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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-04-2010

El ciber-sheriff y la ciber-guerra

Eliades Acosta
Cubadebate


Nada ms aleccionador que presenciar las manifestaciones cclicas de la freudiana obsesin de los idelogos del imperio, especialmente de esos siempre locuaces neoconservadores, por alertar sobre peligros, desafos y amenazas a la seguridad nacional. A tal extremo ha llegado el frenes de las predicciones y las alertas que casi nadie se detiene a razonar por qu y para qu existe esta boyante industria del miedo y las fobias. Quizs ayude a los ingenuos reparar en que cada alerta, cada prediccin, cada llamado a rebato para que los Estados Unidos despierten, terminan con la propuesta de mayores gastos militares, polticas ms claras y decididas, ms cooperacin (lase mayores y ms jugosos contratos) entre el gobierno federal y el sector privado, ms estructuras policacas, mayores invasiones a la privacidad, ms vulneracin de los derechos ciudadanos, ms fragilidad de las ms que endebles soberanas de los Estados nacionales.

La misma estafa se repite una y otra vez, hasta el cansancio. La historia de las estrategias de seguridad nacional, de las polticas militares y diplomticas de los Estados Unidos, en el ltimo siglo, es la historia de un mismo miedo que se recicla hasta el infinito y provoca casi idnticos efectos. A los historiadores del maana les asombrar cmo una misma mercanca, la del miedo exacerbado sin piedad, lograba ser vendida a diferentes generaciones de ciudadanos, como si el pas viviese un tiempo eternamente detenido o carente de memoria, en el que lo mismo parece nuevo y lo rancio se aprecia como reluciente.

Bsquense los adjetivos, los enfoques, los anlisis, las propuestas, los apremios, los argumentos esgrimidos para movilizar a la nacin contra la Espaa colonialista del 98, la Alemania imperial de la Primera Guerra Mundial, la URSS y el comunismo, la Alemania nazi o el Japn militarista de la Segunda Guerra Mundial, los revolucionarios tercermundistas, radicales y todas las izquierdas de los 60 y los 70, y ms recientemente los terroristas e islamo-fascistas, tras el 11 de septiembre del 2001, para que se compruebe de qu va esta monumental jugada, y cmo funciona este paradigma inimitable de la industria del reciclaje.

Ahora ha tocado el turno a las amenazas que se derivan de Internet, de los ciber-ataques y las ciber-guerras que acechan desde el fondo de los mouses a las infraestructuras crticas de la nacin. Y en esta nueva modalidad de combate seran blanco desde las transacciones financieras hasta la venta minorista en las tiendas; desde los cajeros automticos donde cobran sus pensiones los jubilados hasta los correos electrnicos, su lavadora domstica, las impresoras, las fotocopiadoras, las cmaras fotogrficas digitales, sus telfonos y los ascensores. Es la locura total, la apoteosis, el delirio final de un paciente largamente estrujado por una neurosis inducida: el no va ms.

En la edicin del pasado domingo 28 de febrero, el Washington Post publicaba un artculo del vicealmirante retirado Mike McConnell, que fue Jefe de la Agencia de Seguridad Nacional en tiempos de Clinton y Director Nacional de Inteligencia, durante el segundo mandato de Bush. To Win the Cyber-war, look to the Cold War, es el ttulo, y resume magistralmente la filosofa de su autor: para vencer en la ciberguerra que Estados Unidos va perdiendo, se requiere con urgencia de una estrategia coherente similar a aquella delineada en los viejos buenos tiempos de la Guerra Fra, y que puede hallarse desde el Telegrama Largo de George F. Kennan hasta el Discurso de la Cortina de Hierro, de Churchill, pasando por las doctrinas Truman y Eisenhower, y aquel programa de contencin total que fue la directiva NSC-68, de enero de 1950. En todos ellos, de manera consecutiva, se poda seguir el rastro de una estrategia definitiva para enfrentar los retos del expansionismo sovitico y los designios del Kremlin, y que incluan desde medidas militares y negociaciones diplomticas, hasta guerras psicolgicas y culturales con tal de sembrar las semillas de la destruccin dentro del sistema sovitico (sic). Y si McConnell nos remite a esta experiencia histrica es para sacar las experiencias necesarias: hoy, como ayer, hace falta desarrollar sistemas de alerta temprana en el ciber-espacio, propiciar una reingeniera de Internet (para controlarlo), mayor cooperacin entre el mundo empresarial y el gobierno (no olvidar, jams, los jugosos contratos federales), y lo fundamental, dado que en las ciber-guerras el enemigo no necesariamente tiene que ser un Estado, sino un grupo extremista radical, incluso, una sola persona, no limitarse a una poltica de contencin (como en la Guerra Fra) sino combinarla, segn necesidad, con ataques preventivos (como en la era Bush) para lograr el deterioro, la interdiccin y la eliminacin del liderazgo de tales enemigos y su capacidad de lanzar ciber-ataques.

Qu tenemos aqu? Pues el embrin de una nueva doctrina de control hegemnico, totalitario e imperialista de la ltima frontera a conquistar: el ciberespacio. Lo que se perfila es la versin 2.0 de aquel complejo-militar industrial tradicional reciclado en su ciber-clon, un engendro a mitad de camino entre las grandes corporaciones de las nuevas tecnologas que hoy controlan ms del 90% de la infraestructura ciberntica de los Estado Unidos (y el mundo), segn palabras del propio McConnell. Lo que se ve venir es una renovada generacin de los voceros encargados de atizar el miedo (el propio McConnell entre ellos) y propiciar fabulosas ganancias a las empresas mediante contratos federales en materia de control y seguridad. Lo que se nos anuncia es la emergencia de un poder totalitario definitivo, ahora s, del Gran Hermano orweliano, justificado por las fantasmales ciber-amenazas, y que por primera vez en la historia humana, tendra capacidad real para controlarnos desde el nacimiento hasta la muerte.

Vencimos en la Guerra Fra -remata Mc Connell sus argumentos-a travs del ejercicio de un fuerte liderazgo, polticas claras, slidas alianzas y una estrecha unin de nuestros esfuerzos diplomticos, econmicos y militares, respaldados por fuertes inversiones. La seguridad nunca es barata: hagamos lo mismo con la ciber-seguridad. El momento para empezar fue ayer.

Pero este falso inters en poner fin por la ley del revlver a los desmanes de los ciber-forajidos en ese Oeste salvaje que es Internet, no es lo nico que justifica enfoques como los de McConnell. Ni siquiera las halageas perspectivas de las ganancias y el botn. Es tambin la mala conciencia de quienes han violado todas las fronteras morales y legales en sus encarnizadas luchas contra sus enemigos, desde provocar enormes explosiones en oleoductos soviticos mediante la implantacin de chips saboteadores en las computadoras adquiridas para el dirigir sus operaciones, hasta controlar todo el trfico mundial de informacin y espiar Facebook, Twitter y otras redes sociales. Y es que por primera vez en la historia de las guerras, las guerras de cuarta generacin, basadas en las nuevas tecnologas y el minado de la moral y la cultura del enemigo, nivelan las posibilidades de los contrincantes, independientemente de que se trate de Israel o Hizbul, los golpistas o el pueblo hondureo, Estados Unidos o la resistencia iraqu. Ahora s, y de verdad, ms que puramente militares, las batallas son de ideas. Y en ese frente el imperio decadente no anda muy solvente que digamos. Por eso hoy, ms que nunca, se impone controlar, censurar, silenciar.

Ya lo sabe: en tiempos de ciber-guerra y ciber-sheriffs de gatillo alegre, no se vaya a dormir la siesta dejando a su hijo adolescente conectado a Internet. Puede que por una simple travesura o curiosidad entre a un sitio indebido, active una de las alertas tempranas y usted despierte bajo los escombros de lo que fue su casa, mientras oye alejarse a un avin estadounidense no tripulado.

Y eso ssera, qu duda cabe, un rotundo ciber-ataque.

Fuente: http://www.cubadebate.cu/opinion/2010/04/18/ciber-sheriff-ciber-guerra/



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