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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-04-2010

El olvido y la sociologa de lo cotidiano

Armando B. Gins
Rebelin


El ser humano podra definirse grosso modo como un equilibro inestable entre olvido y memoria. La acumulacin de experiencias construye culturas, mientras el desage del olvido deja lugar a lo nuevo, al futuro, a la capacidad de reinventarse cada da sin estrellarse en el cortocircuito de la repeticin constante y racionalista de la memoria. Sentir sin causa y emocionarse sin motivo nos reconcilia con la naturaleza animal de la cual procedemos. Lo irracional tambin forma parte de nuestra esencia constitutiva. El placer de olvidar con naturalidad tiene su contrapartida en el dolor identitario de la memoria reflexiva. Ambos estados se complementan.

Ese equilibrio en movimiento est puesto en tela de juicio por una cierta posmodernidad de lectura simplista instalada en la sociologa de lo cotidiano. Tal lectura aplaude el individualismo a ultranza del relato personal e intransferible del presentesmo de los humores corporales espontneos y la vuelta al arcasmo dionisiaco del vnculo social de la fiesta infinita del consumo en masa: lo mismo celebra un concierto techno que la avalancha desmadrada del primer da de rebajas que las riadas sabatinas o domingueras a un partido de ftbol. El acontecimiento descontextualizado y lquido es la medida de todas las cosas. Cualquier fenmeno de contacto directo de sudor, sangre, lgrimas, vocero desenfrenado o efluvio espermtico es elevado a la categora de mxima expresin de libertad. El ser se actualiza sin anlisis previos, incluso sin dialctica posible entre la teora y la prctica. Carpe diem es su lema de cabecera, el fin de la historia y el pensamiento nico de la emocin particular se configuran as como su coartada favorita para vivir la libertad del instante eterno.

Se trata de una visin que rompe cualquier nexo con la realidad de lo que es: lo que es ha de ser lo que fluye invisible en el sentir inmediato. En este presente tautolgico la memoria retuerce el yo hasta disiparse en un nosotros ahistrico sin solucin de continuidad. El olvido, su contrapartida necesaria, languidece exange entre la masa espectculo. Las emociones y los sentimientos de quita y pon, al no pasar por el tamiz de la memoria, no pueden jams disolverse en el olvido saludable. Lo que queda tras la fiesta no es ms que la soledad y el objeto inanimado del disfrute, esto es, las inmundicias de la realidad descarnada: la sociedad del riesgo, el trabajo precario, el pasado sin historia y la historia vaca de un futuro intrascendente.


Realidad meditica

A pesar de lo expuesto acerca de esa posmodernidad salvaje, la realidad occidental ms que actuar sobre la memoria lo hace en torno al olvido. La desinformacin teledirigida, la tergiversacin buenista y la interpretacin "eticista" de la realidad son sus armas predilectas. La batalla meditica y multidimensional se libra cada da en diferentes frentes: ideolgico, poltico y social.

La trinchera ideolgica se mueve en el terreno de la moral, lo bueno y lo malo, a travs de sus smbolos predilectos, la santa democracia representativa y los viles totalitarismos. El binomio maniquesta incluye otras contradicciones fuertes siguiendo la lgica bueno-malo, privado-pblico, cristiano blanco-rabe musulmn, autctono-inmigrante, UE/EEUU-periferia, y dualidades de idntico contenido excluyente. Totalitaria o rechazable es toda aquella va que ponga en solfa el modelo capitalista vigente.

En la arena estrictamente poltica la funcionalidad es lo que prima. La adorada tecnologa es correcta si rinde beneficios a las grandes empresas globales e incorrecta si va dirigida al bienestar comn por encima de copyrights restrictivos e ilegtimos. Si hay beneficio financiero, industrial o comercial, todo es vlido. Habr empleo, habr consumo, habr desarrollo econmico. En este terreno, toda idea que plantee preguntas en alto y presente alternativas al producto interior bruto es tachada de la lista de lo polticamente correcto por radical o comunista o utpica. La defensa de los espacios colectivos autogestionados deja un tufo inequvoco de terrorismo latente. Terrorista es la etiqueta reservada para cualquier tercero que pretenda desbaratar con argumentos la estructura bipolar de socialdemocracia-liberalpopulismo (reformismo superficial versus miedo escnico). El gran consenso entre ambas tendencias es el sustrato poltico en el que se ahoga cualquier intento de transformacin de las sociedades capitalistas. El esquema, con variantes regionales meramente nominalistas, se repite por todo Occidente y sus pases aclitos y quiere exportarse al resto del mundo por medio de la globalizacin del fin de la historia.

Por lo que se refiere al entramado social lo que mola es la esttica, lo bello (cool) y lo feo (friki) disputan una guerra feroz mediante la competencia a vida o muerte. La publicidad es el espejo para captar adeptos en esta lucha agnica. Aqu la ciudadana es reducida a su mnima expresin, a su tem cuntico indivisible, es el reino del consumidor compulsivo, consumidor de fetiches para vivir momentos nicos e irrepetibles que se desvanecen en el mismsimo instante de su adquisicin. Nada ms comprar, la propaganda vuelve a la carga para alentar la siguiente necesidad. Estar insatisfechos permanentemente es la energa inagotable, por el momento, del capitalismo depredador. Cada relato personal es una sucesin interminable de actos de consumo sin voluntad propia consciente. Compramos para compararnos, para elevar el estatus, para contar lo que hemos adquirido, para llenar el tiempo con sucesos banales: un viaje, un producto light, una operacin de ciruga esttica

Durante esta compra global ininterrumpida, con un yo pletrico de fetiches sin historia, nadie se pregunta qu ha tenido que vender a cambio. Y no es dinero en metlico ni tarjeta brillante de plstico. Ha enajenado (alienado) sus ms preciadas mscaras: la de sujeto histrico, la de ciudadano responsable y la de trabajador con sentido de la realidad. Cada vez ser ms difcil y costoso rescatar del olvido esas mscaras imprescindibles. En ausencia de memoria crtica, el olvido se convertir en una cloaca donde se irn acumulando humores humanos en forma de emociones evanescentes y sentimientos mercanca. La globalidad capitalista huele a pura mierda, un chapapote que puede inundarnos ms pronto de lo que parece si seguimos haciendo del relato personal hedonista nuestra santo y sea vital. Con historietas individuales no se edifican historias globales.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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