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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-04-2010

Colapso y pseudocracia

Vctor Sampedro
Tercera Informacin


Ciertas maanas pareciramos amanecer ante el colapso de una esfera pblica que, en vez de controlar a nuestros representantes, los blinda para que sus intereses privados medren a costa del nuestro: el inters (del) pblico. Inmunes a la presin popular, los actos y palabras de quienes nos gobiernan les resultan impunes, tras quitarse de en medio el contrapoder que los sujetaba. Ocurri en los tres das previos a las elecciones de 2004. Y si decapitan a Garzn (por sus licencias al procesar al franquismo; no en otras causas) esta democracia clerical ensear de nuevo sus vergenzas. Si le inhabilitan para impedirle investigar las corruptelas del PP, sus lderes se cubrirn, si cabe, de ms oprobio. El funeral de Estado de las vctimas del 11-M sirvi de excusa para un pelotazo de la Grtel. Mayakovski les escupira: tenis suerte, sobre los muertos no cae vuestra vergenza. Les traen al pairo, sean los muertos del yihadismo o de la dictadura.

Talibanes y mojigatos achicaron en marzo de 2004 nuestra esfera pblica hasta sofocarla. Seis aos despus slo el 11-M ha sido recordado por una prensa necroflica y una clase poltica an empeada en rentabilizar electoralmente a las vctimas. Todo ello coincidiendo con otro intento ms de reducir la esfera pblica a la nada. Por eso necesitamos, ms que nunca, recordar que aquel colapso preelectoral fue sorteado por la desobediencia civil de la ciudadana, que se auto-convoc con mviles e Internet en la jornada de reflexin. Ya que M. Castells califica aquel 13-M como expresin de contrapoder en su ltimo libro (Comunicacin y poder), finalmente podramos admitir que tambin confiri legitimidad a aquellos resultados electorales. Y, dando un paso ms, a lo mejor hasta nos atrevemos a sopesar los costes de no haber regenerado la esfera pblica. Eso pedan quienes el 12 de marzo preguntaron Quin ha sido? y al da siguiente exigieron Saber la verdad, antes de votar.

Al no haber consensuado todava una respuesta, germina la semilla ms negra de la berlusconizacin: la degradacin electoral, meditica y judicial en favor de los corruptos. Quien desee revisar el trabajo acadmico que apoya estos juicios puede consultar el libro 13-M Multitudes online, disponible en la Red desde hace cinco aos. Los infundios de que el PSOE haba organizado las manifestaciones del 13-M iniciaron la teora de la conspiracin: los atentados del 11 de marzo haban sido obra de ETA y/o Al Qaeda y/o el PSOE y/o Marruecos y/o Francia y/o Una red de medios aliados y cargos del PP voce y se lucr con estas tesis durante la primera legislatura de Zapatero. Seis aos despus renuevan tramas y objetivos. Aterra pensar a dnde, contra quin ms, pueden llegar, una vez que se hayan quitado de en medio a Garzn. Y el miedo ha sido siempre su mejor municin. La degradacin democrtica no es inventariable; pero los dichos y hechos de quienes se arrogan representarnos estn exentos del contraste con la realidad. Lo saben. Y nos instalan en una suerte de pseudocracia o gobierno de la mentira (en griego: ψευδής).

El sistema poltico-informativo vigente en 2004 colaps porque no nos ayud a votar. Despus, sus gestores obviaron o criminalizaron el 13-M. No exigieron rendicin de cuentas, purga o reemplazo de las elites. No dimiti ni fue cesado ningn cargo poltico ni policial. Los talibanes de la conspiracin entorpecieron a los jueces: su periodismo de investigacin no aport un solo acusado, slo cuestion las pruebas contra los condenados. Y la prensa mojigata fue a remolque; desmintiendo la patraa y, de paso, avalando su entidad. Ambos bandos sobredimensionaron a ETA, erosionando al Gobierno en la negociacin. Apelando a las vctimas (pero desentendindose de ellas y de identificar a sus verdugos) las instrumentalizaron comercial y electoralmente. Identificndose con ellas las dejaron indefensas. Se haba cometido la mayor dejacin de responsabilidades cuando todo el arco meditico-parlamentario, al unsono, convoc la manifestacin oficial del 12-M: una imprudencia temeraria, al da siguiente de un atentado de masas que, con los asesinos an sueltos, no se repiti. Era, de hecho, un acto electoral en toda regla. Hagamos memoria. Tranquilidad. No es histrica, apenas reciente.

El PP haba impuesto la agenda preelectoral. Monopoliz la voz de las vctimas del terrorismo y la lucha contra ETA. Criminaliz a la oposicin, acusando al Tripartito cataln de connivencia con ETA. Acus a Carod Rovira de negociar para que no atentase en Catalua y a Zapatero, de buscar el poder a toda costa. Sin estos precedentes, Aznar no habra acallado los recelos que su (implcita, pero clara) imputacin a ETA despert entre los opositores ms acrrimos. Estos se le adelantaron condenando a ETA y se sumaron a las manifestaciones diseadas desde Moncloa. El lema: Con las vctimas, con la Constitucin y por la derrota del terrorismo. Fue el mensaje hegemnico que al da siguiente inund la jornada de reflexin. Apelaba a la Constitucin, siendo el PP el nico partido que prometa no reformarla. Y esa defensa constitucional se ejerca en nombre de las vctimas (de ETA, al principio; de ETA y/o Al Qaeda, al final). Como remate, llamaba a la guerra contra el terror, que el PP deca librar tanto en Euskadi como Irak.

El 13-M salv la lnea de flotacin de unas elecciones democrticas. Aquellas lo fueron porque justo antes de votar la ciudadana logr, a duras penas, abrir el debate que identificaba la mentira y la incompetencia, las sancionaba en pblico y les exiga retirarse de la carrera electoral. No fue esta la va seguida. Ni antes, ni despus del 14-M. Los primeros perjudicados son los votantes del PP, desde entonces rehenes de unos dirigentes bunkerizados y servidos como peones negros a los adlteres mediticos.

Con recurrencia, nos instalan en la pre-modernidad. La conspiracin del 11-M, aunque defensora xenfoba de nuestra cultura, niega sus pilares. Nombro dos. La navaja de Ockham (s. XIV): la hiptesis con menos suposiciones es probablemente la ms correcta. Y la falsabilidad de Popper (s. XX): las hiptesis no son verdaderas ni falsas, sino falsables; es decir, se consideran correctas mientras no se desmientan o corrijan con nuevas pruebas. Contra la lgica cientfica, los torquemadas del Antiguo Rgimen persiguen la Verdad ltima, desterrada de la poltica en la Ilustracin. Retuercen hechos, declaraciones y pruebas. Establecen causas infundadas, contradictorias o indemostrables. Apelan a la moral para juzgar hechos: un maniquesmo que les absuelve de sus errores y estigmatiza al oponente. La conviccin moral de Rajoy de que ETA haba actuado 11-M, justo cuando bamos a votar, converta nuestras dudas en inmorales. Su furor antiterrorista le eximi entonces de probar nada y les faculta para seguir dudando tambin de Garzn. Derrotados en las urnas, mantienen intacta la moral de ganadores. Seguirn crecindose ante nuestra mojigata (auto)crtica; rehenes como somos de una correccin poltica preada de valores antidemocrticos. Las cibermultitudes se convocan de nuevo, esta vez, promoviendo una concentracin frente a la Audiencia Nacional para el da en que sea suspendido Garzn. A las 20h en la calle Gnova; enfrente de la sede del PP, justo donde el 13 de marzo de 2004 dijimos que ya bastaba de pseudocracia: Le llaman democracia y no lo es. No lo es.

Vctor Sampedro es Catedrtico de Comunicacin Poltica. www.victorsampedro.net

Fuente: http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article14233



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