, la televisin y las radios divulgan avisos de bancos que ofrecen prstamos de reconstruccin que ms tarde estrangularn a los deudores. Una verdadera hemorragia de publicidad comercial hace del drama del terremoto una comedia que ofende al pueblo y su angustia.

La reconstruccin de hospitales, escuelas, caminos y puentes ser el campo de prueba para el gobierno de la derecha. A los reclamos de las vctimas por viviendas, salud y educacin, se sumarn las exigencias de miles de trabajadores que han quedado cesantes, o que estarn en esa situacin a corto plazo. La temporada de lluvias acentuar el desamparo de miles de damnificados.

Asimismo, los estudiantes y sus familias reclamarn escuelas y liceos dignos. La acumulacin de frustraciones y la rabia ante las promesas incumplidas de la Concertacin y ahora de la derecha, conducira la necesaria organizacin y a la lucha popular. La protesta social amenaza convertirse pronto en una tormenta. Ni el toque de queda ni los militares en la calle podrn contenerla. En ese sentido, mal hacen aquellos sectores de Izquierda que demoran la construccin de una alternativa popular y democrtica independiente. Navegar en la estela de la Concertacin, desvencijada y aportillada nave poltica, resulta suicida en las condiciones de tempestad social que se acumula en el horizonte

PF

(Publicado en Punto Final, edicin N 705, 19 de marzo, 2010)



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