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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-03-2010

Demonizar a Cuba

Enrique Ubieta Gmez
Rebelin


El principal obstculo que encuentra el imperialismo para derrotar a la Revolucin cubana no es militar, ni econmico; es moral. De alguna inexplicable manera Cuba conserva el prestigio internacional y el consenso interno, pese al desgaste de medio siglo bajo los efectos de un implacable bloqueo y de una sostenida campaa meditica en su contra, pese al derrumbe veinte aos atrs--, y al descrdito, de un campo socialista del que hoy se enumeran las manchas y se ignora la luz. Los idelogos de la derecha saben que ese prestigio moral invalidara cualquier victoria militar o econmica sobre la Isla: en poltica la nica victoria posible es cultural. Lo dems puede llamarse ocupacin, asfixia, imposicin; y todas son variantes que posponen la victoria del supuesto derrotado. Por eso se han lanzado a fondo, sin medias tintas, en una guerra cultural que lo involucra todo. Una guerra, por supuesto, que no busca ni pide verdades o principios: una guerra para revertir convicciones y sentimientos, que se apoya en la fuerza de los medios de comunicacin. O acaso la demonizacin de la cultura rabe pueblo que fatalmente habita sobre grandes reservas de petrleo--, no antecede y acompaa a la guerra de exterminio que sufren sus estados desobedientes? Lanzarse a fondo significa que esos idelogos deben repetir sin sonrojos, sin bajar la mirada, que el Che Guevara, el Guerrillero Heroico, fue un asesino; que Batista, el asesino, fue en realidad un buen gobernante; que Cuba, la nacin que ms vidas ha salvado en el mundo incluyendo la de sus enemigos--, disfruta de la muerte.

El gobierno de Obama es un excelente portaaviones para bombarderos ideolgicos: un rostro negro, un perfil intelectual, una sonrisa seductora. Un enorme y moderno buque que asume poses de crucero, que finge no atacar: para eso estn sus aviones, y los pilotos dscolos que a veces despegan de noche, mientras el capitn duerme. Lo cierto es que la ola de irrespetos colectivos que Obama encontr en su traspatio latinoamericano tras la toma de posesin era tan colosal, que la guerra no poda de ningn modo resolverse nicamente por la fuerza. No digo sin la fuerza, digo que no solo por la fuerza. Era imprescindible un golpe de estado aleccionador --y para ello estaba el eslabn ms dbil, Honduras--, pero un golpe que se acompaase de excusas leguleyas, de trmites burocrticos, de condenas pblicas y de privados apretones de mano. Un nuevo concepto para legitimar culturalmente ciertos golpes de estado: en lo adelante la democracia dejar de serlo, si la mayora del pueblo expresa electoralmente su inconformidad con una legislacin que garantiza los intereses imperialistas. Y ser legtimo el uso de la fuerza, la de los militares claro, no la del pueblo. A nadie parecen importarle los lderes sindicales que el gobierno de facto el que dio el golpe y el que acaba de auto elegirse en estado de sitio--, asesina todos los das. Pero los objetivos ms importantes de la guerra cultural son dos: Cuba y Venezuela.

Fue quizs en Trinidad y Tobago donde Obama comprendi que el prestigio de Cuba era inmenso. Al trmino de aquella Cumbre en la que estrenaba su sonrisa, habl de la utilizacin del internacionalismo mdico de la Revolucin cubana con supuestos fines propagandsticos. S que ese prestigio es algo que atormenta a los idelogos de la derecha, que suean con hacer desertar a todos los mdicos cubanos. El Pas, rgano de la trasnacional PRISA en Espaa, califica a la izquierda que apoya a Cuba de estalinista y de nostlgica. Nuestros pequeos idelogos de Miami, Mxico o Barcelona, tratan de dilucidar, con nfulas academicistas, las razones de esa simpata internacional y organizan cartas de condena que llevan de puerta en puerta. Usan todas las armas para disuadir a los solidarios; tambin el chantaje poltico, y si es preciso el fusilamiento meditico. La guerra es a muerte. Los diplomticos de Estados Unidos y de algunos pases europeos servidores de su poltica ya no se esconden en Cuba, caminan sin pudor junto a los disidentes que construyen y pagan. Usurpan los smbolos de la Revolucin, de la izquierda y los rellenan de contenido contrarrevolucionario: plagian a las Madres de Mayo a las que siempre despreciaron y combatieron--, para construir a las Damas de Blanco. Son ingredientes para un buen cctel: mujeres dolientes y mujeres acompaantes, ropa blanca (adems de smbolo de paz, en Cuba ese color adquiere otros significados religiosos, para nada catlicos), gladiolos, y no obstante, misas catlicas. Lo que importa es el encuadre de la cmara. Ponga usted el dibujo, que yo pongo la guerra, deca Hearst en 1898; construya el set y filme la escena si usted prefiere, twitela--, que yo escribo el guin, dicen ahora.

Demonizar a Cuba. Hacer que los nios de las escuelas espaolas sientan lstima de los nios cubanos, escolarizados, saludables, como pocos en Amrica Latina. Que los ciudadanos honestos que apenas tienen tiempo para sobrevivir en medio de una crisis econmica que amenaza su tranquilidad primer-mundista, se compadezcan de los cubanos, ms pobres, es cierto, y sin embargo ms protegidos, y pese a todo, ms libres como seres humanos. Que miren a Cuba y se desentiendan de lo que ocurre en Iraq, o en Palestina, o en Amrica Latina. O en Espaa. Convertir al ALBA ese maravilloso sistema de solidaridad entre pueblos--, en un emporio de oscuros intereses ideolgicos. Lo difcil, sin embargo, es que una operacin cultural de carcter meditico pueda saltarse o revertir la vivencia de cientos de miles de latinoamericanos, de africanos, de asiticos, de norteamericanos y de europeos, que han recibido la solidaridad cubana y venezolana. Lo difcil, es ocultar el sol con un dedo, an cuando ese dedo lleve el anillo imperial.


blog del autor: www.la-isla-desconocida.blogspot.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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