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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-03-2010

Ciudad Jurez, viaje al fin del neoliberalismo

Gennaro Carotenuto y Chiara Calzolaio
Brecha


El sueo de la industrializacin neoliberal se transform en pesadilla. Ciudad Jurez, la de las maquiladoras y los feminicidios, frontera entre el norte y el sur del mundo, es hoy la ciudad ms violenta del planeta. En los ltimos dos aos la guerra entre narcos, en la que est involucrado el ejrcito, ya caus 4.600 muertos y 100.000 refugiados.

LLEGANDO A CIUDAD JUREZ desde el sur, la ltima hora de avin muestra con creciente angustia uno de los desiertos ms ridos del mundo. No era as antes, cuentan los pocos lugareos autctonos. Jurez tena 30.000 habitantes en 1930, 300.000 en 1970, 1,5 millones en 2000, y perdi varias batallas por el control del agua del Ro Bravo con El Paso, que desde 1848 pertenece a Texas.

Del viejo y frtil valle de Jurez quedan apenas los topnimos. Entre ellos est el Campo algodonero, donde en 2001 se encontraron los restos de ocho mujeres vctimas de feminicidios. En noviembre pasado la Corte Interamericana de Derechos Humanos conden a Mxico por indiferencia: las mujeres violadas y asesinadas, jvenes de clase humilde, no valan nada. Desde los aos sesenta, y ms aun despus del tratado de libre comercio con Estados Unidos de 1994, llegaron a Jurez infinidad de mujeres para trabajar en las maquiladoras, las fbricas exportadoras de propiedad extranjera con regmenes fiscales especiales, bajos sueldos y escasos derechos, pero con la esperanza de un futuro mejor.

Las muertas no valan nada, como nada valen los 4.600 cadveres que cont Jurez desde inicios de 2008, cuando comenz la guerra entre narcos por el control de la ciudad entre los crteles de Jurez y de Sinaloa y lleg el ejrcito a jugar su propio partido. Cuenta a Brecha el periodista de El Universal Ignacio Alvarado que el 65 por ciento de ellos son menores de 25 aos e hijos o nietos de obreras de maquiladoras. Ese dato, adems de trazar un perfil etnogrfico de la masacre actual, atestigua el fracaso de un modelo de desarrollo. Elizabeth valos, sindicalista, ex obrera en las maquiladoras, confirma: hoy vive en Jurez medio milln de jvenes a los cuales el modelo neoliberal no ofrece nada, ni educacin, ni salud, ni trabajo y ven en el narco la nica posibilidad de ganancia y de reconocimiento social. Captados por los crteles, son perseguidos por el ejrcito, que los ajusticia, secuestra, tortura y mata o arreglan sus cuentas a tiros. Esto en un contexto sin ley donde la quiebra del sistema judicial va ms all de la impunidad, y hay apenas 150 expedientes judiciales abiertos.

Y los otros 4.450 cadveres?, pregunta Brecha al jurista scar Maynez: Si el asesinato se cometi con armas automticas o semiautomticas se da por descontado que se trata de un ajuste de cuentas entre narcos, y ya no se procede. Otro testigo, que prefiere el anonimato, calcula: En 2008, el 80% de los muertos fue asesinado por la tropa de ocupacin [el ejrcito]. El porcentaje baj algo en 2009 porque hubo la contraofensiva de los narcos locales, desplazados pero no derrotados. Los organismos de derechos humanos comprobaron la responsabilidad de los militares por lo menos en cinco casos de desapariciones de personas y hay cientos de denuncias por crmenes cometidos por uniformados. En Jurez sigue el testigo- no hay una guerra entre narcos en la cual el Estado llega a restaurar el orden sino una masacre cometida por el ejrcito enviado para sustituir un crtel por otro ms controlable. Aqu la pretensin punitiva del Estado ni siquiera caduc por ley. Simplemente el Estado renunci a castigar, porque est involucrado en la violencia.

As, comenta Maynez, matar se volvi la mejor manera de solucionar asuntos prcticos: Si le debes 20.000 pesos (unos 1.700 dlares) a alguien te sale ms barato pagarle 3.000 pesos a un sicario. Librarse de una esposa o una amante molesta hoy da es muy fcil. Hace poco mataron en su cama a un ex chofer que haba quedado tetrapljico en un accidente de trnsito. Todo indica que lo mat su patrn para no indemnizarlo, pero no hay ningn expediente abierto por este asesinato.

Tampoco hay un expediente abierto por la muerte de Alfredo Portillo, el yerno de Marisela Ortiz, dirigente de Nuestras Hijas de Regreso a Casa. Marisela, que recibe a Brecha en la escuela donde da clases, est considerada la madre de Plaza de Mayo juarense por su lucha contra los feminicidios. Alfredo, como el docente universitario Manuel Arroyo, el dirigente campesino Armando Villareal, el periodista Armando Rodrguez, Josefina Reyes y otros siete defensores de los derechos humanos, junto con annimos militantes de los movimientos sociales u organizaciones barriales, sindicalistas, estudiantes, jvenes inconformes, integran la lista de las decenas de homicidios polticos en Jurez que ni el Estado ni los medios admiten ni investigan.

Los asesinatos de estos luchadores sociales se atribuyen falazmente a balas perdidas o a asuntos privados. Algo habrn hecho, se dice de ellos. Los responsables de esos crmenes no son, a menudo, ni narcos ni delincuentes comunes, sino el propio ejrcito. Para los organismos de derechos humanos est comprobada la responsabilidad de los militares por lo menos en cinco casos de desapariciones de personas, y hay cientos de denuncias por abusos cometidos por uniformados.

MODERNIDAD. Jurez es enorme. El espacio de la urbanizacin hacia el desierto no tiene lmites. Las grandes avenidas son recorridas por decenas de patrullas del ejrcito y de la polica federal. Cada camioneta carga ocho hombres con pasamontaas, armados hasta los dientes y que apuntan en todas direcciones. Camuflados van los militares, casi de negro los policas federales. Su presencia es agobiante, y los retenes bloquean el trnsito de una ciudad donde el deseo de normalidad choca con la realidad. No haban pasado dos horas de mi llegada a la ciudad y ya me bajaron del auto para una revisin corporal a cargo de militares armados.

La mayora de los autos particulares no tiene placas, pero s vidrios polarizados, contribuyendo a acrecentar la constante sensacin de inseguridad. Por las calles circulan viejos autobuses estadounidenses que vinieron a terminar sus vidas en Jurez. Las caras de los pasajeros sintetizan los distintos pueblos indgenas de todo el pas. Cualquier viaje se hace largo entre fraccionamientos habitacionales, grandes centros comerciales y enormes lotes baldos que se encuentran tambin en zonas cntricas o semicntricas. Para llegar a su trabajo los habitantes de estas zonas pierden horas. Seguramente muchos de ellos formaron parte de las importantes luchas comunitarias que tuvieron lugar aos atrs para acceder a los servicios bsicos. Luz, agua y poco ms es lo que qued del sueo juarense.

El urbanista colombiano Edwin Aguirre, investigador del Colegio de la Frontera Norte, ofrece una interesante clave de lectura: Desde los setenta Ciudad Jurez multiplic por cinco su poblacin. En estas cuatro dcadas no se abri ni siquiera una escuela preparatoria. Quedan las que haba en los aos sesenta. La preparatoria, en el sistema escolar mexicano, equivale al liceo y da acceso a la universidad. Queda claro que ni siquiera se pens que los inmigrados de primera y segunda generacin pudieran ascender socialmente llegando a tener estudios universitarios. Nunca se los concibi como ciudadanos comenta scar Maynez y la ciudad entera fue creciendo atendiendo a los intereses de unas pocas grandes familias.

La gente no vive donde sera mejor sino donde les convino a los dueos de la ciudad: los Zaragoza, los Fuentes, los Vallina. En el Mxico del siglo XXI es fcil reconocer la categora de repblica oligrquica que caracteriz la Amrica Latina del siglo XIX. Para Ignacio Alvarado, PRI o PAN no importa. Todos los alcaldes, gobernadores, jefes policiales siempre fueron expresin de la cmara empresarial de la ciudad. Cuando en los setenta el narcotrfico se superpuso al contrabando fronterizo tradicional era un negocio para jvenes de clase media alta subordinados a la DNS [la polica poltica del PRI]. El narco juarense aparece as como la expresin estructural de la clase dirigente de la ciudad, una forma de acumulacin primaria ms junto al lavado de dinero o al contrabando. Se exportaba droga, se importaban armas y todos mordan.

En el centro histrico, a orillas del Ro Bravo y del muro que George Bush erigi y que ningn Barack Obama desmantelar, la mayora de los antros (bares, night clubs) estn cerrados. Todava en 2006 el casco antiguo de Jurez era el centro de la vida nocturna binacional. Miles de estadounidenses pasaban la frontera para divertirse, emborracharse, perder dinero en los casinos o comprar sexo barato en los prostbulos. Cuando pasamos el puente hacia El Paso (que se define orgullosamente como la segunda ciudad ms segura de Estados Unidos) tardamos dos horas y media en colas y humillantes trmites fronterizos. Volviendo a Mxico ni siquiera nos chequearan el pasaporte.

En El Paso Brecha se reuni con Gustavo de la Rosa, defensor de los derechos humanos, amenazado de muerte y refugiado all desde varios meses atrs. Gustavo es objeto de una campaa de solidaridad de Amnista Internacional y sigue trabajando a tiempo completo para su ciudad: Los consumos hdricos no mienten. En dos aos ya se fueron de Jurez unas 100.000 personas. Las clases medio-altas se mudaron a El Paso. Las obreras retornan al resto de Mxico, en Oaxaca, Durango, Veracruz. El 25% de las casas de Jurez estaran vacas.

Elizabeth valos denuncia: Apareci el hambre en las colonias (barrios) ms pobres, algo que ac no se conoca. La violencia est destruyendo puestos de trabajo en todos los sectores, incluyendo el informal, que en otros perodos de crisis fue un refugio para muchos. Las maquiladoras que quedan estn pagando sueldos de 500 pesos semanales (unos 40 dlares) y hacen contratos de hasta 15 das de duracin.

En dos aos, en las maquiladoras se perdieron 80.000 puestos de trabajo, de los 280.000 de apenas un par de aos atrs. Ya no es un vaivn como en las crisis del 82 y de 2000. A la desarticulacin neoliberal del mercado de trabajo, la crisis internacional que Mxico sufre (el PBI cay 6,5% en 2009) en el marco de una economa totalmente dependiente de Estados Unidos, Jurez suma los lmites difciles de destrabar entre legalidad e ilegalidad, poltica y mafia, empresa y narco. La ciudad ya no representa una esperanza para los explotados campesinos y campesinas del interior.

ESTADO DE SITIO

Desde que fue elegido, el presidente Felipe Caldern declar la guerra al narcotrfico. Su estrategia no consiste en invertir en la sociedad civil y en la legalidad sino en militarizar el territorio valindose del controvertido ejrcito mexicano. ste est volcado en elorden interno y fue acusado en mltiples instancias de estar plenamente involucrado en el narcotrfico. Lo demuestra el hecho de que el 16 de diciembre de 2009, en Cuernavaca (a centenares de kilmetros del mar, en el estado de Morelos), la DEA estadounidense recurriera a la Marina, en una operacin para arrestar y liquidar a ABL, alias "Jefe de jefes". La noche del da citado, Beltrn Leyva esperaba para cenar al general LDP, responsable militar de toda la regin.

Desde los operativos de 2007 en Michoacn, Guerrero y Baja California, pasando por el de Chihuahua, iniciado en 2008, 45 mil soldados fueron desplegados en todo el pas. El punto crtico de esta estrategia es Jurez, la principal plaza de drogas de Mxico, donde se ha producido casi el 40 por ciento del total de bajas de la guerra narco, sin que se lograra detener la sangra.

El 31 de enero de 2010 marc un hito en la historia de la guerra en Jurez: 15 estudiantes fueron asesinados en una fiesta en una colonia popular en el sur de la ciudad. Uno o algunos de ellos estaban metidos en algo, pero la mayora eran jvenes normales. La opinin pblica, que haba permanecido en silencio, aterrorizada por el agravamiento diario de la situacin, esta vez reaccion.

Caldern y su ministro del Interior, Fernando Gmez-Mont, en las repetidas visitas que hicieron a la ciudad el mes pasado, tras aos de ausencia, se toparon con importantes manifestaciones de protesta en las que se les acus de ser responsables poltica y judicialmente de la catstrofe juarense. El presidente ofreci una militarizacin an mayor de la ciudad, adems de unos pocos millones de pesos que se invertirn despus de dcadas de olvido. Muy poco y muy tarde, comentaron los diarios de derecha mexicanos.

Por el contrario, los grandes medios internacionales evitan ensaarse con este pas, fiel aliado de Estados Unidos. Es el caso de El Pas de Madrid, que a menudo exalta los triunfos (sic) de Caldern en su combate al narcotrfico. La de Caldern es una poltica de alta simulacin, afirma en cambio Marisela Ortiz. Durante su visita a Jurez el presidente fue increpado por uz Mara Dvila, madre de dos de los estudiantes asesinados, un hecho simblico que contribuy a desnudar al rey.

Obligados por primera vez a dar la cara, Caldern y Gmez-Mont sostuvieron, sin que nadie les creyera, que el ejrcito no es una de las causas principales de la violencia. Sin embargo, la totalidad de los expertos que Brecha entrevist en Jurez concordaron en considerar que el ejrcito y la polica federal no slo tomaron partido en la guerra entre narcos sino que importaron formas de criminalidad como los secuestros y el pago de protecciones (cuotas), delitos que agravaron la crisis econmica y contribuyeron al cierre de ms de 5.000 pymes.

Hoy da en Jurez la vida econmica, social y poltica es simplemente inviable. Nadie espera nada de las inminentes elecciones a gobernador y alcalde, y el PRD, el partido de centroizquierda que en 2006 lleg al 20%, en 2009 baj al 2. La UNESCO denuncia que hasta las escuelas se ven obligadas a pagar una cuota por cada estudiante para que no los acribillen a la salida de clase. Los jvenes sicarios se entrenaran demostrando su hombra matando a gente annima en la calle. En la escuela donde trabaja Marisela Ortiz una enorme pancarta invita a los estudiantes a utilizar autobuses: No te arriesgues. Hasta la industria ms pujante de la ciudad, la funeraria, est en crisis despus de varios casos de amenazas, atentados, secuestros y asesinatos durante los velorios. Son numerosos los entierros secretos. Concluye Elizabeth valos: Hace treinta aos que los movimientos sociales denunciamos que este modelo de desarrollo no poda ms que llevar a la situacin actual. Nunca nos escucharon y esto es lo que sembraron.

LA GUERRA DEL CHAPO GUZMN?

No es fcil sintetizar el actual estado de la guerra entre narcos ni diagnosticar hasta cundo puede durar esta violencia sin lmites. Lo que est claro es que poco est haciendo el gobierno contra el crtel de Sinaloa.

Joaqun Guzmn Loera, 1954, apodado Chapo, jefe del crtel de Sinaloa, es probablemente el mayor narcotraficante del mundo. Segn la revista estadounidense Forbes, acumul una fortuna de ms de mil millones de dlares y est entre las 40 personas ms influyentes del planeta. Arrestado en 1989, logr fugarse de la crcel de alta seguridad de Puente Grande en 2001, apenas despus de que el derechista PAN llegara al poder en Mxico. Quien habra gestionado su fuga habra sido el propio procurador general de la Repblica en pocas de Vicente Fox, Eduardo Medina-Mora. Hoy slo la DEA estadounidense parece interesada en su captura, ya que Caldern, un presidente que nunca habla de corrupcin en uno de los pases ms corruptos del planeta, no muestra ningn apuro para detenerlo.

La lgica de los operativos conjuntos en Chihuaua y en otros estados responde tericamente a la estrategia concordada con la DEA desde los primeros das del gobierno de Felipe Caldern: exterminar a los crteles menores y controlar a los mayores. Sin embargo, el gobierno mexicano malinterpret las lneas de la DEA y en lugar de controlar al crtel de Sinaloa parece colaborar con ste.

Mltiples investigaciones y testimonios recogidos por Brecha cuentan una guerra donde el bando del Chapo entra en Jurez slo cuando pudo contar con el apoyo militar. El ejrcito, el propio partido de gobierno, el PAN, y la polica federal en Jurez seran, segn las distintas interpretaciones, aliados o subordinados de Guzmn, que slo con esta ayuda pudo colocar a los suyos en el lugar ocupado antes por las pandillas aniquiladas, como los aztecas. Lo que es seguro es que fuera quien fuera que haya decidido desatar la guerra por Jurez el Chapo, Caldern, el ejrcito, la DEA dos aos y 4.700 muertos despus an no pudo ganar.

Si el crtel del Chapo est considerado la expresin empresarial y profesionalizada del narcotrfico, el de Jurez, implicado en varios casos de feminicidio, aparece como una estructura criminal tradicional que ya no est capacitada para gestionar el mayor negocio del pas. Sin embargo, el crtel de Jurez sigue jugando de local y el precio de la traicin es la muerte. Al controlar an a las policas locales y contar con la cantera infinita de los hijos y nietos de la maquila, pudo resistir a la primera avalancha y contraatacar utilizando incluso tcnicas de guerrilla. En ese contexto, el sentido de la matanza de los estudiantes del 31 de enero habra sido crear un evento meditico para que el aliado Caldern pudiera terminar de militarizar la ciudad. Con una Jurez inundada de soldados podran llegar hasta 50.000, segn algunas fuentes, se podra acabar con el crtel de Jurez, a un precio de muertes, violaciones y desapariciones tal vez sin precedentes en la violenta historia del pas.

Mientras los niveles de violencia trepan y en Jurez una madre puede morir por tener un auto parecido al de un narco buscado por sicarios, hay quien dice: Lo mejor para Jurez sera que ganara el Chapo y pacificara a su manera la ciudad, cual vietcongs en Saign. Miles seran los muertos y cientos de miles los refugiados adicionales en una guerra abierta que al complejo meditico mundial no le interesa narrar porque da cuenta del recorrido histrico del neoliberalismo: con la sociedad civil desmantelada y si todo lo que da ganancia es bueno, el triunfo sonreir a los Chapo Guzmn, el ms moderno de los empresarios neoliberales.

Fuente: http://www.gennarocarotenuto.it



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