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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-05-2010

El laberinto del trabajador

Edgar Borges
Rebelin


En el mundo capitalista el trabajador ha sido reducido a una parcela, a una casilla, a un ncleo invisible donde l se encuentra slo, desarmado; ha sido despojado hasta de su conciencia para asumir el camino (y el derecho) de rebelin. No he nacido para ser una mquina de escribir ni una calculadoraLe agradezco que tenga la energa necesaria para despedirme y le ruego que piense de m lo que le plazcaEn sus oficinas, de las que tanto bombo se hace, en las que tantos quisieran trabajar, no se habla nunca de cmo evoluciona un hombre joven. Me importa un rbano gozar de la ventaja que supone un sueldo mensual fijo. Sera una forma de decaer, de embrutecerme, de acobardarme, de anquilosarme. Le sorprender orme usar expresiones semejantes, pero tendr que admitir que estoy diciendo la verdad pura y simple. Tal verdad, dicha con la humildad de que quien ha decidido jugarse la sobrevivencia para obtener la vida o la nada, forma parte de uno de los dilogos de la novela Los hermanos Tanner (1907) de Robert Walser (Suiza, 1878-1956). Y, por muy paradjico que resulte (sobre todo si creemos que el capitalismo ofrece avances laborales), tal verdad sera muy difcil que un trabajador de los comienzos del siglo XXI se atreviera a decrsela a su jefe.

El trabajador real de hoy es un ser mucho ms (progresivamente) pasivo que el trabajador ficticio de Walser. No obstante, ms all de la propuesta de ficcin literaria (pues la poltica y la economa nos imponen ficciones), cierto es que a partir de la dcada del 80 del siglo XX se aceler el proceso de desmontaje de la conciencia crtica del trabajador. Observando el panorama mundial, incluso, con mayor fuerza, hoy, en los llamados pases del primer mundo, pareciera que vamos camino a entregar, en paz, los logros que en otros momentos histricos costaron sangre. El colectivo ha sido desmembrado; el individuo ha sido paralizado, en mente y accin. El letargo generalizado es tal que no se perciben muchas seales de vida.

El capitalismo, en su carrera veloz hacia el desastre (recuerden que al monstruo en algn momento le estallar el estmago), impuso la pregunta y la respuesta de la sobrevivencia: entre la dignidad y la familia siempre vence el miedo. Y todo parece indicar que muchos, por miedo, estn dispuestos a formar parte del ejrcito idiotizado (y masivo) de las grandes corporaciones a cambio de captar un poco de vida (la vida que no era vida). Cualquier nuevo intento que se pretenda impulsar para liberar al trabajador del siglo XXI, deber estudiar (a fondo) la estructura de la tragedia invisible que hoy padecemos. El individuo ya no deposita su fe ni en la religin ni en la poltica; ahora, por sobrevivencia, la nica fe permitida es la de la economa (el fundamentalismo econmico). Y ante esa ley difcil ser que un trabajador se atreva a levantar la voz contra el laberinto donde le han encerrado su existencia. Habr que contar con los trabajadores que, ante la miserable pregunta, puedan responder que defienden por igual la dignidad, la familia y el mundo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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