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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-03-2010

Memorndum para los terroristas del dficit pblico

Marshall Auerback
Sin Permiso


Hizo falta un contable para tumbar a Al Capone. Sern los contables los nicos capaces de tumbar a los terroristas del dficit pblico? Dirase que los contables son los nicos capaces de entender que quienes toman decisiones polticas no pueden evaluar coherentemente las opciones de poltica fiscal sin analizar las implicaciones de las mismas para los balances fiscales de otros sectores. Se parlotea mucho sobre los rescates griegos o sobre la reduccin de los dficits fiscales estructurales de los EEUU; pocos parecen comprender que la imposicin de un dficit fiscal arbitrario proporcional al PIB (o la fijacin del cambio a un nivel arbitrario) reduce el margen de maniobra necesario para conseguir ahorro neto en el sector privado.

La histeria del dficit ignora el ABC de la contabilidad

En sustancia todo se reduce a contabilidad bsica. Quienes se empean en hablar de sostenibilidad fiscal o hacen terrorismo con la histeria del dficit, si atendemos a la lgica de su posicin, lo que manifiestan son fobias en relacin con el ahorro privado. Y eso vale tambin para nuestras nclitas agencias calificadoras, que hoy mismo [15 de marzo] han disparado otra rfaga contra los EEUU y el Reino Unido. De acuerdo con Moodys, ambos pases se habran acercado sustancialmente al umbral de prdida de la calificacin AAA [la mxima] de su crdito, y por lo mismo, deberan reducir su deuda. De uno u otro modo, se supone que los pases tienen que lograr eso sin daar su crecimiento, y ello a pesar de que las muy expansivas polticas contra las que clama ahora Moodys han sentado las bases, a falta de las cuales habramos asistido a un colapso del ingreso y el empleo similar al de los aos 30 del siglo pasado.

Bien, para parafrasear al legendario jugador de bisbol Yogi Berra, una y otra vez nos asalta la sensacin del dej vu. Lo mismo ocurri con Japn a finales de los 80. En noviembre de 1998, al da siguiente del anuncio por parte del gobierno japons de un estmulo fiscal a gran escala para su desfalleciente economa, el servicio de inversores de Moodys dio comienzo a una larga serie de degradaciones en la calificacin de los ttulos de deuda pblica japonesa denominada en yenes, retirndole la triple A (AAA), la mxima calificacin. La siguiente degradacin importante la ejecut Moodys el 8 de septiembre de 2008.

Luego, en diciembre de 2001, Moodys degrad ms la calificacin de los ttulos denominados en yenes de la deuda pblica japonesa, bajndola de AA3 a AA2. El 31de mayo de 2002, el servicio de inversores de Moodys recort la calificacin del crdito japons a largo plazo dos grados ms, hasta A2, es decir, por debajo de Botswana, Chile y Hungra.

Gran negocio. A da de hoy, Japn sigue tomando prstamos a 10 aos a unos tipos cercanos al 1,3%. Afortunadamente, la histeria del dficit no se deja traducir tan fcilmente al japons.

Si nuestras agencias calificadoras (y la gran mayora de los economistas y de los comentaristas de los mercados) tuvieran una mnima comprensin de la contabilidad, podran despreocuparse. Verdad es que muchos ya lo hacen. Dean Baker, Rob Parenteau, Scott Fullwiler, Randy Wray y Bill Mitchell, destacan en la profesin por su capacidad para ofrecer un anlisis macroeconmico coherente en trminos de existencias y flujos.

Pero la mayora son refractarios a ese enfoque. Y no slo los economistas: los polticos y los medios de comunicacin arguyen frecuentemente que el gobierno debe equilibrar su balance contable exactamente igual que un hogar. Si un hogar gastara siempre ms que sus ingresos, terminara en la insolvencia, y se dice que el gobierno se halla en la misma situacin. Randy Wray ya demoli hace poco este tipo de argumentos.

Sinsentido neoliberal

Parte del problema es ideolgico. En el nivel ms bsico, el ingreso combinado de los tres sectores de una economa el sector privado nacional (que incluye hogares y empresas), el sector pblico y el sector exterior tienen que cuadrar sus gastos. Los sectores de la economa que son emisores netos de nuevos pasivos financieros se ven compensados por sectores que adquieren voluntariamente nuevos activos financieros. Eso no vale slo para el lado de ingresos y gastos de la ecuacin, sino tambin para el lado financiero, raramente bien integrado en el anlisis macroeconmico. Pero los neoliberales odian la idea de poner al sector pblico a la par con los sectores privado y exterior. Lo ven como un apndice extrao que interfiere dainamente en el funcionamiento del sector privado en una economa de mercado libre.

Establecida esta nocin contable bsica, no hay razn para que un sector cualquiera tenga que gastar por un monto exactamente igual al de sus ingresos. Un sector puede llegar a tener un excedente (gastar menos de lo que ingresa), siempre que otro incurra en dficit (gaste ms de lo que ingresa). Histricamente, por ejemplo, el sector privado de los EEUU ha gastado menos de lo que ingresa. Otro modo de decir lo mismo es que los dficits presupuestarios pblicos se han acomodado a la tradicional querencia por el ahorro del sector privado. Cuando se usa esta ltima formulacin, se entiende ms perspicuamente lo irracional de la histeria con que se rodea a los dficits pblicos. Por paradjica que resulte, vale la observacin del profesor Jan Kregel:

El gobierno puede intervenir para convertir los vicios privados en virtud pblica estimulando la prodigalidad cuando el sector privado desea ser frugal. La prodigalidad pblica viene a ser el sostn de la virtud pblica! Eso es la poltica fiscal de un gobierno responsable, responsable de asegurar que las decisiones del sector privado pueden abrirse paso sin que se atraviese en su camino la ley de las consecuencias no pretendidas. (Fiscal Responsibility: What Exactly Does It Mean? Manuscrito del esquema de la intervencin preparada por Jan Kregel para su Will Lyons Inaugural Lecture, Franklin and Marshall College, 23 de febrero de 2010.)

Y vale tambin el corolario: en la poca de Clinton, el gobierno federal actu de una manera que habra complacido a los ms severos victorianos: logrando los mayores excedentes presupuestarios de nuestra historia. Lo que fue celebrado por prcticamente todos los economistas de la corriente principal (tantos como los que hoy claman contra los dficits explosivos), porque eso quera decir que se reduca la notable deuda pblica. Huelga decir que, en realidad, lo que esos economistas celebraban era la mayor borrachera de deuda privada de la historia. Se calla por sabido que no lo vean as porque no comprendan las implicaciones contables de esos excedentes presupuestarios, los cuales, ecuacin mediante, significan un dficit del sector privado. Los hogares y las empresas se endeudaban cada vez ms, y perdan riqueza neta en unos ttulos de deuda pblica que se liquidaban a ojos vista para compensar las prdidas del ahorro privado.

Con unas pocas y breves excepciones, el gobierno federal de los EEUU se ha hallado en deuda ininterrumpidamente desde 1776. Y el cmulo de deuda resultante no ha sido una espada de Damocles suspendida sobre las cabezas de las generaciones futuras de contribuyentes y restrictora de la futura libertad de accin de los mismos. Cmo, si no, habra llegado a ser la de EEUU la economa ms sana del planeta? Simplemente, esa acumulacin de deuda emitida era la expresin contable de los dficits presupuestarios agregados en que haban incurrido los gobiernos en el pasado. La lnea del robo intergeneracional seguida ahora con nauseabunda regularidad es completamente falsa. Como observ Kregel en la conferencia antes citada, no podemos limitarnos a instar Doc Brown [el protagonista de la pelcula Regreso al futuro; T.] a que permita a Marty McFly [el amigo de Doc Brown en la misma pelcula; T.] volar de regreso al futuro en representacin de los abuelos prdigos para pagar la cuenta. Al contrario:

Si se incurre hoy en una deuda pagadera en el futuro, los recursos futuros para honrarla tendran que ser retrotrados al presente para que pudiera hablarse de una carga en trminos de consumo perdido para las generaciones venideras. Si no puede transmitirse en el tiempo, entonces queda en el futuro, a menos que nuestros nietos decidieran lanzarse a un enorme potlatch, quemaran los recursos y declararan extinguida la deuda.

En realidad, hablar de billones de dlares de pasivos no respaldados por activos generados por la jubilacin de los baby-boomers es absurdo, a menos que se compare con la dimensin acumulada por el PIB a lo largo del mismo perodo de tiempo: tambin aqu nuestros terroristas del dficit comparan peras con manzanas.

Presupuestos pblicos y prioridades polticas

Un presupuesto pblico, as pues, no se limita a fijar los gastos pblicos y los ingresos fiscales. Es un documento que establece las prioridades polticas y de gasto de quienes toman decisiones polticas con el objetivo de movilizar los recursos nacionales para un designio poltico ms amplio. En sustancia, un presupuesto es una afirmacin poltica que refleja prioridades y preferencias, no el equivalente econmico de una suerte de camisa de fuerza que viniera, por ejemplo, a decretar arbitrariamente que el gasto pblico no puede rebasar un determinado porcentaje del PIB. Por definicin, un presupuesto no puede hacer eso, porque todos los excedentes presupuestarios, lo mismo que los dficits, son, y por mucho, endgenos, es decir, no discrecionales. Un gobierno puede fijar su programa de gasto y sus planes fiscales por va expeditivamente legislativa, pero no puede determinar por anticipado el nivel del dficit (o del excedente). Los vnculos macroeconmicos que acabarn perfilando la posicin presupuestaria estn muy determinados por la interrelacin entre el gasto pblico y el gasto no estatal. El dficit es tanto un reflejo de esa interrelacin, cuanto una causa de la misma.

Lo que nos devuelve al gasto fiscal pblico y a la nocin de sostenibilidad fiscal. En nuestra opinin, la nica poltica fiscalmente sostenible es la que consigue el pleno empleo a los niveles de precios actuales (o cerca de esos niveles). La idea de una oferta pblica de empleo garantizado es una opcin muy convincente de poltica fiscal, pero ha pasado generalmente desapercibida debido al creciente ruido de la histeria del dficit. Dado que los gobiernos fiscalmente responsables que siguen recortando el gasto y buscando excedentes se arriesgan echar al cubo de los desperdicios la vida entera de sus jvenes, lo que se precisa ahora son programas de creacin de puestos de trabajo que requieren ulteriores estmulos. Tal es el nico curso de accin responsable. Un Programa de Garanta de Empleo es de todo punto preferible a cualquier programa de mayores transferencias a los bancos y a las agencias federales para mantener a los hogares cojeando en su delicada situacin actual.

La verdadera clave para una recuperacin sustancial de los EEUU, pues, no es un activismo fiscalmente restrictivo (que har peores las cosas), sino alguna combinacin de gasto pblico sustancialmente mayor y/o recortes fiscales que desactiven la implosin de la demanda en el sector privado. Una vez que el gobierno se haya enfrentado honradamente al problema de la solvencia de un gasto y un emprstito pblicos en su propia moneda, no hay nada en teora que pueda impedir al gobierno estadounidense ofrecer un empleo a todos los que lo soliciten, a una tasa fija de pago, y dejar flotante el dficit. Eso, por definicin, redundara en tasas de empleo sustancialmente ms altas, y mitigara la necesidad de iniciativas legislativas como las de compensacin del desempleo y el salario mnimo (por definicin, el programa de garanta del empleo constituira el salario mnimo).

El gasto del gobierno federal no est restringido por los ingresos o por los prstamos recibidos. Ese hecho est fuera de discusin, pero su alcance apenas se comprende, como lo pone de manifiesto la persistencia de las crticas al derroche fiscal del gobierno. La verdadera cuestin que hay que plantearse es esta: en qu consiste la responsabilidad fiscal, la del gobierno, pero tambin la de los economistas? Tenemos que proceder con audacia, pero slo podremos hacerlo, si nos despedimos de un sinnmero de fantasmas que ya no sirven para nada en un mundo que ha dejado atrs hace muchos aos el patrn oro, y por lo mismo, las cargas de la deuda pblica, la solvencia nacional y el efecto desplazamiento. Por encima de todo, resulta crucial entender que la generalizada preferencia por un sector privado desapalancado no puede echarse a humo de pajas, y que el gobierno debe jugar un papel en la facilitacin de ese proceso. Irnicamente, cuanta ms austeridad fiscal se imponga intencionalmente, a menudo, con exigencias condicionantes que refuerzan las medidas de austeridad fiscal en el perodo de transicin (como vemos ahora en Grecia, y probablemente veremos en otros sitios), tanto peores sern los dficits presupuestarios contra los que ahora claman los halcones del dficit.

La capacidad del sector privado para gastar menos de lo que ingresa depende de que otro sector haga lo contrario. Para que un sector consiga un excedente, otro debe incurrir en dficit. Eso no es alta teora keynesiana, sino una elemental ecuacin contable que parecen ignorar la inmensa mayora de los economistas y de los tertulianos. En principio, no hay razn para que un sector no pueda incurrir perpetuamente en dficit, mientras haya otros sectores dispuestos a tener excedentes. Pero lo cierto, en el presente contexto, es que no hay nada, ni debera haberlo, que impida a cualquier gobierno incurrir en grandes dficits para que el sector privado pueda felizmente reconstituir su capacidad de ahorro, como ocurri en los EEUU luego de la II Guerra Mundial.

Marshall Auerback, uno de los analistas econmicos ms respetados de los EEUU, es miembro consejero del Instituto Franklin y Eleanor Roosevelt, donde colabora con el proyecto de poltica econmica alternativa new deal. 2.0.

Traduccin para www.sinpermiso,info: Miguel de Puoenrostro, con revisin de Mnima Estrella

Fuente:
http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3209 



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