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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-03-2010

Pensar en los mrgenes

Juan Manuel Arags
El peridico de Aragn

El poder ya no obliga, sino que seduce. Sus mecanismos no son, en primera instancia, aparatos represivos.


Durante dos viernes consecutivos, hemos celebrado en la Facultad de Filosofa unas jornadas que, bajo el ttulo Liquidar la Modernidad?, han querido ser una reflexin crtica sobre la sociedad contempornea, a partir de la obra de autores contemporneos del mbito de la filosofa, la sociologa o el feminismo. Las ponencias han partido todas ellas de la conviccin de que, en esta sociedad de pensamiento nico, en la que se moldean los gustos y prcticas de los individuos a escala planetaria, construyendo lo que ya McLuhan hace aos defini como la aldea global, es posible encontrar grietas para pensar otro mundo.

No cabe duda de que el rasgo ms acusado de nuestras sociedades contemporneas, al menos en nuestro mbito europeo, es su carcter consumista. El capitalismo ha pasado de ser un capitalismo centrado en la produccin y en la explotacin sangrante de la mayor parte de la sociedad, como ocurra en el siglo XIX, a desplazar esa explotacin a los pases empobrecidos para elevar nuestro nivel de vida en el Norte y convertirnos en sujetos consumidores.

PARALELAMENTE A ESA deriva consumista del capitalismo, las formas de dominio tambin se han modificado, pasando de la coercin represiva de las sociedades anteriores a una estrategia mucho ms eficaz: la construccin de individuos ajustados a las necesidades sociales. No en vano, uno de los autores analizados, Jess Ibez, defiende que el sujeto es el producto ms acabado de la sociedad contempornea.

El poder en las sociedades contemporneas ya no es un poder que obliga, sino que seduce. Sus mecanismos no son, en primera instancia, aparatos represivos, sino otros, como la publicidad, los medios de comunicacin, que consiguen que los sujetos se ajusten a las necesidades del sistema. Y adems, al hacerlo, se sientan libres. Nadie nos obliga a convertir nuestro ocio en negocio (en no-ocio, como decan los latinos), a emplear nuestro tiempo libre enredados en las redes del consumo. Y el espejismo de la libertad se acenta ante la posibilidad de elegir entre muy diferentes productos, que nos prometen una vida llena de xito y felicidad. Mero espejismo del que slo salimos para dirigirnos a un nuevo objeto que colme el hueco que el anterior ha dejado vaco. Y esa frustracin, de la que habla por ejemplo Bauman, es la garanta del nuevo impulso consumista.

Sujetos consumistas y, al mismo tiempo, objetos de consumo. Pues la sociedad capitalista contempornea consigue trasladarnos a los sujetos toda la responsabilidad de lo que en nuestra vida suceda. Si no tenemos trabajo es porque no nos hemos sabido construir como empleables, si no tenemos pareja, porque no nos hacemos deseables (de ah, por ejemplo, esa construccin del cuerpo tan extendida que es la ciruga esttica), si estamos enfermos, porque no consumimos los productos que garantizan la salud. Un ejemplo muy claro de ello lo tenemos en el nuevo marco educativo universitario, en el que las asignaturas deben determinar las competencias que adquirir el alumnado, competencias que establecern su futura empleabilidad. De ah una desaforada carrera, a travs de grados y msteres, para salir de la incompetencia, para convertirse en un objeto laboralmente atractivo. Ingenuos quienes pensbamos que la educacin era otra cosa, y no slo un instrumento ms del sistema productivo, perfectamente engrasado por la psicopedagoga.

Bajo apariencia de libertad, vivimos una sociedad extremadamente impositiva, capaz de ajustar milimtricamente las acciones de los individuos. Por ello, buena parte de los autores analizados coinciden en que la alternativa social pasa por una alternativa individual, por una mirada crtica hacia nosotros mismos que nos impulse a construirnos de manera diferente. Castoriadis habla de la necesidad de instalarse en una interrogacin permanente, de rechazar la repeticin pura y dura (por ejemplo, no dejarse arrastrar por la inercia en las elecciones, valorar todas las opciones existentes), Butler expone la necesidad de la autocritica, de ponerse en riesgo a uno mismo, su propia identidad; en fin, la idea de autonoma, es decir, de tomar nuestras propias decisiones, sobrevuela este pensamiento crtico contemporneo, como una manera de resistir al moldeado que se pretende desde el poder. Idea antigua, que hunde sus races en la Ilustracin, en Kant, pero que parece mantener su vigencia, aunque acompaada de otro elemento, la sospecha, la desconfianza, de lo que se nos presenta como natural, como normal, como necesario. Autonoma y sospecha, un cierto Kant que se da la mano con Marx, Nietzsche y Freud.

NO CABE DUDA DE QUE en la actualidad, a diferencia de lo que ha ocurrido en otras pocas, no hay un proyecto social alternativo. Pero tampoco cabe duda del carcter depredador, banal, insolidario y violento del sistema actual, que, es evidente, genera un malestar, quiz difuso, en buena parte de la sociedad que, aunque enredada en los procedimientos del sistema, los vive con angustia. Un malestar que podra alentar la alianza, como dicen Butler o Blanchot, de quienes rechazan conjuntamente, separadamente, muchos aspectos de la realidad. Quiz ah se apunta un camino.

El autor es profesor de Filosofa de la Universidad de Zaragoza

Fuente: http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=568814



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