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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-05-2010

Con Roque siempre

Roberto Fernndez Retamar
La Ventana

A Ada.


Antes que a Roque conoc, sin saber que era de l, su poesa. He escrito a propsito de esto en otras ocasiones, por lo que no pretendo ser aqu original. A lo largo de los ms de cincuenta aos de vida de la Casa de las Amricas, slo en dos ocasiones he integrado el jurado de su premio anual de poesa y en ambas se distinguieron obrasde Roque fueron. Una, fue en enero de 1962, cuando los libros se presentaban con pseudnimos, de modo que al encontrarme, deslumbrado, con los versos de El turno del ofendido, ignoraba quin sera su autor. Tal libro, a peticin ma, obtuvo mencin en el concurso, y la Casa lo public en bella edicin. Siete aos ms tarde, en 1969, volv a formar parte del jurado, y en esa oportunidad el premio fue para el libro de Roque Taberna y otros lugares, un ttulo imprescindible en la poesa del siglo XX. Para entonces, a diferencia de la vez anterior, yo ya saba bien quin era Roque, y me una a l una amistad fraternal.

Poco despus de leer El turno del ofendido, me fue dable encontrarme con su autor, quien haba viajado de Mxico a Cuba para participar en una reunin poltica. Nos conocimos en una librera habanera, y nos hicimos desde el primer momento viejos amigos. Sobre l escrib y publiqu en la revista Casa el poema Carta a Roque Dalton. En mi cuarto de trabajo tengo una foto suya que me dio con esta dedicatoria: Para mi querido hermano Roberto Fernndez Retamar, esta foto en pose de abnegacin. Roque. 1963. Nos unan ideales literarios, personales, polticos (muy fuertes en l), si cabe hacer estos distingos. En 1962, a sus veintisiete aos, ya Roque era uno de los poetas ms destacados de aquel tiempo americano. Y vista su tarea en conjunto, creo poder decir que es el poeta ms representativo de nuestra generacin, a la cual Jos Emilio Pacheco sugiri que se la llamara del 59 por razones obvias, y que cuenta con grandes voces y grandes muertos. Mario Benedetti, a propsito de estos ltimos, compil la antologa Poesa trunca, editada por la Casa de las Amricas, donde Roque ocupa lugar primordial. En 1963, en una intervencin en la Biblioteca Nacional de Cuba, anunci que no estaba lejano el da en que se dira Dalton como entonces, en 1963, se deca Vallejo o Neruda. Hace tiempo que ese da lleg, y jvenes de muchas partes lo proclaman. Me enorgullece que as sea, y me congratula, por ejemplo, que atendiendo a solicitud que le hice para una entrega de la revista Casa dedicada al centenario de Lenin, Roque me diera unos poemas que creceran hasta ser Un libro rojo para Lenin.

Por otra parte, como se sabe de sobra, su extraordinaria faena en verso es solo una parte de su extraordinaria faena literaria. Pero en estas lneas no pretendo hacer un balance de su obra ni de su excepcional vida, sino evocar su presencia entre nosotros. Esa presencia lleg a ser familiar. Recuerdo, por ejemplo, la noche en que Roque lleg a casa con Ada y sus tres hijos para la cena de Navidad. O cuando Roque nos visitaba con flores porque estaba enamorando a mi hija ms pequea, entonces de dos aos, quien tiempo despus me dijo que ella haba credo de veras que Roque era su novio. Adelaida conserva un libro de Roque dedicado A mi suegra. Algunos aos ms tardes, uno de los hijos de Roque tuvo pretensiones acaso menos candorosas a propsito de una de mis hijas. Mis relaciones intelectuales con Roque se hicieron ms fuertes cuando lo invit a formar parte del comit de colaboracin de la revista Casa de las Amricas. Evoco ahora en particular una noche de enero de 1967 en que los miembros de dicho comit tuvimos una cena con Fidel que se prolong hasta el amanecer, ocasin en que Fidel y Roque se enzarzaron en observaciones sobre el uso de cierta arma. Sin duda la Casa fue la institucin cubana a la cual Roque estuvo ms vinculado. Adems de los ya nombrados, la Casa public varios de sus libros. Pero Roque desbord la Casa. Ejerci influencia en varios de los jvenes poetas nucleados en torno al primer Caimn Barbudo; public en las revistas Unin, Pensamiento Crtico y Tricontinental; y, desde luego, se entren en Cuba para las tareas revolucionarias que se propuso. Su identificacin con nuestro pas fue tal, que en una glosa relampagueante de un verso de Mart pudo escribir: Dos patrias tengo yo: Cuba y la ma. Como corresponde a las verdaderas grandes amistades, la nuestra sobrevivi a las discusiones. Tuvimos una en 1970, y al da siguiente, 20 de julio, Roque me hizo llegar la siguiente carta:
Estimado Roberto: Por este medio te reitero mi decisin en el sentido de renunciar a mi calidad de miembro del Consejo de Colaboracin de la revista Casa. Quiero que sepas mi agradecimiento por haberme permitido colaborar en la labor que ha hecho de nuestra Revista una de las ms importantes de Amrica Latina y de la Revolucin Latinoamericana. Quiero asimismo insistir en mi fraternidad para ti, nunca desmentida, y en el deseo de que ambos, desde el nivel de nuestras particulares posibilidades, sigamos trabajando en la vida de la Revolucin, inclusive uno en nombre del otro. Con el mismo abrazo: Roque.
Meses despus se disolvi el mentado comit (que Roque llam consejo) de colaboracin, y Roque volvi a publicar en la revista Casa. Pero quiero llamar especialmente la atencin sobre su deseo de que ambos, desde el nivel de nuestras particulares posibilidades, sigamos trabajando en la vida de la Revolucin, inclusive uno en nombre del otro. Porque la realidad iba a darme una terrible ocasin de verificar esas palabras, de hablar a nombre de l. Hace ahora treinta y cinco aos, comenz a circular, en forma vaga, la noticia de su muerte. Fui corriendo a la imprenta y escrib, al final de la entrega 91 de la revista, con el ttulo Compaero Roque Dalton, estas lneas:
Al comenzar a imprimirse este nmero de Casa de las Amricas, distintas agencias de prensa estn trasmitiendo la noticia de la muerte en su patria, en condiciones todava no aclaradas, de nuestro querido compaero Roque Dalton. Confiamos en que esta noticia sea falsa, y nos sea dable seguir contando por mucho tiempo con su magnfica presencia creadora. Pero si fuera cierta, el haber conocido ntimamente y durante largos aos a Roque Dalton, autor de una obra brillante, combativa y hermosa, nos permite asegurar que hasta el final tiene que haber sido fiel a su vida: una vida al servicio de la Revolucin, al servicio de los pueblos de nuestra Amrica, que l defendi y expres sin cansancio.
Por desgracia, la espantosa noticia result cierta, y en el nmero 92 de la revista Casa, con fecha de agosto de aquel ao y la firma de la institucin, escrib Sobre nuestro compaero Roque Dalton estas palabras:
Cuando hace algunos meses comenz a circular la especie de la muerte de nuestro querido compaero y amigo Roque Dalton, nos negbamos a dar crdito a una noticia que tena todas las trazas de las groseras calumnias que el enemigo no se cansa ni se cansar de urdir [] Confibamos que Roque estaba vivo, y desmentira de un momento a otro esa falsa noticia. Desgraciadamente, a estas alturas no nos es dable ya mantener esa esperanza, y estamos en la obligacin de hablar por l, y rechazar en todos sus puntos, con la autoridad que nos da el haberlo conocido ntimamente durante los muchos aos que estuviera vinculado a nuestra institucin, las infames acusaciones que sus asesinos le lanzaran. Segn lo que sabemos, el 10 de mayo ltimo Roque Dalton fue cobardemente ultimado por una minscula fraccin de la organizacin revolucionaria salvadorea en que militaba, Ejrcito Revolucionario del Pueblo (ERP): fraccin que previamente haba sido acusada por la direccin del movimiento de desviacin militarista y de extremismo pequeoburgus. El asesinato de Roque Dalton y de otro compaero ratifica dramticamente lo correcto de ese planteo. Roque Dalton ha muerto como vivi, fiel a su patria, a la Revolucin latinoamericana, al marxismo-leninismo. Precisamente esta fidelidad es lo que no pudieron perdonarle quienes, inficionados con los gravsimos errores de un seudoizquierdismo antisovitico, anticubano, antirrevolucionario, han prestado al enemigo un servicio impagable. La historia los considerar como simples criminales que pretendieron aniquilar, en la persona de un luchador incansable, una limpia y abnegada postura; y conservar el nombre de nuestro querido compaero Roque Dalton, revolucionario consecuente, intelectual brillante y combativo, hombre generoso y cordial, amigo inolvidable, entre los nombres de los hroes, mrtires y creadores de nuestra Amrica.
El asesinato de Roque y la monstruosa acusacin que sus asesinos le hicieran provocaron honda conmocin. En el nmero 94 de la revista Casa le dedicamos un homenaje con el ttulo Para Roque: el turno del ofendido. En su introduccin, se lea de l que
fue y seguir siendo nuestro amigo, nuestro compaero, nuestro hermano. En la Casa de las Amricas trabaj, public, discuti, enriqueci. Compartimos con l buena parte de su vida, la vida de un revolucionario infatigable, un intelectual creador, un hombre til que provocaba cario, admiracin y alegra. [] Un grupo de amigos, compaeros y admiradores le dedican hoy aqu estas palabras. Muchas ms le dedicaremos. Pero sobre todo estamos seguros de que su pueblo esgrimir su nombre como bandera de combate, y har que su utilidad, como corresponde a todo revolucionario verdadero, llegue ms all de su muerte. Descansars en la lucha, hermano Roque. Estars presente, con una sonrisa, en la victoria.
El homenaje incluy textos, entre otros, de Julio Cortzar, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Rgis Debray, Manuel Galich, Carlos Mara Gutirrez, Efran Huerta, Margaret Randall, Ren Depestre, Roberto Armijo y yo. En este mayo de 2010 Roque habra cumplido setenta y cinco aos. Para conmemorarlo, publicaremos el volumen Materiales de/sobre Roque Dalton en la revista Casa de las Amricas, con prlogo de Aurelio Alonso, quien tambin fue su amigo y compaero. Y, sobre todo, tenemos y tendremos siempre presente a Roque.

Fuente: http://laventana.casa.cult.cu/modules.php?name=News&file=article&sid=5489  " target="_blank"> http://laventana.casa.cult.cu/modules.php?name=News&file=article&sid=5489


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