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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-03-2010

Los aliados rabes de Israel (IV)

ngel Horacio Molina
Rebelin


Tres monarquas han sido objeto de las anteriores entregas de esta serie de artculos, Arabia Saudita, Marruecos y Jordania. Pero estaramos equivocados si pensamos que slo estas formas de organizacin estatal, como herederas directas del ordenamiento colonial, pueden hermanarse naturalmente con los intereses sionistas en la regin. Pases con otras formas de gobierno, que se pretenden republicanas, no han encontrado inconvenientes mayores para establecer una compacta red de relaciones con el estado sionista en detrimento del pueblo palestino. El caso ms claro de lo que estamos sosteniendo lo constituye la Repblica rabe de Egipto, sobre cuyas alianzas con Israel intentaremos dar cuenta en las lneas que siguen.

Egipto

Como las dems monarquas rabes de las que nos hemos ocupado, la egipcia deba su existencia a la decisin colonial (britnica en este caso) de crear, bajo su estricta supervisin, el Reino de Egipto en 1922. Para 1948 el rey Faruk gobernaba en el pas africano, aun totalmente dependiente de las directrices emanadas por Gran Bretaa. El comportamiento del Ladrn del Cairo (como se conoca al monarca), al momento de producirse la creacin del estado sionista, no poda ser sino lamentable.

No puedo olvidarlo. Yo estaba en Gaza. Un oficial egipcio vino hacia mi grupo y orden que entregramos nuestras armas. Al principio no poda creer lo que oa. Preguntamos por qu y el oficial respondi que era una orden de la Liga rabe. Protestamos en vano. El oficial me dio un recibo por mi fusil. Dijo que me lo devolveran cuando terminara la guerra1. As recordaba Yassir Arafat la primera medida tomada por el gobierno egipcio durante la guerra de 1948 contra el estado sionista. Estas medidas se refuerzan con el alto el fuego de treinta das aceptado por la Liga rabe el 10 de junio de 1948 y cuya nica consecuencia sera la consolidacin de las posiciones sionistas en el terreno. El propio secretario general de la Liga reconoca que () el pueblo rabe jams nos perdonar lo que hemos hecho2. Como afirma Rem Favret () a la luz de esta humillacin los palestinos descubren que sus peores enemigos, despus de los sionistas, son los rabes3.

La corrupcin, el lujo obsceno en el que viva el monarca y la derrota rabe en la guerra de 1948, dio la legitimidad necesaria al golpe que el Movimiento de Oficiales Libres llev a cabo en 1952, con Gamal Abdel Nasser como uno de sus mximos referentes. Para 1953 la monarqua haba sido abolida. Dan Raviv y Yossi Melman sugieren que miembros del movimiento se habran contactado con altos funcionarios de la CIA antes del golpe y que incluso, una vez en el poder, habran recibido adiestramiento de esta agencia norteamericana4, sin embargo estas afirmaciones parecen poco probables si tenemos en cuenta la amplia preocupacin que esta accin revolucionaria desencaden en los gobiernos afines a los Estados Unidos en la regin y a las medidas que tom el gobierno norteamericano para evitar que se extendiera el modelo egipcio. Estos autores sostienen que Estados Unidos no se opuso al golpe a Faruk y que pretenda mantener buenas relaciones con el gobierno revolucionario; este habra sido el motivo por el cual la potencia norteamericana no acompao la fallida operacin israelo-franco-britnica sobre el Canal de Suez en 1956 tras la nacionalizacin anunciada por Nasser ese mismo ao. La victoria egipcia sobre las antiguas potencias coloniales y su aliado sionista catapult la figura de Nasser, convirtindole en el referente de las aspiraciones rabes frente a las ambiciones occidentales y a la voracidad imperialista de Israel. Raviv y Melman sostienen que es en este momento, y no antes, que Estados Unidos comprende el peligro que la figura de este lder rabe representa para sus proyectos sobre la regin y toma la decisin de actuar contra l.

Los aos siguientes se caracterizaron por los intentos europeo-norteamericano- israel de establecer una serie de alianzas en el mundo rabe para contener la ola revolucionaria que poda desencadenar el modelo egipcio. Como viramos en las entregas anteriores, las monarquas saud, marroqu y jordana rpidamente se involucraron en la constitucin de esta barrera anti nasserista en Oriente Medio. Las virtudes de Nasser son innegables en muchos aspectos. El reconocido periodista egipcio Mohamed Heikal destaca que durante su gobierno se llevaron a cabo: () la reforma agraria, la nacionalizacin del canal de Suez y el resto de las empresas importantes incluida la banca y los seguros -, la industrializacin, la redistribucin de las riquezas y la intervencin de obreros y campesinos en todos los organismos democrticos, la construccin de la gran represa, la emancipacin de las mujeres, la educacin gratuita en todos los niveles y, por supuesto, su toma de liderazgo poltico del mundo rabe como conjunto5. Sin embargo, esta obsesin por liderar toda representacin rabe lo llevar a cometer grandes equivocaciones, sobre todo con respecto a la resistencia palestina. En este sentido, la Liga rabe decide, en 1964, la creacin de la Organizacin para la Liberacin de Palestina, bajo la direccin implcita del gobierno egipcio y funcional as a los intereses de Nasser. Tampoco renuncia el presidente de Egipto a la administracin de Gaza, no restituye este territorio a los lderes palestinos ni intenta establecer all un gobierno palestino que lleve sus reclamos, como Estado, a los distintos escenarios internacionales. De todas maneras estas equivocaciones, no menores, no implicaron la connivencia ni la alianza con el estado sionista, sino que se trataron de errores polticos de Nasser.

La guerra que Israel desata en 1967 procur, adems de extender sus fronteras ocupando la totalidad del suelo palestino, destruir de raz cualquier intento de unidad rabe, y para ello deba primero humillar a Nasser. La victoria israel no slo arrebat a Egipto toda la pennsula del Sina sino que adems ech por tierra definitivamente los planes de Nasser de constituirse en el representante de un mundo rabe unido. Tres aos despus, en 1970, Gamal Abdel Nasser muere sin haber podido resolver sus dos grandes escollos polticos: la autntica democratizacin del sistema egipcio y un Israel cuyas fronteras llegaban ahora hasta el canal de Suez.

Si la muerte de Nasser fue un golpe dursimo para los sectores del mundo rabe que pretendan quitarles el poder a las monarqua y los regmenes pro norteamericanos en la regin, la llegada a la presidencia de Egipto de Anwar Al Sadat fue una verdadera catstrofe. Mohamed Heikal fue testigo de los contactos que, ya en 1971, mantuvo la CIA y Al Sadat, va Arabia Saudita, para coordinar acciones de inteligencia6. El reposicionamiento estratgico egipcio qued claro con la expulsin de los asesores militares soviticos y la incorporacin de Egipto a lo que se conoci como el Safari Club. Con este nombre se haca referencia a la alianza entre los servicios secretos norteamericanos, franceses, saudes, iranes, marroques y egipcios para llevar a cabo actividades conjuntas en frica y Oriente Medio7.

Por todos estos gestos polticos pro norteamericanos, Al Sadat esperaba importantes muestras de reciprocidad por parte de de Estados Unidos, crea ser merecedor de una de una recompensa que no se limitara, como hasta entonces, a garantizar su seguridad personal; pero ese respaldo contundente que le permitiera legitimarse frente al pueblo no lleg y Al Sadat decidi jugar su carta ms peligrosa. Tomando totalmente de sorpresa a sus aliados occidentales, Egipto encabeza la guerra contra Israel en 1973, conocida como de Yom Kippur por los israeles y de Ramadn por los rabes. El conflicto dej al descubierto las enormes debilidades defensivas israeles, cuya infraestructura militar las autoridades sionistas haban sobredimensionado propagandsticamente despus de 1967, y permiti a Al Sadat presionar a los norteamericanos para que aceleraran la devolucin israel de la pennsula del Sina mediante un acuerdo diplomtico entre las partes. La intencin de Sadat nunca fue ms all de reposicionar a Egipto en una mesa de negociaciones con Israel con la mediacin estadounidense, aunque los llamamientos por la unidad rabe y la causa palestina hallan encendido los discursos belicistas del presidente egipcio. De hecho, con esta guerra Siria no pudo recuperar las Alturas del Goln, arrebatadas por los israeles en 1967, y los palestinos no dieron paso alguno hacia la liberacin de su territorio, pero Al Sadat le hizo saber a Estados Unidos que l, en tanto aliado estratgico, le ofreca una oportunidad de negociacin que no podan desaprovechar.

Apenas un par de aos despus de finalizada la Guerra de Ramadn, y con la colaboracin de Marruecos, se iniciaron los contactos entre Egipto e Israel que daran como resultado los Acuerdos de Camp David de 1978 y la firma del Tratado de Paz en 1979. El xito israel fue completo, devolviendo la pennsula del Sina consigui: la garanta de que la misma estara desmilitarizada; la anulacin de la frontera sur como espacio potencial de conflicto; el debilitamiento del bloque rabe al negociar por separado la paz (algo a lo que se haban opuesto desde 1948 todos los pases rabes); la marginacin de la voz palestina en los acuerdos, la limitacin de la demanda sobre los territorios ocupados en 1967 a una vaga promesa de autonoma y la garanta por parte de Egipto de suministrarle dos millones de toneladas anuales de petrleo8. El resultado de los coqueteos de Al Sadat con sus aliados israeles y norteamericanos fue la descomposicin del frente rabe incluso en el plano de lo discursivo. A las innumerables crticas que cayeron sobre Al Sadat por esta claudicacin desde todos los rincones del mundo rabe e islmico, el presidente egipcio sum las crecientes manifestaciones populares opositoras dentro de su propio pas. La pauprrima situacin econmica en la que estaba sumergido Egipto contrastaba con las celebraciones faranicas que llevaba a cabo Al Sadat y el despilfarro con el que agasajaba a personajes de la poltica y la farndula de Occidente. Finalmente Al Sadat caer muerto por las balas de un militante islmico en 1981.

Como bien sostiene Edward Said () cada sucesor de un predecesor importante ha sido una versin reducida de lo que haba antes. A Abdel Nasser le sigui Anwar Al Sadat, y a ste Hosni Mubarak, una figura militar tras otra, con menos dotes y carisma a medida que la lnea avanzaba9. Mubarak, que sobrevivi al ataque en el que muriera Al Sadat, no dud en continuar y profundizar las alianzas establecidas por el gobierno anterior. As, lo primero que garantiz el nuevo presidente fue la continuidad de un proyecto iniciado en 1979, que inclua al gobierno sudans encabezado por Gaafar Numeiri, destinado a trasladar a Israel a la importante comunidad juda de Etiopa y garantizar con ella la rpida colonizacin del territorio palestino. En 1985 este operativo sali a la luz, Numeiri fue depuesto y juzgado in absentia por recibir sobornos del Mossad y la CIA y por colaborar con Israel; pero el ex presidente sudans encontr asilo y proteccin en el Egipto de Mubarak, actor imprescindible para las operaciones israeles y norteamericanas en el continente10. Esto mismo sostuvo el presidente libio Muammar Gadafi en una entrevista que mantuvo con David Yallop en 1987. Gadafi habl sostiene Yallop de la Operacin Ramadn, una conspiracin de los Estados Unidos y Egipto, en 1985, en que intervenan bombarderos americanos B52 y fuerzas terrestres egipcias. Objetivo: matar a Gadafi11.

La Guerra del Golfo de 1991 le permiti a Mubarak afianzar aun ms su posicin de socio indiscutido de Israel y los Estados Unidos. Egipto no slo conden inmediatamente la invasin a Kuwait sino que decidi presuroso enviar un gran contingente militar a la regin. A cambio de su firme actitud contra Irak, El Cairo logr la condonacin de la deuda externa contrada con las monarquas del Golfo, calculada en ms de 7.000 millones de dlares, y el perdn de la deuda militar que tena pendiente con EE.UU., que ascenda a 6.800 millones de dlares12.Pero Mubarak fue, incluso, ms all una vez iniciado el ataque contra Irak y afirm que la posicin egipcia no variara () aun si Israel contestaba el ataque de los Scud que caan sobre su territorio13. Es menester recordar, como bien lo hace Gema Martn Muoz, que Egipto es () el segundo receptor, despus de Israel, de asistencia norteamericana (entre ambos pases se llevan el 92 % del total de la ayuda exterior estadounidense), Egipto recibe anualmente 2,1 billones de dlares en ayuda a la seguridad, 1,3 billones en ayuda militar (lo que cubre ms del 50 % del presupuesto egipcio de defensa) y 815 millones en ayuda econmica14.

La construccin por parte de Egipto del muro subterrneo que convierte a Gaza en un campo de exterminio a merced de las fuerzas armadas sionistas constituye la ltima accin conjunta entre Israel y Egipto que se conoce. Sobre la misma nos hemos manifestado ya en otro artculo15, sealando la connivencia de las autoridades religiosas de la universidad egipcia de Al Azhar con los intereses sionistas al legitimar, en nombre del Islam, las acciones de Mubarak16.

Tras incapacidad de Faruk llegaron los errores polticos de Nasser, y a stos le siguieron las decisiones concientes de Al Sadat, primero, y Mubarak, despus, en apoyar abiertamente a los israeles y a los norteamericanos en sus proyectos para la regin. La descomposicin del frente rabe, el fortalecimiento del estado sionista y los cada vez ms duros ataques contra la resistencia palestina contaron con la colaboracin activa de los gobiernos egipcios desde 1970. La resistencia palestina, en tanto, pag caro la accin de los sucesivos gobiernos egipcios.

NOTAS

[1] FAVRET, R . Arafat, un destino para un pueblo . Espasa Calpe, Madrid, 1991. Pgina 36.

[2] Ibid. Pgina 37.

[3] Ibid. Pagina 36.

[4] Cfr. RAVIV, D. y MELMAN, Y. Todo espa un elegido . Editorial Planeta, Buenos Aires, 1991. Pgina 65.

[5] HEIKAL, M. Otoo de furia . Editorial Argos Vergara, Barcelona, 1983. Pgina. 66.

[6] Ibid. Pgina 51.

[7] Cfr. HEIKAL, M. Otoo de furia . Editorial Argos Vergara, Barcelona, 1983.

[8] Cfr. Ibid. Pgina 199.

[9] SAID, E. Crnicas palestinas . Ed. Grijalbo, Barcelona, 2001. Pgina 110.

[10] Cfr. RAVIV, D. y MELMAN, Y. Todo espa un elegido . Editorial Planeta, Buenos Aires, 1991.

[11] YALLOP, D. A la caza del chacal . Editorial Planeta. Bs. As. 1993. Pgina 193.

[12] AA. VV. Despus de la Tormenta. Ediciones B, Barcelona, 1991. Pgina 250.

[13] Ibid. Pgina 267.

[14] MARTN MUOZ, G. El estado rabe . Edicions Bellaterra. Barcelona. 1999. Pagina 212.

[15] Ver: http://oidislam.blogspot.com/2010/01/las-mismas-viejas-traiciones.html

[16] Sobre la relacin entre las autoridades de Al Azhar y el poder ver: http://oidislam.blogspot.com/2010/02/guardianes-del-islam.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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