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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-05-2010

La fiebre del petrleo que amenaza al Golfo de Mxico y al planeta

Michael T. Klare
Tom Dispatch


La cuestin est clara: el drenaje masivo de petrleo del fondo del Golfo Mxico podra consumar uno de los mayores desastres ecolgicos de la historia de la humanidad. Lo peor es que es slo un anticipo de lo que ser la era del petrleo degradado, una poca caracterizada por la creciente dependencia de fuentes de energa problemticas y difciles de conseguir. La partida se desarrolla en terreno peligroso, y lo que est en juego es el destino del planeta.

Es posible que nunca se llegue a dar con la causa precisa de la explosin que destruy la torre petrolera de Deepwater Horizon el 20 de abril y mat a 11 de sus 126 trabajadores. Se ha hablado de fallos en una conexin submarina y en un aparato especficamente diseado para prevenir explosiones. La falta de controles gubernamentales sobre los mecanismos de seguridad tambin tuvo su parte en el desastre, producido, seguramente, por una combinacin de equipo defectuoso y errores humanos. En todo caso, aunque no se determine cul fue el exacto disparador de la explosin, la razn de fondo est clara: la existencia de una empresa a la que el gobierno autoriz a explotar reservas de petrleo y gas natural en entornos remotos y bajo condiciones de operacin altamente riesgosas.

Los peligros de la nueva fiebre del petrleo

Los Estados Unidos ingresaron en la era de los hidrocarburos con una de las principales reservas de petrleo y gas natural. La explotacin de estos valiosos y verstiles recursos ha contribuido durante mucho tiempo a la riqueza y al poder del pas, as como a la rentabilidad de gigantes de la energa como British Petroleum (BP) y Exxon. Este proceso, empero, condujo al agotamiento de la mayora de reservas siutadas en tierra firme y slo dej algunas disponibles en reas martimas de difcil acceso en Alaska y el rtico. Para mantener el suministro de energa, as como los ininterrumpidos beneficios de las grandes empresas del ramo, todos los gobiernos sin excepcin han impulsado la explotacin de fuentes energticas remotas, con abierto desdn por los peligros humanos y ambientales que encierran estas operaciones.

La bsqueda afanosa de gas y petrleo ha entraado siempre un cierto grado de riesgo. Despus de todo, la mayora de las reservas energticas se encuentran bajo tierra entre sucesivas capas de rocas. Cuando las perforadoras llegan hasta ellas, las probabilidades de erupciones explosivas son altas. Es lo que se conoce como efecto "giser". En los intrpidos inicios de la industria del petrleo, este fenmeno -bien conocido gracias a pelculas como Pozos de ambicin (There Will Be Blood, segn el ttulo original en ingls)- era causa frecuente de importantes accidentes humanos y ambientales. Con los aos, las compaas petroleras consiguieron prevenir los daos causados a los trabajadores o al entorno de los pozos. Ahora, sin embargo, la compulsin por disponer de las remotas reservas de Alaska, el rtico y las profundidades marinas se est reeditando una peculiar y peligrosa versin de los intrpidos inicios de la industria. Las empresas se encuentran con riesgos inesperados, y su tecnologa -diseada para escenarios ms benignos- resulta a menudo incapaz de ofrecer una respuesta adecuada a los nuevos desafos. En consecuencia, cuando el desastre se produce, el dao ambiental es exponencialmente mayor que cualquiera que haya podido registrarse en los anales de la industria a lo largo del siglo XIX o a inicios del XX.

La operacin Deepwater Horizon es un ejemplo de ello. BP, la empresa que gestionaba la torre petrolera y tena a su cargo la supervisin de la perforacin, lleva aos inmersa en una frentica bsqueda de petrleo en zonas profundas del Golfo de Mxico. El pozo en cuestin, conocido como Mississippi Canyon 252, tena una profundidad de 1,5 kilmetros y estaba situado a unos 80 kilmetros al sur de la costa de Luisiana. El perforador, por su parte, se extenda unos 4 kilmetros ms bajo tierra. A semejante profundidad, cualquier operacin en el fondo del ocano debe realizarse a travs de robots manejados por control remoto por tcnicos situados en el pozo. El margen de error admisible en estas circunstancias es mnimo, sobre todo en cuestiones de perforacin y corte de capas rocosas. Aparentemente la operacin Deepwater Horizon se caracteriz por una gran laxitud en materia de supervisin, de manera que cuando surgieron algunos problemas previsibles, fue imposible enviar tcnicos que pudieran evaluar la situacin y ofrecer una solucin.

Acometer perforacionesen Alaska y en el rtico entraa peligros an mayores, dadas las condiciones climticas y ambientales extremas con las que es menester lidiar. Cualquier pozo martimo siutado en los mares de Beaufort o de Chukchi est expuesto a eventuales choques con trozos de hielo, a temperaturas extremas y a poderosas tormentas. Por otra parte, siempre ser ms difcil, en semejantes parajes, lidiar con derrames de petrleo como los de BP, da igual que sean martimos o terrestres. Es ms, un flujo incontrolado de petrleo en esas condiciones representar, sin ninguna duda, una amenaza letal para cualquier especie viva.

Las grandes empresas de energa aseguran que estn blindadas contra tales peligros. Sin embargo, tanto el desastre del Golfo como la propia historia han puesto en ridculo dicha pretensin. En 2006, por ejemplo, un oleoducto en mal estado de BP propici el derrame de ms de un milln de litros de crudo en unas lomas del norte de Alaska frecuentadas por manadas migratorias de caribs (como el derrame tuvo lugar en invierno, los caribs an no estaban all, lo que hizo posible alejar el petrleo de los bancos de nieve; de haberse producido en verano, los riesgos para la manada hubieran sido considerables).

Cuando hay petrleo de por medio, todo est permitido

A pesar de los peligros evidentes y de la ausencia de mecanismos adecuados de seguridad, diferentes administraciones, incluida la de Barack Obama, han apoyado la poltica de las grandes empresas y han favorecido la explotacin de reservas de gas y petrleo en aguas profundas del Golfo de Mxico, as como en otras eras ambientalmente sensibles.

El gobierno ya asumi esta posicin frente al tema con la Poltica de Energa Nacional (PEN), adoptada por el presidente George W. Bush en mayo de 2001. Liderados por el ex Director Ejecutivo de Halliburton, el vicepresidente Dick Cheney, los diseadores de esta poltica advirtieron de que los Estados Unidos consideraron que la creciente dependencia de la importacin de energa comportaba un autntico peligro para la seguridad nacional. A resultas de ello, apostaron por un mayor aprovechamiento de las fuentes de energa locales, especialmente petrleo y gas natural. Es un objetivo primordial de la Poltica de Energa Nacional diversificar las fuentes de aprovisionamiento rezaba la declaracin de principios de la PEN. Y esto supone priorizar las fuentes locales de petrleo, gas y carbn .

No obstante, como la propia PEN dejaba claro, los Estados Unidos estaban perdiendo sus reservas de gas natural o de petrleo convencionales y de fcil acceso, tanto terrestres como martimas."Es probable -se deca en el documento- que la produccin de petrleo en los Estados Unidos decaiga en los prximos diez aos; [de manera que] la demanda local exceder las propias capacidades productivas . La nica solucin, se afirmaba, era aumentar la explotacin de reservas de energas no convencionales, como el petrleo o el gas situados en el fondo martmo del Golfo de Mxico, ms all de los bancos de arena continentales, en Alaska, en el rtico e incluso recurrir a formaciones geolgicas complejas como el petrleo o el gas bituminosos.

La produccin de gas y petrleo en reas geolgicamente estimulantes -continuaba el documento- es vital para todos los estadounidenses y para la seguridad energtica nacional, siempre que resulte compatible con la proteccin del medioambiente (esta ltima mencin era un explcito aadido de la Casa Blanca dirigido a contrarrestar las acusaciones -desafortunadamente ciertas- en torno a la escasa sensibilidad gubernamental por las consecuencias ecolgicas de su poltica energtica).

La primera recomendacin de la PEN consista en el desarrollo de un "Refugio para la Vida Silvestre en el rtico", una propuesta con amplio eco en los medios que se granje la inmediata desconfianza de los grupos ambientalistas. Sobre todo cuando se la vea acompaada por la apelacin a una mayor exploracin y explotacin en las profundidades del Golfo y en los mares de Beufort y Cukchi, en el norte de Alaska. Aunque la perforacin en el Refugio Nacional para la Vida Silvestre del rtico fue finalmente bloqueada, la explotacin en otras reas se abri camino con escasa oposicin. En realidad, el Servicio de Gestin de Minerales (SGM), una agencia gubernamental probadamente corrupta, lleva aos facilitando la concesin de licencias de exploracin y perforacin en el Golfo de Mxico e ignorando de manera sistemtica las regulaciones ambientales. Esta prctica, frecuente durante la era Bush, se mantuvo inclume con la llegada de Barack Obama a la presidencia. Obama, de hecho, autoriz con su firma el crecimiento masivo de las perforaciones martimas, y apenas tres semanas antes del desastre de Deepwater Horizon, el 30 de marzo, anunci la realizacin de tareas de perforacin, por primera vez, en vastas reas del Atlntico, la zona oriental del Golfo de Mxico y las aguas de Alaska.

Adems de acelarar las exploraciones en el Golfo de Mxico, pasando por alto las advertencias de cientficos y funcionarios gubernamentales, el SGM tambin aprob perforaciones en los mares de Beaufort y Chukchi. Todo ello a pesar de la fuerte oposicin de grupos ecologistas y de los propios pueblos nativos, que teman que las operaciones pusieran en riesgo la supervivencia de ballenas y otras especies fundamentales para mantener su modo de vida. En octubre, por ejemplo, el SGM otorg a Shell Oil una autorizacin provisional para llevar a cabo perforaciones en dos bloques del mar de Beaufort. Los opositores al plan han sealado que cualquier derrame de petrleo generado por dichas actividades entraara severos riesgos para especies ya amenazadas. Como de constumbre, sin embargo, las advertencias se ignoraron (el 30 de abril, 10 das despus de la explosin del Golfo, el presidente Obama otorg al Plan un sorpresivo visto bueno, cuando an algunas tareas de perforacin an estaban pendientes de revisin).

El saln de la vergenza de BP

Las grandes compaas energticas tienen sus propias razones para sumarse a la explotacin de opciones remotas de energa. Para evitar la cada de sus acciones, cada ao se ven obligadas reemplazar el petrleo extrado con el de nuevas reservas. La mayora de los yacimientos tradicionales, sin embargo, est agotada y algunos de los ms prometedores en Oriente Medio, en Amrica Latina o en la ex Unin Sovitica se encuentran bajo control de empresas estatales como la saud Aramco, Pemex, en Mxico, o PDVSA, en Venezuela. Este panorama deja a las empresas privadas con reas cada vez ms restringidas en las que reponer sus provisiones. Ello explica que lleven tiempo inmersas en una bsqueda enloquecida de petrleo en el frica subsahariana, donde muchos pases todava permiten una cierta participacin privada. Lo cierto, sin embargo, es que incluso en estos casos deben afrontar la feroz competencia de empresas chinas as como de otras compaas de propiedad estatal. Las nicas reas en las que an pueden operar con las manos prcticamente libres son el rtico, el Golfo de Mxico, el Atlntico Norte y el Mar del Norte. No es casual que sea aqu donde estn concentrando sus esfuerzos, con escasa o nula preocupacin por los peligros que ello pueda suponer para la humanidad o para el planeta.

El ejemplo de BP es bastante elocuente. Originariamente conocida como Anglo-Persian Oil Company (ms tarde, Anglo-Iranian Oil Company, y finalmente, British Petroleum), BP comenz sus operaciones en el suroeste de Irn, donde goz durante un tiempo del monopolio en la produccin de crudo. En 1951, sus propiedades fueron nacionalizadas por el gobierno democrtico de Mohammed Mossadeq. La empresa regres a Irn en 1953, tras el golpe apoyado por los Estados Unidos que puso al Shah en el poder, y fue expulsada nuevamente en 1979 tras la revolucin islmica. La compaa todava conserva un pie en la inestable aunque rica en petrleo Nigeria, una ex colonia britnica, y en Azerbaijan. Sin embargo, desde su absorcin de Amoco (en su momento, Standard Oil Company of Indiana) BP ha concentrado sus energas en la explotacin de las reservas de Alaska y en algunos yacimientos de petrleo degradado en el Golfo de Mxico y en las costas africanas.

No por casualidad, el informe anual de BP de 2009 lleva por ttulo "Operar en las fronteras de la Energa". All, de hecho, se seala con orgullo que BP opera en las fronteras de la energa. Desde las profundidades martimas a los entornos ms complejos, desde remotas islas tropicales a la prxima generacin de biocombustibles, una renovada BP trae consigo mayor eficiencia, un impulso sostenido y crecimiento empresarial. En el marco de esta declaracin de principios, el Gofo de Mxico ocupa un papel central. BP es un operador lder en el Golfo de Mxico , seala el informe. Somos el principal productor y proveedor en la zona, adems de contar con el mayor rea de exploracin [ ] Nuevos descubrimientos, iniciativas exitosas, operaciones de alta eficacia y un amplio abanico de nuevos proyectos nos sitan en inmejorable posicin en el Golfo de Mxico, tanto a corto como a largo plazo .

Est claro que los altos ejecutivos de BP pensaban que un rpido incremento de la produccin en el Golfo resultara fundamental para la salud financiera de la empresa a largo plazo (de hecho, unos pocos das despus de la explosin en Deepwater Horizon, la compaa anunciaba que haba conseguido unos 6.100 millones de dlares de beneficios slo en el primer trimestre de 2010). Queda por determinar hasta qu punto la concepcin empresarial defendida por BP contribuy al accidente de Deepwater Horizon. En todo caso, existen inidicios de que la compaa estaba inmersa en una frentica operacin de consolidacin del pozo de Mississippi Canyon 252, un paso previo al eventual traslado de la plataforma alquilada a Transocean a unos 500.000 dlares diarios a algn otro sitio de perforacin rentable.

Si bien es probable que BP sea el principal villano en este caso, otras grandes empresas energticas estn implicadas en actuaciones similares, con cobertura del Gobierno y de algunos de sus funcionarios. Estas empresas y sus aliados gubernamentales aseguran que, con las debidas precauciones, es seguro operar en estas condiciones. El incidente de Deepwater Horizon, sin embargo, revela que cuanto ms remota es el rea de exploracin, mayores son las posibilidades de que el asunto acabe en desastre.

Se nos dir que la explosin en Deepwater Horizon fue un accidente desafortunado, una desgraciada combinacin de gestin inadecuada y equipo defectuoso. Que bastara con un control ms estricto para disipar los riesgos de la perforacin en aguas profundas. Pero el alegato no es de recibo. La falta de diligencia y los defectos tcnicos pueden haber desempeado un papel crucial en la catstrofe del Golfo. Sin embargo, la fuente ltima del desastre es la necesidad compulsiva de las grandes empresas de compensar el declive de las reservas convencionales de petrleo a travs de la exploracin en zonas altamente riesgosas. Mientras esta compulsin se mantenga los desastres continuarn. Tenedlo por seguro.

Michael T. Klare es profesor de estudios de Paz y Seguridad Mundial en el Hampshire College. Su ltimo libro es Rising Powers, Shrinking Planet: The New Geopolitics of Energy (Metropolitan Books).

Traduccin para www.sinpermiso.info : Gerardo Pisarello (http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3345)

rCR



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