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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-05-2010

Hacia la deseable neutralidad religiosa

Alberto Piris
http://www.republica.es/


Los residuos de la preponderancia de la Iglesia catlica en las diversas instituciones espaolas son ms que evidentes. No slo responden a una secular trayectoria histrica, apenas ligeramente eclipsada durante cortos periodos en que rozaron el poder poltico algunas fuerzas identificadas con los principios de la Ilustracin y de la democracia, sino que esa hegemona, adems, se vio muy reforzada durante los decenios de la dictadura del general Franco.

La Ley de Principios Fundamentales del Movimiento Nacional, promulgada en mayo de 1958, expona as el segundo de sus principios: La nacin espaola considera como timbre de honor el acatamiento a la ley de Dios, segn la doctrina de la Santa Iglesia catlica, apostlica y romana, nica verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirar su legislacin. Difcilmente podr encontrarse en la historia de los pueblos modernos semejante mezcolanza de conceptos polticos y teolgicos, adobada con una retrica altisonante, que en ltimo trmino solo revelaba la sumisin de Espaa a lo decidido por una potencia extranjera, como es el Estado Vaticano, a cuyos dogmas y cnones se subordinaba cualquier ley que hubiera de ser promulgada en nuestro pas.

Sorprende ahora constatar la extraordinaria placidez (Mayor Oreja dixit) con la que los espaoles que en aquellas fechas tenamos ya sobrado uso de razn aceptbamos tamaa barbaridad sin apenas rechistar. Duele ms todava recordar la larga vigencia de tan absurda imposicin dictatorial, solo cuestionada tmidamente desde algunos crculos religiosos minoritarios, enfrentados con la jerarqua catlica nacional.

Parece como si la dictadura hubiera inyectado en muchos espaoles una especie de anestesia de larga duracin; hasta el punto de que, todava hoy, ms de medio siglo despus de firmada la citada Ley por quien slo tena responsabilidad ante Dios y ante la Historia -segn se lee en el prembulo-, son objeto de cierta polmica las normas establecidas por el Ministerio de Defensa para avanzar en el obligado camino de la neutralidad religiosa en los actos y actividades militares. Esas normas disponen que, en las ceremonias de entrega de despachos a oficiales y suboficiales de los tres ejrcitos, las misas que hasta ahora las acompaaban habrn de celebrarse en un lugar distinto al acto oficial y en un horario que no interfiera con ste.

De esta forma se intenta garantizar la libertad religiosa, al no hacer de asistencia obligatoria la misa que, en algunas ocasiones y sobre todo por razones de tradicin, se ha venido celebrando como parte de ciertos actos militares. Muchos son los espaoles que recuerdan haber asistido a misa de uniforme y en rgida formacin, durante su servicio militar, arrodillndose o ponindose firmes a toque de trompeta para seguir las diversas partes del oficio religioso.

Algo anlogo se puede decir de los llamados funerales de Estado, aunque produce desconfianza el rumor, no confirmado, de que stos se abrirn a otras confesiones ms all de la catlica, en funcin de la religin del fallecido. Y si ste no tiene ninguna creencia religiosa? La respuesta perecera fcil: en su funeral no se haran alusiones a la religin. Pero no se ve cmo podra esto llevarse a efecto, si nadie est obligado a declarar sobre sus creencias religiosas. Ms espinoso parece el asunto en el caso de los que se proclamen seguidores de religiones muy minoritarias o de complejos rituales fnebres, lo que podra convertir a un funeral de Estado en una especie de festival tnico.

No es necesario argumentar prolijamente para llegar a la conclusin de que un funeral de Estado debe ser simplemente eso, de Estado, es decir, civil y laico, y apto para cualquier persona, sean cuales sean sus creencias ntimas. Es el Estado el que despide y homenajea al muerto por haberle servido fielmente durante su vida profesional, lo que nada tiene que ver con tales creencias. Correspondera entonces a la familia del fallecido o al grupo social al que ste hubiese pertenecido el organizar en el templo o local apropiado los ritos adecuados a sus deseos o ltima voluntad. Con esto, al fin y al cabo, se atendera un consejo que, segn cierta tradicin, sali de boca del fundador de las diversas religiones cristianas Al Csar lo que es del Csar y a Dios lo que es de Dios. No parece mala frmula para resolver esta cuestin.

Resulta acertada, por tanto, la decisin tomada por el Ministerio de Defensa, porque representa un paso ms en la necesaria neutralidad religiosa de las instituciones del Estado. No slo porque se cumplen as las disposiciones constitucionales sobre la libertad religiosa, sino porque se aplican en su mxima amplitud y pureza las prcticas que cabe esperar en un Estado no teocrtico sino democrtico. Los recuerdos y la tradicin, que necesariamente conforman la Historia de los pueblos, nunca deberan ser pesadas losas que limitasen la capacidad de accin de los gobernantes de hoy y oprimiesen el desarrollo democrtico y moderno de la sociedad hacia mayores cotas de justicia, igualdad y libertad personal.

Fuente:http://www.republica.es/2010/05/06/hacia-la-deseable-neutralidad-religiosa/



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