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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-03-2010

Insistir en el sufrimiento pasado?

Mariano Gonzlez
Rebelin


La que llora es la nia de siete aos. La que ya no pudo abrazar a su pap. La que tuvo que hacer de mam a esa edad. La mujer, indgena guatemalteca, madre y estudiante universitaria, lo narra llorando. No puede decirlo de otra forma. La desaparicin de su pap en 1981, sigue siendo parte de su vida. Lo que explica, en buena medida, sus dolores, sus anhelos ntimos, su existencia.

Es tan profundo y actual ese evento, que por ello, a veces, quisiera morirse. Quisiera morirse para reunirse de nuevo con pap, y que, como antes, caminaran de nuevo de la mano o que la abrazara o le contara (y asombrara) sobre las cosas de la vida. La felicidad perdida- se encuentra en el pasado y sigue gravitando en el presente. Por ello es que an se recuerda de los desesperados reclamos que le hizo a la luna despus que secuestraran a su pap: T tienes que decirme dnde est, tu sabes dnde est. Reclamos ante los cuales permaneci callada, an hoy, la luna

Como se observa, el pasado acta realmente en la vida de la mujer, que es en verdad la nia de 7 aos que llora. La ausencia del padre es, por supuesto, la ms importante y la ms dolorosa forma del pasado presente. Pero el pasado acta tambin de otras formas. Acta en la prohibicin materna, vigente hasta ahora, de hablar sobre el asunto fuera de la familia, porque resulta peligroso, hoy, despus de casi tres dcadas (es lo que piensa la madre, que tambin vive en aquellos tiempos. Los tiempos de la violencia). Acta en la presencia de los vecinos que colaboraron con el ejrcito para el secuestro del padre y que viven en la misma cuadra donde todava vive la familia (y se encuentran tan campantes, con tan buena conciencia y tan buena fortuna). Acta en la misma relacin con su propia hija que se ve determinada por esa ausencia: la hija le dice que llora mucho y que est muy triste.

Decir que esta mujer necesita hablar del sufrimiento pasado es un error, como se ve. Pues resulta un sufrimiento presente. Por muchas cosas. Porque era pap. Porque nunca se despidieron. Porque los culpables estn sueltos. Y dadas las condiciones del pas (la victoria de los militares, la impunidad y el miedo reinantes, la retraumatizacin continua), no ha existido la posibilidad para ella y para muchas otras personas, familiares de los 200,000 asesinados/ desaparecidos (segn el informe de la Comisin del Esclarecimiento Histrico), de elaborar su dolor. Por lo tanto, es necesario hablar del dolor pasado, del dolor presente.

Es necesario encontrar un espacio de dilogo comprensivo y responsable para hablar de ese pasado que est pasando. Es algo humanamente necesario. Esa nia de 7 aos que es la que llora ahora necesita encontrar quien la escuche. Y aunque es imposible, realmente imposible, ponerle punto final al dolor y a la prdida, necesita al menos, la elaboracin de esa memoria de dolor (en expresin de I. Dobles). Desde un punto de vista personal, es necesario hablar para elaborar sentidos que le permitan vivir con su dolor, aunque se sepa que no se resolver definitivamente. Es parte tambin de la posibilidad de vivir. [2]

Pero aqu hay que dar un paso ms. Sin perder de vista por ningn momento el dolor que existe ahora, o precisamente para dar cuenta de ese dolor, se hace necesario tambin el intento de redimir a los que estn ausentes: en este caso, al padre. Redencin que tiene un sentido distinto al que se le da en un discurso religioso. Como se est hablando en trminos estrictamente humanos y el consuelo divino no nos est permitido (por lo menos si se pretende seguir en el mbito humano), lo que la memoria puede hacer es levantar acta de la injusticia sufrida. Hacer constar que esa injusticia es un expediente abierto, pese al paso de los aos. Que el olvido de ese padre sera hacerse cmplice de la injusticia sufrida. Por lo tanto, an cuando no se plantee ninguna certeza, por lo menos se puede decir que la redencin est pendiente.

El padre de la nia de 7 aos que ahora llora, tambin era portador de un proyecto de humanidad posible y distinta a esos pedazos rotos que somos ahora. Sus sueos de felicidad frustrados remiten a posibilidades de humanidad distinta. De hecho, tambin estaba organizado, es decir, participaba en la guerrilla guatemalteca. Esa que intent, en sus mejores momentos, tomar el cielo (guatemalteco) por asalto y sobre la que hay que recuperar las mejores aspiraciones: la voluntad de lucha, el sacrificio y la solidaridad. Hacer una crtica, claro, sobre sus errores, pero tambin sobre lo que contena como posibilidad de hacer justicia a las injusticias.

A contrapelo de la idea del progreso y de un talante pacifista y olvidadizo, que tanto dao han hecho y han justificado, una accin poltica que d cuenta del pasado, se nutre de la imagen de los abuelos esclavizados, no del ideal de los nietos liberados (W. Benjamn, Tesis XII de las Tesis de filosofa de la historia). Lo cual es parte de la imperiosa necesidad de recordar y hablar del sufrimiento pasado. Comentando esto, indica R. Mate: la liberacin actual venga la injusticia cometida contra los abuelos en el sentido de que culmina una historia de liberacin que comenz el mismo da en que los abuelos fueron convertidos en esclavos. Liberacin que no se puede lograr si se aprende el olvido y se olvida la indignacin.

Si a nivel personal es necesario dotar de sentido al pasado de sufrimiento, a nivel colectivo y poltico se debe rescatar la solidaridad de los oprimidos que se nutre de la imagen de los abuelos esclavizados, del sufrimiento pasado.

En ambos casos, se recurre al pasado de dolor y de injusticias para buscar en ellos los sueos de felicidad frustrados y la esperanza que los habita, que se encuentran en estado latente. Lugar inesperado pero fecundo para la esperanza, que espera por su realizacin.

No se va a cerrar el expediente abierto. No se va a poner punto final a la injusticia. Pero tampoco se puede hacer uno el desentendido frente al llanto de esa nia o frente a los sueos de liberacin del padre. Las resistencias y luchas actuales son parte de una respuesta ante ese sufrimiento. No es justo permanecer en silencio como permaneci esa luna interrogada hace aos.

Entonces, la pregunta no va por el por qu insistir en el sufrimiento pasado. Sino cmo hacerse responsable por el sufrimiento pasado. Y ya se ve que la respuesta a la injusticia no va por el expediente del olvido. Al contrario, hay una apuesta por la memoria.

Y aunque slo sea exigencia del deseo y la esperanza, hay que imaginarse que esa nia de 7 aos que llora, pueda, al fin, escuchar una respuesta de la luna y encontrarse, otra vez, caminando de la mano del padre.



[1] * Estas breves lneas intentan dar respuesta a lo que me cont la protagonista de este escrito, quien me permiti publicarlo. Tambin es necesario decir que lo compartido se intenta comentar a la luz de observaciones que realiza R. Mate.

[2] En este sentido, narrar el sufrimiento padecido es una tarea curativa imperiosa. Es parte de una necesaria salud mental. Sin embargo, debe hacerse una observacin sobre una muy inadecuada conceptualizacin de este trmino. Por salud mental se ha entendido, a pesar de las diferentes formulaciones, la idea de adaptacin a la realidad, al sistema en el que se vive. Pero puede entenderse de otra forma. Si el contexto es un contexto de dominacin (enajenante, hiriente), entonces la transformacin de ese contexto, adems de ser polticamente necesario, resulta tambin muestra de salud mental, que puede entenderse como un proceso de liberacin colectiva y personal. Esta es una forma de entender la perspectiva sobre el tema de I. Martn-Bar



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