Portada :: Europa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-01-2005

Festung-Europa: Notas sobre la constitucin europea por un brbaro

Nicols Gonzlez Varela
Rebelin


Desobediencia es mi palabra favorita

(Philip Marlowe)

Proemio

La hiptesis de una guerra global permanente (GGP) tiene una ventaja y muchas hipotecas ocultas. La ventaja es obvia: es un concepto altamente comprensible, una etiqueta de fcil explicacin, harto evidente y fcil de digerir. A esta facilidad semntica se le contrapone problemas diramos de introspeccin nacional: queda constreida a un revival de la vieja categora militarismo del siglo XIX, donde el peso excesivo recaa sobre la esfera de la poltica externa, dando por consabido o supuesto las determinantes internas, sistmicas, la lucha de clases en la propia nacin. Quiero abordar el tema de la Constitucin europea en sentido inverso, pensando la GGP como la primaca de la poltica interna, como el desarrollo larvado de figuras de la lucha de clases (pasadas y futuras), como presunciones de guerra civil y dominio de clase. La constitucin entendida como sistema de mediaciones y equilibrio entre el capital y el poder obrero coagula niveles de violencia al mismo que disea nuevas figuras de comando poltico que tendrn profunda incidencia en la morfologa de la lucha de clases.

Europa. Historia conceptual de una ideologa:

El proyecto de unidad europea El anhelo de unidad europea es ms antiguo que la corona de Carlomagno, deca clarividente Jnger en 1944, el nacional-bolchevique amigo de Heidegger, pero nunca ha sido tan apremiante y ardiente como en nuestro tiempo. Europa es una suerte de enigma, un enigma que arrastra desde su propio nombre equvoco. Euro, el antiguo viento del sudoeste, hijo de Eos y de Tifn. Europa, mitolgica herona oriental que termina nombrando y renombrando un apndice geogrfico, la joven amada por Zeus e hija de Agenor, rey de Fenicia; la seducida y montada en un toro, tal como se puede ver en una antigua metopa del templo de Seminonte. Europa, una metfora semtica del espacio entre el Atlntico y los Urales, una regin que los antiguos relacionaban con el sol poniente al norte de la Hlade, la Grecia clsica, tal como la nombraban Esquilo y Eurpides.

As, ya en la propia etimologa Europa lleva una incertidumbre, la figura de un origen extrao, la del otro y, porque no, la necesidad vital, la angustia de buscar una unidad anhelada y perdida. Europa y Asia, Occidente y Oriente, Levante y Poniente, ms que sernos conscientes como materiales unidades geogrficas o en representaciones geofsicas nos resultan claras en lo ms ntimo de nosotros, como densidad poltico-cultural. Europa es un concepto inestable, fluctuante y su propia delimitacin no slo pudo ser discutida a lo largo de su atroz historia, sino que es criticable. Sus caras geogrficas, histrico-espirituales, jams han coincidido. Si en la Antigedad las costas de Jonia y ciudades como Alejandra formaban parte de Europa (y se excluan Britannia y Germania), ya en la Edad Media amplias zonas de los Balcanes, incluida Grecia, eran lo otro, el fantasma de Asia. Constantinopla dej de ser automticamente Europa cuando los turcos la conquistaron o frica del Norte con los rabes.

Esto demuestra que quin traza las fronteras, quien construye la identidad amigo-enemigo no es tanto el Volksgeist, o la razn universal, sino el poder econmico-social establecido. La palabra Europa, antes Occidente, sirve para designar de un modo cada vez ms inequvoco un Hinterland econmico, un mercado, un haz de relaciones entre hombres y mercancas. Y si tomamos el concepto de Europa en sentido restringido, su extensin es mucho menor con respecto a lo que hoy entendemos por la Unin Europea. Lo que s queda claro es que, debajo de todos los discursos, sean por s o por no, hay un conocimiento infalible y certero, que por debajo de todos los cambios hegemnicos en las relaciones espaciales de poder, subyace la diferencia ontolgica entre Europa y lo otro. Y esta diferencia es la que obsesiona la bsqueda de identidad y relacin. La urgencia de unidad, de identidad, de autorreconocimiento se basa en una apora fundadora del pensamiento occidental, estrechamente conectada a su propia historia lexicogrfica, a su definicin geogrfica y a una ideologa burguesa tarda, irremediablemente materialista y eurocntrica. En su relacin de polemos-eros con lo otro, con lo brbaro, lo no-europeo es donde Europa busca en un duro trabajo interpretativo su problema de identidad y relacin. Europa sabe que su verdad ms profunda est fuera de ella misma, como en sus orgenes, aunque muchas veces lo olvide.

El inicio como acto fallido: la ideologa europea como la Ciudad Perclea o la libertad contra la democracia

Recordemos qu es este proyecto. El texto finalmente remitido al Consejo Europeo resulta ser una mezcla confusa entre un Tratado constitucional (en el sentido schmittiano del trmino) y una ley fundamental, y en l se aglutinan, despus de un Prefacio y un Prembulo, los nueve ttulos bsicos de la Constitucin, recogidos en una Parte I, junto con la Carta de los derechos fundamentales de la Unin (que pasa a ser la parte II del Proyecto), una Parte III dedicada a las Polticas y el Funcionamiento de la Unin y una Parte IV (de Disposiciones generales y finales), donde se anexan cinco protocolos de diversa ndole (Protocolo sobre el cometido de los parlamentos nacionales en la UE, Protocolo sobre la aplicacin de los principios de subsidiaridad y proporcionalidad, Protocolo sobre la representacin de los ciudadanos en el Parlamento Europeo, la ponderacin de votos en el Consejo Europeo y el Consejo de Ministros, Protocolo sobre el grupo del euro y Protocolo por el que se modifica el Tratado Euratom) y algunos otros textos (Declaracin aneja al Protocolo sobre la representacin..., Declaracin sobre la creacin de un servicio europeo de accin exterior y una Declaracin al acta final de firma del Tratado por el que se instituye la Constitucin, de corte procedimental). Son 448 artculos completos, divididos en 4 partes, 6 protocolos, 2 prembulos, un epgrafe de Tucdides y 3 declaraciones. Por ello, y dada la maraa de documentos y asuntos que en ella se tratan, entindanse las siguientes reflexiones como una primera aproximacin a lo que esta ley fundamental supondr en el corto y medio plazo para los pueblos de Europa. Empezaremos de lo que da menos miedo e importante para ir aumentando el pnico hacia lo siniestro y regresivo.

El proyecto de tratado constitucional comienza con un rapto de inspiracin de los redactores, se trata de una memorable y conocida cita de Percles. Aqu las Musas han fallado en su efecto ideolgico, pues nos quedan dos alternativas en cuanto a su intencionalidad: o bien se ha querido inconscientemente decir lo que no dice o bien se dice lo que el texto original griego significa verdaderamente. Muchos comentaristas espaoles hablan de baja calidad constitucional (Prez Royo), y no es para menos. Veamos de qu se trata. El ideal helnico ha formado parte desde el vamos de la ideologa europea, en especial de Alemania. Hacia 1600 la atencin y el entusiasmo de las clases dominantes comenzaron a fijarse en Atenas. El gusto greco (una ingenuidad humana y una apacible grandeza, segn Lessing) contaminaba, totalmente distorsionado, el propio pensamiento poltico. As como Chandler en Oxford comparaba el Castle Hill (aclarar) en forma y magnitud (y por extensin la monarqua constitucional britnica) con el Soros en la planicie de Maratn; Hlderlin meditaba que los Alpes eran el Olimpo mientras compona versos a lo Pndaro; Schielemann redescubra Troya, as las primeras revoluciones victoriosas de la naciente burguesa construyeron su propia genealoga de dominio sobre el paisaje mitolgico de Grecia. Y no slo los romnticos. Basta aqu sealar la propia revolucin nacionalsocialista o el pensamiento de Heidegger: era un paradigma de poca que nicamente los alemanes haban captado y conservado el espritu griego y su lengua. Y la expropiacin europea de Grecia adems fue fsica: Hallerstein traslad los frisos completos de Egina al Imperio Alemn mientras Cockerell los de Bassae al Imperio Britnico. A la brutalidad ideolgica se le acompao con actos de rapia perfectamente legtimos a los que se juzgaban autnticos herederos espirituales. La Constitucin europea se inspira en este ncleo duro de la ideologa europea.

Veamos la cita:

Nuestra Constitucin... se llama democracia porque el poder no est en manos de unos pocos sino de la mayora.

Tucdides II, 37

No vamos aqu a proponerles una clase de griego clsico, pero debemos decir que el prembulo de la Constitucin comienza con una falsificacin o, si quieren, una bajeza filolgica. Dice Percles en una traduccin escolar: La palabra que adoptamos para definir nuestro sistema poltico (politea) es democracia (demokratia) porque, en la administracin (oiken), ste se define no respecto a unos pocos sino respecto a la mayora. As se encuentra en la mayora de las traducciones ms anodinas (yo me he remitido a la de editorial Gredos del ao 2000). La distorsin del traductor/traidor lleva varias confusiones: primero en ningn lugar se habla de Constitucin sino politeia, que puede forzadamente entenderse como organizacin o sistema poltico. Segundo: no se encuentra la palabra poder simplemente porque oiken es administracin. Tercero: no est dems sealar la ambivalencia y oscuridad de la vieja palabra demokrata, donde krtos es poder violento de la mayora (es una palabra que se usa para describir la fuerza ejercida con violencia, superioridad sobre el adversario: virtud mgica del guerrero; Homero muestra cmo Zeus puede conferir el krtos a uno de los dos ejrcitos: Zeus prefiere dar el gran krtos a los troyanos antes que a nosotros). Recordemos que democracia era el trmino con que los enemigos del gobierno popular definan a dicho rgimen, con la idea de destacar su carcter violento. Pero en su contexto Percles nos aclara estas dudas, continua diciendo: Pero en las disputas privadas concedemos a cada uno el mismo peso y, en cualquier caso, en nuestra vida pblica rige la libertad. Es obvio que Percles opone democracia a libertad, y que en esta lucha dialctica la sntesis cae en la libertad. Demokratia puede usarse para definir nuestra organizacin estatal simplemente porque solemos referirnos al criterio de una mayora abstracta, pero aqu lo que se impone es la libertad. De hecho, Tucdides al trazar un retrato biogrfico seala que en Atenas existi una democracia de nombre, pero que de hecho era el gobierno de un Prncipe (prtos aner). Democracia de nombre; poder de prncipe, personal y aceptado por todos. Ni ms ni menos. Uno se imagina los redactores del prembulo inmersos en el papel de Bartebly, el escribiente de Melville, repitiendo: preferira no hacerlo. Y se nota. El intento grosero de acuar a la Atenas imperialista como inventora de la democracia, como inicio de la gran aventura de la libertad y el grosero frceps ideolgico de pretender que la Europa del siglo XXI es heredera natural de la imagen del estado ptimo, del estado fundado en la democracia y la libertad (Passerin dEntrves) es toda una profesin de fe de la burguesa europea. En este pequeo lapsus freudiano se concentra qumicamente, en rpida sntesis, todos los rasgos de un modo universal de considerar y concebir lo poltico. Un shibbolet que ha reflejado durante siglos y con orgullo la falsa conciencia de la Europa liberal.

Contexto: la frase se extrae del historiador Tucdides, sus famosas narraciones conocidas como Historia de la Guerra del Peloponeso, la considerada primera guerra europea o mundial de Occidente. Tucdides forma parte de la intertextualidad del pensamiento poltico a travs de Maquiavelo, Hobbes, Stuart Mill o Nietzsche. El absolutismo desptico espaol tuvo su influencia con Alfonso V (se hizo traducir una edicin personal) o Carlos V (que lo lea en francs), y lo llamaba el eterno manual de los estadistas. Hasta Churchill tena un ejemplar en su mesita de luz y el audaz general Patton en su campaa de Sicilia peleaba contra paracaidistas alemanes hojeando sus pginas. No faltan notas de actualidad o seales inequvocas: noviembre de 1999, mientras la OTAN haba concluidos sus bombarderos sobre Yugoslavia, el recin elegido presidente de Grecia, Stefanopoulos, visitaba a Clinton con un obsequio: una edicin de lujo de Tucdides.

Pues bien, en el libro II, 35 aparece un discurso fnebre en boca del estratega Percles. El elogio fnebre era no slo un gnero retrico ms (se daba en el contexto de la Epitphia: ceremonia fnebre estatal instituida por Soln que se celebraba anualmente; en el momento de la inhumacin en el Cermico de soldados muertos un orador designado por el Consejo pronunciaba un discurso fnebre, el epitphios lgos) sino un acto poltico por excelencia en Atenas, y en el contexto de la guerra del Peloponeso, una lucha imperialista, un reafirmamiento de la muerte bella, el patriotismo visceral y un panegrico a la ciudad imperial. Pura Kriegsideologie: comunidad, destino, peligro, decisin, muerte. Este gnero ya fue mofa no slo de los sofistas sino del mismo Scrates (v. el dilogo Menxeno, Platn). Para hacernos un paralelismo imaginemos un discurso fnebre oficial de los muertos militares de EE.UU. en Irak en boca de Bush en el gora de West Point. O sea que ya sea por un lado u otro, por falsificacin o por reafirmacin, la comprometida frase de Percles lo que se sostiene es la oposicin irreconciliable entre democracia y libertad bajo un rgimen basado en la propiedad privada Y esta coherencia ideolgica se mantiene en este tratado constitucional donde la libertad de los modernos subsume y asfixia a la dbil democracia del ya agnico Welfare State. Tal el motto que inspira el tratado. Libertad violentamente enfrentada al demos.

Empezamos a entender un poco mejor la traicin de los redactores de la Constitucin europea, el acto fallido del prembulo, en realidad toda una definicin conceptual de la grandeza y decadencia de la ideologa europea y esfuerzo por consolidar un nueva poca en la relacin entre el capital y el trabajo. En esto vale aquel viejo adagio materialista que sostena que el derecho sigue al mercado.

El anlisis textual: el posfordismo constitucional

Prembulo: es lo que se puede ver en la publicidad anticonstitucional del partido de gobierno: ideas que no son vinculantes y que tranquilamente pueden ser sostenidas por cualquier conservador recalcitrante. Lo bueno es que concluye con una frase digna del lenguaje orwelliano de 1984: nosotros (los no-consultados, el coro de la tragedia) agradecemos a los redactores-mandarines sin mandato haber hecho para nosotros una constitucin en nuestro nombre.

PARTE-I: Las Supernormas?: se incluyen aqu nueve ttulos: De la definicin y los objetivos; De los derechos fundamentales y de la ciudadana; De las competencias; De las instituciones y rganos; Del ejercicio de las competencias; de la vida democrtica; De las finanzas; Dela Unin y su entorno prximo, y De la pertenencia a la Ujnin. Comentaremos aqu el primer ttulo que parte de una particularmente tenebrosa separacin entre valores y objetivos y que muchos consideran a estos ltimos como supernormas, ya que definen como objetivos centrales de la Europa Unida los dos pilares bsicos: el omnipresente espacio de libertad, seguridad y justicia ms un mercado competitivo libre y no-falseado. El orden lexicogrfico que han adoptado los redactores nos obliga a detenernos en estas bellas palabras.

Libertades negativas y positivas: la violencia jurdica del capital (recordemos siempre que el derecho es cristalizacin de relaciones de poder) nunca es ms preclara en esta exposicin de los Derechos Fundamentales, donde la definicin de la libertad nos permite aclarar el significado oculto de aquel epgrafe de Percles. Las libertades fundamentales, los Grundrechte (principio de distribucin), se definen, Artculo I-4, como: libre desenvolvimiento de personas (veremos que es esto de personas), servicios, mercancas, capitales y establecimiento. La idea clsica era que la esfera de libertad del individuo es ilimitada, en palabras de Turgot (1770): la libertad contiene en s misma el catecismo poltico de la multitud. La libertad como derecho fundamental vale como anterior y superior al propio estado. Imaginen que en Europa la figura de Monsieur Le Capital es ahora una esfera esencial y absoluta de la libertad del gnero humano. Estamos ante otra violenta innovacin en el derecho constitucional posmoderno: el capital titular de un derecho fundamental! Lasalle nos haba dicho ya que la constitucin no era otra cosa que un papel escrito en el que se expresaban las reales relaciones de poder materiales. Y que, obviamente, la lucha de clases poda ser perfectamente la lucha por la formacin de derecho. Pero adems, toda constitucin, o proyecto, conlleva elementos mixtos de alivio al sistema de dominio. Es decir: mucho analistas y comentaristas hablan de que este tratado blinda o congela determinado equilibrio hegemnico, pero se olvidan de un componente esencial y estratgico de las constituciones burguesas desde 1787, y es que no slo tiene que satisfacer las necesidades ya existentes, dirigirlas, simplificarlas y controlarlas normativamente, sino que adems en grado superlativo deben guiar el cambio y la creacin de nuevas necesidades surgidas precisamente de la situacin originaria. O sea: adecuarse a estas nuevas necesidades creando nuevas formas y figuras. Toda constitucin del capital tiene que normar pedaggicamente las necesidades del futuro incorporando objetivos de futuro, superiores, y hasta contrautpicos. Este tratado esta plagado de esta violencia normativa. Muchos hablan que constitucionaliza Maastrich, pero en realida radicaliza, amplifica y codifica radicalmente el pasaje al posfordismo, yendo ms all de Maastricht. Entendemos aqu posfordismo como una economa que depende cada vez menos de la cantidad de fuerza-trabajo directamente empleada en el proceso productivo (el famoso quantum de trabajo vivo de Marx). Uno es la figura inslita de la libertad del capital y otras que comentar. Porque siempre la cuestin fundamental en el derecho capitalista es: cual es la forma constitucional que quiero imponer a la multitud, a dnde quiero dirigirla, cual es la relacin exacta entre elementos utpicos-pedaggicos de una constitucin y los factores que simplemente regulan la constancia del sistema? Veremos que este compromiso ptimo ha sido resuelto en la constitucin europea con una aufheben utpica que ejerce una violencia sin precedentes no slo sobre las propias constituciones nacionales, sino sobre el horizonte del constitucionalismo liberal del siglo XIX.

Materialismo histrico: el nuevo clima interpretativo:

Pasemos ahora a la Carta propiamente dicha. All se establecen los Bills of Right de la nueva ideologa europea. Si en la constitucin de la revolucin francesa de 1789 se consideraba a la libertad, la propiedad, la seguridad y el derecho de resistencia (un componente liberal clsico desaparecido) ahora nos encontramos con las pilastras de la Festung Europa: la supernorma que tiene como objetivo ese tenebroso espacio de libertad, seguridad y justicia nos define seis ttulos: dignidad, libertad, igualdad, solidaridad, ciudadana y justicia. Para el lector atento (no: atentsimo!) se repetir una tendencia, en verdad doble, en la cual la generalidad de las afirmaciones en orden a la forma, al modo, a los instrumentos de garanta de los derechos que se proclaman es resuelta con el re-envo sistemtico a las normativas nacionales. La proclamacin de estos derechos es operada usando un lxico muy atento a no implicar significados comprometidos con un punto de vista material, evitando cualquier alusin a transformacin de lo social. Brilla por su ausencia toda referencia a la instrumentacin necesaria para el ejercicio de ese derecho y que pueda inspirar una normativa sobre las instituciones que puedan asegurarlo y hacerlo efectivo. Es un ejemplo paradigmtico los artculos-llave 74, 75 y 76, dedicados respectivamente a la libertad profesional, libertad de empresa y a la propiedad. El derecho a un trabajo como tal no se reconoce ms y se le suma el derecho de ejercer una profesin libremente elegida, solo que para ser creble deber implicar la concreta posibilidad de ejercicio de un trabajo, oficio o lo que sea. Este elemento utpico nuevo tiene que ver con los cambios entre la relacin entre capital y trabajo, donde la burguesa europea reconoce con esa asercin sociolgica el hecho emprico que el trabajo vivo ya no tiene la importancia central que posea en el viejo estado social. Y esta conclusin es que la subsuncin real del trabajo se expresa aqu como principio constitutivo de la forma del superestado europeo. Se ha perdido en el camino la palabrita garantizar, nada ms ni nada menos. Este derecho devaluado, reducido y debilitado se explica por los siguientes artculos sobre la libertad de empresa, derecho a la propiedad y en el ttulo Igualdad, el artculo 81 de No-discriminacin.

Causa pavor, impresiona leer la formulacin dictatorial, absolutista, desptica y minimalista que reza: se reconoce la libertad de empresa. Se ha abandonado la cautela jurdica, las limitaciones casusticas y condicionamientos que las constituciones del siglo XX haban diseado para intentar domesticar el espritu animal de la empresa capitalista (ejemplos: art. 41 italiana; art. 74 alemana; art. 128 espaola). Se anula de un plumazo toda una tradicin europea que reconocan el derecho de la propiedad privada pero mediatizndola con la funcin social (art. 33 espaola) o de servir al bien comn (art. 14 alemana). La funcin social de la empresa privada, un caro motivo del estado social, se evapora en una lnea y sin titubeos.

Todo esto preanuncia el problema de la igualdad formal, enunciada en el ttulo siguiente. A la igualdad formal ante la ley le sigue el principio de no-discriminacin, que va a sustancializar esta igualdad en trmino de reversin e innovacin con respecto a la tradicin de los juristas. Todas las constituciones europeas tienen como objetivo normativo superar la visin meramente formal del principio de igualdad (art. 9 espaola). La operacin crtico-ideolgica es aqu similar pero retrgrada. Paradjicamente intenta su objetivo usando el criterio excluyente bajo la forma de la discriminacin, incluyendo solapadamente como causa de segregacin el patrimonio (origen social). Iguala as a todos independientemente de su estrato social y poder econmico. El rico se equipara al pobre, el capitalista al asalariado, el terrateniente al pen agrcola. Para todos debe ser aplicada la misma disciplina y bajo la violacin del principio de no-discriminacin. El principio democrtico por el cual a situaciones iguales debe corresponder un tratamiento igual y a situaciones desiguales un tratamiento distinto, en correspondencia con una desigualdad pre-existente y objetiva, es anulado. Todo un postulado tico-comunitario del estado social ms avanzado del siglo XX, el europeo, se anula hacia las generaciones futuras.

Esta equivalencia de la desigualdad no para all. En el ttulo Solidaridad, art. 8, nos refuerza esta innovacin-involucin de los derechos fundamentales. Se reconoce el estado de guerra civil latente al equiparar, como deduccin lgica de lo anterior, que los capitalistas y los trabajadores son tambin equiparables en sus modos de accin colectiva para la defensa de sus propios intereses. El lock-out patronal se erige en calidad de derecho inalienable, asumindose como irrelevante la desigualdad econmica y social, la disparidad de poderes entre trabajo y capital. La violencia es aqu profunda y epocal: ya no puede hablarse de continuidad y desarrollo con el constitucionalismo liberal o del Welfare State sino de ruptura y regresin.

De refinada estrategia es la escogida para exponer los derechos sociales, art. 94, tctica de elusiones de toda garanta efectiva, de vaciar de sustancia y contenido los viejos conceptos. Se abandona las frmulas clsicas anteriores, al estilo tiene derecho, se obliga, etc. Ni que hablar de la terminologa del estado social: garantizar, proteger, asegurar Ahora la Unin considera al derecho social como un reconocimiento de situaciones jurdicas subjetivas que operan en el mbito nacional. En otras palabras: el contenido del derecho social es sometido a las prescripciones normativas del Tratado, al principio fundamental de un mercado capitalista de libre concurrencia (una de las supernormas), diluyendo no slo la eventual garanta de satisfacer en la prctica este derecho sino la posibilidad abierta de una extincin en la dialctica entre esta exigencia y las leyes eternas de la economa posfordista en los parmetro de Maastricht.

Del estado social al estado penal: posfordismo y gobierno de la excedencia:

Las propuestas sobre seguridad interior, otro de los pilares de la nueva Europa, no debera extraarnos. Aqu lo utpico del capital se encuentra con la tendencia material de los propios estados nacionales, el lento pasaje al estado policial o al gobierno de la excedencia. Controlar a la multitud, la tolerancia cero y Europol es la sntesis que sigue a la Europa monetaria constitucional. Expresa una tendencia masiva y de fondo a la expansin del tratamiento penal de la miseria y la precariedad, que, paradjicamente, se desprenden y refuerzan de la atrofia dirigida del estado social. Una poltica de criminalizacin de la miseria es el complemento indispensable de la imposicin de trabajo asalariado precario o lasrgos perodos de desempleo como obligacin natural ciudadana. El captulo IV sobre Espacio de libertad, seguridad y justicia refleja el coronamiento jurdico de un espectacular aumento, acelerado y continuo, de los ndices de encarcelamiento, que en el caso espaol es de 200% en la ltima dcada y una superpoblacin carcelaria del 130%. De hecho como consecuencia de las disposiciones de los tratados de Maastricht y de Schengen orientados a acelerar la integracin jurdica a fin de asegurar la libertad de libre circulacin, pero no de personas sino de mercancas fuerza de trabajo, la inmigracin fue redefinida como un problema de seguridad continental, al mismo nivel del crimen organizado y el terrorismo, conclusin que cierra con las carencia de derechos civiles para los trabajadores inmigrantes, un apartheid sofisticado y ms estricto que el de Sudfrica. El proyecto de seguridad aqu slo coincide con las propias prcticas de las polticas penales nacionales que se hicieron ms duras, ms abarcativas, ms abiertamente orientadas hacia la defensa social en detrimento de la re-insercin fordista. Todo indica en este caso que un alineamiento de la Europa social por abajo, que provoca un aflojamiento de las regulaciones polticas del mercado laboral y un debilitamiento de las protecciones colectivas contra los riesgos de la vida salarial (la desafiliacin social como lo llama Castel) est acompaado inevitablemente por una alineacin de la Europa penal por arriba, a travs de Eurojust, Europol y la generalizacin politicas de criminalizacin de la precariedad laboral. Esta es la convergencia clara que plasma el Tratado. La convencin Europol, que prefigura una policia federal europea, se construy con tanta rapidez, medios y energa como la unidad monetaria del euro. La experiencia de esta constitucin nos demuestra que hoy no podemos separar la poltica social y la poltica pena, la violencia organizada del estado, o mejor dicho: mercado laboral posfordista, trabajo social, polica y prisin, guerra preventiva, sin impedirnos comprender una y otra y sus mutuas afinidades electivas. No estamos sino en el pasaje crucial de un rgimen de la carencia, el fordista, a uno de la excedencia, el posfordismo, y la posibilidad de bloquear su desarrollo es cuestin de nuestras capacidades y limitaciones.

Que nos dice la astrologa sobre la Constitucin Europea:

La carta natal de la constitucin marca que fue firmada en Bruselas, el 18 de junio de 2004 a las 22:19. Gminis ascendiente Capricornio; el Sol en conjuncin con Mercurio: indica versatilidad y modernidad, prepotencia e intolerancia, tendencia a la intriga, riesgo de escndalo. Parece que las estrellas acertaron esta vez de par en par, por una vez. Y para cerrar este comentario los audaces redactores que colocaron ingenuamente el epgrafe de Tucdides, un epitafio, han dado en el blanco sin proponrselo. Percles, como el capital europeo, se siente muy incmodo con la palabra democracia y tiende instintivamente hacia el valor de la libertad de los propietarios y de la ciudad imperial. Los redactores han recurrido sin saberlo al texto ms pertinente para definir este proyecto de constitucin donde ha vencido la brutalidad de la libertad del mundo rico sobre el demos de la multitud trabajadora. La democracia queda pospuesta para tiempos mejores y, como dijo un fillogo italiano, ser objeto de nuevas reflexiones por parte de otros hombres, tal vez ya no europeos.




Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter