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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-05-2010

Revolucin y contrarrevolucin en Tailandia

Alan Woods
Corriente Marxista Internacional


Bangkok est en llamas en el momento en el que la violencia contrarrevolucionaria en Tailandia alcanza un clmax sangriento. El asalto largamente esperado del ejrcito tailands ya ha tenido lugar y no cesar hasta haya desaparecido todo rastro de la protesta. Nadie puede asegurar el nmero de bajas, pero la cifra final ser sin duda mayor que la que las autoridades han admitido hasta ahora. Parece que algunos "Camisas Rojas" han respondido prendiendo fuego a los bancos, centros comerciales y otros edificios de la ciudad, y hay informes de que las protestas y la violencia hicieron erupcin en otras partes de la ciudad.

En Rajprasong se est cantando: "esta es una guerra de clases para barrer a la autocracia"

Durante meses, las calles del centro de Bangkok estuvieron tomadas por un movimiento masivo de protesta organizado por el UDD, el Frente Unido para la Democracia contra la Dictadura, comnmente conocido como los "Camisas Rojas". Este movimiento de masas de los pobres y desposedos ha sacudido la estructura de poder de la lite gobernante y amenaza el propio futuro de la monarqua tailandesa. Muchos de ellos son partidarios del ex primer ministro, Thaksin Shinawatra, que fue derrocado en un golpe de Estado hace casi cuatro aos.

El primer ministro, Abhisit Vejjajiva, se queja del "caos" y la "anarqua", pero olvida convenientemente que lleg al poder por medios similares. Su gobierno fue instalado por los militares y es el producto de un golpe militar en 2006 y de varios Golpes de Estado judiciales. Entre 2006 y 2008, los matones de "camisas amarillas" del Partido Demcrata boicotearon las elecciones que Thaksin Shinawatra, probablemente, iba a ganar. Esto dio lugar a la anulacin de las elecciones. A continuacin, cuando un interregno militar fracas en mantener a los partidarios de Thaksin fuera del poder, las bandas de monrquicos reaccionarios bloquearon los edificios gubernamentales y el aeropuerto de Bangkok para proporcionar la excusa para un golpe de Estado.

La toma del poder por Abhisit fue la negacin de la democracia, pero fue convenientemente ignorado por Occidente. La demanda de nuevas elecciones es una exigencia democrtica elemental. Pero no es aceptable para la oligarqua tailandesa. La actitud de los supuestos demcratas de Washington y Londres hacia la dictadura est determinada por sus intereses de clase.

El gobierno de Abhisit representa a la oligarqua gobernante, a la monarqua tailandesa reaccionaria y a los militares. Se ajustaba muy bien a los intereses occidentales, en la medida que pareca ofrecer garantas slidas a sus inversiones en Tailandia, una de las economas ms importantes de Asia. Esos mismos hipcritas haban respaldado con entusiasmo la llamada "revolucin naranja" en Ucrania, y constantemente denuncian el presunto "rgimen autocrtico" de Hugo Chvez. Pero han reaccionado ante el movimiento de protesta democrtica en Tailandia con un silencio ensordecedor.

Los Camisas Rojas

Los Camisas Rojas, una coalicin antigubernamental difusa, miraron a Thaksin Shinawatra como un punto de referencia. Un multimillonario magnate, Thaksin, ahora en un exilio seguro en Montenegro, es el candidato menos adecuado para dirigir una revolucin. Sus crticos apuntan a la violacin de los derechos humanos bajo su gobierno. Pero tambin llev a cabo una serie de medidas en inters de los pobres, especialmente de los pobres rurales en el norte del pas.

Al carecer de una direccin clara, de un partido y de un programa, las masas miran hacia lderes individuales que parecen personificar sus aspiraciones. Los campesinos pobres tienen un odio ardiente contra la rica lite urbana gobernante que los domina, explota y oprime. El nombre de Thaksin actu como un punto de convergencia para la oposicin al rgimen actual, especialmente los campesinos pobres que consiguieron algn tipo de beneficio con su gobierno. Sin embargo, en realidad, es una figura accidental, como el Padre Gapn o Kerensky en diferentes etapas de la Revolucin rusa.

Algunos intelectuales occidentales de clase media confiesan que no entienden por qu miles de los hombres y de mujeres pobres pueden elegir luchar y morir en las calles de Bangkok por la causa de un magnate multimillonario exiliado. Algunos, incluso, han caracterizado al movimiento como "fascista". Esto muestra una completa falta de entendimiento. Por el contrario, los excelentes informes de Giles Ji Ungpakorn, un intelectual de izquierda y disidente, exiliado en Londres, han dado un relato muy preciso y veraz del movimiento.

La gente que lucha y muere en las calles de Bangkok no lo hace para apoyar a un ambicioso poltico burgus contra otro. Lucha por un cambio fundamental en la sociedad. Quizs no sabe exactamente lo que quiere. Pero sabe muy bien lo que no quiere. No quiere la pobreza, el hambre y el desempleo. No quiere el dominio de una oligarqua corrupta y reaccionaria. Y no quiere al gobierno de Abhisit.

La demanda de nuevas elecciones, por lo tanto, era un punto de partida natural para su protesta. Pero una vez que las masas se haban puesto en marcha, el movimiento adquiri una dinmica nueva. La participacin de los trabajadores, la juventud revolucionaria y los pobres urbanos ha transformado el movimiento, que no puede ser descrito como una chusma de campesinos ignorantes, como los reaccionarios intentan retratarlos.

En las ltimas semanas, parece que la influencia de Thaksin Shinawatra ha pasado a un segundo plano. Los trabajadores y campesinos pobres oprimidos estn encontrando una voz y la forma de expresar sus quejas profundas, no slo contra el gobierno actual sino contra una sociedad que es fundamentalmente injusta. Por eso, las masas han demostrado tan enorme determinacin revolucionaria y voluntad de luchar y de hacer sacrificios.

Sin embargo, sus dirigentes no han mostrado la misma determinacin. Los dirigentes no son trabajadores y campesinos pobres que no tienen nada que perder, salvo sus vidas, sino intelectuales de clase media que desean mayor democracia y menos influencia militar en los asuntos polticos del pas. Estn apoyndose en el movimiento de masas con el fin de ejercer presin sobre el gobierno para que haga concesiones. Constantemente hacen llamamientos a las negociaciones. Pero han puesto en movimiento fuerzas que slo pueden controlar con gran dificultad. El movimiento de masas tiene ahora una vida propia.

Los manifestantes adquirieron pronto un sentido de su propio poder. A pesar de la falta de un programa claro (o tal vez debido a ello) el movimiento atrajo a su bandera a todos los sectores explotados y oprimidos de la sociedad tailandesa. La determinacin y la combatividad de los manifestantes ha crecido, y con ello, el deseo de un cambio radical de la sociedad que va mucho ms all de un mero cambio de primer ministro. Esto es ahora una lucha entre ricos y pobres - una lucha entre las clases.

La lucha por la democracia

La oligarqua, con razn, teme las fuerzas que han sido puestas en marcha por el movimiento a favor de la democracia, que ha atrado a su lado a los trabajadores, la juventud, los campesinos y las capas de los pobres y oprimidos de la ciudad y del campo: en una palabra, a todas las fuerzas vivas de la sociedad tailandesa. Contra ellas fue lanzado todo lo que era corrupto, degenerado, anticuado y reaccionario.

Se trata de una lucha entre ricos y pobres, entre los que tienen y los que no tienen. Se describe a los Camisas Rojas como un movimiento "pro democracia" y en cierto sentido esto es cierto. Existe un deseo ardiente por la democracia, que se expresa en un odio feroz al rgimen de Ahbisit. Comenzando con demandas democrticas, empezarn a relacionar la injusticia poltica con la injusticia social: de hecho, para los trabajadores y los campesinos las dos cosas son inseparables.

Esto puede haber comenzado como una lucha entre dos grupos de polticos rivales, pero ahora se ha llenado con un contenido de clase revolucionario. Una vez que se levantaron, las masas inevitablemente comenzaron a expresar sus propias demandas. Las tareas inmediatas de la revolucin (por eso es lo que es) tienen un carcter democrtico. Pero la lucha por la democracia, si quiere triunfar, debe conducir al derrumbe de todo el edificio actual de la vida poltica tailandesa.

La lucha por la democracia se identifica a los ojos de las masas con una lucha mucho ms amplia por la justicia social y la igualdad. Esto lo comprenden los reaccionarios y los elementos ms decididos del movimiento de protesta. Como de costumbre, en el medio hay algunos que imaginan que todo puede resolverse pacficamente, a travs de la negociacin y los acuerdos. Pero esto es imposible.

No hay espacio en esta situacin de compromiso, y el "centro", como sucede a menudo en la historia, ser barrido a un lado por la marea ascendente de la lucha de clases. El movimiento slo puede tener xito si est dirigido por los elementos ms decididos: hombres y mujeres que estn dispuestas a luchar hasta el final, como los valientes hombres y mujeres que estn luchando por sus derechos en las calles de Bangkok.

La erupcin de las masas

El ejrcito de manifestantes de "Camisas Rojas" convergi en Bangkok el 14 de marzo, y durante dos meses ha paralizado la capital, protestando por la negativa del gobierno de Abhisit, respaldado por los militares, a dimitir y celebrar nuevas elecciones. El gobierno no elegido sigui gobernando. Pero haba perdido el control de las calles. The Economist (16 de mayo), describi la situacin en Bangkok:

"Miles de manifestantes, muchos de ellos procedentes de las zonas rurales, estn durmiendo a la sombra de hoteles de lujo y centros comerciales. [...] Ocuparon una gran rea del centro de Bangkok durante el mes pasado para forzar al primer ministro, Abhisit Vejjajiva, a disolver el Parlamento y celebrar nuevas elecciones. El gobierno, las empresas y muchos residentes de Bangkok quieren que los Camisas Rojas se vayan. Las amenazas y las leyes de excepcin no han funcionado. Las conversaciones de paz parecieron dar sus frutos, pero decayeron rpidamente."

La clase dominante estaba cada vez ms alarmada por la erupcin de las masas en las calles de la capital. El gobierno pareca impotente, golpeado por una extraa parlisis de su voluntad. La situacin se hizo ms grave cada da, casi cada hora. Hubo elementos de doble poder presentes en la situacin. Por sus acciones desafiantes, las masas estaban planteando un desafo directo al gobierno: "quin manda, ustedes o nosotros?".

Al principio, el gobierno intent calmar la situacin, ofreciendo concesiones. Abhisit ofreci la rama de olivo de elecciones anticipadas en noviembre como parte de un acuerdo para poner fin a la confrontacin. Pareca que algunos dirigentes de la protesta estaban dispuestos a volverse a su casa con la fuerza de estas promesas. Pero para la mayora este fue un caso de "demasiado poco y demasiado tarde". Exigieron una fecha fija para la disolucin del Parlamento y dijeron que continuaran con sus protestas.

Abhisit estaba bajo la presin del ala de la lnea dura del rgimen para que usara la fuerza para aplastar las protestas. Cuando los lderes de los Camisas Rojas modificaron sus demandas el gobierno retir inmediatamente su oferta. Para ellos, la oferta de nuevas elecciones fue demasiado, mientras que para las masas, radicalizadas por el movimiento de protesta, fue demasiado poco. En palabras de The Economist:

"Desconfan de los lderes que hablaron de compromiso despus de que haba sido derramada tanta sangre. Muy al contrario, queran mantener la lucha y la presin sobre el gobierno. Es improbable que los elementos duros de los Camisas Rojas quieran renunciar tan fcilmente".

La reaccin se prepara

El gobierno deliberadamente exager la violencia de la quema de neumticos y de los cohetes caseros de los Camisas Rojas, y repetidamente se referan a ellos como ''terroristas '' que preparaban una rebelin armada, con el fin de justificar el uso mortal del ejrcito de francotiradores y un eventual aplastamiento de la protesta. La primera prueba de fuerza lleg el 10 de abril, cuando 25 personas fueron asesinadas y cientos resultaron heridas en un intento del ejrcito de limpiar Bangkok de manifestantes. En esa ocasin, varios soldados estaban entre los muertos, aparentemente a manos de pistoleros vestidos de negro con armas del ejrcito.

La sangrienta represin del 10 de abril de 2010 mostr la hipocresa que haba detrs de la "Hoja de Ruta" de Abhisit para la reconciliacin. l no tena la intencin de restaurar la democracia en Tailandia. Slo haba dos resultados posibles: o las masas barran a este gobierno -y a la monarqua reaccionaria que se encuentra detrs de l- o la reaccin militar restaurara el "orden" con balas y bayonetas.

La prspera clase media de Bangkok estaba furiosa con el trastorno de sus vidas, la ocupacin de sus calles y la interrupcin de sus lujosos centros comerciales. Los realistas "camisas amarillas" amenazaban con reanudar sus protestas y apoyar el uso de leyes represivas y la violencia contra el movimiento de masas.

La perspectiva de un desenlace sangriento estaba claro para todos. Embajadas extranjeras cerraron sus puertas y varios pases, incluidos los Estados Unidos, advirtieron a sus ciudadanos que no deban viajar a Bangkok. El departamento de Asuntos Exteriores aconsej a la gente que reconsiderara viajar a cualquier lugar de Tailandia debido a la "amplia inestabilidad poltica y los disturbios civiles que se producen en Bangkok y otras partes del pas''.

Todo esto indicaba que el ejrcito tailands estaba planeando lanzar una ofensiva final. Sin embargo, las fuerzas del gobierno permanecan indecisas. El ejrcito evit un asalto frontal y en su lugar intent estrangular lentamente el lugar de la protesta de los Camisas Rojas en el centro de la ciudad. El ejrcito levant barricadas y alambradas a en todos los caminos que conducan hacia el campamento de protesta, bloqueando los suministros y dejando pocas vas de entrada y salida.

Declararon dos partes de la ciudad, en Din Daeng y Bon Kai, como "zonas de fuego". El alto generalato amenaz con disparar al instante contra cualquiera que caminara por esas zonas. La respuesta de los Camisas Rojas fue ampliar el territorio que controlaban en la ciudad. Apresuradamente, construyeron nuevas barricadas con neumticos y piezas de automvil, y donde fueron amenazados, le prendieron fuego. Tambin incendiaron algunas casas y hubo informes de ataques a negocios y edificios cerrados en las tierras de nadie situadas entre los Camisas Rojas y el ejrcito.

Divisiones en el ejrcito

La lucha de clases en Tailandia est ahora al rojo vivo. Con una direccin adecuada, el movimiento de masas podra haber derrocado el dominio oligrquico. El rgimen pudo sentir que el suelo se agitaba bajo sus pies. Por un lado, el movimiento de masas revolucionario creca por horas, por otro lado, haba claramente divisiones en el ejrcito y la polica. Ha habido muchos informes de confraternizacin o incluso de manifestantes que han invadido cuarteles del ejrcito.

Desafortunadamente, los lderes de la protesta vacilaron y demostraron que no estaban dispuestos a ir hasta el final. Esto permiti a los contrarrevolucionarios retomar la iniciativa.

El ejrcito tema claramente un enfrentamiento directo con los Camisas Rojas. La prueba de ello es que, hasta esta maana [19 de mayo], no les haban arrebatado ningn territorio, pero en su lugar intentaron estrangular a los manifestantes cortando el suministro de alimentos y agua, la energa y las comunicaciones a su campamento. Pero esto no fue suficiente para poner fin a la protesta. Tarde o temprano tuvieron que lanzar una acometida final, violenta, para eliminarlos.

Pero haba un problema. Los soldados reclutados siempre son reacios a disparar contra civiles desarmados. Esto es cien veces ms cierto en un ejrcito de reclutas, muchos de ellos procedentes de familias campesinas pobres. Los oficiales, por lo tanto, utilizaron francotiradores seleccionados ocultos en los bloques de la torre para disparar a los manifestantes.

Una de las vctimas fue Jattiya Sawasdipol, un ex general del ejrcito tailands, que se convirti en el jefe de la milicia de los Camisas Rojas. Se opuso enrgicamente al "acuerdo de paz" que dej a Abhisit en el poder. En la noche del 13 de mayo la bala de un francotirador le alcanz. Muri en el hospital. El ejrcito niega su participacin, pero nadie le cree. An los Camisas Rojas permanecieron en la zona con un coraje admirable, aunque el ejrcito estaba disparando ahora con municin real, dejando a decenas de personas muertas y heridas.

El asesinato a sangre fra de Jattiya Sawasdipol enfureci a sus partidarios y desencaden una nueva ola de combates en los alrededores de permetro del sitio de la protesta, que se extendi a otros lugares. Todos los distritos de Bangkok se cerraron, y el malestar se expandi con fuerza fuera de la capital tailandesa. Se declar el estado de emergencia en cinco provincias el sbado, llevando el total a 22: casi un tercio del pas.

Ha habido imgenes en Internet que muestran a la gente enojada apoderndose de un camin del ejrcito, mientras que los soldados no hacen nada para detenerlos. En esta ocasin, los insurgentes tomaron el vehculo y las armas, gritando: "Viva el pueblo! Abajo la dictadura!". El 28 de abril hubo informes que decan:

"Los Camisas Rojas han capturado a algunos soldados que intentaron infiltrarse en la protesta en Rajprasong. Se cree que tenan rdenes de disparar a los dirigentes de los Camisas Rojas. Los prisioneros reciben un buen trato."

El gobierno anunci un toque de queda. Esto desat una ola de ira de los manifestantes. Sin embargo, el ejrcito ms tarde retir la propuesta diciendo que era "innecesaria". Estaba claro que el ejrcito y el gobierno estaban todava dudando antes de decidirse a dar el golpe fatal. Tambin sabemos que esta duda no les fue dictada por consideraciones humanitarias o sentimentales, sino por el miedo.

Ofensiva contrarrevolucionaria

Era una situacin que no poda mantenerse. Por un lado, el gobierno haba perdido el control de las calles y haba perdido su nervio. Por otro lado, los dirigentes de los Camisas Rojas no podan reunir el coraje para llamar a una huelga general y moverse para tomar el poder. La falta de una iniciativa decisiva por parte de los lderes de la protesta habilit a Abhisit a recuperar su nervio. Al final, el gobierno, presionado por los reaccionarios, decidi ir a la ofensiva.

Abhisit repiti su determinacin de poner fin a las protestas y dio aviso que las prdidas "seran duraderas". Esto significaba que dara luz verde para una represin despiadada del ejrcito, sin importar la prdida de vidas. El ejrcito rode el sitio. Se inst a los manifestantes a que se marcharan, dando prioridad a las mujeres, nios y ancianos. Los que permanecieron enfrentaran un destino incierto.

La situacin de los manifestantes era muy difcil. Los suministros de alimentos y de agua se estaban agotando, y se impidi a los refuerzos de los Camisas Rojas que se unieran a las protestas. El ejrcito tena una clara ventaja en trminos de armamento superior y disciplina. Pero las masas tenan un arma an ms seria: su voluntad de morir. Esta frrea determinacin acobard a los soldados rasos tailandeses, hacindoles dudar y reacios a combatir.

El 13 de mayo el gobierno lanz un ataque contra los Camisas Rojas. Al principio estaban cautelosos y nerviosos sobre el resultado y con muchas dudas sobre la lealtad de las tropas. Algunos periodistas occidentales informaron de que los soldados parecan nerviosos, incluso con miedo. Dispararon al aire y lanzaron bombas de gas lacrimgeno. Lo Camisas Rojas no se intimidaron y respondieron con la construccin de barricadas, lanzando piedras y trozos de hormign, disparando cohetes caseros, hondas incendiarias y ccteles Molotov.

La gran pregunta era: cul sera el resultado de un choque abierto? Desde un punto de vista militar, la pregunta se responda por s misma. No haba manera de que unas barricadas improvisadas y unos cohetes caseros pudieran oponerse a la disciplina y al poder de fuego de un ejrcito moderno. Pero esto no es una cuestin puramente militar. En primer lugar, detrs de los tanques y los caones haba hombres, a los que puede influir poderosamente la visin de un pueblo que se ha levantado. La cohesin del ejrcito por s mismo no es algo que pueda darse por sentado.

Un informe de Internet dijo:

"En Bangkok y las provincias se producen enfrentamientos espordicos. El gobierno est tratando desesperadamente de aferrarse al poder con el asesinato de manifestantes a favor de la democracia. Estn apareciendo divisiones en las fuerzas de seguridad con informes de que algunas unidades de la polica o del ejrcito devuelven el fuego con el avance de las tropas. De hecho se trata de una situacin de guerra civil y el gobierno no puede esperar controlar la situacin." (nfasis mo, AW)

Es posible la mediacin?

Por desgracia, los dirigentes de las protestas no tuvieron ninguna perspectiva real. Llamaron a mantener conversaciones con representantes de la ONU. Esto no tena ninguna posibilidad de xito. En la guerra entre ricos y pobres no puede haber rbitros. No hay reglas en este juego. La nica regla es que, al final, una clase debe ganar y otra clase debe perder.

El gobierno ha rechazado todas las ofertas de negociacin, diciendo que las conversaciones slo se iniciarn cuando los manifestantes abandonen su campamento de barricadas en Bangkok. El domingo, el gobierno de Tailandia rechaz el llamamiento hecho por los Camisas Rojas para un alto el fuego y las conversaciones moderadas por la ONU. Por su parte, la ONU no ha respondido an a esta solicitud.

En un discurso televisado, que fue mostrado en todos los canales de Tailandia, Abhisit dijo:

"Mientras contine la protesta de los Camisas Rojas, seguir habiendo terroristas armados que daarn al pueblo y a las autoridades. Aumentarn los riesgos y la violencia. Insisto en que la finalizacin de la protesta es la nica manera de impedir prdidas.

"No podemos permitir que elementos ilegales tomen de rehn a Bangkok. No permitiremos que un grupo armado descontento con el gobierno ataque y hiera a las autoridades. No hay marcha atrs en nuestros esfuerzos para mantener un estado legal. Han que aceptar las prdidas. Es la nica manera de rectitud".

Las vctimas de la violencia contrarrevolucionaria son manifestantes desarmados. Los funcionarios dicen que los soldados tienen derecho a disparar en defensa propia. Pero los testigos presenciales hablan de soldados entusiastas y francotiradores que disparan desde los tejados. Abhisit defendi las acciones del ejrcito: ''el gobierno debe seguir adelante" dijo. ''Nosotros no podemos retroceder porque estamos haciendo cosas que beneficiarn a todo el pas. Si queremos acabar con la prdida de vidas, la nica manera es obligar a los manifestantes a que pongan fin a su protesta".

El gobierno estaba jugando con los dirigentes de la protesta, haciendo concesiones aparentes mientras sistemticamente se preparaba para un enfrentamiento sangriento. Con el fin de distraer la atencin pblica e internacional de estos planes, Abhisit ofreci nuevas elecciones, pero slo en noviembre y a condicin de que terminara la protesta masiva. Incluso si las elecciones de noviembre se celebraran, qu garantas habra de que los monrquicos no le daran la vuelta a un resultado inoportuno?

Barruntando una trampa, los dirigentes de los Camisas Rojas respondieron con evasivas. El primer Mmnistro declar inmediatamente que su oferta haba sido rechazada, retir la "hoja de ruta '' para las elecciones y llam al ejrcito, lo que haba sido su intencin desde el primer momento.

Herosmo de los insurgentes

Las batallas callejeras mortales entre las fuerzas de seguridad y los Camisas Rojas no mostraron ayer signos de aplacamiento. Por el contrario, el combate se haba extendido a otras partes de la capital y tambin a las provincias. Ni tampoco los disparos venan de una sola direccin. Los reporteros hacan referencias a hombres jvenes vestidos de negro, provistos de armas del ejrcito. El Sydney Morning Herald describi la escena:

"Pero en las calles hay miedo. El miedo est en los ojos de los guardias de los Camisas Rojas que permanecen desafiantes, pero nerviosos, a la entrada del campamento fortificado.

"Con bravuconera, Annan muestra su gomera, tirando de la goma hacia atrs, dirigida a un francotirador, real o imaginario, en un edificio cercano. A sus pies hay un montn de piedras y trozos de hormign para lanzarlos en la direccin de las tropas. En su bolsillo de atrs cuelga un lanzacohetes artesanal hecho de bamb y desechos de metal, para disparar pirotecnia a los soldados y helicpteros de la polica. Son una rplica endeble a los fusiles y M-16 de los soldados apostados detrs de los sacos de arena y la alambrada, a unos pocos cientos de metros de distancia.

"La barricada detrs de la cual se encuentra Annan, creada en semanas de protesta, es un enorme muro de neumticos y estacas de bamb afiladas, de cuatro metros de altura. Huele a nafta. A la espera de que las tropas marchen sobre ellos cualquier da, los Camisas Rojas han llenado sus barricadas con combustible, listo para quemar su ciudad antes que renunciar.

''Nos estamos muriendo. Todos tenemos miedo a ser asesinados, pero nos quedamos".

"Pero el miedo est escrito, tambin, en las caras de las tropas en Rama IV Road, en el extremo sur de la zona de los Camisas Rojas. Con altavoces, ruegan a los manifestantes que se mantenga la paz. Somos el ejrcito del pueblo. Slo estamos haciendo nuestro deber por la nacin. Hermanos y hermanas, hablemos juntos".

En estas condiciones fue sorprendente ver la enorme valenta y la resistencia de hombres y mujeres comunes: braceros, mozos de tienda, obreros de la construccin y vendedoras del mercado, todos de pie hombro a hombro frente a las balas y los vehculos blindados. Esta es la respuesta final a todos los escpticos, cobardes y traidores que dudan de la capacidad de la clase obrera para cambiar la sociedad.

A pesar de sus posibilidades remotas, los Camisas Rojas permanecan firmes mirando a la muerte directamente a los ojos sin estremecerse. Un informe en internet de un disidente tailands que vive en Londres, declara: "el vicepresidente del sindicato de trabajadores de la Electricidad Metropolitana de Bangkok ha trado gente para unirse a la protesta de los Camisas Rojas en Rajprasong" "El lder de los Camisas Rojas acaba de decir que "somos como Espartaco!!!"

Debilidad de la direccin

A medida que el nmero de muertos despus de cuatro das de batallas callejeras sangrientas se elev a 67 y cientos ms heridos, el ejrcito exigi que las mujeres y los nios abandonaran el rea. Pero ayer, salvo un pequeo grupo de mujeres ancianas y algunos nios, la oferta fue rechazada. Los manifestantes estaban preparados para resistir hasta el final. En Rajprasong estn cantando "Esto es una guerra de clases para barrer la autocracia".

Por desgracia, la direccin no ha mostrado la misma determinacin. Algunos lderes de los Camisas Rojas indicaron que estaran dispuestos a volver a la mesa de negociacin, pero slo si las tropas se retiraban inmediatamente de las calles y la ONU actuaba de mediadora: "queremos que las Naciones Unidas moderen debido a no confiamos en nadie ms. Ningn grupo en Tailandia es lo suficientemente neutral ", dijo Nattawut Saikua, uno de los principales lderes de la protesta. Esto fue ingenuo en extremo.

La situacin ha ido mucho ms all de los lmites de las instituciones legales y parlamentarias, que slo pueden tener xito por el grado en que la mayora decisiva de la sociedad las reconoce como vlidas. Pero en ltima instancia, todas las cuestiones fundamentales se resolvern fuera del parlamento: en las calles y fbricas y en los cuarteles del ejrcito. Los periodistas australianos Walker y Farrelly escribieron:

''El defecto fatal de Tailandia es la prdida de fe en el proceso electoral. Esta prdida de fe ha abierto el camino para que los partidarios de la lnea dura persigan alternativas violentas. La violencia de todas las partes es deplorable, pero recordemos que aquellos que condenan las provocaciones de los Camisas Rojas ms vigorosamente tambin son aquellos que han negado sistemticamente la legitimidad de sus declaraciones pacficas en las urnas.''

El gobierno trat la exigencia de la intervencin de la ONU con desprecio: "Si realmente quieren hablar, no deberan establecer condiciones como pedir que se retiren las tropas" dijo Korbsak Sabhavasu, Secretario General del primer ministro. No hubo ninguna posibilidad real de mediacin. Detrs de esta prueba de fuerza y voluntad, hay un choque entre intereses mutuamente excluyentes. El gobierno est decidido a eliminar a los manifestantes, y estos ltimos igualmente estn decididos a permanecer donde estaban.

Abhisit advirti que su gobierno no "ceder ante los manifestantes", y el ejrcito se trasladara a aplastar a los que protestan. El ministro de Asuntos Exteriores de Tailandia, Kasit Piromya, critic a los diplomticos extranjeros que hablan incluso con las Camisas Rojas, a quienes llam "terroristas". Se trata de la verdadera voz de la clase dirigente tailandesa. Es la voz de una clase que est dispuesta a ir hasta el final en defensa de sus privilegios de clase.

Pero qu hay de los lderes de la protesta? Desde el comienzo los lderes de los Camisas Rojas hicieron repetidos ofrecimientos para negociar con el gobierno, todos los cuales fueron rechazados. El gobierno entiende lo que los lderes de la protesta no comprenden: que este movimiento plantea una amenaza fundamental a la clase dirigente, que slo puede tratada con el uso de la fuerza.

Las bases estaban dispuestas a luchar. Pero en el ltimo minuto la direccin del UDD anunci que cedan ante la polica y finalizaban la protesta porque ellos "no podan ver ms muertes". Al mostrar debilidad, los lderes dieron luz verde al ejrcito para que atacara, sabiendo que no encontraran resistencia.

Esto habr tenido un efecto profundamente depresivo en el movimiento de masas. Los mismos dirigentes que los estimularon a resistir ahora les dicen ue tinen que rendirse. Los informes de Bangkok dicen que las mujeres y hombres de base en el sitio de la protesta estn muy enojados con esto. No es sorprendente. La historia de la lucha de clases demuestra que es mejor caer derrotado combatiendo que rendirse sin luchar.

La lucha por la democracia

El logro de la verdadera democracia no es posible sin el derrocamiento de la oligarqua. Pero el derrocamiento de la oligarqua no es posible sin el derrocamiento de la monarqua tailandesa. El rey Bhumibol Adulyadej tiene 82 aos y padece un mal estado de salud. Pero es el punto de confluencia de todas las fuerzas de la reaccin.

La Corriente Marxista Internacional expresa su firme apoyo al movimiento revolucionario de las masas de Tailandia. Reclamamos la dimisin inmediata del gobierno deAbhisit y la celebracin de elecciones libres y democrticas. Defendemos los derechos democrticos de todos y, sobre todo, el derecho del pueblo a organizarse, a protestar y a ir la huelga. Con el fin de garantizar esos derechos, exigimos la convocatoria de una Asamblea Constituyente para elaborar una Constitucin verdaderamente democrtica, cuyo primer punto debe ser la abolicin de la monarqua.

Se dice que la monarqua tailandesa es una institucin venerable, santificada por la religin y el poder de una tradicin milenaria. Pero eso podra tambin haberlo dicho la dinasta Romanov en la Rusia zarista. Pero fue suficiente un solo choque sangriento el 9 de enero de 1905, para que todos los viejos prejuicios monrquicos fueran barridos de las mentes de los rusos. Cualquiera que sea el resultado inmediato del presente enfrentamiento sangriento en las calles de Bangkok, tendrn el mismo efecto.

Inevitablemente, el odio ardiente del gobierno de los ricos se transferir a ese baluarte de privilegio, la monarqua. Crecer la demanda a favor de una repblica, uniendo a amplias capas de las masas. Y con cada paso adelante que den las masas, quedar claro que la nica forma de avanzar es a travs de un gobierno de los trabajadores y los campesinos pobres.

Como en todos los pases, en Tailandia la institucin de la monarqua no es simplemente una supervivencia sin sentido del pasado, un anacronismo colorido pero esencialmente sin sentido, algo para ser admirado por los turistas Es un baluarte de la reaccin, un smbolo de la propiedad, del poder, la riqueza y el privilegio, un punto de convergencia de todas las fuerzas de la contrarrevolucin. Debe ser barrido aparte si la Revolucin quiere avanzar.

Cuando escribimos estas palabras, se est jugando la suerte del movimiento de protesta masiva en Bangkok. Habida cuenta de la capitulacin de la direccin, parece probable que la primera ronda terminar en una derrota. Pero esta explosin de la lucha de clases tendr profundas consecuencias. Tailandia nunca ser el mismo otra vez. Cualquier gobierno que surja de una situacin catica ser intrnsecamente inestable. Ningn resultado duradero es posible sobre la base de las bases actuales. Nuevos levantamientos son inevitables.

El movimiento democrtico revolucionario ha sido llenado de contenido de clase. Inevitablemente ir ms all de los lmites establecidos inicialmente por la direccin. Est en el inters de la clase trabajadora tailandesa luchar por las demandas democrticas ms avanzadas. Slo desactivando lejos todos la basura feudal antigua ppdrn los trabajadores lograr las condiciones necesarias para el desarrollo de la lucha de clases. Pero los trabajadores lucharn por la democracia con sus propias armas de clase: es necesario llamar a una huelga general para derrocar al gobierno!

Una huelga general, organizada a travs de comits de lucha, es la nica manera de desorganizar las fuerzas contrarrevolucionarias y darle una forma organizativa y de cohesin al movimiento revolucionario de las masas. La conquista de la democracia requerira la completa reconstruccin revolucionaria de la sociedad tailandesa de arriba abajo. Y este objetivo puede lograrse slo cuando la clase obrera se site a s mismo a la cabeza de la sociedad para derrocar a la oligarqua odiada, siguiendo el ejemplo de los trabajadores y campesinos rusos en 1917.

Fuente: http://www.corrientemarxista.org/internacional/asia/84-revolucion-y-contrarrevolucion-en-tailandia-.html

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