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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-05-2010

A proposito de la aparicin en ingls de dos libros sobre Heidegger
La Cuestin Juda y Martin Heidegger

Adam Kirsch
The New York Times

Traducido por Nicolas Gonzlez Varela


Puede parecer sorprendente que se sigan escribiendo tantos libros para debatir la adhesin al nacionalsocialismo de Martin Heidegger, ya que el hecho que Heidegger fuera un nazi nunca ha estado en discusin. Cmo podra serlo, cuando el gran filsofo tom posesin como rector de la Universidad de Friburgo en abril de 1933, precisamente, para llevar a cabo la Gleichschaltung, o la "Nivelacin" aria de la universidad con el nuevo partido-estado de Hitler? No le dijo al cuerpo estudiantil, en un discurso, ese mismo noviembre de 1933, que "el Fhrer y slo l es el presente y el futuro de la realidad alemana y su Ley"? Despus de la guerra, no se desvivi para minimizar los crmenes nazis, incluso describiendo al Holocausto, en un famoso ensayo, "La pregunta por la Tcnica", como una expresin ms de la tecnologa moderna, como la agricultura mecanizada?

Sin embargo, para su ochenta cumpleaos, en 1969, Heidegger haba logrado, en gran medida, separar su trabajo y su reputacin de su adhesin incondicional al Nazismo. El sello de su absolucin fue puesto por la filsofa Hannah Arendt, en un discurso de cumpleaos difundido por la radio de Alemania Occidental. El nazismo de Heidegger, explic, fue una "aventura", un error, que ocurri slo porque el pensador, ingenuamente, "sucumbi a la tentacin de intervenir en el mundo de los asuntos humanos". La moraleja que se desprende del caso de Heidegger fue que "el Yo pensante" es completamente diferente del yo de la conciencia", de modo que el pensamiento de Heidegger no puede estar contaminado por las acciones del simple hombre.

La historia erudita acerca de Heidegger, en los ltimos 20 aos, ha sido la gradual demolicin de este consenso de perdonar, endosado por Arendt. Por un lado, se ha demostrado que el autorretrato de Heidegger como un idealista equivocado convertido en disidente, es pura invencin. El filsofo, ahora est claro, fue un comprometido nacional-socialista durante muchos aos, un admirador de Hitler que purg a colegas judos, presidi una quema de libros en la plaza de la Universidad de Freiburg (aunque parece que la lluvia pudo haber impedido la efectiva quema de los libros) y -a diferencia de los genuinos disidentes- continu enseando, publicando y viajando durante todo el perodo nazi. Al mismo tiempo, y ms significativamente, la supuesta divisin entre Hombre y Obra ha sido minuciosamente socavada, cuando los estudiosos examinaron la profunda afinidad del pensamiento de Heidegger con las ideas irracionales y chauvinistas de la derecha alemana de entreguerras.

Lo que distingue a Heidegger: La introduccin del nazismo en la filosofa, de Emmanuel Faye, que fue publicado en 2005, con una fuerte controversia en Francia, es que lleva estas crticas a Heidegger hasta su lgica ms extrema. La mayora de los lectores estarn de acuerdo que Heidegger era un nazi, y que esto tiene importancia para su filosofa; le ha quedado a Faye argumentar que Heidegger fue un filsofo nazi, lo que quiere decir que no era un filsofo en lo absoluto, y que sus libros son verdaderamente peligrosos de leer. De hecho, est muy cerca, en la ltima pgina del libro, de decir que las obras completas de Heidegger deberan ser prohibidas en las bibliotecas: "Son tan destructivas y peligrosas para el pensamiento actual como el movimiento nazi lo fue para la existencia fsica de los pueblos exterminados el hitlerismo y el nazismo seguirn germinando a travs de los escritos de Heidegger, con el riesgo de desovar nuevos intentos de completa destruccin del pensamiento y de exterminio de la Humanidad".

Faye, una autoridad en Descartes, es conducido a este extremo de acusacin por su estudio de los seminarios, hasta ahora no traducidos o no publicados, que Heidegger ense durante los aos 1933-35, en el primer arrebato de su entusiasmo nazi. En estas clases, Faye demuestra sin lugar a dudas que somos testigos "de la introduccin del nazismo en la filosofa", la rotunda transformacin del pensamiento de Heidegger en una herramienta de adoctrinamiento de la ideologa nazi. Cuanto ms familiar est un lector con la obra de Heidegger, ms impactado estar al verlo emplear sus trminos clave -Ser, Existencia, Decisin- como eufemismos de Nacionalismo y de Culto a la personalidad del Fhrer Adolf Hitler. As lo encontramos, en el invierno de 1933-34, declarando que "la cuestin de la conciencia de la voluntad de la Comunidad, es un problema que se plantea en todas las democracias pero es uno que, por supuesto, slo puede llegar a ser fructfero cuando la voluntad del Fhrer y la voluntad del Pueblo se identifican esencialmente". Al mismo tiempo, Heidegger les dice a sus estudiantes -"muchos de los cuales", seala Faye, "se convertiran en combatientes a principios de la dcada siguiente en el frente oriental " que "para un nmada semita" la "naturaleza de nuestro espacio alemn" es inherentemente extraa.

Faye demuestra, a lo largo de estos textos, la fusin misma entre Hombre y Pensador, nexo que Heidegger ms tarde tratar de negar. Sin embargo los seminarios y discursos que analiza Faye datan principalmente de los aos 1933-1935, es decir: desde el ao del rectorado de Heidegger y pocos aos despus, cunado su nazismo era rampante. Para demostrar que Heidegger continuaba siendo un nazi hasta 1945, o incluso para el resto de su vida, sera necesario encontrar el mismo tipo de propaganda a lo largo de todos esos aos. Pero a diferencia de los seminarios que Faye ha descubierto, los escritos de Heidegger de la poca posterior a 1945 son bien conocidos y adems, salvo algunos pocos casos notorios, la retrica nazi ya no se encuentran rastros en ellos.

Con el fin de reforzar su caso, entonces, Faye tiene que recurrir a algunos mtodos un poco dudosos. Citando a un memorndum escrito por Hitler en diciembre de 1932, Faye sugiere que su lenguaje y las ideas mismas se parecen a las de Heidegger. Ya que "parece materialmente imposible que el Fhrer escribiera l solo" todos sus discursos y notas, Faye contina, y ya que "no sabemos exactamente cules eran las actividades de Heidegger entre julio de 1932 y abril de 1933", pero Faye as no puede explicarse de manera satisfactoria la implicacin que Heidegger estaba funcionando como una suerte de escritor fantasma de Adolf Hitler.

Pero la debilidad de esta deduccin slo se pone de relieve los problemas con la conclusin general que plantea Faye. Lo que realmente quiere Faye no es hacernos pensar de una manera diferente sobre Martin Heidegger, sino que nos exime de tener que pensar en l en absoluto, lo expulsa de las filas de los filsofos para hacerlo sumergir en el pozo negro donde habitan idelogos nazis como Alfred Rosenberg. "En la obra de Martin Heidegger" concluye Faye "los principios mismos de la Filosofa son abolidos".

Si esta conclusin general es aceptada, tendra graves consecuencias para la reputacin de Hannah Arendt, cuyo nombre est ntimamente ligado al de Martin Heidegger. Arendt fue no slo una de las mayores defensoras de la reputacin de Heidegger, sino que cuando era una estudiante de dieciocho aos fue su amante secreta, y Heidegger tuvo gran influencia formativa tanto en su pensamiento como en su desarrollo emocional. Tiene sentido entonces que en el libro sobre la relacin Arendt-Heidegger, el profesor de Criminologa de la Universidad Estatal de Florida, Daniel Maier-Katkin, trate de minimizar los pecados polticos y filosficos de Heidegger: "El abarzo de Heidegger a los nazis puede considerarse entre otros innumerables actos de acomodamiento que llevaron a cabo los ciudadanos", escribe, para quienes "el optimismo y el oportunismo sirvieron de base para una Entente (un acuerdo tcito)"

Lo conduce en parte a esta afirmacin su admiracin incondicional por Arendt. Porque si Heidegger era meramente un oportunista que tuvo un "aventura" esta bizarra palabra, extraa e inadecuada, que Maier-Katkin toma prestada de la propia Arendt entonces Arendt tena plena razn para responder por l en su defensa en el ao 1969. Es ms: ella tambin est plenamente justificada para la reanudacin de su amistad en 1950, despus de no haber tenido comunicacin alguna con Heidegger desde la toma del poder por los nazis en 1933, cuando se vi obligada a huir de Alemania. "Esta noche", escribi Arendt a su viejo maestro despus de la reunin, "fue la confirmacin de toda una vida." Si por cualquier motivo ella no hubiera podido re-encontrase con l "habra cometido un actor realmente inexcusable de infidelidad... por orgullo, es decir, una estupidez de pura locura. No por razones."

ste es uno de los muchos momentos en el que el libro de Maier-Katkin se queda corto cuando sus temas merecen ser sometidos a una presin mayor a la que el autor est dispuesto o es capaz de aplicar. Porque la verdad es que Heidegger era mucho ms que un ciudadano despierto que se "acomoda" al regimen nazi y Arendt, como filsofa, tena buenas razones para aplicarle a l un patrn de juicio por lo menos tan implacable como el que ella utiliza tan notoriamente como una de las figuras juda europeas ms destacadas al buscar los responsables de permitir que ocurriera el Holocausto (como en Eichmann en Jerusaln).

Mucho menos convincente es la sugerencia de Maier-Katkin de que Heidegger debe entenderse slo como un poco ms inteligente que Adolf Eichmann, ya que "estaba menos motivado por la ideologa racial que por las oportunidades de hacer carrera, combinado con la irreflexin general." Arendt se horrorizara de dicha caracterizacin del hombre que se hacia llamar en la intimidad "el Rey secreto en el Imperio del Pensamiento". Lo que hace que el nazismo de Heidegger sea un verdadero desafo en comparacin con ser simplemente un escndalo es que no deriva del mal, sino que es un camino para entrar en l. Y una vez que reconocemos el poderosos atractivo de su obra, estamos obligados moralmente e intelectualmente a explorar qu parte de dicha atraccin se debe a las ideas con un potencial para el Mal. Ni Faye, ni Maier-Katkin se embarcan en este cuestionamiento ms difcil, que nos pide hacer frente no slo a Martin Heidegger sino a nosotros mismos.

By Emmanuel Faye, Translated by Michael B. Smith, Yale University Press.

By Daniel Maier-Katkin, W. W. Norton & Company.

 

(*) Adam Kirsch es un editor senior de The New Republic y columnista de la revista Tablet.


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