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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-04-2010

Garzn, un hroe antifascista?

Carlos Taibo
El Diario Vasco


Son muchos los amigos latinoamericanos que, comprometidos con la causa de la memoria de las vctimas de las dictaduras en sus pases, muestran su extraeza por los avatares que ha acabado por asumir el caso Garzn. No faltan entre esos amigos, por aadidura, los que se sorprenden ante los recelos que muchos -ms de los que pudiera parecer- hemos mostrado a la hora de apoyar al juez que tanta tinta ha hecho correr en las ltimas semanas.

Vaya por delante que no se me escapa que lo que ocurre en estas horas con Garzn tiene una dimensin que de forma inequvoca debe preocupar a quienes, entre nosotros, han tomado cartas en el asunto de recordar a la ciudadana algo de singular relieve: la Transicin poltica, treinta aos atrs, cancel cualquier posibilidad de enjuiciamiento crtico pblico de lo que el franquismo supuso y, con ello, cerr las puertas que conducan a un deseable resarcimiento material y moral para las vctimas de la dictadura.

Tampoco quiero olvidar que en la trifulca que en estos das tiene al juez Garzn como centro se hacen valer muchas de las miserias del juego partidario que nos acosa, y ello de la mano de una regla que no parece tener excepciones: si los partidos apoyan a los jueces cuando las decisiones de stos les benefician, bien que se encargan de denostarlos cuando aqullas les perjudican.

Mucho me temo, sin embargo, y vuelvo al principio, que la honrosa tarea que deba conducir a rectificar lo que tres decenios atrs se hizo manifiestamente mal aparece hoy lastrada de la mano del mentado caso Garzn. Ello es as por dos razones que, en virtud de caminos distintos, rodean a la figura del juez. La primera de esas razones bebe de la condicin del propio Garzn. Qu excelsa paradoja es que en estas horas se nos presente como abanderado de una reconsideracin crtica de muchas de las miserias que rodearon a la Transicin espaola un personaje que por muchos conceptos ha estado inmerso de lleno en esas miserias.

Y es que haramos mal en olvidar que la misma persona que tuvo el coraje de encausar a Pinochet se nos ofrece a muchos con un rostro que no es el del hroe popular sometido al acoso de las fuerzas ms oscuras.

Estamos hablando -no se olvide- del responsable de muchos de los desafueros legales que han marcado indeleblemente una lucha contra el terrorismo de la que han sido vctimas tantas gentes inocentes; no es casual que en el Pas Vasco el nombre de Garzn se identifique a menudo con prcticas judiciales y policiales nada edificantes, comnmente ocultadas tras un universal y cmplice silencio. Hablamos tambin de quien, en un momento de singular podredumbre de la vida poltica espaola, no dud en acudir al llamado de Felipe Gonzlez para secundar a ste en una polmica, y luego fallida, operacin electoral. Cerremos nuestro recorrido con el recordatorio de los nombres, no precisamente heterodoxos, de las personas -desde el propio Gonzlez hasta Jos Bono, pasando por Rosa Dez- que Garzn tuvo a bien invitar, unos aos atrs, a sus cursos de Nueva York. Parece que los tres hitos que acabamos de rescatar bastan para concluir que nuestro juez se ha movido con singular soltura en algunos de los teatros ms deplorables que la Transicin espaola ha acabado por forjar. La imagen de luchador antifascista que tantos han alimentado ingenuamente en Amrica Latina y que hoy vemos refrendada, mal que bien, entre nosotros no es sino un mito interesado que el propio Garzn ha puesto todo el empeo en promover.

Mayor relieve tiene, con todo, la segunda de las razones que antes invocaba. Aunque los protagonistas bienintencionados de la solidaridad con Garzn parezcan ignorarlo, es muy grave que el debate sobre la memoria histrica haya quedado engullido por una discusin relativa a si un juez prevaric o no. Lo dir de otra forma: ya no se discute, hablando en propiedad, sobre la memoria y s sobre Garzn. Aunque las explicaciones conspiratorias me han gustado siempre poco, no me resisto a sugerir que algo hay, en la trastienda, de inteligentsima y ocultatoria operacin. Y es que, al cabo, el Partido Socialista, que nada hizo durante tres dcadas para restaurar una memoria pisoteada, y que en los ltimos aos ha promovido una timorata y corta ley que nada resuelve al respecto, ha conseguido que la mayora de quienes se sintieron defraudados por esta ltima hayan olvidado hacia dnde deben lanzar muchos de sus tiros y rodeen hoy arrobados a un juez de equvoca trayectoria y ego desmesurado. Nadie sale mejor parado de esta trifulca que ese Partido Socialista, responsable evidente de las miserias que han rodeado -que rodean- a la ley de memoria histrica.

Qu triste es contemplar, en fin, cmo algunos de los segmentos de la izquierda que resiste han preferido cruzar en estos das una frontera delicada: la que lleva a adentrarse en un mundo que obliga por igual a aceptar las reglas que otros imponen y a defender a quienes, al cabo, no lo merecen.

Fuente: http://www.diariovasco.com/v/20100417/opinion/articulos-opinion/garzon-heroe-antifascista-20100417.html


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