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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-05-2010

Pueblos originarios del Sur, el Noa y el Nea, marchan
Por un Estado plurinacional, intercultural, raizalmente democrtico

Isabel Rauber
Rebelin


En breve se cumplen doscientos aos de historia de luchas por una independencia verdadera. Esto habla de prolongadas y constantes contradicciones entre las variadas pero persistentes bsquedas independentistas generalmente con soporte de protagonismo popular y los esfuerzos reiterados de las lites del poder econmico y financiero local/trasnacional para sostener el pas semicolonial dependiente, as diseado para su disfrute. En los conflictos que estas contradicciones han generado en el recorrido histrico, rara vez los pueblos originarios y sus derechos han sido visibles como actores plenos. No por casualidad sus voces curtidas en siglos de resistencia atraviesan hoy el territorio del pas diciendo aqu estamos, reclamando que se reconozca desde el Estado y en el Estado, que en el territorio nacional cohabitan y coexisten en desigualdad de condiciones y oportunidades diversas comunidades humanas, con diversas lgicas, identidades, cosmovisiones, culturas, nacionalidades. Cada una de ellas ha construido durante siglos pertenencias, principios normativos y ticos que definen modos de vida diferentes y que hablan de hecho, de la existencia (y coexistencia) de ciudadanas mltiples que han vivido (y en gran medida aun viven) en desigualdad de reconocimientos y derechos.

La actual marcha de los pueblos guaranes, omaguacas, coyas, huarpes, mapuches, lonkos, tobas, mocoves, wichs, pilags entre muchos, hace inmediatamente visible que la nacionalidad argentina es esencialmente plural y, consiguientemente, multicultural. Aunado a esto, abre caminos para que esa diversidad de nacionalidades y culturas se exprese en lo que deber ser una nueva configuracin del Estado y del derecho, redefiniendo las ciudadanas y el ser nacional desde la dimensin intercultural.

Reconocer lo multicultural resulta importante porque apunta a registrar la diversidad tnica social de base y seala la necesidad de buscar canales para pensar, construir y ejercer lo pblico sobre otros modos de interrelacionamiento (poltico, econmico, social y cultural), no solo hacia el exterior de las instituciones (en lo social), sino tambin en la configuracin y el funcionamiento (multicultural) de las instituciones del Estado y su gestin de lo pblico. Pero no todo lo multicultural presupone una interrelacin entre iguales; hay multi o pluriculturalismo que en realidad solo acepta lo diverso para la foto, pero mantiene las relaciones jerrquicas subordinantes desde la cspide que sabe, decide y manda y los de abajo que no saben, no deciden y obedecen (o deberan obedecer). Es el multiculturalismo que aceptan los poderosos: el que no cuestiona, el que no modifica nada como no sea los colores del cuadro, la pluralidad que los deja en el centro y con el cetro. Por ello es muy importante que la multiculturalidad se conciba articulada con la interculturalidad, que la presuponga.

Inclusin o interculturalidad?

Lo intercultural hace referencia la necesaria interrelacin entre los/las diferentes en condiciones de paridad y complementariedad, es decir, sin establecer un centro cultural hegemnico. Por eso se diferencia tambin el concepto de inclusin. El mismo hace referencia a excluidos que ahora seran incluidos. Pero, quin o quines incluyen?

Cuando hay alguien que incluye, el da de maana puede volver a excluir. Por eso, el concepto de inclusin encierra la negacin de la multiculturalidad basada en la interculturalidad. Desde el punto de vista poltico, ella implica un relacionamiento equidistante entre s de todas las culturas, y la necesidad de construir plataformas jurdicas que sirvan de soporte institucional para que las diversidades sociales, culturales, etc., se interrelacionen en pie de igualdad.

La convivencia en equidad de los y las diferentes exige el reconocimiento de derechos civiles, polticos, sociales, (culturales) que garanticen su ejercicio real, y todo ello requiere al mismo tiempo de la voluntad para comprender al otro, que la tolerancia se abra paso ante tanta intolerancia acumulada, para transitar hacia la aceptacin mutua.

Los excluidos no reclaman inclusin sino reconocimiento, justicia, trato equitativo, horizontalidad en las relaciones. Por eso no se trata de incluir, sino de construir, desde abajo, un Estado nuevo, plurinacional e intercultural. Y no hay posibilidad de plurinacionalidad sin interculturalidad.

Este es un replanteo raizal, de la democracia en indo-afro-latinoamrica.

La tradicin sociopoltica predominante en la conformacin de las naciones modernas, ha fundamentado la existencia de la nacin en la construccin y sostn de una supuesta homogeneidad social basada en una ley importada e impuesta. Para hacerla viable desarroll de modo sostenido mecanismos diversos de imposicin/dominacin que acuaron el rechazo de las diferencias y de los/las diferentes, conjugados con la negacin y/o el ocultamiento de su existencia, negando sistemticamente salvo honrosas excepciones los genocidios, acumulando mentiras, injusticias, desigualdades, exclusiones y conflictos. As ha resultado que, en nombre de la ley, la justicia qued postergada.

Poner fin a esta situacin alude a la necesaria modificacin o redefinicin de las relaciones y papeles entre Estado, sociedad (civil) y ciudadana, entre lo pblico y lo privado, y entre lo local, lo nacional y lo global. En realidad no existe una sociedad civil, lo que se (mal)entiende por sociedad civil es una trama social heterognea y compleja, integrada por una diversidad de clases, etnias, sectores sociales, actores y organizaciones, que condensan y expresan mltiples identidades, intereses, culturas, modos de vida y aspiraciones hasta hora en situacin de conflicto.

Existe una marcada tendencia a identificar, igualar y por tanto confundir, lo multicultural con la diversidad tnica y, ms concretamente, exclusivamente con lo indgena. Esto restringe los planteamientos de multi e interculturalidad, por un lado, a una cuestin tnica y, por otro, deja fuera del mapa sociopoltico a una parte del campo popular, del mismo modo que aunque por otras vas, lo hace la posicin hegemnica tradicional (monocultural).

No se trata de una propuesta solidaria para con los excluidos/as.

Sin obviar esta perspectiva que tambin est presente, se trata de una opcin de vida y por la vida, una gesta que nos envuelve y convoca a todos y todas.

Los pueblos que marchan desde este 12 de mayo, anudan su propuesta de Estado plurinacional a su cosmovisin, que no considera a la naturaleza como objeto, que no contrapone humanidad y naturaleza para explotarla y servirse de ella, sino que se propone cuidarla, vivir en equilibrio con ella, como parte que somos de un mundo humano-natural. Por eso llaman con fuerza vital a la proteccin del medio ambiente, al cuidado de la biodiversidad, a parar con la deforestacin, con la extensin de la soya, el saqueo de la minera, el derretimiento de los glaciares, a la proteccin de las tierras comunitarias De conjunto, estas demandas encierran nuevas bases para pensar junto con el reconocimiento de avanzar hacia la plurinacionalidad, el desarrollo y progreso social sobre nuevas bases.

Por todo esto, el planteo de los pueblos originarios, a la vez que demandante de reparacin ante una injusticia histrica, es profundamente cuestionador de la civilizacin actual que se apoya o tolera el saqueo, la destruccin, la exclusin y la muerte. Convocan a la bsqueda colectiva de una nueva civilizacin y aportan elementos para ella. En ese caminar, lo intercultural constituye una cualidad imprescindible porque supone remover del pensamiento homogneo, colonizado y colonizador, heredado de la colonia y el colonialismo cultural acuado durante por siglos.

Es hora increpan desde las entraas de la tierra los pueblos originarios, de abrir paso a la vida, al reconocimiento efectivo de la pluralidad de nacionalidades, culturas, identidades y plantearse nuevas formas de interrelacionamiento equitativo y en paridad. Esto constituye el soporte para una democracia y ciudadana nuevas, transformadas y reconstruidas desde la raz.

Estado plurinacional, interculturalidad y ciudadana se interrelacionan estrechamente.

El reconocimiento y respeto a las diferencias y a los diferentes aunado a la igualdad de derechos, resultan pilares del necesario pluralismo cultural y, en virtud de ello, como principio universal de ciudadana (para todos/as) multi e intercultural basamento de un Estado plurinacional, raizalmente democrtico-intercultural. No por casualidad el llamado hacia esto proviene de los pueblos originarios, sobrevivientes de siglos de genocidio, aislamiento y exclusin.

El Bicentenario de la patria promueve un tiempo de reflexin. Promovido por la marcha y junto con los marchantes, nos convoca a descolonizar prcticas y mentalidades, participando de conjunto -todos y todas- en pensar y disear el pas que queremos, y empearnos en hacerlo realidad.

Isabel Rauber. Doctora en Filosofa. Profesora universitaria, investigadora social y pedagoga poltica.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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