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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-01-2005

Carta a Gilbert Achcar sobre un texto referente a las elecciones iraques

Alex Callinicos
ZNet

Traducido para Rebelin por Felisa Sastre


Querido Gilbert:

Sabes cunto respeto tus opiniones sobre polticas revolucionarias en general y ms especficamente sobre Oriente Medio. Tus artculos en los ltimos aos han sido enormemente importantes como fuente de orientacin en los tortuosos giros y cambios de la estrategia imperialista. Tu Carta a un activista del movimiento contra la guerra ligeramente deprimido se ha convertido en un clsico. Pero, precisamente por esas razones he ledo tu artculo On the Forthcoming Election in Irak (publicado en ZNet a principios de ao) con gran consternacin. (en espaol ver Sobre las prximas elecciones en Irak Gilbert Achcar en rebelin.org)

Durante meses, ha sido evidente que la resistencia iraqu- en el amplio sentido que integra a todas las fuerzas que se oponen a la ocupacin- estaba dividida sobre la cuestin de participar o no en las elecciones: las vacilaciones del religioso radical chi, Moqtada al-Sadr, sobre el asunto son sntoma de ello, ya que l acta como una veleta. (Es interesante el que la Asociacin de Acadmicos Musulmanes, que tiene lazos con los insurgentes en el denominado Tringulo Sunn, acabe de declarar que est dispuesto a desconvocar el boicot a las elecciones a cambio de que los Estados Unidos establezcan una fecha para su retirada). Estoy de acuerdo contigo en que participar o no en unas elecciones bajo ocupacin extranjera o dominacin colonial es una cuestin tctica, no una cuestin de principios. Pero, precisamente por ello, no me siento muy feliz con el tono inflexible de tu planteamiento que no aborda de verdad la dinmica de la situacin (1).

Escribes los intentos de hacer fracasar las elecciones y su deslegitimacin antes de que se celebren slo pueden favorecer a la ocupacin estadounidense. Por supuesto, es cierto que Bush y Bremer se vieron obligados a celebrar elecciones gracias a las protestas masivas que el Gran Ayatollah chi, Ali al-Sistani, convoc justo hace un ao. Pero las cosas han cambiado desde entonces. Ahora, siempre que algn miembro del gobierno ttere da muestras de duda ante la insurreccin, son Bush, Blair y su marioneta, Iyad Allawi, quienes se muestran inflexibles y afirman que las elecciones no pueden posponerse, lo que revela que EE.UU. ha desarrollado una estrategia que busca servirse de las elecciones para legitimizar la ocupacin y presionar a la Unin Europea y a Naciones Unidas para que se involucren ms en Irak, etc.

La idea de que- como sugieres- las ofensivas militares contra Nayaf y Faluya fueron diseadas por Washington para provocar el caos y deslegitimar las elecciones me parece bastante rocambolesca.

Una faceta importante de la verdadera estrategia estadounidense es la de tratar cada vez ms de dividir a los chies y los sunnes. No s si has ledo el artculo de Charles Krauthammer, de hace un mes ms o menos, en el que argumentaba que no importaba el que las zonas sunnes votaran o no (al fin y al cabo, el Sur estadounidense no vot en las elecciones presidenciales de 1864 cuando se sublevaron contra el Gobierno de Estados Unidos), y exiga que los chies se unieran a los ocupantes para luchar contra los insurgentes porque se trataba de su guerra civil (2). Aunque exagerado, este argumento coincide con lo que piensa la Administracin. Por ejemplo, consulta el Financial Times del 8 de enero de 2005, en el que se recogen las declaraciones de Bush en el sentido de que las elecciones deberan seguir adelante porque 14 de las 18 provincias iraques estaban relativamente en calma.

La aceptacin del presidente de la posibilidad de una baja participacin entre los votantes sunnes en Irak, refleja la determinacin de la Administracin de seguir adelante con las votaciones. Donald Rumsfeld ... ha dicho tambin que los resultados seran legtimos si los iraques pueden votar en la mayora de las provincias.

En privado, los funcionarios estadounidenses afirman que un 30 por ciento de participacin entre los sunnes...sera aceptable.

Dada la desastrosa situacin general de los estadounidenses en Irak, la carta chi es casi la ltima que tienen en el bolsillo (la verdaderamente definitiva es la estrategia israel de romper el pas, pero no creo que Washington est dispuesto a ello todava). Djame que cite de nuevo al Financial Times ( 5 de enero de 2005):

Estados Unidos ha mostrado una creciente aceptacin de la probable victoria de los partidos chies.

Colin Powell...dijo que pensaba que la Chia iraqu se valdra por s misma incluso si se diera un aumento de la influencia iran.

Que la menos mala opcin de la administracin Bush, actualmente, sea una Asamblea dominada por la direccin chi, muy cercana intelectual y polticamente a sus correligionarios de Lbano e Irn, es en s misma un sntoma de su debilidad e indica que Estados Unidos tiene inters en provocar el conflicto entre chies y sunnes. No dudo de que los grupos islmicos sunnes han llevado a cabo atentados directos contra comunidades chies, cristianas, etc. y, desde luego, debemos condenarlos. Sin embargo me resultan muy sospechosos algunos sucesos- por ejemplo el asesinato de chies en ciudades al sur de Bagdad, atribuidos a militantes salafistas. Al analizar este tipo de actuaciones lo nico racional es preguntarse Quis profuit (a quin beneficia?) y recordar, asimismo, la larga y sangrienta historia de la CIA, del SIS y del resto de trabajos sucios llevados a cabo por el imperio anglo-estadounidense. Este peligro se percibe intensamente: Ali Fahdi, un mdico iraqu que ayud a rodar un terrible documental- que se acaba de emitir aqu en Gran Bretaa en el Canal 4, en el que se muestra la devastacin de Faluya- afirma que el ejrcito estadounidense ha incrementado las posibilidades de desatar una guerra civil al utilizar en Faluya a su nueva guardia nacional chi para eliminar a los sunnes (3).

Ante este panorama, tenemos que admitir simplemente que la resistencia iraqu sigue dividida en lo relativo a participar o no en las elecciones. Puede que tengas razn en que la participacin ser muy alta lo fue en Afganistn, incluso en zonas donde los Taliban eran militarmente activos, pero promovern las elecciones un rgimen democrtico legtimo? No, no en mayor medida que en Afganistn. La ocupacin seguir y el gobierno ttere continuar en el poder. Todo ello quiere decir que si se produjera un relativamente autntico voto popular en enero, el movimiento contra la guerra debera exigir que los estadounidenses y sus aliados se retiraran inmediatamente y se permitiera a la nueva Asamblea elegir un Gobierno que respondiera a la autntica voluntad del pueblo iraqu.

Pero ello no implica que, de momento, debamos respaldar- como haces t- el que la estrategia ms provechosa para oponerse a la ocupacin es la de Sistani. T no puedes justificarlo sobre la base de que l tenga objetivos genuinamente democrticos: tal como sealas, Sistani, a su manera, se ha comprometido a establecer un Estado Islmico como Jomeini, Bin Laden o Zarqawi. An ms, fue realmente una provechosa estrategia permanecer quieto mientras las fuerzas estadounidenses reducan a escombros Faluya y masacraban a muchos de sus habitantes? Por qu no convoc manifestaciones masivas en todo Irak exigiendo el fin del ataque a Faluya? Esta ausencia de solidaridad elemental, s que jug a favor de la ocupacin estadounidense.

Aunque haces alusin a los atentados legtimos contra Estados Unidos, la idea bsica de tu argumentacin es la de dejar de lado la lucha armada contra los ocupantes. As, afirmas que un apoyo incondicional a la resistencia iraqu en los pases occidentales- donde el movimiento contra la guerra se necesita de forma extrema-, es totalmente contraproducente. Qu significa eso? En Gran Bretaa- donde existe un slido movimiento contra la guerra- tenemos muy claro que la Coalicin Paremos la Guerra no va a hacer campaa en apoyo de la resistencia (en el sentido ms literal que comprende a quienes estn comprometidos en la lucha armada) porque ello supone la unin de todos los que quieren que acabe la ocupacin y las tropas occidentales se vayan, sin tener en cuenta sus tendencias polticas. Y hemos tenido hasta cierto punto xito: el ejrcito britnico culpa del descenso en el reclutamiento al impacto del movimiento contra la guerra y, en particular, a la campaa sin precedentes de las Familias de Militares contra la Guerra. (4).

De acuerdo, la plataforma del movimiento contra la guerra no debera incluir el apoyo a la resistencia armada a la ocupacin. Pero qu pasa con la rama anti-imperialista de izquierdas del movimiento? T resaltas el carcter heterogneo de la resistencia, pero te concentras en Abu Musab al-Zarqawi. Al enfocar el asunto de esta manera, temo que giras peligrosamente hacia la postura de Toni Blair, quien dice que cualesquiera que fueran nuestras opiniones iniciales sobre la invasin, todos debemos reconocer ahora que la lucha en Irak se desarrolla entre la democracia y el terrorismo. Y en relacin con la izquierda, Fausto Bertinotti argumenta que el Partito della Rifondazione Comunista debera renunciar a la violencia, rechazar el apoyo a la resistencia representada por fascistas como Zarqawi y formar gobierno con la coalicin social-liberal del Olivo.

Desde luego que deberamos condenar el tipo de secuestros y decapitaciones perpetradas por grupos como el de Zarqawi. No es un problema nuevo. Recuerdo las discusiones que tuvimos en los aos 70 en Gran Bretaa con tus antiguos camaradas de la Cuarta Internacional, cuando hacan campaa con el lema de Victoria para el IRA y se negaban a condenar los atentados con bombas en pubs de Birmingham. Nunca hemos dado apoyo incondicional a ningn movimiento nacional de liberacin.

Pero me niego a equiparar la resistencia iraqu en su totalidad con las barbaridades llevadas a cabo por Zarqawi. Qu pasa con otras tcticas que se estn utilizando- por ejemplo, los coches bomba que matan a soldados estadounidenses y los atentados contra los reclutas iraques del ejrcito del gobierno ttere y contra sus policas y funcionarios, como el gobernador de Bagdad, asesinado la semana pasada? Si los condenas en Irak entonces tienes que condenar otros mtodos similares que se utilizaron una y otra vez en las guerrillas anti-coloniales- desde Irlanda a Vietnam, de Chipre a Argelia y Zimbabwe. Supongo que consideras esas actuaciones como legtimos ataques, pero entonces por qu nos adviertes con tanta intensidad contra el apoyo a Zarqawi, cuando slo los islamistas radicales y unos pocos fanticos e imbciles izquierdistas pensaran en hacerlo?

La razn de por qu es tan importante es la de que lo que ha dado lugar a la crisis que afrontan los estadounidenses en Irak no es la campaa de Sistani para las elecciones ni las decapitaciones de Zarqawi sino- como Walden Bello de forma elocuente ha argumentado desde el inicio de la crisis en Faluya del pasado abril-, la insurgencia de la guerrilla principalmente en las regiones sunnes. Es la que est matando soldados estadounidenses, la que est obligando al Pentgono a mantener un mayor nmero de tropas en Irak de las previstas, y la que amenaza con erosionar al personal militar estadounidense (el jefe de la Reserva del ejrcito de Estados Unidos se lamentaba el mes pasado de que el ejrcito est degenerando rpidamente para convertirse en una fuerza de choque); es la que est evitando que se creen unas estructuras administrativas estables y evitando que gran parte de las elites iraques se integren en el rgimen.

Con independencia del balance general que nos merezca la contribucin de Lenin a las polticas revolucionarias, algo en lo que tena toda la razn es la del potencial de las revoluciones nacionalistas en los pases coloniales y semi-coloniales para crear o exacerbar problemas al imperialismo. Y eso es exactamente lo que est sucediendo hoy en Irak. Comprenderlo no nos exige respaldar las polticas de quienes se han implicado en la resistencia armada a la ocupacin, no ms que lo que ocurri (o debera haber ocurrido), en el caso del FNL, el Vietcong o el IRA . Desde luego es una tragedia que el nacionalismo laico y las fuerzas socialistas sean tan dbiles polticamente en Irak, pero son el legado histrico con el que tenemos que conexistir, al menos a corto plazo, mientras nos enfrentamos a las inmediatas realidades polticas.

Estoy seguro de que quieres ver la derrota de los EE.UU. en Irak tanto como yo. Pero la forma en la que polarizas tu argumentacin entre quienes estn a favor o en contra de las elecciones y, tu crtica de la resistencia armada, que centras en Zarqawi, se encuentran muy cercanas al discurso dominante en Washington y Londres. No pongo en duda que tu intencin sea la de ayudar al movimiento contra la guerra, en la misma medida que lo has hecho en el pasado, pero en las prximas semanas el movimiento en EE.UU. y Gran Bretaa, especialmente, se enfrentar a una enorme ofensiva ideolgica que trata de presentarnos como antidemocrticos partidarios del terrorismo. Precisamente, en los ltimos das, el asesinato de un dirigente del Partido Comunista de Irak, que apoyaba la ocupacin, ha provocado en Gran Bretaa una algaraba en los medios de informacin y en los sindicatos, en la que ex izquierdistas y partidarios del imperio como Nick Cohen han hablado grandilocuentemente del carcter totalitario de los dirigentes del movimiento contra la guerra que permite que los fascistas iraques luchen por la libertad mediante el terrorismo (5).

En este clima, bastante contrario a tus propias intenciones, tu artculo es, por decir lo mnimo, de poca utilidad ya que no ayuda. Est, a mi juicio, gravemente mal planteado en relacin con la situacin en Irak y con el debate sobre la guerra en el resto del mundo. Espero que disculpes mi franqueza, ya que qu clase de amigo se andara con miramientos sobre asuntos tan importantes como stos?

Con los mejores deseos para el nuevo ao,

Alex Callinicos.

Notas.

(1). Un excelente anlisis sobre esta dinmica acaba de aparecer en el ltimo nmero de International Socialism: A. Alexander y S.Assaf, Irak: The Rise of the Resistance.

(2). A Fight for Shiites, Washington Post, 26 de noviembre de 2004.

(3). City of Ghosts, Guardian, 11 de enero de 2005.

(4) Army Blames Iraq for Drop in Recruits, Observer, 119 de diciembre de 2004.

(5). Our Liberal Elite, Observer, 9 de enero de 2005.

Alex Callinicos es profesor de Filosofa Poltica en la Universidad de York, Inglaterra. Sus ltimos libros son: An Anti-Capitalismi Manifesto y The New Mandarins of American Power.



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