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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-05-2010

Sobre profecas econmicas y orculos neoliberales (recordando un texto de Marx)

John Brown
Viento Sur


La nica parte de la llamada riqueza nacional que realmente entra en la posesin colectiva de los pueblos modernos es... su deuda pblica .

(Karl Marx)

"En cuanto a los que hacen falsas predicciones, por mucho que las hayan hecho en nombre de Dios, o los que hayan predicado falsos dioses, auque hayan hecho autnticos milagros, Moiss declara que son falsos profetas y merecen la muerte."

(Spinoza, Tratado teolgico-poltico, XV)

Creo que, despus de la actual tragicomedia, a la socialdemocracia de Papandreu o de Zapatero slo les queda el descrdito o la impotencia. Tal vez los dos. El margen de maniobra que permita a la socialdemocracia arbitrar en el reparto de la renta y valorizar pasivamente la fuerza de trabajo se ha acabado. Con l tambin se ha acabado la posibilidad de una democracia con algn contenido, pues las democracias europea y norteamericana jugaban precisamente con ese margen (mediante polticas sociales o burbujas de deuda neoliberales). Ese margen hoy no existe: los mercados lo han invadido. Cuando un poder extralegal dice al supuesto soberano lo que debe hacer, este poder es el autntico soberano. En nuestra tragicomedia este poder habla por boca de los mercados y de sus orculos (los economistas). No importa que los orculos mientan con descaro: su mentira es la verdad que expresa el inconsciente del rgimen, lo que el propio rgimen "no sabe que sabe". De hecho, como en el 1984 de Orwell, siempre pueden cambiar retrospectivamente las previsiones del plan. As, durante ms de un ao han estado anunciando el surgimiento de "brotes verdes" anunciadores del fin de la crisis, para afirmar ahora que la nica salida de la crisis -ahora agravada- consiste en la adopcin de un paquete de medidas antisociales que, por aadidura, slo pueden originar una recesin an mayor, si no una autntica depresin de la economa.

Hubo primero que salvar los bancos provocando un endeudamiento gigantesco de las haciendas pblicas. Ahora que los bancos estn a salvo, ellos mismos, junto con los dems agentes financieros, apuestan a la bancarrota fiscal de los Estados que se endeudaron para salvarlos, provocando un brutal aumento de los tipos de inters de la deuda pblica de los pases ya ms endeudados. Los representantes polticos de los pases del euro o de la UE hoy amenazados por esta nueva ofensiva han decidido, para salir del atolladero, liquidar sus polticas sociales y, ya que no pueden devaluar su moneda, devaluar la fuerza de trabajo. De este modo tienen la seguridad de reducir sus gastos pblicos a corto plazo y de poder arrojar carnaza a los tiburones de la finanza. Pero esta solucin no es ni siquiera viable. Las declaraciones "patriticas" de necios como Jos Luis Bono, quien afirma que "Es un momento de sangre, sudor y lgrimas para el pueblo espaol" o que "Es la hora de que gane Espaa, aunque perdamos las elecciones", no engaan ms que a quien quiera engaarse.

En la actualidad, el capital financiero como expresin directamente poltica de la relacin capital en un rgimen de acumulacin donde el propio capital ha dejado de ser productivo, es el medio por excelencia de la expropiacin de los comunes. La liquidacin de las polticas sociales y la privatizacin programada de los servicios pblicos constituyen una aplicacin de mtodos coloniales de expropiacin en las propias metrpolis capitalistas. Como ya no existen nuevas colonias por conquistar y las que se intentan dominar por la fuerza -Iraq, Afganistn- parecen resistirse a la esclavitud, el capital tiene que buscar nuevas fuentes de beneficio en sus propias metrpolis: se trata de los bienes comunes representados por el Estado social y los servicios pblicos, el recurso productivo comn que es la inteligencia colectiva, que se pretende someter a las patentes, la propia vida y los estilos de vida de los individuos y grupos que son hoy objeto de una brutal apropiacin mercantil.

Hasta hace unos meses se hablaba de una refundacin del capitalismo. Se trataba de poner a este rgimen lmites ticos y sociales para evitar su autodestruccin. Esa refundacin tena que ver con la que se conoci en los aos 30 y que teoriz Polanyi en La gran transformacin . En aquel momento, se trataba de evitar la implosin de un sistema de capitalismo desregulado que ya haba provocado una guerra mundial, seguida de la Revolucin rusa y de la crisis del 29. Las polticas keynesianas y fordistas -y sus variantes fascista y nacionalsocialista- evitaron el hundimiento y permitieron contener la ola revolucionaria que amenazaba con expandirse desde Rusia.

Hoy no se intenta ni siquiera aplicar seriamente estas medidas, no porque el capitalismo no desee salvarse, sino porque ya no puede hacerlo as. Cuando la produccin material est dejando de ser la fuente principal de beneficio para el capital, cuando esta misma produccin, incluso bajo formas jurdicas capitalistas, tiene que recurrir a la cooperacin directa de los trabajadores y a formas difusas de trabajo social remunerado o no remunerado, el beneficio capitalista ha dejado de proceder de la produccin. Inicialmente el capitalismo se distingua del feudalismo y de los regmenes sociales de produccin anteriores por el hecho de que la extraccin de plusvala, que se realizaba en los anteriores regmenes desde el exterior del proceso productivo (tributos, diezmos etc.), tena lugar ahora dentro del propio proceso de produccin, como extraccin de plusvala.

Hoy, a pesar del mantenimiento -a veces mediante formas brutales: guerra, leyes de excepcin etc.- de las formas jurdicas correspondientes a las fases iniciales del capitalismo, la realidad de la produccin ha cambiado. Hoy, al igual que en otras fases de acumulacin originaria, los mecanismos de la deuda pblica y de la renta financiera son dominantes. El capitalismo, en cierto modo, se ha feudalizado: ya no extrae fundamentalmente plusvala a travs de la produccin, sino mediante los circuitos financieros. Aqu, ya slo se puede dejar la palabra a Marx, quien pudo con su enorme lucidez describir lo que estamos viviendo hoy refirindose no a la fase -ojal terminal- del capital que hoy vivimos, sino a sus oscuros comienzos en los que deuda pblica, la explotacin colonial, la expropiacin y proleterizacin consiguiente de los trabajadores de las metrpolis y el desarrollo de los circuitos e instrumentos financieros consiguieron que el dinero generase ms dinero sin pasar por un proceso de produccin controlado por el capital. En el captulo sobre la acumulacin originaria del libro primero del Capital , afirma, pues, Marx lo siguiente:
"Los diversos factores de la acumulacin originaria se distribuyen ahora, en una secuencia ms o menos cronolgica, principalmente entre Espaa, Portugal, Holanda, Francia e Inglaterra. En Inglaterra, a fines del siglo XVII, se combinan sistemticamente en el sistema colonial , en el de la deuda pblica, en el moderno sistema impositivo y el sistema proteccionista. Estos mtodos, como por ejemplo el sistema colonial, se fundan en parte sobre la violencia ms brutal. Pero todos ellos recurren al poder del estado, a la violencia organizada y concentrada de la sociedad, para fomentar como en un invernadero el proceso de transformacin del modo de produccin feudal en modo de produccin capitalista y para abreviar las transiciones. La violencia es la partera de toda sociedad vieja preada de una nueva. Ella misma es una potencia econmica."
Y prosigue:

"El sistema del crdito pblico, esto es, de la deuda del estado, cuyos orgenes los descubrimos en Gnova y Venecia ya en la Edad Media, tom posesin de toda Europa durante el perodo manufacturero. El sistema colonial, con su comercio martimo y sus guerras comerciales, le sirvi de invernadero. As, ech races por primera vez en Holanda. La deuda pblica o, en otros trminos, la enajenacin del estado sea ste desptico, constitucional o republicano deja su impronta en la era capitalista. La nica parte de la llamada riqueza nacional que realmente entra en la posesin colectiva de los pueblos modernos es... su deuda pblica . De ah que sea cabalmente coherente la doctrina moderna segn la cual un pueblo es tanto ms rico cuanto ms se endeuda. El crdito pblico se convierte en el credo del capital. Y al surgir el endeudamiento del estado, el pecado contra el Espritu Santo, para el que no hay perdn alguno, deja su lugar a la falta de confianza en la deuda pblica.

"La deuda pblica se convierte en una de las palancas ms efectivas de la acumulacin originaria . Como con un toque de varita mgica, infunde virtud generadora al dinero improductivo y lo transforma en capital, sin que para ello el mismo tenga que exponerse necesariamente a las molestias y riesgos inseparables de la inversin industrial e incluso de la usuraria. En realidad, los acreedores del estado no dan nada, pues la suma prestada se convierte en ttulos de deuda, fcilmente transferibles, que en sus manos continan funcionando como si fueran la misma suma de dinero en efectivo. Pero aun prescindiendo de la clase de rentistas ociosos as creada y de la riqueza improvisada de los financistas que desempean el papel de intermediarios entre el gobierno y la nacin como tambin de la sbita fortuna de arrendadores de contribuciones, comerciantes y fabricantes privados para los cuales una buena tajada de todo emprstito estatal les sirve como un capital llovido del cielo, la deuda pblica ha dado impulso a las sociedades por acciones, al comercio de toda suerte de papeles negociables, al agio, en una palabra, al juego de la bolsa y a la moderna bancocracia.

"Desde su origen, los grandes bancos, engalanados con rtulos nacionales, no eran otra cosa que sociedades de especuladores privados que se establecan a la vera de los gobiernos y estaban en condiciones, gracias a los privilegios obtenidos, de prestarles dinero. Por eso la acumulacin de la deuda pblica no tiene indicador ms infalible que el alza sucesiva de las acciones de estos bancos, cuyo desenvolvimiento pleno data de la fundacin del Banco de Inglaterra (1694). El Banco de Inglaterra comenz por prestar su dinero al gobierno a un 8 % de inters, al propio tiempo, el parlamento lo autoriz a acuar dinero con el mismo capital, volviendo a prestarlo al pblico bajo la forma de billetes de banco. Con estos billetes poda descontar letras, hacer prstamos sobre mercancas y adquirir metales preciosos. No pas mucho tiempo antes que este dinero de crdito, fabricado por el propio banco, se convirtiera en la moneda con que el Banco de Inglaterra efectuaba emprstitos al estado y pagaba, por cuenta de ste, los intereses de la deuda pblica. No bastaba que diera con una mano para recibir ms con la otra; el banco, mientras reciba, segua siendo acreedor perpetuo de la nacin hasta el ltimo penique entregado. Paulatiamente fue convirtindose en el receptculo insustituible de los tesoros metlicos del pas y en el centro de gravitacin de todo el crdito comercial. Por la misma poca en que Inglaterra dej de quemar brujas, comenz a colgar a los falsificadores de billetes de banco. En las obras de esa poca, por ejemplo en las de Bolingbroke, puede apreciarse claramente el efecto que produjo en los contemporneos la aparicin sbita de esa laya de banccratas, financistas, rentistas, corredores,  stock-jobbers [bolsistas] y tiburones de la bolsa."

William Cobbett observa que en Inglaterra a todas las instituciones pblicas se las denomina reales, pero que, a modo de compensacin, existe la deuda 'nacional' (national debt)."

Marx no lleg a escribir el volumen sobre el Estado que figuraba en el plan incial del Capital. Sin embargo, vemos en un texto como este qu tipo de relacin guarda el Estado moderno con la acumulacin de capital y en otros pasajes de la misma obra podemos comprobar la funcin de reproduccin que desempea el Estado respecto de la relaciones capitalistas. Cualquier intento de recurrir al Estado como medio para poner freno al Capital podr, en el mejor de los casos, tener efectos limitados, cuando no francamente reaccionarios. Estado y poder financiero se encuentran ntimamente unidos en su principio mismo por su carcter representativo. Como sostiene el jurista francs Marcel Hauriou (de quien afirmaba Pasukanis que era uno de los pocos tericos burgueses del derecho que no deca tonteras):
"Existe entre el rgimen de Estado y el rgimen de la finanza la caraterstica comn de que ambos reposan sobre elementos representativos ms que reales, el Estado sobre la concepcin de la cosa pblica, la finanza sobre el crdito. Estas afinidades no son meras aproximaciones de ideas. Hemos visto que el Estado es un equilibrio mvil, muy delicado, en constante progreso; hace falta que haya en l una organizacin econmica flexible y mvil como la de la roiqueza mobiliaria. Por otra parte, por mucho que sean mviles, las estabilidades que garantiza el Estado tienen un valor de creencia mxima y son las que desarrollan el crdito necesario al rgimen capitalista."
Finanza y Estado se encuentran hoy de nuevo mano a mano como los dos polos principales del capitalismo, una vez que este ya no es capaz de organizar la produccin. El Estado reposa en las "predicciones" de los nuevos augures de la finanza y estos mantienen al Estado como instrumento de garanta de sus rentas. Ambos viven del crdito: de la representacin poltica, basada en la creencia en u todo nacional que hoy ilustran con pasin los tribunos de la izquierda, del centro y de la derecha del a derecha, y de la "confianza de los mercados". Ambos son falsos profetas, tramposos, pues determinan ellos mismos las condiciones de cumplimiento de sus propias profecas. La nica solucin a este problema de los falsos profetas la encontraron los antiguos judos, quienes, para acreditar la profeca condenaban sistemticamente a muerte a los falsos profetas. Esto haca, mediante un mtodo espistemolgicamente mucho ms fiable, que la profeca fuese siempre autntica. Unos popperianos algo sanguinarios con criterios de falsation eficaces y radicales. No slo se descarta la proposicin que resulta falsa, sino que se "falsa" a su propio autor. Tal vez hubiera que aprender de los antiguos hebreos.

rJV


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