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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-05-2010

La crisis europea en el espejo de la experiencia latinoamericana

Ral Zibechi
Diagonal

Este periodista y analista uruguayo reflexiona sobre los ltimos ciclos de luchas sociales en Amrica Latina y lo que podra aportar a las reflexiones de quienes hoy luchan en Europa contra la brutal ofensiva del capital.


Sigo atentamente la crisis europea y muy en particular lo que viene sucediendo en el Estado espaol, quiz porque no puedo ni quiero renunciar a esas casi dos dcadas en las que viv en la pennsula, cuando en estas tierra campeaba el autoritarismo militar. Porque me interesa y me duele, quisiera reflexionar brevemente sobre el ltimo ciclo de luchas sociales en Amrica Latina y lo que creo puede aportar a las reflexiones de quienes hoy luchan en Europa contra la brutal ofensiva del capital financiero contra los trabajadores.

Leo las declaraciones del secretario general de Izquierda Unida, Cayo Lara, en DIAGONAL donde se lamenta del miedo que est paralizando a los trabajadores. "Soy de los que piensa que hay una parte muy importante de miedo en la propia clase trabajadora a salir a hacer protestas incluso en la calle, porque la situacin en estos momentos es de un cierto deterioro social", dice Lara. En la misma edicin Miren Etchezarreta sostiene que "uno de los problemas que se observa en esta crisis es que las clases populares no hemos reaccionado", y agrega: "Estamos tremendamente debilitados y nos estn dando todas las tortas que quieren darnos". Son apenas dos ejemplos desde posiciones polticas diferentes. Creo que ambas reflejan lo que est sucediendo en toda Europa, incluyendo por ahora a Grecia.

Lo primero que quisiera decir, y que a menudo se olvida en los momentos de xito, es que en Amrica Latina las reacciones fuertes llegaron cuando la crisis era ya muy evidente, o sea cuando la mierda nos llegaba a la nariz, o ms arriba. Antes de eso, las multinacionales con el respaldo de los gobiernos elegidos por el pueblo, haban robado todo lo que se poda robar. En los pases donde no lo hicieron completamente, no fue por levantamientos populares sino porque una parte de las elites sinti que tambin ellas seran desestabilizadas si se aplicaban a fondo las recetas del Consenso de Washington. El ataque a las economas populares fue atroz. Implacable. Un par de datos del Latinobarmetro para ilustrar la catstrofe. En 1995 el 76% de las familias tenan vivienda con alcantarillado; en 2006 slo el 62%. En 1995 el 57% tenan agua caliente por caera; en 2006 slo el 32%. En 1995 el 33% tena coche; en 2006 el 22%. Lo mismo sucedi con al posesin de lavarropas, refrigeradores y dems electrodomsticos. En suma, entre el 20 y el 45% de los bienes que tenan los latinoamericanos, incluyendo servicios esenciales, les fueron arrebatados por la especulacin financiera, sin que reaccionramos!!

Lo segundo, es que quienes se echaron a la calle no fueron los trabajadores con empleo fijo y derechos sociales sino los desocupados, los que haban perdido todo, los llamados marginados. No me estoy refiriendo a los pobres de siempre sino a los nuevos pobres, aquellos para los cuales la crisis fue un verdadero terremoto social y cultural en sus vidas. Familias que de un da para otro se quedaron sin nada, sobre todo sin sueos, sin esperanzas. Familias obreras y de clases medias acostumbradas a enviar a sus hijos a la universidad y a que cada generacin llegara algn peldao ms arriba que la anterior, fueron las que comenzaron las rebeliones. No lo hicieron por ideologa, sino por necesidad, porque la sobrevivencia estaba amenazada.

En tercer lugar, la protesta no la canalizaron ni la dirigieron los sindicatos. La protesta surgi fuera de las estructuras sindicales y las grandes centrales se plegaron tarde y en muy pocas ocasiones. Dira ms, y a explicar esto he dedicado varios libros y decenas de artculos: la protesta y la rebelin se abri paso contra lo instituido o, por lo menos, pasndole por un costado o directamente por arriba. No creo en trminos como traidores o vendidos para explicar esta situacin. Cada ciclo de protesta nace en los mrgenes y a contrapelo de lo existente. Y las organizaciones creadas al calor de cada ciclo suelen convertirse en peso muerto para el siguiente. Por ms radicales que sean los dirigentes de los grandes sindicatos, sus bases no tienen ni la necesidad ni el hbito del tipo de protesta que es necesaria para revertir las cosas en una situacin como la que se vive actualmente.

En cuarto lugar, el papel de las mujeres fue y es decisivo. No es cuestin de feminismo, aunque apoyo el feminismo. Es algo diferente. Cuando la crisis es tan profunda que desestructura el mundo popular, las mujeres son -digamos- algo as como un principio de orden, ya sea por su papel de madres y las obligaciones que conlleva para con sus hijos; o porque son las que muestran capacidad para sobreponerse a la debacle del mundo formal del trabajo asalariado, quiz por su fuerte imbricacin en la economa de lo domstico, lo informal, lo local y lo afectivo. Por lo menos en Amrica latina sucede algo de esto.

En quinto trmino, no alcanza con manifestaciones y huelgas. El Caracazo de 1989 fue una insurreccin que slo pudo aplastar el ejrcito con un saldo de no menos de 500 muertos. Las guerras bolivianas (dos del gas y una del agua) derrotaron a los aparatos represivos, an al costo de ms de cien muertos. La media docena de levantamientos ecuatorianos o los argentinazos, fueron procesos lo suficientemente intensos como para destruir, completa o parcialmente, el sistema de partidos existente. Pero tambin a los movimientos sociales que haban nacido dcadas atrs. Todos estos hechos, y otros que omito para no alargarme, tuvieron tal magnitud, que los de arriba no podan mantenerse ya ms tiempo all. Ms de una decena de presidentes debieron renunciar ante multitudes en las calles.

Creo que en Europa las cosas no tienen por qu transcurrir por los mismos carriles. Slo pretendo recordar hechos, no se me pasa por la cabeza decir qu deberan hacer otros. Un solo punto ms. En Europa tienen la experiencia, ms o menos reciente, de haber transitado por grandes rebeliones o importantes movilizaciones sin que las elites hayan recurrido a la masacre. Me refiero a mayo del 68 en Francia y al ms reciente 13 de marzo de 2004 en el Estado espaol. No es mrito de esas elites. Aunque en Europa hay ms institucionalizacin que en Amrica latina, lo que complica por cierto la accin directa, tambin es verdad que hay mucho ms espacios para la disidencia de todo tipo.

* Ral Zibechi es analista y editor del semanario uruguayo Brecha.

http://www.diagonalperiodico.net/La-crisis-europea-en-el-espejo-de.html



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