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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-05-2010

La crisis y el torbellino poltico espaol
Se estrecha el margen de maniobra del gobierno

Jos Antonio Errejn
Rebelin

Este artculo ha sido escrito antes de las crisis de la deuda griega y espaola y los correspondientes planes de ajuste de sus gobiernos para atender las exigencias de los mercados, sus socios comunitarios y el FMI. Por lo que se refiere al Estado espaol que es el objeto de atencin del artculo, los acontecimientos parecen estar confirmando algunas de las previsiones que en el mismo se contenan.


El estrechamiento del margen de maniobra del Gobierno , consecuencia de los costes derivados del tijeretazo y de la imposibilidad de obtener los frutos de las acciones de estmulo a la actividad econmica en trminos de recuperacin del PIB y del empleo, acentan su soledad poltica especialmente de parte de los sindicatos, hasta ahora los principales valedores de su accin de gobierno.

La suspensin del juez Garzn y las incertidumbres acerca del fallo del Tribuna Constitucional sobre el Estatuto de Catalunya parecen confirmar la disposicin del estamento judicial, hegemonizado por los sectores ms conservadores, a dar una leccin al Ejecutivo, sealndole los lmites que una lectura progresista de la Constitucin no puede franquear.

Este cuadro de situacin parece haber confirmado a los dirigentes del PP lo acertado de su estrategia de acoso al Gobierno para que, en una situacin de creciente malestar por la dureza del ajuste y las frecuentes torpezas e improvisaciones de Zapatero, el desgaste del Gobierno alcance un punto tal que unas elecciones anticipadas le den la victoria y sea aceptado como la nica solucin posible por sus eventualmente socios para la prxima legislatura. nicamente la aceleracin del fin de ETA en la que el Gobierno tiene empleado su principal activo y depositadas sus residuales esperanzas de remontar las adversas intenciones de voto, podran obstaculizar lo que la mayora de los observadores entienden como inevitable vuelta del PP a la Moncloa.

En el torbellino en que se ha convertido la escena poltica espaola, acontecimientos como el procesamiento del juez Garzn por presunta prevariacin en su instruccin del proceso contra los responsables de los crmenes del franquismo, est pasando casi desapercibido, al lado de algunos de los disparates que nos brinda cada da la actualidad poltica. No entro ni salgo en la valoracin de los mritos y los errores de Garzn, ni de las miserias del aparato judicial, lo menciono como indicador de las peculiaridades de la democracia espaola que, a treinta y un aos de su inauguracin formal por el heredero de Franco, no solo sigue siendo incapaz de saldar las cuentas con el nico rgimen fascista (me ahorro su ms precisa caracterizacin) que se ha prolongado en un rgimen parlamentario homologado, sino que puede condenar a la nica instancia que se atrevido a investigar los prolongados crmenes de la dictadura.

Insisto, no le doy al asunto ms valor que el de sntoma de una situacin en la que los temores sociales parecen estar condensndose y cristalizando en un apoyo social al partido que hereda, ms en el imaginario colectivo que en sus declaraciones, el sentido profundo del rgimen franquista, su proyecto histrico.

Es un sntoma que se une a otros como las histricas llamadas a la unidad para salir de la crisis entre las que ha destacado la extempornea intervencin del monarca, escasamente atento al largo proceso de construccin de una economa especulativa de la que tanto se ufanan los polticos del PP y de la que parece probable que l y su familia hayan sacado suculentas ganancias.

O a la pintoresca mesa para el dilogo promovida por el Gobierno y bien caracterizada por Montoro como un concurso de ideas del que parecera que el Gobierno espera encontrar alguna que le ayude a recuperar la confianza de los mercados financieros y poder bajar as la prima de riesgo de la deuda.

O el cuento de Blancanieves que a ttulo de actualizacin del Plan de Estabilidad 2008-2013 el Gobierno ha mandado a Bruselas pero con efectivo destino en los potenciales compradores de deuda para venderles una tranquilidad que el PP les niega.

Sntomas todos ellos de una situacin extremadamente confusa, en la que los efectos de una crisis capitalista incorrectamente analizada/diagnosticada operan sobre un entramado poltico mucho ms frgil de lo que pueda haber parecido en pocas de bonanza econmica como la vivida en el ciclo 1994-2007, con el resultado de unos niveles de deslegitimacin de toda la clase poltica tan elevados que pueden encumbrar (en trminos relativos) a una outsider como Rosa Dez al primer puesto en la valoracin ciudadana, con un discurso que niega un aspecto tan esencial del ordenamiento constitucional como su Ttulo VIII.

Por ms rechazo que pueda producir el personaje, no es nada con lo que representan las cada vez ms frecuentes apariciones de ese pequeo poltico embriagado con la memoria de sus gestas (el gobierno de la ms gigantesca operacin de especulacin econmica , desamortizacin de patrimonios pblicos y ataques contra los derechos sociales) preludiando una 2 vueltaque seguramente nos permitira ver la verdadera faz de tan siniestro personaje. Algn articulista lo ha comparado con la aparicin meditica de personajes lumpen (Beln Esteban, John Cobra) que estaran presagiando indicando sntomas de procesos de fascistizacin social.

No es suficiente el espacio disponible para analizar un fenmeno del que se perciben rastros y evidencias en muchos otros pases , desmintiendo la percepcin del fascismo como algo asociado a la crisis del perodo de entreguerras. Los efectos de la crisis capitalista global en Espaa, actuando sobre una estructura institucional- como se ha dicho- mas frgil de lo que aparenta, se manifiestan por la (re)aparicin de discursos y personajes que pueden aglutinar movimientos dinmicas de repliegue social y cultural similares a los movimientos fascistas de los aos veinte y treinta del pasado siglo.

La tambaleante actitud del Gobierno contribuye a alimentar estos fenmenos. Sus iniciales errores de diagnstico de la crisis han sido superados por sus titubeantes polticas, permanentemente vacilantes entre las orientaciones de sus Ministros de Economa y la decisin de ZP de no separarse de los sindicatos , obsesionado con evitar la repeticin de la ruptura de los ochenta y sabedor de la carencia de reserva carismtica de que dispona Gonzlez. El problema para ZP es que su viaje con los sindicatos no da para emprender una poltica de recuperacin keynesiana como las que otros gobiernos estn practicando, entre otras cosas porque la dbil implantacin sindical en la economa espaola real les convierte en socios escasamente solventes. Se encuentra, adems, con un dficit interno no despreciable y es la falta de experiencia en tal tipo de polticas que atesoran la mayor parte de los cuadros y gestores del Gobierno ,profundamente influidos por la dilatada experiencia de prcticas de gestin que solo a falta de denominacin ms precisa seguimos llamando neoliberales.

La estrategia del PP aumenta la ansiedad del Gobierno ,sabedor que el equipo de Rajoy solo va a plantear un choque cuerpo a cuerpo cuando el deterioro de la situacin social y su prdida de legitimidad le aseguraran (al PP) una victoria estruendosa y duradera. Privado de este autntico baln de oxgeno que le supondr poder contrastar sus polticas con las reales propuestas del PP, no le queda ms remedio que aguantar para convocar las elecciones anticipadas en condiciones no tan malas como la presente ,confiado en que la confrontacin de programas le puede permitir un resultado que ,en el peor de los casos, evite las tendencias disgregadoras que la prolongacin de la crisis empieza a evidenciar al interior del PSOE .Pero precisa par ello un mnimo respiro en la situacin econmica agravada por la crisis de confianza de los mercados financieros y es por eso que busca un acuerdo a cualquier precio a travs de pintoresca iniciativa de la mesa para el dilogo con la que ,de alguna manera, pretende invocar el espritu de la transicin. Es dudoso que le sirva esta vez, como le sirvi a su antecesor y referente FG, el apoyo y la participacin en el Gobierno de CiU, la opcin preferida por los ancianos del PSOE, del grupo PRISA, de la banca y la CEOE; pero no puede descartarse, si estuviera dispuesto a comprometer a cambio el futuro del PSC.

Resulta tal vez ms dudoso que los partidos a la izquierda del PSOE pudieran servirle de sostn para ganar el tiempo que necesita. No es probable que el"izquierdismo" de ZP le d para comprometer el futuro electoral del PSOE por las polticas algo ms de izquierdas que un acuerdo de esta naturaleza le supondra, ni siquiera con el compromiso de UGT y CCOO con dicha frmula. La debilidad de estas formaciones, su alejamiento de las responsabilidades de gestin y su extrema fragmentacin hara muy difcil la labor de formar equipos de gestin eficaces para una etapa tan complicada como la presente. Sin olvidar el ms que posible efecto de rechazo social e incremento a las posiciones de derecha extrema que esta izquierdizacin del Gobierno podra suponer.

La crisis se ha desplazado al terreno poltico y funciona ya como una crisis poltica, como la imposibilidad para el actual gobierno de aguantar hasta el final de la legislatura. Sindicatos y patronal han pasado a un segundo plano y lo saben por lo que sus manifestaciones no pasan de ser un ejercicio obligado para recordar su existencia en un tablero poltico que tiene a expulsarlos por irrelevantes.

Algn analista ha discutido las posibilidades o escenarios de pactos mltiples que existen para la prctica de gobierno, incluyendo los que pasan por una mocin de censura del PP apoyada en los votos de CiU. Personalmente doy escasas posibilidades a este ltimo escenario; ni al PP le conviene mostrar en pblico su programa, arriesgando una movilizacin de respuesta de la izquierda social antes de tiempo, ni CiU, cada vez ms cerca de volver a Sant Jaume arriesgar esta posibilidad alindose con un PP que en Catalunya sigue portando el estigma de heredero del franquismo. Creo ms probable que el PSOE siga practicando su poltica de acuerdos de geometra variable a la espera de que la recuperacin econmica de los principales pases de la UE le permita, va aumento de las exportaciones, si no alcanzar los irreales objetivos del plan de estabilidad, al menos registrar algn repunte del empleo con el que convencer a una izquierda social -siempre fcil de convencer- que merece la pena invertir de nuevo en voto til.

El margen de maniobra poltica se le va a ir agotando al PSOE

Tras la implosin del modelo de crecimiento basado en la burbuja inmobiliaria, el consumismo desenfrenado y el endeudamiento generalizado, el capital financiero, despus de haber superado la fase de dudas ontolgicas sobre la necesidad de refundarse, toma como rehn a las poblaciones y ,a travs de los Estados, las obliga a un esfuerzo de austeridad (reduccin de gastos sociales, recorte de los salarios y las pensiones, etc) para hacer frente a las obligaciones de las deudas contradas por los Estados para salvar al propio capitalismo financiero. Convertidos en rehn de los mercados internacionales, los Estados y su personal dirigente o clase poltica no dudarn en someter a las poblaciones asalariadas y pobres a los ms duros sacrificios. Es el proyecto de la UE el que parece ahora amenazado por la ofensiva especulativa que amenaza con arrasar los restos de lo que fue el modelo europeo para sustituirlo por una modalidad ms acorde con los designios del capitalismo alemn, una Europa a dos (como mnimo) velocidades en la que la segunda se vuelva a constituir como la reserva de fuerza de trabajo barata para las necesidades de acumulacin del capital centroeuropeo. Si ya no hay ms afuera el capital europeo, tras el respiro regalado por los Estados con sus espectaculares rescates de bancos y empresas, est dispuesto a recrearlo, dejando en el camino si ello es preciso su obra ms querida en la segunda mitad del siglo XX y que ha unido en su construccin al capital y al trabajo, la Unin Europea.

La revuelta griega es la expresin del rechazo que esta pretensin suscita entre las capas populares. Ms temprano que tarde los trabajadores espaoles, con las organizaciones de que disponen, se vern enfrentados a pruebas similares en un contexto de relaciones de fuerza no especialmente favorable. No podrn demorar su respuesta, sin embargo, si no quieren afrontarla an en peores condiciones.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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