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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-04-2010

El primer Centenario

Hernan Soto
Punto Final


Es natural que se comparen. El de ahora, que es el segundo, con el primero, celebrado el 18 de septiembre de 1910. A un siglo de distancia, se puede conjeturar que no tienen nada en comn. Sin embargo, en sociedades y mundos muy distintos parecen conservarse claves ocultas que perduran. Con todo, no hay que olvidar que hace un siglo el pas era considerablemente atrasado, con una estructura agraria primitiva que adoleca de un retardo de siglos, dependiente en sus exportaciones casi exclusivamente del salitre controlado por capitales ingleses, con un movimiento obrero poco desarrollado y que estaba en una fase de regresin -luego de la horrorosa masacre de la Escuela Santa Mara en Iquique- y con una sociedad en que el peso de la oligarqua era incontrarrestable en medio de una, al parecer, permanente crisis poltica, que mantena a los sectores dominantes tensionados ante la inestabilidad y escaso avance que se adverta prcticamente en todos los mbitos.

En este cuadro general, en Chile, en un perodo de veinte a treinta aos, se haban producido cambios enormes. El triunfo militar en la guerra de conquista de 1879 en que la clase gobernante de Chile anex la regin salitrera, como escribi Recabarren, le entreg al pas las provincias de Antofagasta y Tarapac, dos enormes territorios en que la existencia de salitre le otorgaron un virtual monopolio mundial, y otras grandes riquezas mineras. De improviso, la economa chilena creci desmesuradamente en relacin a la situacin que tena antes del conflicto. Casi simultneamente, la pacificacin militar de la Araucana incorpor al territorio nacional grandes extensiones de tierras arrebatadas a los mapuches, que fueron entregadas a inmigrantes alemanes y de otras nacionalidades que poblaron la zona y a latifundistas chilenos que extendieron sus explotaciones hacia el sur. Esos cambios econmicos produjeron migraciones, hacia el norte en busca de trabajo en el salitre y en mucho menor grado, en busca de tierras en el sur. La economa chilena cambi aceleradamente con las anexiones territoriales.

La cuestin social

Segn el historiador Hernn Ramrez Necochea, los capitales ingleses invertidos en Chile en 1880 eran algo ms de siete millones de libras esterlinas, de los cuales ms de seis millones correspondan a emprstitos contratados por los gobiernos. Diez aos despus, las inversiones eran de unos 24 millones de libras esterlinas, de los cuales solamente ocho millones correspondan a emprstitos. En otras palabras, las inversiones britnicas en Chile se haban triplicado en diez aos. Tambin llegaban capitales de otros orgenes. Los ms importantes eran norteamericanos. En 1880 significaban el 5% del intercambio exterior global, y en 1905, representaban ya el 19%.

Por otro lado, el pas viva en permanente crisis econmica. En 1902, informa Ramrez Necochea, una comisin integrada por economistas que eran tambin hombres pblicos, seal que el pas estaba afectado desde unos quince aos antes por una crisis econmica que pareca endmica. Se agudiz la llamada cuestin social, que era el eufemismo para hablar de la miseria de los trabajadores y, sobre todo, de su rebelda y organizacin, que amenazaban al capitalismo. La preocupacin vena especialmente de la Iglesia, luego de la encclica Rerum Novarum del Papa Len XIII, en 1891.

Antes del Centenario se oyeron clarinadas de alarma. El triunfo de los sectores conservadores y los capitales ingleses en la guerra civil de 1891, a un costo terrorfico en vidas humanas, no haba significado progreso ni mejoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores. Al poco tiempo de la victoria congresista que llev al suicidio al presidente Jos Manuel Balmaceda, el desencanto y la frustracin se generalizaron ante los vicios del parlamentarismo, los negociados, la vida escandalosa de las grandes familias y la pobreza que se acentuaba. Hubo inquietud en la oligarqua y tambin en algunos intelectuales.

En 1900, el poltico radical Enrique Mac Iver, uno de los gestores del levantamiento contra el presidente Balmaceda, pronunci su famoso Discurso sobre la crisis moral de la Repblica. Un llamado de alerta ante el panorama desolador que ofreca una sociedad que el optimismo oficial se empeaba en mostrar como la imagen de un pas pujante, poderoso, prspero, integrado y en pleno ascenso. Mac Iver comienza con una constatacin casi coloquial: Me parece que no somos felices, que le da pie para desarrollar su reflexin que, en algn momento, plasma en una frase que se hizo clebre: Chile era un programa, ahora es un problema. Hace un balance indiscutible que expresa no solamente sus inquietudes, sino tambin las de sectores ilustrados: No sera posible desconocer que tenemos ms naves de guerra, ms soldados, ms jueces, ms guardianes, ms oficinas, ms empleados y ms rentas pblicas que en otros tiempos; pero, tendremos tambin seguridad, tranquilidad nacional, superiores garantas de los bienes, de la vida y del honor, ideas ms exactas y costumbres ms regulares, ideas ms perfectas y aspiraciones ms nobles; mejores servicios, ms poblacin y ms riquezas y mayor bienestar? En una palabra, progresamos?.

Visiones de Chile

Hubo otros estudiosos y otras obras, en un ambiente de gran vitalidad intelectual y artstica. En la derecha destacaron Alberto Edwards y Francisco Antonio Encina, que postulaban una reformulacin oligrquica ante el evidente atraso del pas. Ambos atribuan la decadencia a la influencia del liberalismo. Propugnaban un gobierno fuerte, autoritario, como los de los decenios conservadores. Aoraban un gobernante de personalidad magntica, una especie de hombre providencial como -segn ellos- fue Portales, que asegurara honradez, patriotismo, visin de futuro y, sobre todo, orden frente al caos.

Encina atribua, adems, a la oligarqua castellano-vasca dotes especiales para dirigir el pas. Ambos postulaban la superioridad del sentido prctico en los gobernantes, que los protegiera de utopas y otras ideas librescas. Encina atribuy especial importancia a la educacin en su libro Nuestra inferioridad econmica. Propone una reforma a fondo, que d relevancia a las carreras profesionales y tcnicas que aseguren el futuro de Chile como pas industrializado.

Hubo otros autores que provocaron revuelo, aunque se orientaban por posiciones mesocrticas. Uno fue el doctor Nicols Palacios, autor de Raza chilena, publicado en 1904. Movido por la preocupacin ante la decadencia nacional -que significaba peligro de disolucin- y angustiado por la miseria y las enfermedades que diezmaban al pueblo, focaliz en la oligarqua la principal responsabilidad, que la condenaba a ser reemplazada por sectores sociales ms dinmicos y emprendedores: las clases medias. Para Palacios, Chile tena la ventaja de la superioridad tnica, derivada de que haba sido conquistado por espaoles de origen godo, vale decir germanos y no latinos, que se haban mezclado con los araucanos, que con su valor, capacidad organizativa e inteligencia haban demostrado ser una raza superior. El gran lastre de Nicols Palacios fue su germanofilia, que derivaba en un racismo ofensivo -especialmente contra los judos y los pueblos orientales-. Las exageraciones de Nicols Palacios provocaron airadas observaciones de Miguel de Unamuno. El ilustre espaol calific las ideas del chileno como un tejido de disparates y de afirmaciones gratuitas anegadas en un revoltijo de nociones tradas de todas partes y de vulgaridades seudocientficas y a su autor como prototipo de ignorancia petulante.

Otro notable personaje fue Alejandro Venegas, que en 1910 public Sinceridad, un libro demoledor compuesto en forma de cartas al presidente Ramn Barros Luco, firmado con el seudnimo Dr. I. Valds Canje. Profesor de francs y fillogo, lleg a ser rector del Liceo de Talca, en esa poca un cargo muy importante en el escalafn educacional. Venegas era un reformador social. Estudioso, necesitaba conocer a fondo la realidad para denunciar sus vicios y aberraciones y proponer reformas. Viaj por todo el pas, incluso con nombres supuestos o disfrazado. Visit pases cercanos, pero siempre pensando en Chile, al que vea amenazado por un desastre. Los de arriba -afirmaba- llevan el pas al abismo y no les importa, pero desconfiaba del pueblo por ignorantsimo y alcoholizado. Sus propuestas apuntaban a sensibilizar a los sectores medios y no eran, ciertamente, revolucionarias, aunque la virulencia de sus crticas era brutal. Deca, sin embargo, verdades que nadie haba dicho antes. Todava hoy impresionan, y conservan vigencia en muchos aspectos. Fue perseguido. Debi abandonar la enseanza. Puso una verdulera en Maip, donde vivi en medio de la pobreza. Muri sbitamente, a los 51 aos, y es considerado uno de los precursores del pensamiento social.

La lucha de clases

Pero fue Luis Emilio Recabarren, sin embargo, el que hizo el cuestionamiento ms serio y profundo a la celebracin del Centenario, en una conferencia que dict el 3 de septiembre de 1910 en Rengo, publicada con el ttulo Ricos y pobres a travs de un siglo de vida republicana. Su punto de partida fue una visin de clase: No es posible mirar la sociedad chilena desde un solo punto de vista, porque toda observacin resultara incompleta. Es culpa comn que existen dos clases sociales opuestas, y como si esto fuera poco, todava tenemos una clase intermedia que complica ms este mecanismo social de los pueblos. A partir de ese punto de vista -el del proletariado-, desarrolla su pensamiento.

Estamos convencidos desde hace tiempo -sostiene- que no tenemos nada que ver con la fecha llamada el aniversario de la Independencia nacional. Creemos necesario decir al pueblo el verdadero significado de esa fecha, que desde nuestro punto de vista, tiene solamente sentido para la burguesa, siendo que son ellos los que se levantaron contra la corona de Espaa y son ellos los que conquistaron esta patria para aprovechar todas las ventajas que les dio la Independencia... Es por esto que no encontramos razones por las cuales la clase popular pudiera sentirse feliz de este da... La fecha gloriosa de la emancipacin del pueblo todava no ha sonado, las clases populares viven an en la esclavitud, encadenadas al orden econmico por el salario y al orden poltico por el fraude... Un pueblo que vive as, sometido a los caprichos de una sociedad injusta, inmoral y organizada de manera criminal, cmo puede celebrar el 18 de septiembre? Imposible. El pueblo debe abstenerse de participar en esta fiesta, debe negar su participacin en las fiestas donde los verdugos y los tiranos celebran la independencia de la clase burguesa que no es ninguna independencia del pueblo, ni como individuo ni como colectividad.

No niega Recabarren lo evidente, pero descubre sus causas. Hay progresos evidentes en el siglo transcurrido, ello no puede negarse. Pero esos progresos corresponden a la accin de toda la colectividad y en mayor proporcin, si se quiere, de la clase proletaria, que es el nico agente de produccin, de creacin de las ideas y de los pensamientos. Pero esos progresos ostensibles, son precisamente la causa de la miseria proletaria. El progreso est construido, pues, con cuotas de la miseria. De todos los progresos de que el pas se ha beneficiado, al proletariado no le ha correspondido sino contribuir a l, pero para que lo gocen sus adversarios.

Protagonismo del pueblo

La polmica del Centenario no se ha saldado. Los principales problemas nacionales siguen sin solucin, aunque la experiencia del gobierno de Salvador Allende demostr que era posible superarlos con la participacin organizada del pueblo. Muchas de las ideas que se plantearon en el Centenario siguen dando vueltas. Las ideas racistas, por ejemplo, se han transformado en xenofobia y en fascismo en amplios sectores de la derecha. Sigue vigente la ideologa conservadora, con su rechazo aparente a la poltica y la aoranza por el lder portaliano que devuelva a Chile la grandeza perdida. La visin de permanente frustracin que agobiaba a Alejandro Venegas sigue en pie. Y no se han borrado las palabras revolucionarias de Luis Emilio Recabarren, que siguen vigentes porque Chile no es realmente la patria de todos los chilenos, con millones de explotados y marginados, ciudadanos de tercera o cuarta categora, que no pesan ni cuentan a la hora de tomar decisiones.

Recabarren pens hasta su muerte que el pueblo viva engaado, para explotarlo mejor. En un informe para la Internacional Comunista describi en pocas lneas lo que le pareci esencial: El sistema de gobierno en Chile se llama democracia y es electivo en sufragio popular, lleno de vicios y trampas. Es un gobierno feudal y militarista que mantiene en Sud Amrica uno de los ms poderosos ejrcitos para defender los intereses creados de los capitales extranjeros que estn perfectamente garantidos, sin existir ninguna garanta para los obreros. (Informe sobre Chile y su movimiento obrero, para el Congreso de Profinter, Mosc, 1922).

A la polmica del Centenario se sumar la del Bicentenario, con menos mpetu y vehemencia, porque parece haber menos esperanza y ms complejidad en un mundo difcil de entender. Sin embargo, el pueblo est en una disposicin diferente. Sabe que ha sido el gran constructor del pas en estos doscientos aos y que est en condiciones de gobernar y de asumir el poder en la sociedad que se hunde en el capitalismo neoliberal. Hace suyas las palabras de Recabarren, en 1904: Nosotros somos todo, por nosotros se hace todo. Sin nosotros no habra nada, sin nosotros nada tendra valor. Nosotros que lo producimos todo, no poseemos nada. Este estado de cosas debe terminar. El pueblo movilizado es la nica fuerza real que puede garantizar que la patria sea para todos sus hijos, y que, con ella, se realicen las tareas comunes que convocan a todos los pueblos.

Punto Final, edicin N 707, 16 de abril, 2010

 

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