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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-05-2010

Para estudiar las ideas olvidadas en la transicin

Francisco Fernndez Buey
www.upf.edu


I

En el momento de la muerte de Franco, en 1975, el predominio de los marxismos en los ambientes intelectuales antifranquistas del pas era muy considerable. Desde luego, el marxismo no era la nica ideologa entonces existente en las universidades ni, como se dice a veces, tampoco la ideologa dominante en ellas. Pero su influencia s tuvo que ver muy directamente con la caracterizacin de la cultura y con el concepto de compromiso que se tena mayoritariamente en los ambientes de la oposicin en los inicios de la transicin.

Esto es algo que se puede constatar estudiando: a ) la actividad universitaria, acadmica y extra-acadmica de aquellos aos; b ) los catlogos de las editoriales de la poca; y c ) la orientacin de las principales revistas que tienen su origen en aquellos meses y que se publicaron en diferentes ciudades de Espaa entre 1976 y 1982.

Aunque se han escrito ya varias monografas y memorias que abordan esta situacin en referencia a cada uno de los mbitos mencionados y para el caso de algunas universidades, editoriales y revistas, est todava por hacer un estudio exhaustivo que tenga en cuenta los tres mbitos y el conjunto del estado . Lo que me propongo hacer aqu es avanzar un esquema para ese estudio.

Antes de entrar en ese esquema quisiera declarar un par de convicciones que pueden servir para la orientacin metodolgica.

En primer lugar, que las memorias de los intelectuales protagonistas de aquellos aos son, sin duda, un elemento a tener en cuenta en ese estudio, pero no el principal. La memoria de los intelectuales es tan selectiva como la de los dems; con el agravante de que en muchos casos, en las memorias de los intelectuales, como en las de los polticos, se tiende a borrar las huellas indeseadas de lo que se fue o de lo que se pens. Por lo general, vale tambin para esto lo que deca no hace mucho El Roto en una de sus bromas serias: tendemos a llamar cultura a las manas de cada cual.

En segundo lugar, leyendo algunas de las memorias y recuerdos que se han escrito sobre los aos 1975-1982 he observado que no me reconozco en lo que se dice sobre actividades en las que particip (en la universidad y fuera de ella) o sobre personas a las que conoc, algunas de las cuales no pueden protestar ya ante lo escrito sobre ellas porque estn muertas. Pero tambin he observado varias veces que lo que yo digo o escribo que se dijo o se pens en aquellos aos no coincide con lo que recuerdan amigos que estuvieron en los mismos sitios y actividades.

Estas dos observaciones me han llevado a la conclusin (espero que no demasiado apresurada) de que, aparte del carcter selectivo de la memoria e incluso independientemente del hecho, reconocido, de que la historia la escriben los vencedores en el presente, podra haber ocurrido que ni siquiera en aquel pasado estuviramos haciendo lo que decamos hacer. O sea, que adems del viejo principio que reza no lo saben pero lo hacen habra que aceptar tambin este otro: creamos estar hacindolo pero no lo hacamos.

Reconocer que esto puede ser as en el caso de los otros, o sea, de los dems, es fcil; reconocer que vale tambin para mi (y para los de mi tribu) es siempre ms difcil. Pero, por difcil que sea, es un esfuerzo que hay que realizar si uno no quiere deslizarse por la pendiente trivial que conduce al viejo ripio: nada es verdad ni es mentira; todo es segn el color del cristal con que se mira.

De manera que, al abordar el papel de los intelectuales en la cultura de la transicin, habra que poner el acento en la recuperacin de documentos y en la comparacin o contrastacin de las memorias. Algo de eso se est haciendo ya, por lo que yo s, en algunos departamentos de historia contempornea de las universidades. Pero, tambin por lo que yo s, se est dando prioridad a las historias ms o menos locales de esos aos, o a la reconstruccin del papel de tal o cual intelectual relevante y, en cambio, se estudian menos las interrelaciones y el panorama global entonces existente.

De las cosas que he ledo hasta ahora sobre aquellos aos de la transicin, aunque no se refieran especficamente al asunto que nos trae aqu, hay dos que me parecen ms verdaderas que otras para hacerse una idea de conjunto: Gregorio Morn, El precio de la transicin (Planeta, Madrid, 1991) y Joan E. Garcs, Soberanos e intervenidos, (Siglo XXI, Madrid, 1996).

II

En la universidad, los aos inmediatamente anteriores y posteriores a la muerte de Franco se caracterizaron por una intensa actividad poltica y poltico-cultural tanto en los ambientes estudiantiles como, sobre todo a partir de 1973, entre el profesorado en formacin. Los ejes de esta actividad fueron: a ) la protesta contra las ltimas medidas del franquismo en materia universitaria; b ) la lucha en favor de la contratacin laboral del profesorado intermedio o en formacin; c ) el intento de vincular la lucha en favor de una universidad democrtica, sin barreras clasistas, autnoma de verdad y de base cientfica, con una accin poltica ms amplia (huelga general, accin cvica ciudadana, etc.) que acabara con el franquismo.

En este punto habra que hacer una precisin: a pesar de la contemporaneidad de las actividades y movimientos en el Estado hubo diferencias de ritmo importantes entre las que entonces eran las universidades con ms peso en el pas. Y un asunto, que estaba latente en la mayora de las reuniones de coordinacin, pero sobre el que siempre se pasaba como sobre ascuas: el del carcter plurilingstico y pluricultural de un estado que segua siendo centralista. Hay referencias ms o menos explcitas en documentos de esa poca redactados en las universidades de Catalua, el Pas Vasco y Galicia; y casi siempre vagas, o muy vagas, referencias en documentos redactados en el resto de las universidades.

Desde 1975, las reivindicaciones del profesorado y de los estudiantes universitarios estuvieron directamente vinculadas a la idea de ruptura defendida en la sociedad por los partidos y organizaciones polticas de la izquierda (Junta y Platajunta). Al analizar esto es importante tener en cuenta que, ms all de las diferentes posiciones que sobre la ruptura se manifestaron entonces, el objetivo generalmente proclamado durante aquellas protestas y actividades en todo el estado era la aspiracin a algn tipo de sociedad democrtica avanzada (no siempre bien definida, ciertamente) que acababa fundindose con el ideal de la sociedad socialista (tampoco bien definida).

No se puede decir que hubiera entonces un modelo de sociedad ni un modelo cultural compartido entre los intelectuales ms activos en la oposicin antifranquista. Se aspiraba vagamente a una democracia poltica socialmente ms avanzada que las democracias realmente existentes entonces, pero, por lo general, distanciada tambin del principal de los socialismos realmente existentes, el de la Unin Sovitica. Ms all de eso nunca hubo acuerdo entre los docentes universitarios e intelectuales comprometidos ms activos polticamente.

Uno de los papeles principales que se atribua a los intelectuales vinculados a la Universidad en ese perodo fue precisamente el de tratar de precisar a qu tipo de sociedad se poda aspirar, con la conciencia, compartida tambin a pesar de las diferencias, de que no se iba a producir un cambio de nota en la universidad sin una transformacin poltico-social importante en el Estado.

En la delimitacin de los objetivos de las movilizaciones rupturistas de aquellos aos influyeron mucho profesores universitarios que se haban destacado ya por su oposicin al rgimen franquista en la dcada de los sesenta, entre ellos Manuel Sacristn, Jos Luis Aranguren, Ruiz Jimnez, Enrique Tierno Galvn, Agustn Garca Calvo (todos ellos represaliados por el franquismo entre 1964 y 1966). Esta influencia, que se puede apreciar en varios de los papeles y declaraciones de las asambleas universitarias de entonces, es, por lo dems, representativa de las tres ideologas que ms peso haban tenido en la resistencia antifranquista universitaria desde la dcada de los sesenta: los marxismos, los cristianismos de izquierdas y los libertarismos. Aun sin aspirar a una descripcin exhaustiva de las influencias de esos aos, habra que tener en cuenta, adems, el papel que desempearon otros docentes, intelectuales y artistas en el Pas Vasco (Oteiza, Ibarrrola, J.M. Recalde, A. Sastre), Galicia (Alonso Montero, Mndez Ferrn), Valencia (Joan Fuster), Catalua (Espriu, Raimon, Benet, J. Fontana, Sol Tura, A.C.Comn), etc.

Pero, por otra parte, es interesante tener en cuenta que en la actividad universitaria de esos aos y en la colaboracin en la pltora de revistas terico-polticas publicadas entre 1975 y 1982 se formaron la mayora de los polticos y profesionales de todas las corrientes influyentes en la transicin democrtica. Es ms: se podra decir que en esos aos la mayora de los intelectuales antes mencionados, y conocidos por su compromiso antifranquista, quedaron en minora en cada una de las corrientes ideolgicas que ellos representaban (Manuel Sacristn en el PCE-PSUC; Tierno Galvn en el PSOE; Ruiz Jimnez en la Democracia Cristiana; e incluso Garca Calvo en el libertarismo de la poca de las I Jornadas Libertarias).

Desde el punto de vista poltico-cultural hay dos equvocos sobre la universidad de aquellos aos que conviene estudiar. El primero de esos equvocos se refiere a la hegemona del marxismo, un fenmeno que luego, en las memorias de la transicin y en los estudios que se han escrito sobre ella, ha sido presentado de formas contrapuestas, en funcin de las ideologas que se impusieron en las dcadas siguientes: la neoliberal, el liberal-socialismo y los distintos nacionalismos. A este respecto tiene importancia hacer tres precisiones:

1 Hablando con propiedad, la hegemona del marxismo en las universidades del perodo 1975-1982 se refiere slo a las vanguardias del movimiento universitario (tanto a las vanguardias antifranquistas anteriores a 1975 como a las vanguardias rupturistas que criticaban la reforma pactada desde 1975); no se puede hablar de hegemona marxista para la universidad en su conjunto, en la que durante todo ese perodo siguieron teniendo una presencia mayoritaria (salvo en algunas pocas facultades universitarias) ideologas ms bien conservadoras o liberales representadas por la mayora de los catedrticos y profesores titulares y, desde luego, por las autoridades acadmicas. Un ejemplo evidente de esto que estoy diciendo: las dificultadas para nombrar catedrtico contratado de la Universidad de Barcelona, entre 1977 y 1982, al entonces profesor marxista ms conocido en Espaa, Manuel Sacristn.

2 Para aquellas fechas tiene poco sentido usar ya el trmino marxismo en singular. En la poca se usaba en singular, ciertamente, pero las diferencias entre las personas y las organizaciones que se declaraban marxistas entre 1976 y 1982 eran de tal calibre que lo correcto es usar el plural: marxismos. El hilo comn entre los marxismos realmente existentes (o declarados) desde 1969 era ya muy dbil y se hizo an ms dbil durante la transicin, al menos por tres factores que en las vanguardias universitarias influyeron mucho: a) la crisis del marxismo declarada en 1977 por autores marxistas tan ledos entonces aqu como Althusser y Colletti; b) la puesta en cuestin del leninismo por la direccin del PCE; c) la renuncia del PSOE a ser un partido marxista.

3 El resultado de los procesos electorales desde 1977 puso de manifiesto que no haba en absoluto correlacin entre los marxismos de orientacin social-comunista existentes en las vanguardias universitarias y la realidad social de los mismos, salvo tal vez, en el caso de Catalua, por lo que hace al PSUC inicialmente.

A esto se unieron otros tres factores que seran determinantes para el declive de los marxismos en la universidad (y fuera de ella). Uno de estos factores fue el anlisis sociolgico detallado de las actitudes y preferencias socio-polticas y socio-culturales de los trabajadores (en particular el realizado a partir de la amplia encuesta preparada entonces por Vctor Prez Daz) que entraba en contradiccin con el tipo de conciencia de clase por lo general imputada al conjunto de los trabajadores. Ese anlisis acab con un montn de especulaciones sobre las expectativas rupturistas y puso de manifiesto, por primera vez, y con detalle, que la acomodacin a la ideologa social-liberal no era un asunto poltico coyuntural sino de fondo.

El segundo factor fue la quiebra de la estrategia eurocomunista, propiciada por el PCI y defendida por el principal partido de la oposicin antifranquista, el PCE. Hubo entonces en las universidades (entre 1976 y 1979) mucha discusin ideolgica respecto de aquella estrategia, que en principio haba sido pensada para dar cuenta de dos cosas distintas: la derrota de Allende en Chile y la necesidad de separarse del tipo de socialismo llamado real que representaba la Unin Sovitica. Todos los grupos marxistas de los primeros aos de la transicin se ocuparon, ms o menos crticamente, de esta estrategia. Pero mientras se haca teora al respecto (y se escribieron cosas bastante respetables sobre esto desde el punto de vista terico) aquella estrategia ya se haba venido abajo en Italia, o sea, precisamente en el lugar en el que se supona que tena ms posibilidades de xito, como consecuencia de la evolucin del caso Moro y sus implicaciones.

Por ltimo, los resultados de las elecciones en Inglaterra y en los EE.UU., con el triunfo del neoliberalismo de Thatcher y Reagan, confirmaron que el giro en la orientacin ideolgica, respecto de lo que haba significado la poca que va desde mediados de los sesenta, era ya internacional. Creo que se puede decir que con esto empieza un cambio de poca que fue determinante para el declive de los marxismos en la universidad (y fuera de ella). En los ambientes intelectuales este giro cuaj en una palabra que se hizo emblemtica del momento: el desencanto.

Lo esencial del desencanto, que en cierto modo se identific en muchos ambientes con la pelcula del mismo nombre que acababa de hacer Jaime Chvarri, en 1976, se puede resumir: a) en el sentimiento difuso, pero ya muy extendido despus de 1977, de que no habra ruptura (al menos en el sentido revolucionario o reformista fuerte en que se haba pensado en la ruptura hasta entonces) y b) en la importancia generalizada que se empez a conceder a lo privado y a los asuntos estrictamente culturales o socio-culturales, no polticos en sentido estrecho. Por eso lo que quedaba del espritu rupturista se fue desplazando al mbito de los cambios lentos, el de las costumbres y los hbitos de los ciudadanos; y por eso tambin la tensin poltico-moral se fue desplazando hacia la afirmacin de otras identidades.

III

Creo que esta inflexin hacia el neoliberalismo, de un lado, y hacia el social-liberalismo, de otro, se puede estudiar crticamente, y en detalle, consultando y analizando la plyade de revistas que se publicaron en el pas entre 1976 y 1982. Es interesante tener en cuenta, al hacer ese estudio, cmo la mayor parte de estas revistas se definen editorialmente por comparacin (y discutiendo con) el otro fenmeno publicstico del momento, el diario El Pas , que en esos aos de la transicin se consideraba a s mismo liberal-azaista. Se podra decir, como hiptesis, que por un tiempo (entre 1977 y 1982) el liberal-azaismo de El Pas represent, ideolgicamente, el punto de engarce entre un liberalismo que involucionaba hacia el neo-liberalismo y un socialismo de origen marxista que involucionaba hacia el social-liberalismo. Y que el momento decisivo en la decantacin de la transicin, ms all del desencanto ya, fue el golpe de Tejero el 23 de febrero de 1981.

Probablemente no ha habido otro momento de la historia de este pas en que haya florecido un nmero tan elevado de revistas de contenido poltico-cultural, socio-poltico y socio-cultural como en ese perodo que va de 1976 a 1982. Este fenmeno est siendo estudiado actualmente por Jordi Mir en un proyecto de investigacin iniciado en el Departamento de Historia Contempornea de la Universidad de Barcelona. En Triunfo del 9 de octubre de 1976, Manuel Vzquez Montalbn publicaba un artculo con el sintomtico ttulo de Teorizad, teorizad, malditos, en el que anunciaba algunos de los proyectos en curso. Y a finales de noviembre de l976, la misma revista Triunfo dedicaba un artculo, titulado Y ahora los mensuales, a la aparicin de nuevas revistas tericas (entre las que se menciona Taula de canvi , Teora y prctica , El crabo , Negaciones y El viejo topo , revistas que se aaden a otras ya existentes, como Sistema y Zona abierta ).

Har aqu un listado, que tampoco ser exhaustivo, pero que permite hacerse una idea de la dimensin que lleg a cobrar el fenmeno:

Triunfo , Cuadernos para el dilogo (Madrid), Cuadernos del Ruedo Ibrico (Pars), Nous Horitzons (Barcelona), Nuestra bandera (Madrid ), El ciervo ( Barcelona), Noticias obreras ,   ya venan de antes.

A esas revistas habra que aadir las que estaban a caballo entre el humorismo, la stira y la crtica social, en las que ha colaborado por entonces lo mejor del periodismo de la poca y no pocos de sus pensadores y ensayistas (Vazquez Montalbn, Ops/El Roto, Mximo, Savater, Ramoneda, Mart Gmez, etc.): principalmente Hermano Lobo y Por favor , que alcanzaron gran difusin en ambientes intelectuales.

Por otra parte, nacen entonces (entre 1976 y 1978) las siguientes revistas de intencin terio-poltico: Zona abierta (Madrid, 1975), en cuya etapa inicial colaboraron habitualmente Valeriano Bozal, Alberto Corazn, los hermanos Alberto y Juan Antonio Mndez, Ludolfo Paramio, etc.; Sistema (Madrid, 1975), donde escriban, entre otros muchos, Elias Daz y Flix Tezanos ; Andaln (Zaragoza), en la que colaboraban intelectuales aragoneses como Fdz Clemente, Javier Delgado, Gastn, etc.; Taula de canvi (1976), que cont con la colaboracin de A.C. Comn, J. Ramoneda, I. Molas, Sol Tura, J. Borja, etc.; Ajoblanco (Barcelona, 1975), que publicaba habitualmente artculos de J. Rivas , F. Savater, Semprn Maura, Racionero; etc. Star , que abri sus pginas a la contracultura, el comic y las actividades underground; Ozono (Madrid), revista combinaba el ecologismo incipiente con la atencin a la msica popular y a la crtica de la cultura, y en la que colaboraron Leguineche, lvaro Feito y otros; El viejo topo (Barcelona, 1976-1982), que en ese perodo abri sus pginas a la mayora de las corrientes marxistas y libertarias del momento; Negaciones (Madrid 1976), en la que colaboraron Fioravanti, Fernando Ariel del Val, Fernando Savater, etc.; En teora (Madrid), mayormente vinculada a la LCR; El crabo (Madrid, 1976-1980 ), en la que colaboraron intelectuales ms o menos vinculados orgnicamente a ORT, OIC y PT, como los economistas J. Estefana y Gzlez Tablas; Materiales (Barcelona, 1977-1978), revista de crtica de la cultura, vinculada a personas del entorno del PSUC, como Manuel Sacristn, Jacobo Muoz, Rafael Argullol, Antoni Domnech, etc.; Teora y prctica (Madrid y Barcelona, 1976), en la que jug un papel central el socilogo Fernndez de Castro; Saida (Madrid, 1977 ) , en la que escribieron intelectuales entonces vinculados al PT y otros marxistas como Gabriel Albiac; Argumentos (Madrid, 1977), directamente vinculada al PCE y dirigida entonces por Daniel Lacalle; Askatasuna (Donostia, 1977), donde se expresaban sectores libertarios del Pas Vasco; El Basilisco (Oviedo, 1977), revista de filosofa y poltica, dirigida por Gustavo Bueno; Transicin (Barcelona, 1978), vinculada a El viejo topo y en la que escribieron J. Subirs, M. Barroso y M Gil, entre otros; Revista Mensual/Monthly Review (Barcelona, 1978), vinculada al colectivo norteamericano del mismo nombre y en la que escribieron Salvador Aguilar, Alfons Barcel, Vidal Villa, Albert Recio, etc.; Leviatn (1978), vinculada inicialmente a la izquierda del PSOE y en la que colabor V. Zapatero; mientras tanto (Barcelona, 1979), fundada por el grupo reunido en torno a Manuel Sacristn y Giulia Adinolfi con una orientacion roji-verde-violeta; Arreu , en la que escribieron personas prximas al PSUC como T. Albareda, F. Snchez, D. Calvet.

A las que habra que aadir todava otras revistas de distinta periodicidad y temtica como Mayo (1981),Cuadernos de Pedagoga (Barcelona), Bicicleta (Barcelona, 1978), El ecologista , Userda (Barcelona), Dones en lluita (Barcelona), Vindicacin feminista (1979): Falcn, Nacin andaluza: PSA en sus inicios, etc.

IV

Para estudiar las ideas olvidadas de la transicin, cuyas huellas se han perdido o se han borrado, habra que analizar los contenidos de todas estas revistas mencionadas y cruzarlo con el anlisis de las polticas editoriales y de los catlogos de las principales editoriales rupturistas del mismo perodo. En ese sentido habra que tener en cuenta lo publicado entre 1975 y 1982 por las editoriales siguientes (algunas de las cuales han editado luego catlogos o nmeros especiales, con motivo de diversos aniversarios o acerca de las cuales que hay ya algunas monografas): Siglo XXI (Madrid y Mxico), en cuya orientacin jugaron un papel importante Javier Pradera, Javier Absolo y otros; Cuadernos para el dilogo (Madrid), en cuya orientacin de entonces tuvo un papel importante el profesor Elas Daz; Ed. 62/Pennsula (Barcelona), de cuya evolucin sabemos bastantes cosas por los recuerdos de J.M. Castellet; Ariel (Barcelona), para cuyo estudio durante esos aos se cuenta con lo que han dejado escrito, entre otros, Rafael Borrs y Gonzalo Pontn; Grijalbo (Barcelona y Mxico); Martnez Roca (Barcelona y Mxico), en la que colabor Alberto Mndez; Comunicacin (Madrid), fundada por el diseador Alberto Corazn a cuya evolucin primera dedic un ensayo, hace ya tiempo, Valeriano Bozal; Anagrama (Barcelona), para cuyo estudio se cuenta con los recuerdos Jorge Herralde; Grupo Editorial Crtica (Barcelona), que ha publicado un volumen conmemorativo de los 25 aos y a cuya historia se ha referido Gonzalo Pontn en una larga entrevista concedida recientemente a la revista de la Liberara La Central; Ediciones de Enlace (Barcelona), cuya evolucin ha sido abordada en el trabajo de investigacin de Jordi Mir; Laia (Barcelona); Zero/Zyx (Pas Vasco y Madrid); Fontamara (Barcelona);Fundamentos (Madrid); Icaria (Barcelona); Materiales (Barcelona); Avance (Barcelona), etc.


Fuente: Francisco Fernndez Buey, Para estudiar las ideas olvidadas en la transicin, en www.upf.edu/materials/tccc/ce/2006/buey/tema1.doc



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