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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-05-2010

A propsito del libro de Gabriele del Grande
Mediterrneo: el mar de por medio

Gorka Larrabeiti
Rebelin


Fue un mar que desembocaba en un ro llamado Ocano. Luego Roma la convirti en nuestro mar, porque estaba rodeado de tierras del Imperio. Turcos, venecianos y espaoles lo vieron como un campo de batalla. Al bahr al abiad al mutauaset el mar blanco que est en medio hoy nos lo presentan como un muro, a un lado del cual estn ellos, los migrantes, los sin papeles, los clandestinos, y del otro, nosotros, con nuestras tradiciones, nuestra cultura en peligro, nuestra religin y nuestro bienestar. Esta retrica machacona que repiten sin cesar polticos y medios de comunicacin se derrumba apenas alguien hace periodismo de verdad. Y ocurre que quien hace periodismo de verdad, hoy como ayer, hace sin querer literatura ya que lo que nadie quiere ver, or ni comprender adquiere, apenas contado, valor trascendental, y por tanto, artstico.

Vino a Roma Gabriele del Grande (Lucca, 1982) a presentar su libro Il mare di mezzo. El fundador de Fortress Europe, observatorio de vctimas de la emigracin en el Mediterrneo, y autor de Mamad va a morir, uno de los mejores documentos sobre emigracin de los que se dispona hasta el momento, no se da aires de nada. Pese al xito de sus trabajos, se niega a que le consideren una especie de superhroe, y eso que los servicios secretos tunecinos le han negado la entrada en el pas de Ben Al, y que la DIGOS, polica secreta italiana, le sorprendi con una visita inesperada en casa un da. Gajes del oficio, peccata minuta. l es slo un reportero: un sabueso al que si le lanzan un hueso, va y lo re-porta. Un cronista: escribe el tiempo. Cuando un da alguien se proponga contar la historia de la emigracin, deber echar el ancla en este libro.

Aunque su libro est narrado en primera persona, los protagonistas son otros. Por las pginas de este periplo que ha durado tres aos de idas y vueltas, olas y contraolas, resacas y restos indeseados que el mar devuelve a las playas de nuestra realidad, el lector va encontrando a unos padres argelinos que buscan a sus hijos desaparecidos; a los mineros de la cuenca minera de Redeyef (Tnez) y a los periodistas que cubrieron la brutal represin del moderado rgimen tunecino; a la dispora eritrea encerrada en las crceles inhumanas de Libia, devuelta a esas mismas prisiones por la Marina italiana o sometida a trabajos forzados al ser devueltos a una Eritrea que quiere potenciar el turismo en el mar Rojo; a los marineros hroes o villanos que se cruzan, pescan o sortean migrantes en el canal de Sicilia dependiendo de si su tica sigue siendo la vieja Ley del mar o la rampante Ley de la deuda y el crdito por pagar; a los detenidos, torturados, torturadores, bondadosos asistentes, vidos directivos, rebeldes y fugitivos que habitan esos agujeros negros, esas realidades borradas que llamamos Centros de Identificacin y Expulsin; a los italianos a quienes, aun habiendo vivido 15, 20 o 30 aos en Italia, slo les reconocen como ciudadanos entre las cuatro paredes de esos CIE o ya montados en aviones camino de Per o Camern; a los italianos que vuelven a Tatn (Egipto); a los italianos que vuelven a Uagadug (Burkina) victoriosos despus de haber labrado los campos de Italia para construirse flamantes casas nuevas de cemento y chapa.

Gabriele del Grande nos embarca en un duro viaje que atraviesa peligrosos lugares para la conciencia. Parajes que las agencias periodsticas evitan sistemticamente para que los viajeros de este mundo crean todava en la plcida y bobalicona narracin hedonista que a diario les arrulla antes de acostarse. Pero si hay algo que fascina en este itinerario vital de este autor es la tcnica de navegacin. En un imperio de imgenes, Del Grande recupera la fuerza de la palabra y la materia humana. Contaba Gabriele que haba acudido un da a ver una exposicin de fotografas sobre frica en Miln. Muy bonitas, segn deca, muy persuasivas, pero muy falsas. Donde las fotos invitaban a sentir compasin, l haba advertido gran dignidad. Trabajaba antes con mquina fotogrfica. Ya no. Slo boli y bloc de notas. Dos instrumentos al servicio de la memoria y la intuicin, dos viejos tiles de trabajo cuya potencia hemos conferido a fras mquinas mecnicas.

Le alabo el trabajo a Gabriele dicindole que ha dado un gran salto adelante literariamente hablando y me responde: As que has notado que hay palabras que no he empleado. Pues no, le respondo con sincera torpeza. Ni migrante, ni inmigrante, ni emigrante, ni clandestino, ni sin papeles, ni refugiado poltico: he evitado esas palabras falsas de la retrica propagandstica. He ah un buen ejemplo de lo que es literatura: dar o quitar peso a las palabras. Esos trminos son fundamentales para que cunda ese lucrativo miedo que mantiene todo un sistema. Sin usarlos, y recalando en los puertos de la memoria que se hallan en el otro lado del Muro Mediterrneo, desaparecen los temores y se conoce de cerca a una generacin joven que da un contenido altamente poltico a la emigracin en cuanto nica salida posible para abrirse camino en la vida. Uno descubre que a una y otra orilla esos jvenes bogan con distintos remos pero con nico rumbo: salir adelante en la vida. Y en medio de la propagandstica marejada de ignorancia, temores y prejuicios que les sigue separando, est Gabriele del Grande, un piloto de altura que nos obliga, mejor equipados, a abordar, regatear y quebrar las olas contra ese falso Mar Muro impuesto por decisiones atlantistas. Tal vez, en lontananza, un da empiece a vislumbrarse aquel viejo mar que estaba en medio, aquel mar entre dos tierras. La alternativa mediterrnea. El mar compartido, el mar pluriverso, el mar unido.

rJV

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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