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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-01-2005

Africa: Un continente en transformacin

Ignacio Ramonet
Le Monde Diplomatique

Traducido para Rebelin por Juan Vivanco


Da la impresin de que frica est abrumada por sus problemas: guerras, matanzas, golpes de estado, crisis polticas y sociales, dictaduras, enfermedades, xodos... Pero aqu tambin hay mujeres y hombres que luchan por sus derechos y su dignidad, proliferan las asociaciones cvicas, perduran las experiencias democrticas, los creadores, artistas y artesanos tienen una vitalidad enorme, y las sociedades, cada vez ms urbanizadas, avanzan, se transforman y encaran el futuro con confianza.

Sin embargo, en Occidente los especialistas agoreros siguen prediciendo desgracias. Algunos de ellos les echan la culpa a los africanos. No contenta con morirse, frica, aquejada del sndrome victimizador, estara suicidndose, asistida por las lgrimas de sus sepultureros, los negrlogos que le mienten. Demasiado simple para ser justo. Porque las sociedades africanas que luchan y resisten tambin merecen muestra atencin, y no slo esa frica de pesadilla que pintan algunos intelectuales occidentales desencantados.

Despus de las independencias, muchos pases optaron por polticas voluntaristas de desarrollo que no lograron el despegue econmico, debido al peso aplastante de la deuda externa y a una divisin internacional del trabajo desequilibrada. Despus, las instituciones financieras del Norte, con la complicidad de los dirigentes locales, impusieron polticas liberales que agravaron la crisis. Con los acuerdos de Lom, la Comunidad Europea quiso atenuar los rigores de la competencia mundial concediendo a los pases de frica, el Caribe y el Pacfico ciertas ventajas, como el acceso privilegiado al mercado europeo. As pretenda compensar las variaciones de los precios mundiales de las materias primas y los productos agrcolas. En 2000, con el acuerdo de Cotonou, los europeos renunciaron a esta pretensin y se inclinaron por el libre cambio clsico.

Pero la mundializacin no favorece al continente. El que fuera vicepresidente del Banco Mundial y premio Nobel de economa Joseph Stiglitz ha demostrado, partiendo del caso de Etiopa, la inanidad de las directrices impuestas por el Fondo Monetario Internacional a los pases africanos. Escribe Stiglitz: Lo que dicen las estadsticas pueden verlo con sus propios ojos quienes salen de las capitales y visitan los pueblos de frica: el abismo entre ricos y pobres se ha ahondado, el nmero de personas que viven en la pobreza absoluta menos de un euro al da ha aumentado. Si un pas no cumple unos requisitos mnimos, el FMI suspende la ayuda, y en ese caso otros donantes suelen seguir su ejemplo. Esta lgica del FMI plantea un problema evidente: significa que si un pas africano consigue ayuda para cualquier proyecto, nunca podr gastarse ese dinero. Si Suecia, por ejemplo, concede ayuda financiera a Etiopa para que construya escuelas, la lgica del FMI impone que Addis Abeba guarde esos fondos en su reserva so pretexto de que la construccin de las escuelas acarrear gastos (sueldos del personal, mantenimiento) no previstos en el presupuesto, lo que producira desequilibrios perjudiciales para el pas.

Estas polticas neoliberales debilitan, en particular, a los productores africanos de algodn. Toda la economa de los grandes pases del Sahel est amenazada. En Chad el algodn es el primer producto de exportacin, en Benn supone el 75 % de los ingresos de exportacin, en Mal el 50 % de las entradas de divisas y en Burkina Faso el 60 % de los ingresos de exportacin y ms de un tercio del producto interior bruto (PIB). El aceite extrado de las semillas de algodn es la principal grasa alimentaria en Mal, Chad, Burkina Faso y Togo, y tambin es muy consumido en Costa de Marfil y Camern. Por no hablar del pienso derivado del algodn.

La devaluacin del franco CFA, impuesta en 1994, no mejor las cosas. Agrav los desequilibrios estructurales de los catorce pases implicados, once de los cuales figuran entre los menos desarrollados del mundo. El fracaso econmico de gran parte del frica subsahariana obliga a definir de nuevo el concepto mismo de desarrollo.

En poltica exterior, tras la abolicin del apartheid en Surfrica y el fin del conflicto Este-Oeste, se han vuelto a repartir las cartas en el continente. Varios pases desarrollan una diplomacia autnoma, en especial la Repblica Surafricana, que se ha convertido en un actor principal aun cuando, ms all de ciertas iniciativas concretas, la poltica de Pretoria parece vacilante.

Las potencias occidentales han desatado una nueva guerra de influencias a fuerza de acuerdos econmicos y alianzas militares. So pretexto de luchar contra el terrorismo, Estados Unidos ha multiplicado en los ltimos aos los acuerdos militares con los pases africanos, incluyendo a los francfonos, vinculados a Pars. Washington va ganando as posiciones en el coto cerrado francs. La verdad es que 40 aos despus de las independencias, Francia ya no tiene un proyecto claro. Antao era fabricante de reyes en su vedado africano. Y sus embajadores, secundados en Chad, la Repblica Centroafricana o Gabn por poderosos agentes ms o menos encubiertos, orientaban abiertamente la poltica interior. Incapaz de romper con esta tradicin francafricana, Francia est entrampada en Costa de Marfil.

Cuando el presidente Laurent Gbagbo bombarde la zona rebelde del norte el 4 de noviembre de 2004, la situacin poltica marfilea sufri un grave deterioro. Los militares franceses de la operacin Licorne, desplegados en el pas tras la rebelin de una parte del ejrcito con la misin, encomendada por la ONU, de controlar una zona de confianza que separase Costa de Marfil en dos partes, tuvieron que intervenir en la ciudad de Abiyn para proteger de las turbas a los extranjeros africanos y europeos, a riesgo de aparecer como un ejrcito de ocupacin.

Las crisis que azotan frica tambin son sanitarias. El paludismo mata entre 1 y 2 millones de personas al ao y el sida a muchas ms. El principal aliado del sida es la pobreza. En los pases africanos las poblaciones y los estados no pueden hacer nada para atajar la enfermedad, por falta de medios. No hacer nada significa resignarse a la desaparicin de poblaciones enteras. Slo en el frica subsahariana el 71 % de las personas, es decir, 24,5 millones de adultos y nios, estn infectadas. Entre los jvenes, la proporcin de africanas infectadas es cinco veces mayor que la de los varones.

Pero no faltan motivos para la esperanza. A poco curioso que sea, un observador descubrir un sinfn de experiencias que revelan una vitalidad extraordinaria. Por ejemplo, en diciembre de 2004 se celebr en Lusaka (Zambia) el tercer Foro Social Africano. Pese a la escasez de medios, esta reunin culminacin de varios foros locales ha puesto de relieve la diversidad y riqueza del movimiento social. A pesar de la crisis y la inestabilidad poltica, los experimentos democrticos han proliferado desde la dcada de 1990. De ellos han surgido iniciativas cvicas originales. Con la llegada del pluripartidismo se han abierto nuevos espacios de libertad, aunque esto apenas se ha traducido en transformaciones cualitativas irreversibles, tanto en la vida cvica como en el bienestar material de las poblaciones. Adems, a falta de alternativas crebles al modelo neoliberal, se busca refugio en la moral y la religin, se enconan las diferencias tnicas y se agravan las luchas por la conquista o la conservacin del poder. Lo hemos visto en Senegal, donde en marzo de 2000, con la derrota electoral del presidente Abdou Diouf y la llegada al poder de Abdoulaye Wade, cundi la esperanza en un cambio poltico y social. Pero hasta ahora el nuevo equipo ha sido incapaz de emprender las reformas profundas que se necesitan.

A escala continental, el fracaso de la Organizacin de la Unidad Africana (OUA), fundada en 1963 en Addis Abeba (Etiopa), es patente. Su balance global es negativo, en relacin con las metas marcadas en su carta fundadora y especialmente en su artculo 2, que habla de reforzar la solidaridad entre estados y coordinar sus polticas. En el otro aspecto fundamental, la defensa de la soberana, la integridad territorial y la independencia de los estados miembros, la OUA ha sido incapaz de solucionar los conflictos de Liberia, Somalia, Sierra Leona, Ruanda, Burundi y la Repblica Democrtica del Congo. No es de extraar que despus de tantos reveses, en julio de 2001 la OUA fuera reemplazada por la Unin Africana, que deber enfrentarse a los grandes retos continentales. Comienza as una nueva etapa en la historia del panafricanismo.

 




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