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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-05-2010

Comunistas chinos?

Xulio Ros
Rebelin


Es verdad que los dirigentes y militantes del PCCh cerca de 76 millones de personas- dicen ser comunistas, lo cual es ciertamente llamativo en los tiempos que corren. Por qu insisten tanto en ello cuando, a simple vista, la realidad parece mostrar un particular empeo, por ejemplo, en el impulso a la liberalizacin econmica y una desatencin hilarante a las cuestiones sociales?

Es realmente creble que, como dicen, el injusto tiempo actual es slo un inevitable periodo de transicin cuya culminacin en forma de refundacin de un socialismo adaptado a las circunstancias nacionales depende en exclusiva de que sea el PCCh quien conduzca el proceso? O esto es slo una coartada para seguir usufructuando el poder y beneficiarse de ello conteniendo protestas sociales que de otro modo podran dispararse? Tienen los dirigentes chinos necesidad de seguir autodenominndose comunistas?

Aunque pocos les creen, tanto dentro como fuera del pas, insisten en el ritual. Hu Jintao y otros lo recuerdan a cada paso, mientras se promueven iniciativas de estudio del marxismo y desde las escuelas del Partido, el leninismo, el pensamiento de Mao Zedong, de Deng Xiaoping y de Jiang Zemin es objeto de reiteradas campaas para que no queden en el olvido, al tiempo que se insiste en erradicar todo dogmatismo y enaltecer la adaptacin: la verdad est en los hechos. Siendo as, los hechos son preocupantes... El 0,4% de la poblacin acumula el 70% de la riqueza, aseguraba en octubre pasado Hu Xingdu, profesor de economa en el Instituto de Tecnologa de Pekn. China es el pas del mundo con ms billonarios despus de EEUU, segn la revista Hurun. Su fortuna supera el PIB de Indonesia o de Blgica Cmo un autntico PCCh en el gobierno puede expresar esa desafeccin tan llamativa frente a los ms humildes y tanta complicidad con las grandes fortunas, muchos de ellos especuladores del sector inmobiliario o dueos de esas minas de carbn donde mueren obreros a cada paso en condiciones infrahumanas? En verdad no hay otro camino que la asuncin de un mercado de estas caractersticas y el agravamiento de las desigualdades para alcanzar el socialismo?

Por otra parte, el esmero represivo de toda disidencia poltica que reclame signos liberalizadores de signo occidental, en paralelo al control ejercido sobre quienes detentan cierto poder econmico, se complementa con el dominio directo de los sectores estratgicos de mayor calado, con preeminencia absoluta de empresas estatales donde las estructuras del PCCh actan de verdadera columna vertebral y cuyos dirigentes dependen del nombramiento (y cese) del PCCh. El sector privado, tan en boca de todos por su creciente contribucin al PNB, est representado en ms de un 90% por pequeas y medianas empresas, en un escenario atomizado que, siguiendo la advertencia de Deng Xiaoping, nunca podr configurarse como un todo integral que se conduzca como una nueva burguesa que dispute el poder al PCCh. Tras la decisin del gobierno, el pasado 13 de mayo, de abrir nuevos sectores a la inversin y presencia del sector privado, se espera una nueva oleada privatizadora, pero el PCCh defiende a ultranza su capacidad de gestin del desafo (en parte integrando a los nuevos ricos en sus filas). Por no citar al Ejrcito, ms fiel al PCCh y su Comisin Militar Central que al propio Estado, ambos hoy totalmente confundidos.

Por qu comunistas? Podra ser, simplemente, porque es verdad y se lo creen. O no se lo creen pero les viene de perlas para estar en la cresta de la ola y prolongar la legitimidad derivada de un proyecto que hoy parece deambular por sus antpodas. Podra ocurrir tambin que el reconocer lo contrario equivaliera a perder la cara, circunstancia culturalmente poco admisible incluso en esta China abrumada por los signos de la modernidad pero donde la hipottica contradiccin sigue resolvindose por la mera coexistencia de los contrarios. Por ltimo, si dejan de ser comunistas muchas cosas en la China actual perderan sentido, entre otras, el discurso que asegura su hegemona poltica indiscutible, so pena de conceptuarse como un absolutismo ms equiparable a cualquier dictadura sin matices.

Forma parte todo ello de una mera coartada para lograr la complicidad de Occidente en trminos tecnolgicos y financieros a fin de asegurar, primer objetivo, su desarrollo? No dejar de ser sintomtico que en el orden exterior la animadversin de multinacionales y poderes constituidos frente al PCCh brille por su ausencia. Ello a pesar de que en casi todo el mundo la palabra comunista tiene una connotacin negativa. Las disputas, cuando existen, son de naturaleza pragmtica o estratgica, pero en ningn caso ideolgica.

Criptocapitalistas o criptocomunistas? Stalin deca que los comunistas chinos eran como los rbanos: rojos por fuera y blancos por dentro. Su razn de ser principal siempre ha sido el nacionalismo, credo inevitable para lograr el resurgimiento de la China arrodillada por las caoneras occidentales en el siglo XIX, y tan presente en la liquidacin del poder imperial como en la China maosta disfrazado de lucha ideolgica contra el comunismo sovitico. La fraternidad internacionalista no fue suficiente. Tanto el Gran Salto Adelante como la Revolucin Cultural expresaban, entre otras cosas, esa sensibilidad que hoy reviste la denominacin de reforma y apertura.

Ese proyecto, la revitalizacin de la gran nacin china, exige un alto grado de cohesin que slo puede garantizar una fuerza poltica esencialmente monoltica (con sensibilidades y divisiones que apenas trasciendan) que ejerce el poder en exclusiva y con capacidad para emitir mensajes que refuercen su condicin de garante de la estabilidad. No obstante, ese proyecto escora cada da ms hacia la transmutacin del PCCh en un nuevo poder de signo confuciano, articulado en torno a las bondades tradicionales del mandarinato, administradores honestos y virtuosos (lo que tambin explicara parcialmente la importancia de la lucha contra la corrupcin) cuyo objetivo es enriquecer la nacin y garantizar la armona social, pero en ningn caso alumbrar un nuevo orden emancipador. A la postre, en esa base radica la fluidez del entendimiento que hoy acerca posiciones como las defendidas en su da por fuerzas antao tan antagnicas como el PCCh y el Kuomintang (KMT), desideologizados pese a tanta liturgia de signo aparentemente contrario y ambos contagiados por el pragmatismo que invita a la reconstruccin de la nacin. Las negativas a una liberalizacin, del signo que sea, no se sustentan en un proyecto ideolgico de clase sino nacional.

Ms ficcin que realidad, la subsistencia del ideario comunista es el argumento ideal para mantener el poder del partido nico y reafirmar su legitimidad histrica, valindose de una hipottica continuidad respecto al proyecto de un Mao Zedong cuyas proclamas estn totalmente ausentes del discurso y acciones del actual PCCh, en su mayora y en su prctica, confucianas entre lneas.

El PCCh es hoy un aparato de poder que todo lo ocupa, pero vaco de otro sentido ideolgico que no sea el nacionalismo. Las loas al socialismo y la reivindicacin del marxismo que proclama Hu Jintao desde las tribunas conmemorativas se quedan en un brindis al sol con fecha de caducidad. Valga de ejemplo que ya en las timas celebraciones del 60 aniversario de la RPCh, el retrato que presida la ceremonia no era el de Mao (incorporado al desfile con el Deng, Jiang Zemin o Hu Jintao) sino el de Sun Yat-sen, el fundador de esa primera China republicana que el ao prximo cumplir su primer centenario.

Xulio Ros es director del Observatorio de la Poltica China y autor, entre otros, de Mercado y control poltico en China.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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