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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-03-2010

Escuela de Frncfort
El ltimo captulo del marxismo filosfico

Beatriz Sarlo
EE REvista de Cultura

Adorno, Horkheimer, Benjamin, Marcuse, Habermas son apellidos centrales del pensamiento del siglo XX ligados a la Teora Crtica y rescatados por "La Escuela de Frncfort", una monumental biografa intelectual colectiva, recin editada en castellano. Beatriz Sarlo analiza la obra de ese grupo excepcional, que explor la dialctica, el marxismo y el freudismo.


Intil buscar una definicin sinttica de la Escuela de Frncfort. Existieron diferencias (no siempre las mismas ni en el mismo momento) entre sus integrantes ms ilustres como Theodor W. Adorno, Max Horkheimer y Herbert Marcuse. Cada uno de ellos explor a su manera y con distintos acentos la dialctica, el marxismo y el freudismo. Algunos hicieron sus contribuciones ms profundas en la esttica y otros, en lo social. Finalmente, un nombre icnico, como el de Walter Benjamin, no perteneci realmente al Instituto que fue la base administrativa de la Escuela; y la teora de la accin comunicativa de Jrgen Habermas no es una consecuencia inevitable del pensamiento de sus mentores de juventud.

Sin embargo, casi todos creemos saber de qu se habla cuando se menciona a la Escuela de Frncfort y la Teora Crtica. Versiones difundidas en el sentido comn culto fusionan las posiciones de Adorno sobre esttica y su intervencin decisiva en el campo de la msica moderna, la mirada detallista e innovadora de Benjamin sobre la cultura urbana y material, la gran suma filosfico-histrica de Horkheimer y Adorno sobre la razn ilustrada, las exploraciones de Marcuse sobre la subjetividad en el capitalismo. Ellos, los francfortianos, discutieron largamente mientras mantenan una identidad que, pese a los conflictos, es rara en otros grupos. Son un mosaico, pero los una una tarea comn que hoy ya podemos definir (sin olvidar, por supuesto, el proyecto de Sartre) como el ltimo gran captulo de la dialctica, el ltimo captulo posible del marxismo filosfico. La Escuela de Frncfort, de Rolf Wiggershaus, publicado en alemn en 1986 y ahora editado en castellano, es una historia de este grupo excepcional.

Los comienzos En 1940, muri, despus de aos de parlisis fsica e inhabilidad mental, el primer director del Instituto para la Investigacin Social que se fund en 1924 con dinero aportado por Felix Weil, hijo de un exportador de cereales que se haba enriquecido en la Argentina. Los tres aos y medio que lo dirigi Carl Grnberg son un comienzo. Las autoridades universitarias alemanas miraban con desconfianza a ese Instituto financiado por un joven mecenas marxista, que promova un programa marxista de investigaciones y reparta sus becas entre estudiantes tambin marxistas, muchos de ellos militantes del Partido Comunista.

Providencialmente, la enfermedad de Grnberg hizo posible un nuevo comienzo. Cuando, en 1930, dej la direccin del Instituto, el nombramiento de un casi desconocido Max Horkheimer fue una decisin administrativa que contena en su centro el futuro institucional de la Teora Crtica. Los anales del Instituto pasaron a llamarse Zeitschrift fr Sozialforschung, nombre que se volvi clsico. En su conferencia inaugural, Horkheimer estableca un delicado equilibrio entre el programa francamente marxista de su antecesor (suscripto por el mecenas Weil) y una frmula que pudiera sonar aceptable en el medio universitario alemn que, aunque singularmente avanzado en Frncfort, de todos modos no habra tolerado por mucho tiempo un programa de investigacin exclusivamente centrado sobre el marxismo.

As, Horkheimer se refiere a la filosofa clsica alemana, a la idea de totalidad en Hegel y extrae de all la fundacin metodolgica y terica de un proyecto que investigara las relaciones de economa, sociedad y cultura.

Como queda ampliamente probado por Rolf Wiggershaus, la llegada de Horkheimer fue inesperada, estratgicamente astuta y finalmente providencial. Con todo detallismo, Wiggershaus cita las cartas, las instrucciones y las observaciones ministeriales que armaron el tinglado en el cual pareci prudente aprovechar la enfermedad de Grnberg para imprimir un giro.

En la extensa lista de nombres que protagonizan o son figuras secundarias de este primer captulo, Wiggershaus ofrece pruebas de una recurrencia: son muchos los judos (conservadores o liberales, pero siempre ilustrados y de sentimientos profundamente alemanes, es decir, judos integrados), burgueses urbanos, grandes comerciantes o industriales con inclinaciones a la accin pblica prestigiosa y el mecenazgo de las artes y las ciencias.

Aunque Wiggershaus no lo subraya especialmente, es significativa esta tipologa porque, frente a ella, las persecuciones del nazismo, que sucederan muy pocos aos despus, no se vuelven incomprensibles para quienes las desataron, pero s, en gran medida, para quienes las padecieron en esta franja que no estaba habituada ni a la segregacin ni al desprecio.

Personalidades

Despus del "relato de comienzos", se pasa a las biografas tempranas de los principales integrantes del grupo: desde las novelas escritas por Horkheimer en su juventud a la formacin judaica y psicoanaltica de Erich Fromm, que se plantea el cruce terico entre la teora de los instintos y la teora de clases, y termina fijando en el Instituto la primera sede universitaria del psicoanlisis en Alemania.

Estas detalladas e interesantes "vidas francfortianas", de todos modos, interrumpen el curso de una historia. Arman un friso biogrfico, donde no es posible detenerse en lo que quizs hubieran sido algunos paralelos significativos (Horkheimer como una especie de Engels joven y judo, por ejemplo, poniendo de manifiesto, por si hiciera falta una vez ms, la pertenencia de los judos al suelo de la cultura alemana, y tambin las insospechadas supervivencias de romanticismo social en sus obras juveniles). Quizs, el intercalado de las vidas en curso de formacin intelectual no haya sido la mejor estrategia expositiva, aunque cada vida tomada en s misma es interesante como una miniatura. Otra estrategia de exposicin habra partido de los grandes tericos ledos por casi todos, como Lukacs o Korsch o Weber, para delinear un trayecto comn a la poca.

Sin embargo, aunque las biografas juveniles interrumpan la historia de los primeros aos del Instituto, abren una perspectiva desde la que se comprueba que all se reunieron tendencias que estaban un poco por todas partes en la izquierda marxista alemana intelectual y juvenil, que se consolidaron porque el Instituto les dio una adscripcin acadmica y el dinero que la universidad de Frncfort no habra invertido.

El captulo donde transcurren estos primeros aos lleva el nombre significativo pero intrigante de "El ocaso" (Dmmerung, que la edicin en ingls traduce, menos hermticamente, por "Amanecer", tal como lo permite la palabra alemana). El ttulo es el de un libro de Horkheimer, publicado en 1934, donde Wiggershaus encuentra la prueba de que tena ya el programa de una filosofa futura y de una "teora cientfica de la sociedad". Ese programa atraves ms de tres dcadas, como conviccin, como promesa, como horizonte discutido por la propia Teora Crtica. Jos Sazbn, gran especialista argentino desparecido hace dos aos, sintetiz el conflicto finalmente generado por la idea de totalidad que los lineamientos de Horkheimer compartan con Lukacs. Sazbn concluye que el hegelianismo totalizante del programa de Horkheimer se "dislocar" en las vas recorridas por muchos francfortianos: el psicoanlisis, la antropologa, la crtica nietzscheana.

Las historias intelectuales que incluye Wiggershaus en este primer captulo son una demostracin de que, desde el comienzo, la teora crtica era mucho ms y mucho menos de lo que prometa. Lo muestra el itinerario, en los aos veinte, de Theodor Adorno, que hace un pasaje breve y frustrante por el Instituto, se va a Berln donde tiene una relacin fundamental con Benjamin y regresa para trabajar con Paul Tillich y establecerse en ese marco institucional, aunque desconfiando o recusando la idea de una totalidad inalcanzable en la filosofa contempornea.

Pero un verdadero ocaso, no simplemente el de la idea hegeliana de totalidad, amenazaba a los jvenes de Frncfort. El mismo da en que Hitler fue nombrado canciller del Reich, las SA (tropas de choque de camisas pardas) se apoderaron de la casa de Horkheimer. Comenz el exilio que llev a los francfortianos a Estados Unidos. Adorno, siempre siguiendo un camino diferido o diferente, intent una carrera en Oxford, donde se lo ubic, para su humillacin, en el lugar del estudiante de doctorado. Wiggershaus cita largamente la correspondencia de 1934 entre Adorno y Horkheimer: "Usted (le escribe Horkheimer) si no ha cambiado mucho, es una de las pocas personas de las cuales el Instituto y la especial tarea terica que busca cumplir tienen algo que esperar en el plano intelectual".

Aunque la afirmacin fuera, en ese momento, injusta con Erich Fromm, todo acontece en el relato de Wiggershaus como si Horkheimer conociera el borrador del futuro o como si algunos rasgos personales de Adorno alcanzaran para explicarlo. "Fijaciones" o celos, desconfianza hacia otros intelectuales como Kracauer, disidencias pequeas pero significativas que terminaron en separaciones, como con Erich Fromm. Ambos, Adorno y Horkheimer, sentan en cambio una rara atraccin por Benjamin, precisamente el que no lleg nunca al exilio.

Wiggershaus deja dos cosas en claro. La primera, ms indiscutible por menos teleolgica, es que tanto Horkheimer como Adorno estaban fascinados con Benjamin, y se lo comunicaban mutuamente en varias cartas de 1936, aunque quiz nunca pensaron que pudiera integrarse del todo a la empresa comn, por la persistencia en Benjamin en "conceptos teolgicos" insertados en una filosofa donde tampoco terminaba de reconocerse la dialctica. La segunda, que era casi inevitable que Adorno y Horkheimer terminaran trabajando juntos en la Dialctica de la Ilustracin, como si el nazismo, los desencuentros del ao 34, en que uno ya estaba en Nueva York y el otro todava tentado en seguir una carrera como crtico musical en Alemania, hubieran sido detalles de una historia emprica que nunca llegaron a poner en peligro esa obra esencial. Sin embargo, Wiggershaus tambin muestra que Horkheimer, siempre tajante en sus intervenciones como organizador, vacil entre una colaboracin filosfica de gran alcance con Adorno y el camino multidisciplinario inscripto en el programa fundador nunca abandonado, incluso cuando el Instituto regres a su primera sede alemana despus de la guerra.

Dilogos en el exilio

Durante el perodo norteamericano, esa va multidisciplinaria hizo posible la alianza con Paul Lazarsfeld, trazando un desvo ms acadmico y empirista. Eran, sin embargo, hombres de texturas intelectuales muy diferentes: Lazarsfeld, cuando en 1938 Adorno se sum al proyecto de investigacin sobre la radio y sus efectos, le estamp el estereotipo del "profesor alemn que, no obstante, dice una cantidad de cosas interesantes". Por esta misma extraeza de origen y formacin, Horkheimer se ve obligado a explicar varias veces por qu la Zeitschrift fr Sozialforschung sigui siendo publicada en alemn hasta 1939, evitando las traducciones siempre peligrosas (por su tendencia a las "simplificaciones y popularizaciones"), y tambin porque en ese momento era la nica revista independiente publicada en esa lengua. Precisamente en su ltimo nmero en alemn, se public un artculo de alto impacto de Horkheimer: "Los judos y Europa".

Es caracterstico del relato de Wiggershaus recorrer cuntos caminos laterales aparezcan. El proyecto inconcluso de Benjamin sobre Pars, capital del siglo XIX es abordado en una pequea monografa intercalada en uno de los captulos dedicados al Instituto en Estados Unidos. Con excelentes fuentes documentales sigue el tortuoso itinerario del intercambio entre Adorno y Benjamin, y las objeciones de Horkheimer, que son menos significativas. Sin duda, el intercambio entre Adorno y Benjamin es un punto muy alto de debate y colaboracin, de desacuerdo, reconocimiento y tambin ceguera, pero surge el legtimo interrogante de si tambin lo fue en la historia del Instituto, donde Benjamin no aparece nunca como una figura central, sino como aquel intelectual magntico que atrae a algunos de sus miembros.

Otro ejemplo de excelente anlisis intercalado es el de Filosofa de la nueva msica; Wiggershaus rastrea las razones del extraordinario impacto y la "felicidad intelectual" que el texto de Adorno le produjo a Horkheimer. Esas pginas, como las dedicadas a Benjamin, son tambin intermezzi felices dentro del tono predominante de anlisis de relaciones intelectuales e institucionales. La tercera insercin monogrfica de estas caractersticas es dedicada a la gnesis y discusin de Dialctica de la Ilustracin, esa obra magna que se convierte en una clave de bveda del proyecto, recoge lneas inconclusas del pensamiento benjaminiano y le da una centralidad a Horkheimer y Adorno, desplazando hacia otros espacios, de manera definitiva o por bastantes aos, a Fromm, Pollock y Marcuse.

El libro de Wiggershaus es una historia de la lnea central y de mltiples caminos laterales. Cada una de las ocasiones en que Adorno disiente con Horkheimer (por ejemplo acerca del ensayo de Marcuse sobre el carcter afirmativo de la cultura, para mencionar slo un caso), prueba que el mismo trmino de Escuela es poco apropiado. Parece mejor, referirse al Instituto, ya que esta denominacin administrativa y acadmica no establece los mismos compromisos de unidad que estuvo siempre amenazada por las desavenencias filosficas de un grupo que se diferencia a medida que pasa el tiempo.

Pero las disensiones no fueron solamente tericas o metodolgicas. Sobre todo en los Estados Unidos, en los difciles aos de fines de los treinta y comienzos de los cuarenta, cuando llegan definitivamente todos los emigrados, valen tambin los conflictos por la escasez de fondos; los manejos financieros de Horkheimer que, secretamente, se reserva una parte importante de los de la Fundacin que haba financiado al Instituto en Alemania; su tenacidad para presentar proyectos que intersectaran aquello que los financiadores acadmicos americanos y tambin del American Jewish Committee podan aceptar y lo que la gente del Instituto poda y se interesaba en hacer. Horkheimer, por otra parte, incitaba a los miembros con quienes simpatizaba menos a buscar sus medios de vida en otras agencias, especialmente en las del Estado norteamericano, como en los casos de Marcuse y Pollock.

El proyecto sobre antisemitismo fue el ltimo gran proyecto diseado en los Estados Unidos. En el comit consultivo de la investigacin se alinearon celebridades no slo originadas en el Instituto sino tambin grandes nombres como Margaret Mead o Robert Merton. Wiggershaus, al compilar esos nombres, pone en evidencia que, originarios de Frncfort, slo quedaban Adorno y Horkheimer, adems de Leo Lwenthal. En las infinitas maniobras que exigi la aceptacin del proyecto queda de manifiesto no slo la destreza administrativa de Horkheimer sino tambin la insercin lograda en el exilio.

El regreso

Llega, justo en ese momento, el fin de la guerra. Quienes, como Marcuse, trabajaban en agencias de los Estados Unidos especializadas en los problemas del conflicto, se quedaron sin trabajo y Horkheimer les hizo saber que no les estaban esperando sus antiguos puestos, aunque el futuro de la Zeitschrift ocupara a Marcuse tanto como a l y a Adorno. En la nueva situacin, la revista poda recuperar un espacio pblico europeo que estuvo clausurado durante el nazismo. Europa, visitada en esos aos de posguerra, puede que "est condenada por la historia", pero "el hecho de que todava existe pertenece tambin a la imagen histrica y abriga la dbil esperanza de que algo de lo humano sobreviva" (escriba Adorno a Horkheimer en 1949).

Muchos de los exiliados regresaron. En este punto del relato de Wiggershaus podra hacerse un sealamiento. Su historia es increblemente detallada en lo que concierne a la gnesis de obras y proyectos; los desplazamientos internos del grupo por afinidades filosficas y personales; y las infinitas tcticas ensayadas frente a las instituciones norteamericanas en los planos financiero y acadmico. Una dimensin se extraa en toda esta prodigiosa reconstruccin: la del campo del exilio en su conjunto y la del impacto en estos europeos pura cepa de la sociedad americana en la que se insertaron. En este punto, el relato, que sigue todos los desvos necesarios, no se propone la reconstruccin de una escena ms amplia. Digamos que no es suficientemente materialista en lo que concierne al paisaje urbano, cultural y social en el que los exiliados vivieron y que haba provocado en ellos el famoso reflejo del "esplndido aislamiento".

Esa ausencia de atmsfera no ocurre, en cambio, en el comienzo del sexto captulo, el del regreso definitivo a Frncfort. El choque es violento porque los hombres del Instituto haban emigrado de una Alemania donde la cultura producida por judos e influida por ellos era esencial. La nacin dividida a la que regresaban les presenta slo el vaco donde esa cultura haba vivido enrgicamente.

Frncfort los recibi en triunfo. Sin embargo, para refundar el Instituto, era necesario conseguir los fondos. Para convencer no a inexistentes mecenas judos sino a la burocracia estatal, Horkheimer argumenta casi con las mismas palabras de su programa inicial: unir la tradicin filosfica y social alemana con las investigaciones empricas, slo que, en esta ocasin acaecida veinte aos despus, sumando los aportes metodolgicos de la sociologa norteamericana (con la que Adorno ya no tendr ms nada que ver). En 1951 se reabre el Instituto. Pero sus miembros van y vienen. En 1952, Adorno vuelve a Estados Unidos, en un viaje que le resulta ms duro que el exilio. Marcuse, que desea regresar a Frncfort y estrechar una colaboracin con Horkheimer, una vez ms, fracasa. Pero en 1955 l publica Eros y civilizacin, el libro que Wiggershaus llama con justicia la Dialctica de la Ilustracin de Marcuse.

Fue la consagracin intelectual y pblica de los fundadores. Pero tambin la aparicin de nuevos personajes, como Jrgen Habermas, nacido en 1929 cuando se estaba fundando el Instituto, y que elega escribir en los diarios sobre autores por los que Adorno senta lejana y hostilidad. Habermas recuerda el impacto de su primera reunin con Adorno: lo escuch como si estuvieran hablndole Marx o Freud, los grandes de la cultura alemana en el pasado. Prevaleci la continuidad y, en 1965, Habermas obtuvo la ctedra que haba sido de Horkheimer.

La doble imagen que se le ocurre a Habermas (la de una envergadura pretrita aunque presente) es tambin la que ilustra el final del libro de Wiggershaus. Los jvenes de los sesenta encontraron una referencia en Frncfort y, sobre todo, en las frmulas que sintetizaban su proyecto marxista y dialctico original. Pero quienes haban escrito y hecho posible ese proyecto estaban cada vez ms lejos de ese nuevo mundo insurreccional y culturalmente revulsivo. Quiz la nica excepcin fuera Marcuse, que miraba intensamente esa sociedad capitalista tarda mientras Adorno, alejado, coronaba su obra filosfica y esttica.

Wiggershaus reconstruye, con testimonios muy prximos a los hechos, el ao 1967, donde Adorno va de un malentendido a otro en reuniones y conferencias con los estudiantes radicalizados. El relato deja ver perfectamente la naturaleza cultural, ideolgica y generacional de una comunicacin casi imposible: ni a Adorno le interesa la reforma de la universidad (que fue la bandera con la que comenzaron muchas de las revueltas juveniles de esos aos), ni los estudiantes estn en condiciones de seguirlo en el proyecto ms duro, ms difcil, con que el filsofo est terminando su vida. Malentendidos diferentes, pero igualmente insalvables, separaron a los estudiantes de Marcuse, que fue recibido por ellos como una voz de la revolucin para escuchar que, en vez de darles un lugar de primera fila en ese futuro, les dice que no son ellos, los estudiantes, los principales protagonistas.

Este final, melanclico pero inevitable en esta gran biografa intelectual colectiva, tiene una vibracin personal y el lector adivina en Rolf Wiggershaus (nacido en 1944) un testigo muy prximo de los avatares con los que compone su historia de la gnesis y realizacin de la Teora Crtica, de la revista y el Instituto. Toda ella provocaba a construir un libro al que es difcil llamar simplemente extenso. Es, al mismo tiempo, agotador e imprescindible. Wiggershaus ha sido implacable en la recopilacin de fuentes documentales inditas y en la revisin de las ya conocidas; se mueve en un terreno que le es familiar desde su doctorado con Habermas, pero no da nada por descontado: revisa todo y no se permite una elipsis en el relato; no da respiro, porque es un investigador que tampoco se lo permite. La escuela de Frncfort es un atlas, una gua exhaustiva, un repertorio bibliogrfico completo y una enciclopedia razonada.

http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2010/03/27/_-02167570.htm


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