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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-04-2010

De eso ya se habla

Osvaldo Bayer
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Poco a poco, la tica se est adentrando en la interpretacin de nuestra historia. Hace unos das, en el propio saln de actos de la Legislatura de Buenos Aires, se realiz un encuentro en el cual se puso el acento en lo que nos pas a los argentinos en el tratamiento de los pueblos originarios que viven desde hace siglos en estas tierras. S, justo all. En ese edificio, donde hace muy poco se ech la culpa de todos nuestros males a los trapitos y a los limpiavidrios, se hizo un anlisis histrico y se debati con total amplitud cmo fueron traicionados los principios de Mayo en nuestra historia posterior, basada en el derecho del ms fuerte, en el poder de los dueos de la tierra, en los polticos personalistas, en dictaduras militares cada vez ms repetidas, y en el atroz proceder racista contra los pueblos originarios.

Se discurri acerca de la docencia sobre la base de la Libertad y la Verdad, el respeto a los intereses mutuos, y cmo llegar a eso que repetimos al cantar el himno: ved en trono a la noble igualdad. Cmo concretar esas sabias palabras de Esteban Echeverra, escritas en 1837: Asociacin, progreso, libertad, igualdad, fraternidad, trminos correlativos de la gran sntesis social y humanitaria, smbolos divinos del venturoso porvenir de los pueblos de la humanidad. La libertad no puede realizarse sino por medio de la igualdad, y la igualdad, sin el auxilio de la asociacin o del concurso de las fuerzas individuales encaminadas a un objeto: el progreso continuo. El camino para llegar a la libertad es la igualdad. La Igualdad y la Libertad son los principios engendradores de la Democracia.

Dnde qued esa democracia un siglo despus, con la serie de dictaduras militares que llegaron a su ms alto ndice de abyeccin con el sistema de la desaparicin de personas y el robo de los nios a sus madres? Es increble. Del pensamiento de Mayo a la picana elctrica de Uriburu-Lugones.

Lo que nos caracteriza a los argentinos de lo que hicimos con el Pensamiento de Mayo de un Mariano Moreno, un Belgrano o un Castelli, lo tenemos all: en la Diagonal Sur. A esos pensamientos libertarios, tan libertarios que emocionan, los convertimos en el bronce para hacer la estatua del genocida Roca. Justo un producto de aquella Dcada Infame que comenz Uriburu en el 30 y prosiguieron los polticos de la hipocresa desmandada: el Fraude Patritico. Y desde ese momento, Roca, el genocida, nos ha marcado el ritmo a los argentinos: no el ved en trono a la noble igualdad en Libertad, sino el latifundio, los nios con hambre y las villas miseria.

S, fue en el saln de la Legislatura donde no por supuesto por parte de los legisladores, claro est (aunque algunos de ellos estuvieron en las primeras filas del pblico dando su solidaridad con los estudios histricos que all se debatieron) se realiz esa fiesta de la libertad de ideas y de opiniones. Comenz con un prlogo de msica de la tierra, con esa msica profunda, sencilla, como ecos de trinos de mil aves distintas. Y se leyeron poesas acerca de la tierra y su gente escritas por monseor Angelelli, aquel obispo mrtir, asesinado por los uniformados de turno. Ese obispo, adems de luchador inclaudicable de los derechos de la gente de la tierra, los describa en idioma potico. Poesas para recitar al comps de guitarras gauchas, para ensear en nuestras aulas. Angelelli, cuyo cuerpo qued tirado en la ruta slo porque quera la dignidad para toda su gente, la gente humilde, de andar pausado que sabe acariciar a la naturaleza.

Decamos que hay como un renacer de esa temtica en las nuevas generaciones. Por ejemplo, lo notamos en las creaciones cinematogrficas. Acaba de editarse Octubre pilag, un documental de Valeria Mapelman. Es el relato de la investigacin sobre la masacre cometida en 1947, en el norte argentino, con los pilags, un pueblo ancestral de aquellas regiones. Cientos de pilags fueron asesinados en la forma ms brutal por la Gendarmera Nacional. Fue en el segundo ao del gobierno de Pern. Jams se orden una investigacin del hecho. Hay todava testigos sobrevivientes de la matanza. Con sus rostros se ocupan las cmaras. Tienen la sabidura del tiempo y hablan pausadamente, sin levantar la voz. Relatan cmo se los encerr en un lugar conocido como La Bomba y se los bale impunemente. Los ojos tristes, la voz pausada. Detalle por detalle. La sabidura que va dejando la vejez y la vida humilde. No hablan de venganza, s de lo injusto. De la incomprensin. Rostros formados con tierra generosa. Nos llevan al lugar. S, all cayeron hombres, mujeres, nios. Desarmados. A tiro limpio les quitaron la vida, sin poder defenderse. Algunos hablan mientras realizan, lentamente, sus tareas. S, all fue, all estn enterrados. Jams se nos dio una explicacin... nada. Los rostros de los nios, que nos miran.

Pilags. Agua. Tierra. Manos que trabajan en silencio. El eterno canto de los pjaros, sus llamados, sus colores. Y de pronto, la muerte.

De eso no se habla.

Me vienen a la memoria esas palabras inspiradas en el pensamiento de San Martn, de septiembre de 1822, en que el Congreso Constituyente del Per se expres as sobre los pueblos originarios: Nobles hijos del Sol, amados hermanos, a vosotros virtuosos indios os dirigimos la palabra y no nos asombre que os llamamos hermanos, lo somos de verdad....

Otro film documental que acaba de ver la luz es Por el camino del maln de la paz, realizado por Diego Romero y Soledad Berttendorff. Es la historia investigada por el historiador Marcelo Valko de 176 coyas que caminaron 2000 kilmetros desde Abra Pampa, en Jujuy, a Buenos Aires, a reclamar justicia por el abuso y la explotacin en los ingenios, realizado por los terratenientes, y exigir que se les devuelvan las tierras comunitarias de las que haban sido expulsados, en las que haban habitado durante generaciones. Expulsados por los mismos dueos de todo. Cuando llegan a Buenos Aires, Pern los recibe y tres de los indgenas suben al balcn de la Casa Rosada frente a una multitud. Pero luego fueron alojados en el Hotel de Inmigrantes sarcstica irona, expulsados y llevados en un tren de carga nuevamente de regreso a Abra Pampa. Luego de 53 aos del vergonzoso episodio, quedan todava cuatro maloneros con vida. Y ah est el relato, ms todos los documentos de poca.

Se nota en los rostros la injusticia sufrida, que no se ha disipado durante tantos aos. Ellos, los hijos de la tierra, vejados por los dueos de esa tierra. Un documental para ver en los institutos de enseanza y en todos los lugares, para el debate. Los peronistas deben todava a la ciudadana una autocrtica por estos dos hechos. Lo mismo que por la masacre de Ezeiza y por las Tres A del ministro Lpez Rega. Tambin los radicales deben a nuestra sociedad la autocrtica por las masacres obreras de la Semana Trgica, de 1919, por la represin de las huelgas de peones de las estancias patagnicas, de 1921-22 y por la de los hacheros de La Forestal, del mismo ao. Y tambin los socialistas nos deben una profunda crtica por su apoyo a dictaduras militares, como el caso de Alfredo L. Palacios, que fue embajador en el Uruguay de la dictadura del general Aramburu, y Amrico Ghioldi, embajador en Portugal de la dictadura militar de la desaparicin de personas.

Esas autocrticas benefician a la democracia. Por algo ha sido que nuestro pas tuvo tantas dictaduras militares que interrumpieron gobiernos elegidos por el pueblo. Por los momentos dbiles de nuestras democracias.

La misma autocrtica tiene que hacerse nuestra sociedad, mediante la convocatoria de congresos de historiadores, que juzguen nuestro pasado de acuerdo con las normas de la tica, del respeto a la vida y de los derechos de todos. Y as acabar con monumentos y nombre de ciudades de personajes que se basaron en el crimen y en el poder econmico.

Pero no nos conformemos con el pasado-actual sino que tambin vayamos a los problemas del hoy argentino.

Me da mucha pena cuando se persigue a la juventud con encarnizamiento. Relato el episodio: el 19 de mayo del ao pasado hubo una protesta de grupos polticos argentinos, en el acto de conmemoracin de la fundacin del Estado de Israel, por la poltica de este Estado en cuanto a los palestinos. Ante los gritos y los coros de esos grupos intervinieron la custodia propia israel y la polica local. Fueron detenidos varios de los participantes de la protesta y se hicieron allanamientos no autorizados. De todas esas intervenciones se solicit adems la captura de Roberto Martino. Debemos decir que Roberto Martino, a quien todos llamamos el Negro, no tiene antecedentes penales y siempre vivi en el mismo lugar declarado. Es decir, se ha llegado a una criminalizacin de la protesta que es exagerada dentro de las libertades que se debe dar en una democracia. El Negro Martino no hizo ni ostentacin de armas ni particip de agresiones. Diversos intelectuales, entre ellos el premio Nobel de la Paz Prez Esquivel, y la misma organizacin Apemia, que se organiz para el esclarecimiento de la masacre impune de la AMIA, se han pronunciado a favor del cese de la persecucin de Roberto Martino.

Una democracia debe dar libertades a la protesta poltica, es un derecho de todo ciudadano; claro est, siempre que no se llegue a la agresin ni al deterioro de objetos, como es el caso de aquella protesta en la que estuvo presente Roberto Martino.

La democracia no tiene que temer a la palabra aunque venga en coro de protesta, especialmente de jvenes que desean ser protagonistas de la vida poltica de un pas.

Esperamos, pues, los amigos del Negro Martino, que de una vez por todas se levante su persecucin, as l puede volver a sus estudios y trabajo. Es un pedido tambin a los miembros de la embajada israel: un pueblo como el de Israel, que ha sufrido en su larga vida tantas discriminaciones y persecuciones, debera aportar aqu su mano abierta a quien slo expres su opinin en un acto pblico.

La democracia tambin se funda con generosidad, que en este caso sera verdadera justicia.

Fuente original: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-143649-2010-04-10.html



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