Portada :: Europa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-04-2010

Terrorismo en Mosc

Alberto Piris
CEIPAZ


La violencia terrorista que se abati sobre Mosc el pasado 29 de marzo vuelve a poner en primer plano de la actualidad las repercusiones que un hecho de esa naturaleza puede proyectar sobre los derroteros de la poltica en cualquier pas. La primera consecuencia que varios analistas rusos destacan es la ausencia de dimisiones entre los altos dirigentes que se consideran responsables de una de las ms importantes funciones de cualquier Estado: garantizar la seguridad personal de sus ciudadanos.

Pero la historia del terrorismo tiene ejemplos claros en el mismo sentido. Sin ir ms lejos, cuando en Espaa el recin nombrado presidente del Gobierno perdi la vida en un espectacular atentado terrorista en 1973, el que entonces era el principal responsable de la seguridad del Estado como ministro de la Gobernacin no solo no fue destituido sino que fue promovido al mismo cargo que ostentaba el que haba sido asesinado.

Muy atinadamente un conocido comentarista poltico ruso nos ha hecho recordar que all donde los gobernantes se consideran realmente funcionarios elegidos para prestar servicios a su pueblo, un suceso de ese tipo suele llevar consigo "un rpido cambio en el poder poltico" o, al menos, el cese de los principales responsables de la seguridad, as como "importantes medidas para evitar que actos parecidos puedan repetirse con facilidad; a veces, ambas cosas se producen a la vez".

La realidad suele ser otra. En muchos pases -incluida Rusia- donde la democracia puede ser nominal pero tiene poco de real, las acciones terroristas suelen servir para recordar a los gobernantes que han sido incapaces de cumplir con una de sus principales responsabilidades. En consecuencia, se sienten impulsados a aprovecharse del terrorismo para, por lo menos, asegurar y reforzar sus mecanismos de poder e intensificar el control que ejercen sobre los ciudadanos. Eso fue precisamente lo que hizo Bush II tras los atentados del 11-S, arbitrando medidas que, con el pretexto de mejorar la seguridad pblica, redujeron notablemente los derechos y libertades bsicas de la ciudadana. Esto, sin contar con el efecto amedrentador que fue sistemticamente manipulado desde los rganos del Gobierno de EEUU, a fin de llevar a la prctica el conocido aforismo de "ciudadano asustado, ciudadano obediente". Recordemos la vergonzosa campaa del ntrax, la retrica de la "cruzada" y la definicin del "eje del mal", como muestra de algunos de los elementos manejados para mantener en tensin al pueblo estadounidense y forzarle a aceptar lo que en condiciones normales hubiera sido rechazado por la mayor parte de la ciudadana.

Tambin en Rusia, bajo la presidencia de Putin, varias acciones terroristas llevaron consigo la adopcin de progresivas restricciones a la libertad de prensa y, como se lea hace poco en Novaya Gazeta, con el pretexto de proteger a Rusia contra el terrorismo "Putin transform el sistema poltico de modo que apenas mejor la seguridad de la poblacin pero s mejor mucho su propia seguridad". Tras cada nuevo atentado terrorista los rusos se preguntan no lo que sus gobernantes van a hacer para que vivan ms seguros, sino qu nuevas medidas restrictivas van a adoptar aduciendo que con ellas se aumenta la seguridad del Estado".

Ahora la incgnita reside en Medvedev, nuevo en estas lides. Pero a pesar de sus repetidas declaraciones en las que siempre se haba postulado como el defensor de la legalidad y del Estado de derecho, su reaccin a los atentados de Mosc de la pasada semana no difiere mucho de lo que fue habitual en Putin: ms que aludir a la necesidad de encontrar, apresar y juzgar a los terroristas con arreglo a la Ley, su manifiesto deseo de "encontrarlos y destruirlos" est ms en la lnea de las bravuconadas de Putin y de Bush que en lo que se espera de un gobernante atento a la misma legalidad que dice defender.

Con vistas a futuros desafos electorales, puede resultar provechoso adoptar la imagen populista de proclamar la aniquilacin sin miramientos de cualquier brote terrorista, aun a riesgo de que a la vez que se extermina a los asesinos mueran tambin personas inocentes, en su ya tristemente conocida funcin de "vctimas colaterales". De eso, los espaoles tambin sabemos algo, en la larga contienda contra el terrorismo etarra. Pero eso no es lo peor: pretender aplastar sin control y mediante la violencia ilegal a la insurgencia que crece en algunos pases del norte del Cucaso, donde surge el terrorismo que ha herido a los rusos en varias ocasiones, llevar inevitablemente a crear nuevos hroes entre las minoras que se sienten oprimidas por Mosc, lo que lejos de acabar con el terrorismo producir nuevas generaciones de terroristas cuyo campo de operaciones seguir siendo Rusia.

Publicado en CEIPAZ el 6 de abril de 2010

http://www.javierortiz.net/voz/piris



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter