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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-03-2010

El otro decrecimiento

Luis Als
Rebelin


Rebaos.-

Lea hace tiempo un libro que versaba sobre los parques nacionales de Amrica del Norte y deca que antes de invadirla los rostros plidos e iniciar su campaa de extermnio, los rebaos de bisontes eran tan numerosos que sumaban no menos de sesenta millones de ejemplares. Comentndolo con un amigo, ste me replicaba: imposible, hubiesen arrasado la pradera norteamericana. Le hice observar que no se trataba slo del territorio de EU, sino tambien del de Canad y parte de Mxico, y me contest: An as son demasiados. Nunca pude saber si el libro estaba equivocado o si el equivocado era mi amigo; pero s s que la huella ecolgica de un norteamericano, es, pese a su tamao menor, incomparablemente mayor a la de un bisonte.Y en Norteamrica hay unos 500 millones de personas; equivalente, como mnimo, en cuanto a huella ecolgica se refiere, a varios miles de millones de bisontes: una estampida devastadora. Y eso que la de Norteamrica no se considera una demografa explosiva como la de China, que tiene menos de la mitad de su extensin y ms del doble de su poblacin. Claro que en Norteamrica, como en el resto del planeta, han sobrevivido hasta ahora gracias a una drstica reduccin o extincin de multitud de especies (bisontes includos) que estaban all desde millones de aos antes, y una sobrexplotacin del suelo, el agua y la atmsfera que empieza a revelarse insostenible. Nunca ha existido en la naturaleza un mamfero superior con tanto impacto ecolgico como el ser humano y que, a la vez, se haya multiplicado tanto.

Hasta hace poco se consideraba reaccionario en los crculos de izquierda alertar sobre el problema demogrfico, considerndolo una coartada neomalthusiana para eliminar, como un desecho sobrante, a los excludos del sistema. No les faltaba razn: el asesor ecolgico del presidente Sarkozy, por ejemplo, supuestamente un prestigioso experto en problemas medioambientales, aconseja congelar la ayuda a los pases subdesarrollados para frenar la explosin de la natalidad; y, por otra parte, el Imperio azuza en esos pases guerras intertnicas o religiosas para reducir (al estilo Informe Lugano) la superpoblacin. Pero esa crtica slo atae a la forma de solucionar el problema, no al fondo del mismo. Otros alegaban que el progreso reducira espontaneamente el crecimiento demogrfico, como ya se poda comprobar en los pases desarrollados; slo que ese progreso - hoy severamente cuestionado- llegara tarde o nunca a los pases subdesarrollados, que son mayora. Un importante sector de la izquierda, ecolgicamente ignaro, alegaba incluso que la poblacin mundial, camino ya de los siete mil millones de individuos, no representaba un problema porque la Tierra tena capacidad para alimentar a doce mil. La pregunta es: a costa de qu?; y la respuesta es: a costa de la extincin de miles de nuevas especies, o de una reduccin brutal de sus hbitats, que, inexorablemente, sern dedicados a viviendas, infrastructuras o nuevas explotaciones agrcolas. La prdida de biodiversidad es una de las mayores amenazas para nuestra supervivencia, nos avisa la ONU en este inicio del 2.010 ao de la biodiversidad. Miles de cadenas biolgicas han colapsado o est a punto de colapsar. La lista de especies en peligro de extincin crece sin cesar, y sabemos que muchas de ellas (lince y oso ibricos, tigre de Bengala, atn rojo, etc..) son ya difciles de recuperar.

Encuentros en la tercera fase.-

La conciencia ecolgica del ser humano ha recorrido tres etapas, especialmente en nuestra civilizacin occidental judeo-cristiana (en otras siempre existi una avanzada conciencia de interdependencia con la Naturaleza):

-En la primera, la Naturaleza toda estaba a nuestra disposicin para ser explotada sin lmites, segn los designios del Creador que constan en los libros revelados.

-En la segunda, sobrevenida tras constatar el impacto medioambiental de la revolucin industrial, descubrimos nuestra estrecha dependencia de una Naturaleza de la que nos habamos olvidado, y cuyos lmites no podemos sobrepasar, pese a lo que pudiera deducirse de aquellos libros sagrados. El inicio de esta etapa lo marca la aparicin de la obra del Club de Roma Los lmites del crecimiento, que supone el ocaso de la visin antropocntrica del mundo.

-Nos encontramos ahora en la tercera fase, y, a semejanza de la pelcula del mismo ttulo, hemos contactado con aliengenas; slo que esos aliengenas somos nosotros mismos, autnticos extraos en la Tierra. La toma de conciencia ecolgica en su etapa ms desarrollada consiste, en efecto, en comprender que el ser humano civilizado no es, como se deca, el rey de la creacin, sino el rey de la destruccin; y que ha sobrevivido hipotecando el futuro del planeta; es decir, su propio futuro. Desde esta perspectiva, la civilizacin se asemeja a un cncer de la biosfera en estado de metstasis. Como todo tumor maligno, en efecto, parasita y devora el tejido vivo de la biosfera hasta destruirlo y perecer con l. Nuestra civilizacin tiene, en efecto, fecha de caducidad, y hemos pasado a engrosar la lista de especies amenazadas.

Crisis de civilizacin.-

Hace muchos aos -en mis tiempos de estudiante, cuando an no se visualizaba el problema ecolgico- un profesor defina as la civilizacin: civilizacin es todo aquello que no es naturaleza. Sin saberlo l, esta definicin por exclusin contendra ya, de ser cierta, conclusiones inquietantes para el futuro de la especie humana, pues se tratara de un sistema extrao que interferira en otro preexistente, alterando inevitablemente su equilibrio dinmico. Toda civilizacin, pues, an la ms primitiva, sera antinatural aunque se desarrollase en la Naturaleza, y sera, a la larga, insostenible. Ello no es rigurosamente cierto, salvo si confundimos civilizacin con cultura, pues en muchas especies (y, por supuesto, en la de los monos antropomorfos) existen un conjunto de hbitos culturales que se transmiten por va de aprendizaje, o por va gentica, y que son compatibles con la conservacin del entorno. Salvo en el hipottico caso de una explosin demogrfica; pero estas explosiones, frecuentes en la Naturaleza, acaban siempre siendo corregidas por diversos mecanismos reguladores (incluyendo los mecanismos regluladores de la propia atmsfera descubiertos por J. Lovelock). Algunas de estas correcciones son dramticas, como el caso de los lemmings rticos, que en aos de bonanza experimentan una explosin demogrfica tal que -pese al incremento de la predacin que sufren- desemboca en un suicidio en masa que evita la devastacin de la tundra. Otras son blandas como el caso de algunas aves del desierto de Sonora, que en aos de extrema sequa no entran en celo para evitar que sus cras mueran de hambre por falta de semillas. Lo cierto es que la biosfera en esto es implacable Nos impondr una solucin dramtica a los humanos o nos autoimpondremos nosotros una solucin blanda?. No faltan algunos sntomas esperanzadores para sta ltima: adems de la reduccin en los pases desarrollados se est produciendo tambin, por vez primera, una espontnea disminucin de la natalidad en los no desarrollados. (Adems la crisis econmica provocada por el neoliberalismo est provocndola en algunos pases del Norte desarrollado, especialmente los exsocialistas: la antigua RDA, Rusia y Letonia, p.e.). Pero, a su vez, se acumulan factores que abonan una solucin dramtica.

Adems del agotamiento de las fuentes de energa (y el bacheque se producirantes de que el petrleo y el carbn puedan ser sustitudos por fuentes renovables), la escasez de agua potable es otro de ellos, y se va a ver agravado por el cambio climtico y la contaminacin. En muchos pases, ros antao caudalosos bajan considerablemente mermados: el lago Chad se est convirtiendo en una laguna (el cinturn saheliano acabar aadiendo varios millones de kilmetros cuadrados al desierto del Sahara). Grandes ros asiticos estan tambien amenzados por el acelerado derretimiento de los glaciares del Himalaya; y lo mismo cabe decir de los que alimentan de los glaciares andinos. Cruentas guerras por el agua se perfilan en un horizonte no lejano. Las guerras imperiales, a su vez, estn contaminando ros como el Tigris y el Eufrates que alimentaban el creciente frtil (hoy Irak, antao proveedor cerealero de la zona, tiene que importar cada vez mas grano para proveer su propia alimentacin). Por otra parte, la subida del nivel del mar provocada por el cambio climtico inundar o salinizar, esterilizndolos, muchos terrenos de cultivo costeros, reduciendo su extensin.

La expansin de la agricultura y la pesca.-

El salto cualitativo de la cultura a la civilizacin se produce con el descubrimientos del fuego y la agricultura. Este dominio de la energa y de la gentica permitira, a la larga, alterar no slo el equilibrio de las especies, sino tambien la composicin fisica y qumica de la biosfera, as como erradicar muchos factores naturales limitantes del crecimiento de la poblacin. Paradjicamente, este xito ha sido una de las causas de su fracaso La ms primitiva de las civilizaciones dominadoras del fuego ya sera incompatible con el medio ambiente en el hipottico caso de una demografa desmesurada: aparte de arrasar bosques, miles de millones de hogueras diarias para calentarse y cocinar alimentos acabaran generando tambien un impactante efecto invernadero (ya est ocurriendo en el norte de la India con el hollin generado por multitud de hogueras campesinas). Por ello resulta absurda la postura de los negacionistas del cambio climtico, sosteniendo que miles de toneladas adicionales de CO2- y miles de sustancias contaminantes- lanzadas diariamente a la atmsfera en los ltimos siglos resulten inocuas para sta (ya lo hemos comprobado con el desgarro de la capa de ozono). La ganaderia -especialmente el ganado vacuno y porcino- ha crecido de tal manera que el metano que genera se ha convertido, junto con el CO2, en uno de los gases mas importantes del cambio climtico. Igualmente, y polucin aparte, las necesidades alimentarias de siete mil millones de seres humanos (no hablemos de las de los nueve mil que se esperan para mediados de siglo) estn en la base de la sobrexplotacin pesquera y el exterminio creciente de especies marinas (ahora mismo se desarrolla frente a las costas de Somalia una autntica guerra por el atn rojo; como antes la hubo entre Espaa y Canad por el fletn).

Otro frente de lucha contra la naturaleza -lejos de la buclica convivencia con ella que se le ha atribudo tradicionalmente- ha sido la agricultura. El cultivo de especies vegetales no es un descubrimiento exclusivo de la especie humana: algunas especies de hormigas, por ejemplo, cultivan los hongos que le sirven de alimento, pero sin desquilibrar su entorno. El agricultor humano, sin embargo, ha sido el pionero de la destruccin de la biodiversidad, en su empeo secular por eliminar la malas hierbas y las alimaas, as como por talar bosques para destinarlos a terrenos de cultivo. El monocultivo de la agricultura de exportacin- y de los biocombustibles- ha generado asimismo graves daos a la fauna entomolgica y edafolgica, al hacer necesario el uso masivo de contaminantes pesticidas y abonos qumicos (el desierto verde del monocultivo sojero ya est produciendo una verdadera catstrofe ecolgica en algunos pases latinoamericanos, como Argentina, donde se arrasan miles de hectreas de bosques nativos para plantar soja transgnica, que deja tras de s suelos estriles). Si bien la agricultura ecolgica corrige los defectos de la industrial exportadora, su extensin excesiva -de la mano de un crecimiento poblacional incontrolado- acabara tambin con la biodiversidad, al reducir drsticamente los hbitats silvestres.

Conclusin.-

Hbitos de vida sostenibles devienen insostenibles a partir de un crecimiento excesivo de la especie depredadora (y la humana es, con mucho, la ms depredadora del planeta). Incluso la ms primitiva y menos impactante foma de civilizacin -como el cazador-recolector bosquimano o las tribus amaznicas trashumantes- representara una amenaza para el planeta si la practicasen siete mil millones de individuos, an cuando siguiesen intactos los bosques primigenios. Deberamos, pues, en el mbito demogrfico, tender tambin a un crecimiento cero; para pasar, ms adelante, a un decrecimiento. Decrecimiento an no cuantificable, pero que, unido a un decrecimiento del consumo, debera producir una reduccin sustancial de nuestra devastadora huella ecolgica, evitanto que necesitemos un Planeta B del que no disponemos, y que se impongan, por tanto, las soluciones dramticas. Se trata de una carrrera contra el tiempo que hay que iniciar ya, pues si no regulamos la poblacin y se materializa el crecimiento en dos mil millones de seres humanos previsto para mediados de este siglo, lo ms probable es que las hambrunas y las guerras hagan el trabajo sucio.



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