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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-01-2005

Un no europeista y de izquierdas

Manuel Monereo Prez
Rebelin


Uno de los aspectos ms sobresalientes de la cultura poltica generada tras la transicin democrtica espaola ha sido el dejar las cuestiones de Europa en el limbo de lo que eufemsticamente se llama cuestiones de Estado. El predominio apabullante de lo que se dado en llamar el europensamiento es, en nuestros lares, algo que tiende casi inexorablemente al pensamiento nico y que viene a decir tres cosas que cierran antes que abrir el debate poltico y deja a la izquierda y, con perdn, a los trabajadores y trabajadoras sin voz y a la defensiva.

Lo que el europensamiento pretende argumentar es muy simple: este proceso de integracin europeo es un bien en s, socialmente neutro y beneficioso, ms o menos a largo plazo, para los hombres y mujeres que viven en el marco de la Unin Europea. El segundo postulado es tambin muy simple: no hay alternativa; este proceso de integracin es el nico posible y ms all est la nada. En tercer lugar, quien se oponga a esto o es un nacionalista o, la insidia funciona en este terreno muy bien, un colaborador consciente o inconsciente, de la extrema derecha y de Le Pen.

En un marco as definido, el debate poltico en torno a proyectos sociales y culturales diferenciados no cabe, no existe derecha ni izquierda, solo euroescpticoso europtimistas.En todo caso, la cuestin se deja en el clculo de lo posible en torno a la velocidad de proceso, pero nunca cuestionando el proceso mismo y su direccin. Argumentar un no al Tratado por el que se establece una Constitucin para Europa, supone situarse en la marginalidad de lo polticamente correcto, a sabiendas que en este debate y en este momento concreto, la izquierda social y poltica se estn jugando mucho y que hay que hacer siempre, aunque sea contra corriente, un esfuerzo por la dignidad y por los principios y valores que justifican historias y trayectorias vitales de los de abajo.

Este Tratado, en primer lugar, es una tpica y hasta tpica operacin de clase poltica. La alianza de los poderes fuertes econmicos, burocrticos, mediticos y polticos que han impulsado este Tratado que otorga una Constitucin a la parte de Europa que est en la Unin, busca encontrar salidas y marcos poltico-jurdicos que permitan resolver los problemas que ellos consideran vitales, y, solo de forma derivada y a posteri, cooptar para ello a los ciudadanos y ciudadanas de la Unin. En este sentido, operacin de clase poltica significa situar en el centro los intereses de las clases dirigentes; segundo, configurar una situacin poltica que convierte a la ciudadana europea en meros sujetos pasivos; en tercer lugar, organizar un mecanismo social que convierta los intereses de estos poderes dominantes en los intereses de Europa, de los europeos y de las europeas.

Por esta operacin de legitimacin el Tratado muta, al menos verbalmente, en Constitucin, es decir, disputa la hegemona en el imaginario colectivo donde el resorte-idea Constitucin tiene unas connotaciones positivas y evoca derechos, poderes y democracia. Los debates tcnicos distinguiendo entre Tratado y Constitucin no pueden eludir lo fundamental: los seores de los Tratados (los gobiernos) nos otorgan una Constitucin y, lo que es mucho ms grave, los poderes instituidos se autoconstituyen al margen de los ciudadanos y ciudadanas que son meros sujetos pasivos de la operacin. Las poblaciones europeas son expropiadas por los gobiernos del poder constituyente, de la definicin de las reglas, valores y principios que organizan la vida pblica y concretan lo que contemporneamente se ha venido calificando de poltica en sentido fuerte: autogobierno de los ciudadanos y ciudadanas. No es de extraar, as ha sido sealado desde diversos ngulos, que el encadenamiento de
los procesos de globalizacin y de integracin europea estn propiciando una gravsima crisis de la democracia y, ms all, de la poltica, agrandando la separacin entre las personas y lo pblico.

La convocatoria de ZP de un referndum tiene mucho que ver con lo que se acaba de exponer. La clase poltica sabe perfectamente que este referndum es legalmente innecesario, no es vinculante y que en el marco de la Unin Europea no tiene ninguna virtualidad. Por qu se hace, pues?. Primero, porque a un gobierno en minora parlamentaria no le viene nada mal organizar una consulta poltica que propicia la convergencia con la derecha poltica y econmica, con las burguesas nacionalistas y que neutraliza un no defendido por una izquierda poltica que no pasa por sus mejores momentos. En segundo lugar, la rapidez (hay dos aos de plazo para ratificar el Tratado) indica el deseo de ayudar a algunos pases (Francia y Gran Bretaa) con un s espaol aplastante, dado que en estos las opiniones pblicas estn muy divididas. Y en tercer lugar, porque el gobierno es consciente de que este Tratado que nos otorga una Constitucin tiene un dficit democrtico en origen y que el refer
ndum pretende, si no subsanar, s al menos aminorar.

Lo que no se puede ignorar, y creo que hay que tener el coraje de decirlo, es que este Tratado significa una ruptura con el constitucionalismo social predominante despus de la II Guerra Mundial y con la vigente Constitucin Espaola. La lnea maestra que configura el ncleo duro, la decisin fundamental de la llamada Constitucin Europea es la supeditacin de la democracia al mercado, de la poltica a la economa, de los derechos fundamentales a las leyes implacables y ciegas del mercado interior y de la competitividad internacional. Esta es la aportacin fundamental. El Constitucionalismo social, el Estado democrtico y social de derecho se fundaba justamente en lo contrario: que la democracia, que la poltica gobernara el mercado y que los derechos fundamentales organizaran la vida pblica. Para decirlo con ms claridad: el constitucionalismo social constataba la contradiccin entre democracia y capitalismo y, para ello, articulaba un tipo de Estado que garantizase una ciu
dadana social que removiese los obstculos que aqul (el capitalismo) impona al ejercicio de los derechos y libertades bsicas.

Este Tratado, sin embargo, va mucho ms all de esto. No solamente se legitima el predominio del mercado sino que se constitucionalizan las polticas neoliberales. El apartado tercero del Tratado, el ms largo, concreto y detallado del mismo, precisa con claridad meridiana la aplicacin de la Carta de Derechos y sita los lmites en que estos pueden y deben de ser aplicados. Lo que se quiere decir con esto es muy simple: con esta Constitucin las reformas, las polticas socialdemcratas en el plano econmico-social sern mucho ms difciles y a los obstculos polticos generales habr que aadir los jurdicos e institucionales.

Como no poda ser menos, dado el contexto, el Tratado constitucionaliza la asimetra estructural entre la lgica del mercado interior y de la competitividad internacional y lo que se ha venido en llamar la lgica de la cohesin social y territorial. Todas las decisiones que tienen que ver con la creacin y desarrollo de los mercados, de la desregulacin estatal y de la flexibilizacin de los factores productivos se basan en el principio de mayora. Todas las decisiones que buscan regular a nivel europeo los mercados, articular polticas pblicas fiscales y sociales, controlar la lgica mercantil y potenciar los derechos laborales, requieren inexorablemente la unanimidad de todos los pases. En este marco, cobra sentido, en un momento en que la UE afronta el reto de gran magnitud como la ampliacin al Este, que el presupuesto europeo no solo no se incremente, sino que, son las ltimas propuestas, este descienda a un 1% del PIB. Tampoco puede extraar demasiado que este Tratad
o seale tambin su incompatibilidad con una de las reivindicaciones del movimiento antiglobalizacin: me refiero a la tasa Tobin. El Tratado (art. III-156) no solo constitucionaliza la libre circulacin de capitales dentro y fuera de la Unin, sino que prohibe cualquier restriccin a la misma.

Dada la lgica que sumariamente estamos describiendo, no puede sorprender que la mal llamada Constitucin Europea expresamente imposibilite cualquier intento de configurar un sistema fiscal europeo, una seguridad social tambin europea y unos derechos laborales de mbito comn. As de simple. La integracin negativa seguir avanzando, la lgica econmica seguir imponindose a velocidad de crucero, mientras que la regulacin poltica social y laboral y ecolgica del mercado no avanzar o lo har tan lentamente que nunca la podr alcanzar. Por eso no se trata de discutir la velocidad y los ritmos del proceso, sino la orientacin y direccin del mismo.

Se sigue discutiendo cul es la razn ltima que ha generado la necesidad de este Tratado. Como casi siempre sucede, hay ms de una razn. Lo que nadie pone en duda es que a la cabeza de todas ellas est la colocacin internacional de la Unin Europea en un contexto marcado por la redefinicin de los espacios de poder y por la guerra preventiva. La aportacin del Tratado es, cuando menos, clarificadora: primero se constitucionaliza indirectamente a la OTAN como complemento indispensable de la defensa europea. No hay que engaarse, la poltica exterior y de defensa de la Unin se une estructuralmente a la Administracin Norteamericana. En segundo lugar, se legaliza tambin las posibilidades de que ejrcitos europeos puedan intervenir en cualquier parte del mundo con la simple autorizacin de las Naciones Unidas. Y en tercer lugar, se mandata a los Estados miembros para que incrementen sustancialmente sus presupuestos militares.

Una Constitucin as definida y concretada, puede ser aprobada sin ms por los ciudadanos y ciudadanas espaoles?. Resuelve o agrava los problemas de las poblaciones europeas?. Es un factor de paz en el mundo o colabora con las guerras preventivas?. Propicia la justicia social y ecolgica del planeta o es un instrumento realizado desde la lgica imperial y de superpotencia?.

Se dir de esta intervencin que faltan matices y algunos de ellos importantes. Es verdad, pero el da 20 de Febrero prximo se me pide, se nos pide un s, un no o una abstencin. Yo estoy por el no.

Manuel Monereo Prez es miembro de la Presidencia Federal de IU

 



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