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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-01-2005

La Constitucin Europea y el fin de la Europa Social

Andrs Piqueras
Rebelin


A principios del siglo XIX el canciller austraco von MetternicA principios del siglo XIX el canciller austriaco von Metternich haba propuesto la necesidad de instaurar un Concierto Europeo supranacional, por encima de los intereses de cada Estado, como mtodo de defensa comn contra las revoluciones. Las diferencias entre el Viejo Orden y el Nuevo que se iba asentando, lo impediran en la prctica.

 

Fuera de ello, la idea de una Europa Comn ya en el siglo XX en realidad no es europea sino estadounidense. La estrategia de Washington tras la Segunda Guerra Mundial para asegurarse su dominio del mundo capitalista, estuvo basada en la apertura de los mercados de trabajo europeos a su capital, y de los mercados de productos a sus bienes industriales. Algo en lo que se empe muy especialmente y obtuvo en la Alemania vencida, a la que impuso la total apertura de su economa a los productos norteamericanos y a su inversin externa directa. Despus presion para una integracin de la Europa occidental a travs de tratados que garantizasen la apertura de la economa de cada pas a los productos de los dems. De esta forma, desde su base alemana, los capitales industriales norteamericanos tendran a su alcance la totalidad de mercados de la Europa Occidental.

 

Durante cerca de 30 aos EE.UU. lider indiscutiblemente el espacio poltico y econmico unificado en que haba convertido al hasta entonces conjunto disperso de potencias capitalistas. Sin embargo, a partir de los aos 70 del siglo XX EE.UU., tras inventarse la globalizacin, inicia la carrera hacia el liderazgo mundial, rompiendo las reglas del juego con sus antiguos socios. Es por ello que Europa se ve forzada a buscar su reacomodo ante la falta de reglas y el uso de la fuerza militar a conveniencia que presidirn la nueva dinmica hegemnica norteamericana tras la cada del Este.

 

Pero sin proyecto poltico colectivo, ni poltica exterior comn, ni capacidad de presin al coloso, la Europa occidental busca su espacio bajo el sol mediante el lanzamiento de su propia patente: la globalizacin con derechos, con la que pretenda atraerse tambin a las lites de las sociedades perifricas. Inteligente opcin europea, pues al tiempo que consigue resaltar las contradicciones de la dominacin made in USA de hoy, logra asimismo poner en evidencia la actitud de la principal potencia respecto a la propia Unin Europea: como viejos impulsores de ella los estadounidenses no pueden hacer explcita su actual oposicin a la misma, antes bien necesitan socavarla mediante procedimientos velados.

 

Mientras tanto, paradjicamente, las clases dominantes europeas han ido dando los pasos pertinentes para aproximarse al modelo capitalista norteamericano (el ms proclive a lo que se ha conocido como capitalismo salvaje). Desde el Tratado de Maastricht de 1992 a la Cumbre de Lisboa de 2001 el rosario de cumbres y acuerdos o tratados que salpican esos 10 aos responde a un cuidadoso plan de desregulacin de los mercados de trabajo (lo que significa la paulatina destruccin de los derechos y conquistas laborales), de liberalizacin econmica (en detrimento de la intervencin de carcter social de los Estados y en beneficio del papel que stos juegan a favor del gran capital), y de ruptura unilateral, en suma, de los pactos de clase que haban mantenido el equilibrio social en la larga postguerra europea, extremando las desigualdades tanto intra como intersocietales entre los pases de la Unin.

 

Espaa muestra algunos datos reveladores de lo que significa la Europa salida de Maastricht. Si en 1991 tenamos 2.400.000 personas desempleadas, slo 2 aos despus y uno de la firma de Maastricht, 1993, stas ascendan a 3.600.000. Las medidas econmicas a partir del 92 no dejan lugar a dudas sobre su orientacin monocorde e inflexible. Primero el conocido como Decretazo del PSOE, de 1992, que hace pasar el perodo mnimo de cotizacin con derecho a prestaciones de 6 meses a 1 ao, al tiempo que rebaja la cuanta de las prestaciones. La Contrarreforma laboral, tambin del PSOE, en 1994, establece cambios profundos en el mismo sentido y adquiere fama sobre todo por la legalizacin de las ETT. El Pacto de Toledo, de 1994, que acaba con la universalidad del sistema de Seguridad Social y la garanta de pensiones, amn de disminuir sustancialmente el aporte empresarial a la Seguridad Social. Despus vendra la Nueva Reforma Laboral, esta vez ya del PP, en 1997, en la que entre otras muchas cosas, se rebaja la indemnizacin por despido improcedente a 33 das por ao en vez de 45. Tambin en 1997 se dio el Pacto laboral por el empleo, en el que se aaden nuevas causas para el despido objetivo. En 1999 el coste de los despidos se haba reducido un 26,5%, hacindose extremadamente barato para el empresariado. As hasta el Decretazo del PP, de 2002, en que se endurecen an ms las condiciones para el cobro del desempleo y en general se atacan con ahnco los derechos del trabajo. Buena parte de todos estos Pactos fueron suscritos por los dos sindicatos mayoritarios del pas. En ningn otro Estado de la Unin de los 15 hasta entonces se dio tanta colaboracin sindical, ni se han producido acuerdos generales entre sindicatos y patronales, ni tripartitos generales. Los resultados de todo ello son tambin bastante indicativos del xito de la estrategia dominante: si en 1977 las rentas del trabajo en Espaa ascendan al 55,1% del PIB, en 2002 apenas llegaban al 40% del mismo (lo que supone un trasvase de rentas de ms de 7 billones de pts. para el gran capital). Mientras para la poblacin trabajadora aumentaba la precariedad (en 1996, por ejemplo, el 96% de los contratos laborales que se hicieron fueron temporales), para los grandes bancos lo que aumentaba sin fin era el beneficio, del orden de un 35% anual. Por su parte las empresas pblicas son vendidas al mejor postor, como hoy mismo el servicio de ferrocarriles.

 

Procesos semejantes, aunque con diferente grado de dramatismo se repiten en el conjunto de pases de la UE, con las parciales salvedades de Francia y sobre todo de Alemania, ltimo bastin del ncleo de la antigua socialdemocracia europea, gestadora principal de lo que ms tarde se convertira en el mito de la Europa Social, la Europa de los Derechos y el capitalismo con rostro humano.

 

Pues bien, con la Constitucin Europea lo que se pretende es precisamente eso: la constitucionalizacin de todos aquellos Tratados ultraliberales llevados a cabo por las lites de poder europeo, que regaron la dcada de los 90 y lo que llevamos del siglo XXI. Esto es, se pretende dar carta de legitimidad al proceso de entrada de Europa en el capitalismo unilateral, erigindose la Constitucin en instrumento privilegiado de apoyo mutuo entre los Estados para terminar de cumplir tales objetivos, de manera que siempre puedan escudarse unos en otros y todos en la Constitucin (que queda por encima de las constituciones estatales) para hacer valer los mismos. Se trata especialmente de ayudar entre todos a Alemania a terminar el trabajo de destruccin de las resistencias obreras a esta nueva Europa.

 

Como colofn de todo ello y para mayor escarnio, algunos dirigentes aspiran a que sean los propios ciudadanos los que respalden y legitimen todo esto con su voto. La osada es grande, pero se asienta en la confianza que da el saber la ignorancia de la ciudadana sobre el tema y la capacidad de influencia de los media sobre ella.

 

Rodrguez Zapatero, desde el envalentonamiento de su reciente victoria electoral, y de la simpata que provoc la vuelta a casa de las tropas de Irak (a cambio de las enviadas a Afganistn y Hait), quiere que seamos los primeros. Quiere que votemos s a una Constitucin que se ha redactado de forma farragosa y deliberadamente ambigua y larga por un reducidsimo grupo de representantes de los poderes fcticos europeos, sin que ningn mandato ciudadano haya obrado por medio, ni los Parlamentos estatales ni la ciudadana hayan podido enmendar ni una sola coma, vindose por tanto obligados a votar la totalidad del texto segn se les presenta. Una Constitucin blindada, que exige la unanimidad de las partes para ser modificada en los aspectos sustanciales, que impone un modelo econmico a imagen del capitalismo estadounidense, modelo al que supedita todo lo dems, incluidas las libertades polticas y civiles, amn de cualquier consideracin ecolgica. Una Constitucin que sustituye los derechos histricos por declaraciones de buenas intenciones, y que est notoriamente por debajo de los derechos que ya recogen las diferentes constituciones estatales; que transforma los servicios pblicos en servicios de inters general que pueden encomendarse a las empresas privadas, que sustituye el derecho al trabajo y los derechos del trabajo por el derecho de trabajar; que menciona la igualdad entre hombres y mujeres slo en el nivel promocional, que no sanciona el derecho a una vivienda digna, ni proteccin eficaz frente al desempleo, la vejez o viudedad. No reconoce la ciudadana a la poblacin inmigrada, ni la soberana de los pueblos sin Estado, pero s institucionaliza una Agencia Europea de Armamento, Investigacin y Capacidades Militares paralela a su aprobacin de la guerra preventiva. En realidad si los grandes poderes europeos estn tan preocupados por su falta de armamento para competir con EE.UU., debera bastarles incluir a Rusia en la UE, ya que siempre fue europea y depositaria durante siglos de la esencia de la Europa cristiana, e impulsora adems, cuando el Concierto Europeo de Metternich fracas, de la Santa Alianza para la defensa de los poderes e intereses de las clases dominantes. Pero obviamente eso motivara la intervencin directa de los EE.UU., y el definitivo final de la globalizacin compartida. Por eso la UE se decanta por el despilfarro de recursos econmicos, sociales y ecolgicos para irse dotando de ms y ms capacidad blica. Mientras busca ampliar su propio patio trasero con la incorporacin de los pases del Este, comindole cada vez ms terreno de seguridad a la propia Rusia, en un juego tan descabellado como peligroso.

 

Todos los medios institucionales, los poderes empresariales, las instancias financieras, los grandes sindicatos, las distintas burguesas nacionales y los principales partidos del pas (adems de las izquierdas reconvertidas) han comenzado ya su particular bombardeo meditico por el s a la Constitucin Europea. No es de extraar.

 

La demagogia principal, que se agravar de ahora en adelante, recuerda mucho a la del referndum sobre la OTAN de los aos 80, enlazada sobre tres mximas principales: 1/ fuera de la Constitucin no hay nada; 2/ o se vota a la Constitucin o la serie de males que caern sobre nuestras cabezas ser inimaginable (versin de o nosotros o el caos); 3/ quien no est con esta Constitucin est contra Europa.

 

Hay una clara ilegalidad en financiar campaas con dinero de todos, incluso de quienes votaremos que no, para promover una determinada opcin en un referndum. Hay al menos una clara ilegitimidad en no dar espacios mediticos proporcionales a la opcin contraria, que por cierto se halla organizada en numerosas plataformas y unida en torno a una Coordinadora Estatal por el NO a la Constitucin.

 

Al conjunto de los ciudadanos habra que decirles que votar no a esta Constitucin es votar precisamente a favor de Europa, de una Europa social que persiga la igualdad entre sus miembros constituyentes y al interior de los mismos, y que no tiene nada que ver con la que nos estn preparando. Pero en cualquier caso, queridos conciudadanos, nunca firmen un contrato (constitucional en este caso) sin haber ledo antes, y entendido bien, toda la letra.



 

Andrs Piqueras es Profesor de Sociologa de la Universidad Jaume I de Castelln

 



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