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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-04-2010

Hacia la Declaracin Universal de los Derechos de la Naturaleza

Alberto Acosta
Alai-amlatina


En los Derechos de la Naturaleza el centro est puesto en la Naturaleza. sta vale por s misma, independientemente de la utilidad o usos del ser humano, que forma parte de la naturaleza.

La compleja construccin de un proyecto de vida en comn


Toda Constitucin sintetiza un momento histrico. En toda Constitucin se cristalizan procesos sociales acumulados. Y en toda Constitucin se plasma una determinada forma de entender la vida. Una Constitucin, sin embargo, no hace a una sociedad. Es la sociedad la que elabora la Constitucin y la adopta casi como una hoja de ruta. Una Constitucin, ms all de su indudable trascendencia jurdica, es ante todo un proyecto poltico de vida en comn, que debe ser puesto en vigencia con el concurso activo de la sociedad.

Desde esta perspectiva, la Constitucin ecuatoriana -construida colectivamente en los aos 2007 y 2008-, fiel a las demandas acumuladas en la sociedad, consecuente con las expectativas creadas, responsable con los retos globales, se proyecta como medio e incluso como un fin para dar paso a cambios estructurales. En su contenido afloran mltiples definiciones para impulsar transformaciones de fondo, a partir de propuestas construidas a lo largo de muchas dcadas de resistencias y de luchas sociales. Transformaciones muchas veces imposibles de aceptar (e incluso de entender) por parte de los constitucionalistas tradicionales y de quienes a la postre ven que sus privilegios estn en peligro. Una de esas novedades se plasma en los Derechos de la Naturaleza.

La Naturaleza en el centro del debate


La acumulacin material -mecanicista e interminable de bienes-, apoltronada en el utilitarismo antropocntrico sobre la Naturaleza- al decir del uruguayo Eduardo Gudynas-, no tiene futuro. Los lmites de los estilos de vida sustentados en esta visin ideolgica del progreso son cada vez ms notables y preocupantes. No se puede seguir asumiendo a la Naturaleza como un factor de produccin para el crecimiento econmico o como un simple objeto de las polticas de desarrollo.

Esto nos conduce a aceptar que la Naturaleza, en tanto trmino conceptualizado por los seres humanos, debe ser reinterpretada y revisada ntegramente. Para empezar la humanidad no est fuera de la Naturaleza. La visin dominante, incluso al definir la Naturaleza sin considerar a la humanidad como parte integral de la misma, ha abierto la puerta para dominarla y manipularla. Se le ha transformado en recursos o en capital natural a ser explotados. Cuando, en realidad, la Naturaleza puede existir sin seres humanos

En este punto hay que rescatar las dimensiones de la sustentabilidad. sta exige una nueva tica para organizar la vida misma. Un paso clave, los objetivos econmicos deben estar subordinados a las leyes de funcionamiento de los sistemas naturales, sin perder de vista el respeto a la dignidad humana y la mejora de la calidad de vida de las personas.

Un proceso histrico de ampliacin de los derechos


A lo largo de la historia, cada ampliacin de los derechos fue anteriormente impensable. La emancipacin de los esclavos o la extensin de los derechos civiles a los afroamericanos, a las mujeres y a los nios fueron una vez rechazadas por los grupos dominantes por ser consideradas como un absurdo. Para la abolicin de la esclavitud se requera que se reconozca el derecho de tener derechos, lo que exiga un esfuerzo poltico para cambiar aquellas leyes que negaban esos derechos. Para liberar a la Naturaleza de esta condicin de sujeto sin derechos o de simple objeto de propiedad, es entonces necesario un esfuerzo poltico que reconozca que la Naturaleza es sujeto de derechos. Este aspecto es fundamental si aceptamos que todos los seres vivos tienen el mismo derecho ontolgico a la vida.

Esta lucha de liberacin es, ante todo, un esfuerzo poltico que empieza por reconocer que el sistema capitalista destruye sus propias condiciones biofsicas de existencia. Dotar de Derechos a la Naturaleza significa, entonces, alentar polticamente su paso de objeto a sujeto, como parte de un proceso centenario de ampliacin de los sujetos del derecho. Si se aseguran derechos a la Naturaleza se consolida el derecho a la existencia de los propios seres humanos, como anotaba en 1988 el jurista suizo Jrg Leimbacher.

Del actual antropocentrismo debemos transitar, al decir de Gudynas, al biocentrismo. Esto implica organizar la economa preservando la integridad de los procesos naturales, garantizando los flujos de energa y de materiales en la biosfera, sin dejar de preservar la biodiversidad.

Estos planteamientos ubican con claridad por dnde debera marchar la construccin de una nueva forma de organizacin de la sociedad. Pero no ser fcil. Sobre todo en la medida que sta afecta los privilegios de los crculos de poder nacionales y transnacionales, stos harn lo imposible para tratar de detener este proceso. Esta reaccin, lamentablemente, tambin se nutre de algunas acciones y decisiones del gobierno de Rafael Correa, quien alent con entusiasmo el proceso constituyente y la aprobacin popular de la Constitucin de Montecristi, pero que con algunas de las leyes aprobadas posteriormente, por ejemplo la Ley de Minera o la Ley de Soberana Alimentaria, sin dar paso a la conformacin del Estado plurinacional, en una suerte de contrarrevolucin legal, atenta contra varios de los principios constitucionales.

Una declaracin pionera a nivel mundial


Al reconocer a la Naturaleza como sujeto de derechos, en la bsqueda de ese necesario equilibrio entre la Naturaleza y las necesidades y derechos de los seres humanos, enmarcados en el principio del Buen Vivir, se supera la clsica versin jurdica. Y para conseguirlo nada mejor que diferenciar los Derechos Humanos de los Derechos de la Naturaleza, tal como lo plantea Gudynas.

En los Derechos Humanos el centro est puesto en la persona. Se trata de una visin antropocntrica. En los derechos polticos y sociales, es decir de primera y segunda generacin, el Estado reconoce a la ciudadana esos derechos, como parte de una visin individualista e individualizadora. En los derechos econmicos, culturales y ambientales, conocidos como derechos de tercera generacin, se incluye el derecho a que los seres humanos gocen de condiciones sociales equitativas y de un medio ambiente sano y no contaminado. Se procura evitar la pobreza y el deterioro ambiental.

Los derechos de primera generacin se enmarcan en la visin clsica de la justicia: imparcialidad ante la ley, garantas ciudadanas, etc. Para cristalizar los derechos econmicos y sociales se da paso a la justicia redistributiva o justicia social, orientada a resolver la pobreza. Los derechos de tercera generacin configuran, adems, la justicia ambiental, que atiende sobre todo demandas de grupos pobres y marginados en defensa de la calidad de sus condiciones de vida afectada por destrozos ambientales. En estos casos, cuando hay daos ambientales, los seres humanos pueden ser indemnizados, reparados y/o compensados.

En los Derechos de la Naturaleza el centro est puesto en la Naturaleza. Esta vale por s misma, independientemente de la utilidad o usos del ser humano, que forma parte de la Naturaleza. Esto es lo que representa una visin biocntrica. Estos derechos no defienden una Naturaleza intocada, que nos lleve, por ejemplo, a dejar de tener cultivos, pesca o ganadera. Estos derechos defienden mantener los sistemas de vida, los conjuntos de vida. Su atencin se fija en los ecosistemas, en las colectividades, no en los individuos. Se pueden comer carne, pescado y granos, por ejemplo, mientras se asegure que quedan ecosistemas funcionando con sus especies nativas.

A los Derechos de la Naturaleza se los llama derechos ecolgicos para diferenciarlos de los derechos ambientales de la opcin anterior. En la nueva Constitucin ecuatoriana -no as en la boliviana- estos derechos aparecen en forma explcita como Derechos de la Naturaleza, as como derechos para proteger las especies amenazadas y las reas naturales o restaurar las reas degradadas. Tambin es trascendente la incorporacin del trmino Pacha Mama, como sinnimo de Naturaleza, en tanto reconocimiento de interculturalidad y plurinacionalidad.

En este campo, la justicia ecolgica pretende asegurar la persistencia y sobrevivencia de las especies y sus ecosistemas, como redes de vida. Esta justicia es independiente de la justicia ambiental. No es de su incumbencia la indemnizacin a los humanos por el dao ambiental. Se expresa en la restauracin de los ecosistemas afectados. En realidad se deben aplicar simultneamente las dos justicias: la ambiental para las personas, y la ecolgica para la Naturaleza.

Siguiendo con las reflexiones de Gudynas, los Derechos de la Naturaleza necesitan y a la vez originan otro tipo de definicin de ciudadana, que se construye en lo social pero tambin en lo ambiental. Estas ciudadanas son plurales, ya que dependen de las historias y de los ambientes, acogen criterios de justicia ecolgica que superan la visin tradicional de justicia.

La proyeccin de los Derechos de la Naturaleza


De los Derechos de la Naturaleza, asumidos en la Constitucin ecuatoriana, se derivan decisiones trascendentales. Uno clave tiene que ver con procesos de desmercantilizacin de la Naturaleza, como ha sido la privatizacin del agua, as como de sus sistemas de distribucin y abastecimiento. Igualmente se exige la eliminacin de criterios mercantiles para utilizar los servicios ambientales. La restauracin integral de los ecosistemas degradados es otro de los pasos revolucionarios adoptados.

La soberana alimentaria se transforma en eje conductor de las polticas agrarias e incluso de recuperacin del verdadero patrimonio nacional: su biodiversidad. Incluso se reclama la necesidad de conseguir la soberana energtica, sin poner en riesgo la soberana alimentaria o el equilibrio ecolgico.

Si aceptamos que es necesaria una nueva tica para reorganizar la vida en el planeta, resulta indispensable agregar a la justicia social y la justicia ambiental, la justicia ecolgica. En otras palabras, los Derechos Humanos se complementan con los Derechos de la Naturaleza, y viceversa.

De los Andes al mundo


El mandato de los Derechos de la Naturaleza nos invita a pensar y realizar una integracin regional de nuevo cuo. Y desde esta perspectiva, desde Nuestra Amrica habr que levantar la tesis de una pronta Declaracin Universal de los Derechos de la Naturaleza, compromiso que podr encontrar un espaldarazo en el marco de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climtico y los Derechos de la Madre Tierra, convocada por el presidente Evo Morales.

Nuestra responsabilidad es grande y compleja. Al tiempo que condenamos los sistemas y las prcticas depredadoras forjadas en el capitalismo metropolitano, debemos condenar por igual y superar las diversas formas de extractivismo que consolidan la sumisin de nuestros pases en el mercado mundial, en tanto productores y exportadores de materias primas. Este extractivismo, para nada superado en nuestros pases, seguir hundiendo en la miseria a los pueblos y agravando los problemas ambientales.

En suma, est en juego el Buen Vivir (sumak kausay o suma qamaa), relacionado estrechamente con los Derechos de la Naturaleza. Estos derechos, sumados a los Derechos Humanos, nos conminan a construir democrticamente sociedades sustentables. Y esas sociedades se lograrn a partir de ciudadanas plurales pensadas tambin desde lo ambiental, en las que el ser humano y las diversas colectividades de seres humanos coexistan en armona con la Naturaleza.

Alberto Acosta es Economista ecuatoriano. Profesor e investigador de la FLACSO. Consultor internacional. Ex ministro de Energa y Minas. Ex presidente de la Asamblea Constituyente.


Fuente: http://alainet.org/active/37414


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