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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-04-2010

Breve diccionario de tpicos para salir de la crisis

Albert Recio
Mientras tanto electrnico


Ante la ausencia de respuestas reales a los problemas planteados a la humanidad, los idelogos y comentaristas econmicos persisten en reiterar una serie de palabras mgicas que, segn ellos, nos sacaran de la crisis. En tiempos prevacacionales y tras un trimestre en que este comentarista ha tenido la mente entretenida en otros luctuosos menesteres (por fortuna sin prdida de vidas humanas), al plantearse su cita mensual con el MT digital no le queda otra idea que repasar algunos de los tpicos que un da s y otro tambin se presentan como respuestas adecuadas a la crisis. Como pasos de un libro de instrucciones que por nuestro empeo en no seguirlo nos mantienen en el marasmo del paro masivo y la incertidumbre permanente. Se trata de ideas fuerza que han desarrollado los principales think tanks capitalistas, que han recibido una cierta cobertura acadmica y que han penetrado tambin en el pensamiento de las propias vctimas. Sin duda un pensamiento hegemnico que, en mi modesta opinin, dificulta ms que ayuda a encontrar soluciones. Lgicamente uno no tiene respuestas para todo, slo el atrevimiento de plantear algunas reflexiones crticas.

Capital humano y calificacin. El mantra que siempre obtiene mayor aceptacin social. El nico que suele poner de acuerdo desde al Fondo Monetario Internacional a la izquierda radical. La formacin se ve como una cuestin neutra, cuanto ms mejor. Si una empresa tiene poca rentabilidad, si un pas tiene problemas, es por su baja productividad, su bajo valor aadido. Y la receta bsica es aumentar la formacin.

Es cierto que para producir, y para cualquier cosa de la vida, hay que aprender. Pero cada actividad requiere su propio proceso de aprendizaje y hay conocimientos que son enormemente valiosos para el bienestar humano, para la participacin social, para el enriquecimiento cultural y que no son necesariamente funcionales a las lgicas de la empresa privada. Del mismo modo que la misma medicin del valor de lo que cada uno produce no es independiente del marco jerrquico, de las normas de evaluacin a las que cada uno se aplica. Por poner un ejemplo que conozco: la evaluacin de la produccin cientfica tiende a realizarse cada vez en funcin de la cantidad de artculos que se publican, del tipo de publicaciones (quien establece la jerarqua de publicaciones est definiendo el valor) y del orden en el que se firma un artculo. No es raro encontrar casos donde ser director de equipo conduce automticamente a mejorar el nmero de publicaciones y la posicin en la firma. Este tipo de consideraciones valen para el mundo en general. El valor aadido de las empresas expresa tanto su eficiencia como el lugar de la cadena productiva que ocupan: las empresas que ocupan posiciones centrales (como las ensambladoras de coches o las grandes cadenas comerciales) estn en condiciones de mejorar su posicin relativa sobre el resto de empresas que cooperan en la realizacin de su producto social. No es casualidad que los dos hombres ms ricos de Espaa segn el ranking de la revista Bloomberg sean los propietarios de dos empresas situadas en el ncleo central de una extensa cadena productiva (Amancio Ortega de Inditex/Zara e Isaac Andic de Mango). Cuando se realizan comparaciones internacionales se advierte fcilmente que una cuestin es la formacin requerida para llevar a cabo una actividad y otra el mecanismo de reconocimiento de la cualificacin. Este ltimo depende del modelo institucional especfico de cada pas, de qu papel juega la certificacin de conocimiento, de cmo se organiza el especfico mercado laboral de cada profesin (como saben bien las mujeres cuyos nichos de empleo son a menudo considerados poco calificados como justificacin de bajos salarios).

Tener una poblacin ms culta es sin duda bueno. Formar a las personas en actividades concretas tambin. Pero pensar en una relacin completa educacin-productividad es discutible: el crecimiento de las desigualdades en las ltimas dcadas se ha dado en un perodo de expansin de la educacin y de aumento de la inseguridad econmica global.

Competitividad. Palabra mgica. Punto de referencia de todas las propuestas econmicas. Ha penetrado incluso en algunos discursos de movimientos sociales (como en las propuestas de la Plataforma a favor de la Reforma de la Diagonal de la que doy informacin en otra seccin de este boletn). No es extrao que ocurra en una sociedad donde el deporte ha alcanzado un desproporcionado papel de espectculo y movilizacin social. Sobre la idea de competencia, de lucha, de carrera promocional, de xito y fracaso se construye una buena parte del planteamiento vital de las capas medias, al menos de los sectores profesionales, de las personas educadas. Forma parte tambin del punto de vista empresarial, del modelo institucional de la empresa capitalista pensada ella misma como un equipo que compite por una cuota de mercado. Pero vista con otras perspectivas no resulta tan claro que sta sea una buena lnea de respuesta social.

En primer lugar, competir y ganar se puede hacer de muchas formas: jugando bien, comprando al rbitro, haciendo trampas. De hecho cualquier aficionado al deporte sabe que las reglas de juego influyen y que los recursos que cada uno tiene suelen ser determinantes. Casi todas las ligas del mundo tienen un pequeo puado de ganadores. Traspasado a la realidad econmica ello quiere decir muchas cosas: que se puede ganar con ms o menos eficiencia social (externalizando los costes sociales en forma de depredacin ambiental, empeorando las condiciones de trabajo, evadiendo impuestos, por ejemplo). Individualmente, la va puede ser indiferente, pero socialmente el resultado es completamente distinto.

En segundo lugar, los juegos competitivos suelen acabar siendo juegos de suma cero, donde alguien gana pero otros muchos pierden. En una competicin deportiva, en una actividad ldica, que ello ocurra es trivial, los efectos para los perdedores son a menudo ms simblicos que reales. Pero en otros campos los efectos pueden ser devastadores. Disear la economa como una actividad de suma cero es condenar a individuos, grupos sociales, regiones o pases a situaciones de perpetua inseguridad econmica (mxime cuando pensamos en economas reales donde la distribucin de los recursos y de poderes econmicos parte de una desigualdad extrema).

En tercer lugar porque muchas de las prcticas competitivas estn sujetas a la paradoja de la composicin (pensar que si uno adopta una actuacin los otros no lo harn). Cuando ocurre lo contrario y todos realizan la misma accin el resultado es el contrario del esperado, como expuso hace unos setenta aos Joan Robinson al sealar que si uno se pone de pie en el cine puede que vea mejor la pelcula que el resto, pero si todos lo imitan simplemente la vern igual de mal y con mayor incomodidad. Es bueno recordarlo porque alguna de las vas de la competitividad conduce directamente a este tipo de paradojas. Tal es el caso de la reduccin de salarios para incrementar las exportaciones. En trminos de la economa mundial si un pas tiene supervit comercial otro debe tener dficit, es imposible que todos los pases exporten ms que importen. Si todos siguen una poltica de reducciones salariales para fomentar las exportaciones el resultado ms probable es que se contraiga la demanda mundial de consumo y con ello el efecto final es que estemos en una economa ms deprimida que la inicial. Otra vez el resultado nefasto de la paradoja de la composicin. (Por cierto que Espaa ha sido el segundo pas de la UE 27 con una mayor reduccin de los costes salariales unitarios en la ltima dcada y ello no le ha permitido resolver el problema exterior).

Lo contrario de competitividad es cooperacin y reglas de interaccin social que promuevan la eficiencia y limiten los abusos. Muchas de las desigualdades del actual sistema mundial se encuentran en los bloqueos a la cooperacin social y la persistencia de normas que favorecen a los poderosos. El bloqueo a la cooperacin est en gran parte ligado a la voluntad de mantener un modelo distributivo que concede a unos pocos una inusitada porcin del producto social.

Flexibilidad (laboral por supuesto). La palabra de orden desde la dcada de 1980. Con un sustrato razonable: la necesidad de adaptacin es esencial a la existencia humana. Pero con una plasmacin que en la mayora de casos se traduce en inseguridad econmica aplicada a los asalariados (tanto mayor cuanto ms abajo se situan en la jerarqua ocupacional), en un aumento de las desigualdades y en una creciente imposibilidad de articular la vida laboral con el resto de actividades que dan sentido y organizan nuestra entera vida social.

Los estudios sobre la flexibilidad muestran que existen vas diversas para la respuesta adaptativa. Pero la que ha predominado es la flexibilidad cuantitativa externa, el ajuste del empleo ante las variaciones de la actividad productiva. El mercado laboral espaol es, al respecto, muy flexible, pues el empleo se expande o contrae a mucha velocidad ante cualquier giro coyuntural. Los sindicatos vienen exigiendo un cambio de modelo, con mayor peso de la flexibilidad interna que no afecte al empleo (flexibilidad de horarios, movilidad interna, polivalencia). En muchos casos sus efectos son menos dainos pero no constituyen una alternativa completa. Es elocuente el ejemplo de la industria del automvil, donde se llevan aos de negociacin de estas medidas: cuando la crisis aprieta los mecanismos de flexibilidad interna (por ejemplo la cuenta de horas) dejan de servir y se adopta la flexibilidad externa (lo que hay que contemplar no slo en las grandes empresas de ensamblaje sino en el conjunto de la red productiva, con cientos de subcontratas).

Hay que cambiar el debate. Limitar la flexibilidad al nivel de empresa impide plantear otras cuestiones. La principal es analizar qu parte de la variabilidad productiva responde a necesidades inevitables de adaptacin; cul a la inestabilidad global del sistema econmico generado por elementos como la especulacin financiera (y sus efectos sobre los mercados de divisas), las estrategias de acortamiento de los ciclos de vida del producto, etc; y cunta no es ms que una forma de socializar riesgos y costes sociales de las empresas. Discutir en serio de flexibilidad no debe ser slo discutir de las respuestas de la empresa individual a un ambiente hostil y de sus objetivos de captar excedente a costa de las condiciones de vida de sus empleados, sino analizar cmo debe reformarse la organizacin social para reducir las inestabilidades inaceptables y cmo debe distribuirse socialmente el peso de los ajustes.

Liberalizacin y privatizacin. Por decreto, se supone que el mercado y la competencia establecen tal nivel de disciplina que convierte a las empresas en eficientes, mientras que las actividades pblicas son el dominio de una burocracia parasitaria. En una economa de pequeas empresas independientes pudiera ser que la existencia de normas comunes provocara la bsqueda de la eficiencia (aunque siempre expuesta a la enorme variedad de costes sociales y factores externos que hacen poco creble que la rentabilidad sea una buena medida de la eficiencia). Pero en tiempos donde predomina las grandes concentraciones empresariales, donde en la mayor parte de procesos productivos se establecen complejas redes empresariales en las que predomina ms la jerarqua que el mercado, esta pretensin es a menudo infundada. La experiencia de las privatizaciones y liberalizaciones de nuestros mercados de la electricidad (Endesa es un ejemplo a figurar en cualquier tratado sobre el tema) y telecomunicaciones son una buena falsacin de estas teoras, y el funcionamiento de mercados con muchas empresas como el inmobiliario o el de la restauracin (el sector ms inflacionario de los ltimos aos) tampoco anima en esta direccin.

Ms bien deberamos exigir a los economistas un buen entendimiento del funcionamiento de cada sector especfico, de sus interacciones y efectos sociales. Y en funcin de ello adoptar modelos organizativos adecuados a lo que debera ser una buena gestin econmica (equidad distributiva, cooperacin productiva, buena calidad del servicio, minimizacin de costes sociales...).

Reforma estructural. Si las cosas van mal es porque la estructura falla (otra propuesta razonable, pero donde la visin de qu falla en la estructura suele ser estrbica). Reforma estructural se traduce casi siempre en menos derechos laborales, adelgazamiento del sector pblico y recortes a todo el sistema de proteccin social. Aquello que algunos llevan meses exigiendo: hay que tomar medidas impopulares. Los resultados son de todos conocidos y no puede considerarse que all donde se han aplicado las reformas estructurales los resultados hayan sido espectaculares ni que haya evidencia emprica de que en los pases con menos estado y menos proteccin social se viva mejor o la economa sea ms eficiente. Pero es una formula que gusta a los mercados (qu gran eufemismo!, cuando todo el mundo sabe que se trata slo de un puado de grandes grupos financieros y un reducido pelotn de millonarios mundiales que imponen sus intereses al conjunto de la sociedad).

Aqu s que hay que tomar en serio lo de las reformas estructurales. Empezando por la financiera y entrando en todas aquellas actividades sociales y econmicas manifiestamente mejorables y claramente necesitadas de una democratizacin social. No tardaremos en escuchar que lo que pedimos no son reformas, sino la revolucin.

Con un cctel de estos elementos, y alguno ms que dejo para otra ocasin, se adereza toda la cocina de la economa neoliberal. Quin dice que ser economista es difcil y altamente cualificado? Con aprenderse unas pocas recetas y una jerga adecuada, basta. Y mientras pueden olvidarse los grandes retos de la humanidad, los que realmente exigen repensar el funcionamiento conjunto de la actividad econmica: la crisis ambiental, la pobreza y la desigualdad intolerable, la irresuelta crisis de los cuidados, la democratizacin, la militarizacin... Pero para articular otro proyecto hay que aplicar otro diccionario bsico, otro marco conceptual con el que pensar las cosas y enfocar los problemas. Un marco conceptual del que carecen no slo los funcionarios del poder sino tambin buena de los representantes de las clases sociales y grupos subalternos, de los que aspiran a otro mundo deseable. Transformar la lgica del discurso es tan urgente y necesario como organizarse frente a la nueva oleada de ajustes y reformas estructurales que quieren aplicarnos los que simplemente pretenden mantener intacto el statu quo.



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