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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-05-2010

La visita de Karzai a Washington
La guerra que aguarda Kandahar

Ramzy Baroud
Counterpunch

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Envuelto en su habitual atavo de rayas coloristas, el Presidente afgano Hamid Karzai pareca una especie de emperador cuando empez su cuarto da en Washington. Acompandole en una sombra visita al Cementerio Nacional de Arlington iban el Secretario de Defensa estadounidense Robert Gates, el Presidente de la Junta de Jefes del Estado Mayor Almirante Mike Mullen y el alto comandante de EEUU (y de la OTAN) en Afganistn, Stanley A. McChrystal, los mismos hombres responsables de la guerra y ocupacin de su propio pas.

La visita, bien coreografiada y claramente ensayada, se haba organizado para dar la impresin de que la relacin entre Karzai y los mandamases citados era la de un dirigente independiente y seguro de s mismo en bsqueda del apoyo de una superpotencia benevolente.

Pero, cules eran las verdaderas razones de la visita de Karzai a Washington?

Los tpicos anlisis de los medios llevan distorsionando durante meses el evidente abismo existente entre Afganistn y EEUU bajo la administracin Obama. Incluso aunque esta administracin se sintiera verdaderamente descontenta con las polticas de Karzai, al menos hasta hace bien poco, el resentimiento tena escasamente que ver con las razones ofrecidas por los expertos de los medios. No se deba a que Karzai estuviera fracasando a la hora de conseguir gobernanza, poner fin a la corrupcin, etc. No, seamos sinceros, la guerra de EEUU en Afganistn jams se apoy en razones morales y jams podr ser de otra manera. No, a menos que se revise completamente la mentalidad militante que gobierna la poltica exterior estadounidense.

Ahora enfrentmonos a la realidad. A Afganistn le esperan das fatdicos. La verdad es que resulta duro imaginar que las desgracias afganas puedan ir a peor. Pero me temo que as ser, especialmente para quienes habitan en el sur, en Kandahar. Sentada cerca de Karzai durante su visita a Washington, la Secretaria de Estado Hillary Clinton prometi que su pas no iba a destruir Kandahar para salvar Kandahar.

La declaracin puede sonar convincente, pero en realidad tiene mucho de siniestra e inquietante. Clinton se estaba refiriendo a la poltica que la administracin Bush aplic tanto en Iraq como en Afganistn. De hecho, admiti cndidamente esto al decir: Kandahar no es Faluya, refirindose a la ciudad iraqu que en 2004 acab casi completamente destruida por los masivos ataques de los marines en un intento por salvar la ciudad. Hemos aprendido varias lecciones desde Iraq, afirm Clinton.

Pero si las lecciones se hubieran aprendido de verdad, entonces, por qu todo ese lenguaje ficticio, por qu la ridcula afirmacin de que la intencin verdadera es en realidad salvar Kandahar? Y qu otra estrategia tiene en la recmara EEUU para Afganistn, adems del irritante debate sobre si utilizar aviones no tripulados o llevar a cabo la matanza cara a cara?

Estaba Karzai en Washington para proporcionar cobertura a lo que est por venir en el baluarte de los talibanes en el sur? No es improbable. Considerando las pasadas y repetidas proclamas de una creciente divisin entre Kabul y Washington, un sangriento ataque contra Kandahar podra llevar a pensar que, en realidad, EEUU acta unilateralmente en Afganistn. Aadan a este escenario los constantes y continuos llamamientos hechos por el mismo Karzai para entablar conversaciones con los talibanes. Una escalada estadounidense sin el consentimiento pblico del propio Karzai no podra considerarse como algo que forma parte de una estrategia conjunta.

En la presentacin que llev a cabo ante el Instituto por la Paz de EEUU (USIP, por sus siglas en ingls), Karzai habl de un extendido compromiso estadounidense hacia Afganistn que iba a durar ms all de la actual actividad militar un compromiso con el futuro, mucho despus de que nos hayamos retirado, y quiz con las generaciones de nuestros nietos, biznietos y tataranietos.

Esto es algo que el pueblo afgano lleva buscando durante un largo, largo tiempo, dijo.

Clinton estaba tan preocupada por la grave situacin del pueblo, que prometi ayudar al pueblo de Kandahar a recuperar toda la ciudad para poder ponerla en marcha y beneficiar al pueblo de Kandahar No estamos combatiendo al pueblo afgano Estamos combatiendo a una pequea minora de entregados y despiadados extremistas que desgraciadamente consiguen alistar a los jvenes en sus filas por toda una serie de razones y enviarles al campo de batalla.

Aunque Clinton pretenda hacernos creer que la era de Bush estaba superada y que sobre nosotros se extiende el nuevo amanecer de la poltica exterior estadounidense, utilizaba casi el mismoexacto lenguaje, expresado en casi el mismo exacto contexto que la administracin Bush utilizaba antes de sus mayores ataques militares, que perseguan el objetivo de salvar al pueblo de algunos despiadados extremistas, ya fuera en Iraq o Afganistn.

Y va a producirse un ataque importante, porque el contra-incremento de los talibanes est amenazando las operaciones de la contrainsurgencia estadounidense.

Un rpido examen de un artculo de Marie Colvin en Marjah, Afganistn, donde los talibanes estn dejando una vez ms muy clara su presencia, subraya los desafos a que se enfrenta el ejrcito estadounidense por todo el pas. Titulado Rpida y sangrienta: la venganza de los talibanes, el artculo del 9 de mayo empieza con la afirmacin de que los rebeldes han vuelto. A lo largo del informe aparecen una y otra vez las mismas afirmaciones. Se supona que Marjah iba a estar segura Todo ese progreso est amenazado por el incremento talibn Siempre existe el temor a que vuelvan a resurgir Cada vez est ms clara la fuerza de la presencia talibn Los talibanes son cada vez ms audaces.

Una vez se asoci el trmino incremento con la estrategia del General David Petraeus que postulaba el despliegue de 30.000 nuevos soldados en Afganistn. Resulta muy irnico, por no decir otra cosa, que ahora se atribuya el trmino a la propia estrategia de los talibanes. Lo que una vez se quiso que apareciera como una historia de xitos, puede que ahora, despus de todo, no sea tan fcil convencer al mundo de que las cosas pueden salir bien en Afganistn. Cada vez hay ms preocupacin en el Pentgono de que si miles de marines y fuerzas de seguridad afganas no pudieron derrotar totalmente a los talibanes en Marjah, una ciudad de slo 50.000 habitantes, asegurar el premio mucho mayor de Kandahar puede suponer una lucha muy superior a lo previsto hasta ahora, escribi Colvin.

El reto est por delante, aunque apoyado en todo un lenguaje apropiado (aunque predecible), y es probable que sea sangriento, al igual que el resto de este triste episodio de Afganistn, que empez mucho antes de 2001.

EEUU y Karzai (como supuesto representante del pueblo afgano) deben parecer unidos frente a la minora extremista. La visita de Karzai a EEUU fue el tpico intento de acolchado poltico anterior a la probable tormenta militar. Se trataba de asegurar al pblico que el caos que seguir es en realidad parte de un esfuerzo de contrainsurgencia; bien planeado, calculado, ejecutado y, como siempre, fervientemente articulado.

Ramzy Baroud es editor de PalestineChronicle.com. Sus trabajos aparecen publicados en muchos peridicos y revistas de todo el mundo. Sus ltimos libros son: The Second Palestinian Intifada: A Chronicle of a Peoples Struggle (Pluto Press, London) y My Father Was a Freedom Fighter: Gazas Untold Story (Pluto Press, London).

Fuente: http://www.counterpunch.org/baroud05212010.html

rCR



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