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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-01-2005

Los siete captulos editados en DVD por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematogrfica (ICAIC) sobre uno de los episodios ms apasionantes y controvertidos de la historia contempornea: la Revolucin cubana
Resea: Cuba en el corazn. Captulo 6.- La solidaridad internacional

Manuel Talens
Rebelin





Qu pas tiene una historia de mayor altruismo que la que Cuba puso de manifiesto en sus relaciones con frica?

Nelson Mandela

Por su parte, Cuba se distingue por un espritu de solidaridad, puesto en evidencia con el envo de personal y recursos materiales ante necesidades bsicas de varias poblaciones con ocasin de calamidades naturales, conflictos o pobreza.

Papa Juan Pablo II

En la historia documental del proceso revolucionario cubano, tan fraternal desde su raz con la causa de los desheredados de la tierra, no poda faltar un captulo dedicado a glosar la inmensa labor desplegada por los hombres y mujeres nuevos de la isla en los mbitos militar, sanitario y cultural desde el triunfo de la Revolucin. La pelcula que da ttulo a este captulo 6, La solidaridad internacional, ha corrido a cargo de Manuel Prez Paredes, quien no slo consigue con ella una sntesis ms que convincente de los hechos aqu narrados en el breve tiempo flmico de que dispona, sino que tambin y sobre todo ofrece una magnfica leccin de geopoltica, engrandece la figura de Fidel Castro como lder mximo del Tercer Mundo frente al imperialismo y arroja nueva luz sobre sus ya legendarias capacidades de estratega.

Las imgenes de La solidaridad internacional, dedicadas predominantemente a frica, se inician en enero de 1989 en la Repblica Popular de Angola con la festiva despedida de las tropas cubanas, que regresaban a su pas una vez que el tripartito formado por Sudfrica, Cuba y la antigua colonia portuguesa hubiesen firmado los acuerdos de paz en Nueva York, tras quince aos de guerra. Pocos meses despus, el entierro con honores de Estado que recibieron los restos de los cados cubanos en dicha contienda dio por terminada la implicacin militar de la isla en tierras africanas para centrarse a partir de entonces en la ayuda humanitaria.

Tras dicho prembulo, que conforta al espectador al presentarle de entrada el final feliz de esta historia angolea, Manuel Prez Paredes pasa a sentar las tres bases narrativas sobre las que ha articulado su relato y, con clara capacidad didctica, hace aparecer en primer lugar al historiador Eusebio Leal Spengler, encargado aqu de puntualizar que el espritu solidario de los cubanos no se inici con la Revolucin, sino que estaba ya presente en el Manifiesto de Carlos Cspedes en 1868, donde se prometa que, tras la independencia, Cuba iba a extender su mano generosa a otros pueblos del mundo. En segundo lugar, se oye la voz grabada de Fidel Castro, que en uno de sus discursos de los aos sesenta corrobora el Manifiesto de Cspedes, enriquecindolo con el sesgo marxista de que careca aquel padre de la independencia (las cursivas son mas): Hombres puede haber en el mundo que no sepan o no entiendan lo que la solidaridad signific cuando mortales peligros acechaban la vida de un pueblo entero, cuando la lucha y los sacrificios de generaciones completas amenazaban perderse. Otros puede haber que ignoren lo que es un pueblo en el fragor de crear un mundo nuevo y lo que es un sentimiento de gratitud, pero los cubanos, que s conocemos de esas realidades, no seremos jams desleales ni ingratos. Y, en tercer lugar viene el testimonio del historiador Piero Gleijeses, profesor de Poltica Exterior de la Universidad Johns Hopkins (Baltimore), sobre quien recae el peso analtico de la narracin a partir de este momento.

En dicho papel, explica Gleijeses que la poltica del gobierno revolucionario cubano en frica fue una consecuencia lgica del acoso estadounidense contra la isla, pues propici el contraataque indirecto de Cuba bajo la forma de ayuda a las distintas revoluciones antiimperialistas del Tercer Mundo. Por mi parte, antes de continuar esta resea quisiera profundizar en un detalle sealado por el mismo Gleijeses en otro momento del documental y que me servir para aadir un nuevo matiz al enorme sacrificio de los cubanos en tierras extraas: la primera ayuda a frica de la Revolucin, dice el profesor de la Universidad Johns Hopkins, tuvo lugar ya en 1961, cuando el barco Baha de Nipe hizo el viaje desde La Habana a las costas de Argelia cargado de armas para el FLN que luchaba por su independencia contra los franceses y regres a la isla tambin cargado, pero esta vez con hurfanos de guerra y heridos argelinos destinados a curarse en Cuba. Para Gleijeses, aqul fue el ejemplo inicial de la doble vertiente militar y humanitaria que desde entonces ha constituido la pauta de Cuba en el Tercer Mundo. Esta verdad incuestionable desde el punto de vista historiogrfico es slo la constatacin irrebatible de un anlisis que se mantiene en lo descriptivo y no penetra en sus razones espirituales. Yo s voy a hacerlo: para m, tales razones se originan en un sustrato de mucho mayor calado, que merecera investigacin: la metamorfosis esplendorosamente laica del binomio identitario formado por la espada y la cruz que, a su pesar, los pueblos de la Amrica hispana recibieron como herencia emponzoada de una madre patria contrarreformista, beata y farisea. La sociedad cubana, nacida del mestizaje entre conquistadores blancos y esclavos negros, lleva en sus genes culturales eso que el bilogo Richard Dawkins denomin memes la espada libertadora de Don Quijote y el grito dolorido de las tribus africanas y en algn momento imperceptible de su trayectoria, bajo la saludable influencia de Mart, de Castro, del Che, de Marx, de los telogos de la liberacin o de todos a la vez, conserv la espada orgullosa de su mitad espaola para defender al dbil que su otra mitad africana simboliza, pero al mismo tiempo transustanci la cruz reaccionaria de sus mayores en una bata blanca, un estetoscopio y una cartilla alfabetizadora acaso hace falta recordar aqu la metfora bblica suprema de la ltima cena? y realiz as, dentro y fuera de sus lmites territoriales y ante los ojos del mundo, el milagro humanitario de la Cuba bienaventurada: curar al enfermo, ensear al que no sabe, liberar al oprimido, la sntesis perfecta del Sermn de la Montaa y el Manifiesto.

Tras la ayuda a Argelia, en 1965 el Che Guevara fue a luchar al Congo Leopoldville y despus hubo combatientes y mdicos cubanos colaborando en la independencia del Congo Brazzaville y en las luchas de Angola y Guinea Bissau. En 1974, la Europa meridional asisti a la cada del fascismo portugus con la Revolucin de los claveles, que inici en cascada la descolonizacin de sus territorios africanos. Todo fue bien en Guinea Bissau, Cabo Verde y Mozambique, pero las enormes riquezas de Angola suscitaron la codicia de los Estados Unidos, que no estaban dispuestos a que el nuevo pas cayera en el campo de la Unin Sovitica, su viejo enemigo de la guerra fra. A tal efecto, el entonces presidente estadounidense Gerald Ford, escaldado por la reciente derrota en Vietnam, inici en 1975 una operacin encubierta para impedir la toma del poder por parte del MPLA (Movimiento para la liberacin de Angola) de Agostinho Neto, y Angola qued atrapada como en una tenaza entre los invasores del Zaire de Mobutu y las tropas de la Sudfrica del apartheid (estas ltimas disfrazadas en un principio de mercenarios internacionales). Los revolucionarios angoleos del MPLA solicitaron ayuda a Cuba, que envi inicialmente 500 instructores. Pero conforme se acercaba el da de la independencia el 11 de noviembre de 1975, la precaria situacin del MPLA hizo que Fidel Castro se implicase a fondo con el envo de un batalln armado, que no slo impidi la cada de la capital en manos de los lacayos de Washington, sino que cambi el rumbo de la guerra y en pocos meses reconquist la totalidad del pas.

Aquella operacin militar, en palabras de Gleijeses, fue un enorme riesgo que tom Cuba y que sirvi para establecer definitivamente a Fidel Castro como estratega militar de primera lnea, capaz de jugar sus cartas a largo plazo, con paciencia y buenas apuestas, y de ganarles la partida a fuerzas mucho ms poderosas, pues de lo que se trataba aqu no era slo de ayudar a los revolucionarios de una nacin hermana como Angola, sino tambin de liberar Namibia ocupada entonces militarmente por Sudfrica­ y de cumplir con la causa ms bonita de la humanidad: terminar de una vez por todas con el apartheid. Castro hizo diana en todos sus objetivos. La geopoltica es as, hay figuras que, para bien o para mal, son fundamentales en los acontecimientos de la historia y, de la misma manera que el papa Juan Pablo II le asest un golpe mortal al imperio sovitico desde los despachos del Vaticano, Fidel Castro tambin le asest un golpe mortal desde La Habana al rgimen racista de Sudfrica, de tal manera que, sin su intervencin, los acuerdos de paz de 1989, con que arranca este documental que, dicho sea de paso, funciona narrativamente como un mecanismo de relojera, no habran sido posibles.

De acuerdo con lo anterior, fue tambin Fidel quien propici la llegada al poder de Nelson Mandela. La respuesta a la pregunta del gran lder sudafricano, que he puesto en exergo al principio de este trabajo, es obvia: ningn pas en el mundo tiene una historia de mayor altruismo que la que Cuba puso de manifiesto en sus relaciones con frica. Desde el inicio de su Revolucin, a pesar del bloqueo econmico que tanto ha perjudicado su economa, Cuba ha ido sacando fuerzas de flaqueza con una tenacidad moral infatigable para ser el amigo fraternal de los pases del Tercer Mundo. Sus mdicos, sus enfermeras, sus profesores y sus ciudadanos pusieron en marcha hospitales en Vietnam, fundaron la primera escuela de Medicina en el Yemen y atienden pacientes con gratuidad absoluta desde Honduras a la Repblica rabe Saharau, desde el Nger, Gambia o Tanzania a la Venezuela bolivariana de nuestros das Hay quien d ms?

Este DVD consta asimismo de dos cortos y un largometraje extra. Solidaridad Cuba-Vietnam, de Santiago lvarez, est narrado con un candor propio de los aos sesenta y, a mi parecer, ha envejecido muy mal, pues pierde toda la eficacia poltica a causa de su factura panfletaria y del tono enftico de la voz narradora, que glosa los intercambios de flores entre cubanos y vietnamitas, los cantos revolucionarios al uso y los aplausos felices con exabruptos del tipo de El agresor ser derrotado! o bien Y dicen que quieren la paz Hipcritas!, que hoy, a cuarenta aos de distancia, suscitan la sonrisa del espectador. Sin embargo, su visionado merece la pena, aunque slo sea por contemplar y escuchar a Fidel Castro lanzando al viento una bellsima maldicin cubana: Hay que partirles la siquitrilla a los imperialistas!.

El largometraje, tambin dirigido por Santiago lvarez, es muchsimo mejor. Se titula Piedra sobre piedra y narra la situacin social desesperada del pueblo peruano durante la reforma agraria del presidente Velasco en 1970, profundamente alterada por el terremoto del 31 de mayo, que caus ms de 70.000 muertos en el Per. Entre sus imgenes, montadas de manera atpica, pues no siguen una lgica del relato cinematogrfico al modo occidental y quiz eso forme parte de su encanto, yo destacara la aparicin de un sacerdote-capitn del ejrcito peruano que escogi el uniforme para propagar entre los soldados no slo su fe cristiana, sino tambin la revolucin.

Por ltimo, el corto Misioneros de la salud, de Miguel Torres (que lo ha dedicado a la memoria de su maestro y compaero Santiago lvarez), muestra a una serie de jvenes que estudian a cargo del Estado cubano en la Escuela Latinoamericana de Ciencias Mdicas de La Habana. Las escenas, muchas de ellas conmovedoras, tienen el encanto aadido de poder escuchar, alegremente hermanados, buena parte de los hermossimos acentos del espaol americano, amn de servir como esperanza de futuro y piedra angular sobre la que edificar el gran sueo unitario de Simn Bolvar.

Prxima y ltima resea:

Captulo 7.- Momentos con Fidel


Reseas anteriores:

Captulo 1.- Che Guevara, donde nunca jams se lo imaginan

Captulo 2.- Antes del 59

Captulo 3.- Los 4 aos que estremecieron al mundo

Captulo 4.- Una isla en la corriente

Captulo 5.- Entre el arte y la cultura

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Manuel Talens es escritor espaol (www.manueltalens.com)


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