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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-05-2010

Ida y vuelta hacia la dignidad

Miguel Muoz
Rebelin


Por qu ser que hay muros tan altisonantes y muros tan mudos? Ser por los muros de la incomunicacin, que los grandes medios de comunicacin construyen cada da? El escritor uruguayo se hace estas preguntas en su texto Muros, realizado para la campaa de solidaridad Todos con el Sahara. Y es que en el Sahara Occidental existe un muro, construido por Marruecos para separar la zona ocupada de la zona liberada por el Frente Polisario, representante legtimo del pueblo saharaui. A un lado del muro, y ya en territorio argelino, permanecen desde hace prcticamente 35 aos los conocidos campamentos de refugiados, situados en una zona desrtica y con condiciones extremas de vida. Desde hace muchos aos, cientos de espaoles visitan los campamentos para mostrar su apoyo a los refugiados saharauis. Desde hace slo tres aos se realiza la llamada Columna de los Mil, un viaje que tiene como objetivo principal la realizacin de una manifestacin frente al mencionado muro, reivindicando su desaparicin y la consiguiente libertad del pueblo saharaui.

Pero, qu ocurre al otro lado del muro? En el marco de este viaje, y gracias a la presencia de varios periodistas espaoles, tuvimos la oportunidad de conocer de primera mano los testimonios de activistas por los derechos humanos que han estado presos en los territorios ocupados por Marruecos. Afrapedesa es la Asociacin de Familiares de Presos y Desaparecidos Saharauis, que cuenta con una pequea sede en el campamento de Rabouni, uno de los cincos que hay en el territorio de Tindouf. Cientos de fotos de torturas sufridas por los saharauis en los territorios ocupados, recortes de prensa y multitud de mensajes de apoyo se amontonan en las paredes de la pequea sala de exposiciones. Tras la presentacin del trabajo de la asociacin, entra en escena Salem Mahmud Mohyub, un activista procedente de los territorios ocupados que se sienta en una mesa para contarnos su historia. Con mirada seria comienza a relatar, en hasania, el dialecto del rabe utilizado por los saharauis, mientras uno de los guas traduce. Sorprende sobremanera la crudeza de sus testimonios e incluso la representacin grfica de cmo la polica marroqu lo viol con una de las porras.

Uno de los miembros de Afrapadesa nos cuenta que este activista no tena previsto contar su historia, ya que para el Reino de Marruecos las visitas a los campamentos de refugiados estn consideradas como delito contra la patria. Si estos activistas se dedican a contar lo que sufren y los marroques se enteran, a la vuelta tienen muchos problemas, incluso de detenciones, afirma uno de los miembros de la asociacin. Sin embargo, en el caso de este activista, la casualidad de encontrarse con un nutrido grupo de espaoles, y adems de periodistas, le hizo valorar esta posibilidad. Tal es el temor acumulado que, tras la charla, se acerc a uno de nuestros compaeros para intercambiar telfonos mviles por si en el regreso al Sahara ocupado sufra algn problema.

Agresiones y detenciones

La polica marroqu no tiene que tener ningn pretexto para entrar en una casa. Para ellos todos los saharauis son traidores. Ya al da siguiente, con ms tranquilidad y slo con la presencia de los periodistas, Mohyub nos cuenta en profundidad su historia. En 1999, mientras l estaba en el desierto, la polica marroqu entr en su domicilio y agredi a todos los miembros de su familia. A partir de ah fui consciente de nuestro conflicto y comenc a participar en las manifestaciones pacficas y sentadas, seala. Con voz pausada y los ojos cada vez ms vidriosos, el activista saharaui avanza por su vida para llegar al ao 2005. Durante el mes de mayo de ese ao, los saharauis protagonizan varias protestas pacficas, reprimidas duramente por la polica marroqu, segn nos cuenta Mohyub. Las autoridades marroques entraron en mi domicilio. A mi hermano le quitaron la ropa, a mi madre le pegaron y a m me llevaron a la comisara, aade.

Mohyub nos vuelve a ensear el dibujo del da anterior mientras relata las torturas a las que fue sometido como forma de interrogatorio. Me desnudaron, me ataron los pies y las manos, me ataron a una barra, orinaron sobre nosotros, nos utilizaban como ceniceros e intentaron violarnos bastantes veces a base de las porras. Tras esto, le acusaron de terrorista y delincuente, expediente que se vio obligado a firmar, segn nos comenta, por no poder soportar ms las torturas durante tres das. Fue trasladado a la Crcel Negra de El Aiin, dnde iba a coincidir con Aminetu Haidar o Hamd Hamad, dos de los activistas saharauis ms destacados. La crcel de El Aiin es un cementerio para los vivos, afirma.

Gracias a las mediaciones de diferentes asociaciones, consigui salir. Sal de una crcel pequea a una ms grande en la que he vivido siempre, seala, refirindose a la falta de libertad en los territorios ocupados por Marruecos. Mohyub, que se desplaz a los campamentos para recibir atencin mdica, ya que al otro lado del muro es difcil que se la ofrezcan, tiene claro que va a volver. Estoy decidido a soportar todo lo que me venga. Ser preso tambin es una forma de ayudar a la causa, ahora mismo estoy dando testimonios de lo que sufren los presos, si yo y otros no hubiramos estado all y lo hubiramos contado, nadie sabra nada. Preguntado por el miedo a la muerte, Mohyub sentencia con un claro morir con dignidad es mejor que morir sin ella.

El Mandela saharaui

Del anonimato de Mohyub pasamos a conocer al llamado Grupo de los 11, un conjunto de importantes activistas saharauis de los territorios ocupados que se encontraban realizando visitas por los campamentos de refugiados. Nos encontramos con ellos en el campamento del 27 de Febrero, dnde les tienen preparada una importante fiesta, que muestra el orgullo del pueblo saharaui por los activistas que han estados presos. Entre gritos y consignas son recibidos en una haima en la que desde hace varias horas se prepara t y se canta y baila en directo.

Entre los activistas, con los que tuvimos la oportunidad de compartir un almuerzo, destaca la figura de Sidi Mohamed Dadach, conocido como el Mandela Saharaui. De 53 aos, Dadasch ha pasado 25 en prisin y era la primera vez que visitaba los campamentos de refugiados. Me detuvieron como preso de guerra en 1976 y fui condenado a muerte en 1980. En 1994, gracias a las presiones de ciertas organizaciones a favor de los derechos humanos, le rebajaron la condena, obligndolo a partir de ese momento a realizar trabajos forzados. Tras una larga campaa internacional llevada a cabo por Amnista Internacional y otras organizaciones, fue liberado el 7 de noviembre de 2001 y fue recibido en Rabat por cerca de 3.000 estudiantes saharauis. Durante estos ltimos aos, las autoridades marroques le quitaron el pasaporte tras intentar viajar a Ginebra, y no fue hasta 2007 cundo se lo devolvieron. Antes, en 2002, gracias a la mediacin de una organizacin noruega, pudo encontrarse con su madre en el pas nrdico. En 2007 le fue devuelto su pasaporte.

Cada celda tena de largo dos metros y de ancho un metro y medio, seala Dadach. Cuenta, adems, que muchos de sus compaeros en prisin se suicidaron o se volvieron locos, algo que l pudo soportar por su fortaleza mental y a pesar de las fracturas en el hombro y en la pierna de las que no le permitan ser curado. Cuando sal, vi un mundo desconocido para m, y an tras varios aos sigo adaptndome. Sobre su comparacin con Nelson Mandela, Dadach espera convertirse en l en el momento en el que se consigan sus objetivos, la autodeterminacin, ya que el dirigente sudafricano s consigui los suyos en aqul pas.

El Grupo de los 11 volvi a El Aiin entre los das 4 y 7 de abril de este mismo ao, pocos das despus de nuestro encuentro en los campamentos de refugiados. Segn las informaciones realizadas por los observadores y acompaantes espaoles Rafael Antorrena y Berta Herranz, el recibimiento por parte de los colonos marroques y de las autoridades fue represivo, con agresiones fsicas y verbales constantes, tanto contra los activistas como contra los observadores. Hemos comprobado, una vez ms, que nuestra presencia no garantiza la seguridad de los saharauis, ni evita la represin y las agresiones contra ellos; pero es necesario que, al menos, haya testigos que rompan el bloqueo informativo, seala Antorrena en su informe. Mohyub, por su parte, llam finalmente por telfono a nuestro compaero. Todo bien por el momento, seal. Su anonimato tuvo ms suerte en este viaje de ida y vuelta hacia la dignidad.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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