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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-04-2010

En defensa de la Repblica

Lidia Falcn
Pblico


Este nuevo aniversario de la II Repblica constituye una magnfica oportunidad para plantear cuestiones que se debaten pblicamente sobre el modelo de Estado, en un momento de creciente reivindicacin republicana. La acusacin, fundada, de que nunca se ha preguntado a la ciudadana qu forma de Estado desea, es contestada por los defensores de la monarqua con el argumento de que el referndum de la Constitucin signific en realidad un plebiscito sobre aquella, ya que la Carta Magna la consagra sin duda alguna. Cierto es tambin que los partidos mayoritarios que se reclamaban de la izquierda en el panorama poltico del momento aceptaron sin cortapisas el Partido Comunista con un entusiasmo que dej atnitos a muchos legitimar al rey que haba sido designado por el dictador y coronado por las Cortes franquistas, con su cortejo de smbolos y gastos: palacios, personal militar y civil, fiestas, viajes, himno, bandera, uniformes. Y que han debido transcurrir 30 aos para que el PCE ya sin poder poltico rectificara y aprobara entre sus objetivos la proclamacin de la III Repblica, en coincidencia con la actividad de una generacin que despierta del letargo en que se sumieron sus padres, que reivindica la verdadera historia de la Guerra Civil y la dictadura y que reclama justicia para sus abuelos. Pero, con independencia de la evolucin del PCE, es importante constatar la desafeccin entre la poblacin espaola, especialmente los ms jvenes, hacia una monarqua impuesta a la sociedad por los poderes fcticos en los tiempos inmediatos a la muerte del dictador.

Se ha ocultado, consciente y culpablemente, a las nuevas generaciones de la postdictadura que el pueblo espaol llevaba luchando un siglo y medio por alcanzar una Repblica democrtica, igualitaria y justa. Y que, cada vez que pareca haberlo conseguido, sus pretensiones fueron destruidas manu militari por la violencia de las armas. Muchos sufrimientos y una atroz guerra nos proporcionaron los enemigos de todo progreso: el ejrcito monrquico y franquista, los grandes consorcios industriales y la banca, en colaboracin con los latifundistas del sur y del oeste, con la bendicin de la Iglesia catlica.

De ese tnel de miseria, represin y miedo en que estuvimos metidos durante 40 aos, salimos muy lenta y violentamente. En los aos ochenta, la Universidad de Yale (EEUU) me pidi un artculo sobre la violencia en los aos de la Transicin y, a pesar de mis limitadas fuentes de informacin, obtuve la cifra de 280 personas pertenecientes a grupos de izquierda asesinadas por las fuerzas de la ultraderecha.

ltimamente, las indagaciones ms completas elevan el nmero a ms de 500, como se demuestra en una investigacin reciente. Ya es hora de desmentir la falsedad ms repetida y publicitada por todos los estamentos del poder de que la Transicin poltica espaola se realiz en una calma paradisaca. Nicols Sartorius y Alberto Sabio, en su libro El final de la dictadura, explican que en un solo ao se produjeron, nada ms y nada menos, 14.000 huelgas y se celebraron miles de asambleas y manifestaciones de todos los estamentos sociales, convocadas por las organizaciones obreras, vecinales, estudiantiles, feministas. Fueron asesinados, por diversas facciones y sicarios fascistas, un alto nmero de activistas sindicales, comunistas, anarquistas, nacionalistas, en las calles, en los despachos de abogados, en las comisaras y en las crceles. Durante casi siete aos desde la muerte de Franco hasta el golpe del 23-F todos los medios de comunicacin alertaron de las conspiraciones del ejrcito con la conocida frase de que se escuchaba ruido de sables en los cuarteles. Todava en octubre de 1982, en vsperas de las elecciones que le dieron el triunfo al PSOE, se descubri una nueva conjura militar. Recuerdo cmo Miguel Nez, miembro del comit ejecutivo del Partido Comunista y diputado en las Cortes, al regresar a Barcelona despus de cada semana parlamentaria, intentaba justificarse ante los militantes impacientes y disgustados con la complicidad del partido con la monarqua y la derecha con el argumento de que los militares estaban nuevamente organizndose para dar el golpe.

Este fue el verdadero clima de la sociedad y de la poltica espaola en el que se impuso la monarqua, y no la plcida situacin que se ha descrito desde todas las instancias dominantes: poder poltico, medios de comunicacin, historiadores. Mediante una Constitucin redactada por una mayora de representantes de la derecha y la extrema derecha, y dos diputados del PSOE y del Partido Comunista que haban abandonado sus reivindicaciones republicanas. Esa Constitucin se vot por el pueblo en un clima de amenazas constantes y de vivo recuerdo de los horrores de la Guerra Civil y de la dictadura. El plebiscito de la monarqua es, por tanto, invlido, porque fue convocado en unas circunstancias de permanente coaccin, de modo que esa generacin de los aos setenta responsable de lo ocurrido no puede obligar a sus descendientes a heredar las consecuencias de su actuacin.

Lidia Falcn es periodista y escritora

Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/1954/en-defensa-de-la-republica/



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