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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-06-2004

Entrevista a Pascual Serrano y Javier Callejo
Periodismo, una profesin desprestigiada

Alexa Diguez
Ladinamo


ltimamente la libertad de expresin se ha invocado con cierta frecuencia. Cada vez son ms las voces que coinciden en denunciar que hemos llegado a extremos alarmantes de amarillismo, censura y manipulacin. En el ojo del huracn, una profesin tradicionalmente individualista enfrentada a serios dilemas morales. Soy periodista, luego engao? Para intentar una evaluacin aproximada de un problema complejo, se han reunido dos personas que representan los mrgenes, en el buen sentido de la palabra, del periodismo. Por un lado, Pascual Serrano, director de Rebelin (www.rebelion.org), probablemente la publicacin online de contenido alternativo ms reconocida y visitada del reino. Por otro, Javier Callejo, profesor de sociologa de la UNED, de cuya colaboracin con la asociacin Aideka (www.aideka.tv) han salido dos informes imprescindibles sobre la manipulacin informativa en TVE, uno sobre la Huelga del 20-J, que termin en condena, y otro sobre la Guerra de Irak. Dos trabajos que han contribuido a catalogar a Alfredo Urdaci, director de informativos durante buena parte de la era Aznar, como entusiasta partidario de la televisin de rgimen y prototipo de lo que no debe ser un periodista digno.

Dicen que la libertad de expresin atraviesa un momento crtico.

Pascual Serrano: La libertad de expresin no existe. Estamos en un sistema en el que entre los ciudadanos que quieren comunicar algo y la poblacin susceptible de recibir esa informacin se encuentran unos medios de comunicacin que forman parte del entramado econmico y poltico. El sistema actual, independientemente del partido que gobierne, est intrnsecamente en contra de un modelo de comunicacin democrtico.

Javier Callejo: Es verdad que no existe la libertad de expresin en esencia, pero tambin lo es que se dan diferentes grados de margen para la existencia de dicha libertad en trminos concretos. En este pas hubo cierta ingenuidad en la explosin social que tuvo lugar al principio de la transicin, cuando se confi en que los medios iban a cumplir una funcin social. Por el contrario, la democracia se institucionaliz y surgieron mecanismos encargados de reproducirla tal y como estaba, no de mejorarla. La Constitucin recoge que los colectivos sociales deben tener garantizado el acceso a los medios de comunicacin, una idea que tambin figura en el Estatuto de RTVE. Y no slo se ha impedido el acceso de los colectivos a los medios, sino que tampoco se ha querido desarrollar mecanismos para controlar la manipulacin. Todos los gobiernos que ha habido en Espaa han manipulado. Lo que sucede es que nos encontramos en uno de los peores momentos porque asumimos colectivamente que la manipulacin forma parte de la esencia de los medios. Eso es lo grave. Y eso es lo que permite que se llegue a extremos de manipulacin excesivos.

P.S.: Nuestra estrategia ha de ser doble. Por un lado, se trata de crear medios alternativos, que es a lo que yo me dedico; por otro, se ha de intentar minar la credibilidad que todava pudiesen tener para determinados sectores sociales los medios convencionales. An no hemos logrado poner en marcha medios alternativos poderosos, pero los otros medios han perdido credibilidad de manera llamativa.

J.C.: He llegado a un punto en que contemplo con cierta distancia este tipo de afirmaciones. Me he dado cuenta de que lo que vemos socilogos y periodistas no es lo que percibe todo el mundo. A veces nos parece que algo est de moda porque lo vemos nosotros, sin darnos cuenta de que se trata de una percepcin ficticia. Es verdad que algunos sectores, especialmente las capas sociales medias y medias-altas, han adquirido distancia respecto a los contenidos de los medios de comunicacin, pero dudo que eso ocurra en el conjunto de la sociedad.

P.S.: Vosotros trabajis para desacreditar a los medios convencionales, nosotros para ofrecer otro punto de vista; pero nadie ha dicho que a continuacin se vayan a levantar las masas.

La fuerza de la propaganda oficial va contra vosotros.

P.S.: Pero ya se sabe la verdad. La gente sabe que en Irak no haba armas de destruccin masiva. Sabe que el poder miente y que los medios de comunicacin reproducen y avalan sus mentiras. Sabe que nuestra versin es la buena. Lo que ocurre es que, an as, pasa de todo porque no existe una alternativa poltica.

J.C.: En relacin al informe sobre la Guerra de Irak que hemos presentado, lo que ms me ha extraado es el revuelo que ha generado algo que es obvio. Si todo el mundo lo sabe, por qu se sorprenden de que lo denunciemos pblicamente? A lo mejor debemos empezar a pringarnos con lo obvio.

A eso me refera. La propaganda oficial machaca con una insistencia arrolladora.

J.C.: No contamos con los mismos recursos, pero nadie nos impide utilizar los mismos sistemas casi publicitarios. A nadie le dice nada nuevo un anuncio de Coca-Cola, pero Coca-Cola consigue estar siempre presente gracias a sus anuncios. Y estar de gusanillo, de voz de la conciencia, es muy importante, sobre todo si tenemos en cuenta que el proceso de paso hacia posiciones ms conservadoras se ha dado en un sector que, en mayor o menor medida, parti de posturas contrarias a la derecha. Es la generacin que tiene entre 35 y 50 aos y que, desgraciadamente, coincide en gran medida con el boom demogrfico de los sesenta. Qu les ha ocurrido? Seguramente son la generacin que ha experimentado una transformacin mayor en su posicin social y econmica. Gente cuyos padres eran de extraccin humilde, que se ha visto beneficiada por la generalizacin de la educacin superior y la inversin extranjera y ha podido situarse en posiciones privilegiadas y estables, desarrollando un miedo ms o menos intenso a perderlas.

Internet hace las veces de voz de la conciencia?

P.S.: Internet es un medio bastante igualitario en el que yo estoy en las mismas condiciones que Polanco, con ligeros matices. Contamos con los mismos mecanismos de difusin, aunque l consiga dinero y yo no. Adems, Internet est colonizado por la izquierda. El pblico de Internet es de los nuestros, busca nuestro anlisis, busca otra cosa. El problema es que estamos limitados a un estrato social concreto con cierta capacidad econmica y tecnolgica.

J.C.: Es verdad que es un perfil determinado el que accede a Internet, incluso en una sociedad relativamente avanzada como la espaola, pero tambin hay que tener en cuenta que hablamos del sector polticamente ms activo. Sin embargo, creo que Internet acabar con el dominio de los medios de comunicacin masivos porque no slo permite la bsqueda de posiciones ideolgicas alternativas, sino que ofrece otra informacin. Y ah es donde radica su verdadero potencial, en la plasmacin de otras informaciones, ms que de otros planteamientos polticos.

P.S.: En el caso de Irak hemos podido comprobar los dos modelos informativos. Ha sido asombroso ver cmo no haba el ms mnimo parecido entre lo que decan unos y otros. Los medios oficiales emitan imgenes de agencia combinadas con la aparicin del periodista de turno, que curiosamente siempre estaba en una terraza porque no sala del hotel. Por otra parte, llegaban crnicas en las que distintas personas contaban cmo haban estado en este o aquel hospital y haban visto llegar a diez heridos, de los cuales cuatro eran nios. Unos seores sin demasiada formacin que, sin ningn tipo de logstica, han dejado en ridculo a los profesionales.

Los dos modelos informativos ponen de manifiesto dos maneras de entender la profesin periodstica.

P.S.: El margen de maniobra de quienes trabajan en un medio tradicional es muy escaso. Tienen dos opciones, asumirlo o quedarse sin trabajo. Cmo pueden resolver los problemas de conciencia que les produce dedicar cuarenta horas semanales a engaar? Muchos de ellos lo hacen envindonos informaciones que no pueden publicar. Profesionales dignos y honestos que nos pasan la versin ntegra de un reportaje que les han cortado o los diez teletipos que les han dicho que tiren a la basura. Por otra parte, tambin utilizan nuestras fuentes cuando ven que pueden colar alguna informacin interesante y quieren contrastar los datos que han recibido de fuentes tradicionales.

J.C.: Sin restar mrito a este tipo de acciones casi clandestinas, creo que en Espaa no se ha reivindicado la profesin de periodista, al menos en trminos weberianos, ni como vocacin ni desde la perspectiva de su funcin social. Y, francamente, si no se establece el vnculo entre periodismo y sociedad, mal veo el asunto.

P.S.: Siempre digo que la mayor remuneracin del periodista est en la firma, en ver su nombre encabezando un texto, lo cual demuestra el bajo nivel de reivindicacin que existe.

J.C.: Nunca ha existido conciencia profesional. Recuerdo cuando, hace ya aos, echaron de un da para otro al entonces subdirector de Intervi, una revista que publicaba algunas cosas crticas, por no estar de acuerdo con la lnea editorial. Ningn medio se hizo eco de la noticia, ningn compaero se solidariz. Sin embargo, proteger a un compaero en una situacin as es protegerse a uno mismo. Y a todos.

P.S.: Tambin es verdad que existe mucho subempleo. Yo estuve en ABC hasta 1992 cobrando setenta mil pelas. Me fui cuando entend que ya haba aprendido lo que tena que aprender y, por tanto, era mucho ms lo que yo les estaba haciendo ganar que lo que ellos me daban a m. Pues bien, cinco y seis aos despus, algunos de mis compaeros seguan de becarios cobrando setenta mil pesetas. Y nadie deca nada.

J.C.: Adems, est ocurriendo un fenmeno curioso y es que tanto a los medios como a los trabajadores les da miedo generar una noticia, digamos, distinta, porque no saben qu va a pasar si destapan la liebre.

Aqu entra en juego un componente importantsimo de los medios del que no hemos hablado: la publicidad.

J.C.: Ni al ltimo becario se le ocurre criticar a El Corte Ingls porque es uno de los mayores anunciantes, aunque estamos hablando de una empresa enormemente explotadora y corrupta. Adems, es importante poner de manifiesto el gran poder de negociacin con los medios de comunicacin que obtienen los poderes polticos a travs de la publicidad. La mayor inversin publicitaria reciente, que corresponde al Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales y ronda los cuatro mil millones de las antiguas pesetas, se ha realizado en fechas previas a la campaa electoral pero ningn medio ha publicado nada.

P.S.: El poder poltico puede comprar a los medios y las empresas ya no necesitan pagar su fidelidad con publicidad porque son dueas de porcentajes elevadsimos de sus acciones.

Ante un panorama as, qu se puede hacer?

J.C.: Cuando empezamos a trabajar en la demanda sobre la manipulacin de TVE en el tratamiento de la Huelga del 20-J, ni se nos ocurra soar con que fuese admitida a trmite, mucho menos con que un juzgado nos diese la razn, y todava mucho menos con que TVE fuese tan torpe como para poner al seor Urdaci a hacer el tonto delante de la pantalla con aquello de ce-ce-o-o. Es decir, denuncia que algo queda. Se trata de procurar que la gente sea activa en su anlisis de la informacin que recibe.

P.S.: Lo primero que tenemos que hacer es mejorar la calidad y el rigor de los medios alternativos. Actualmente existe un nivel medio-bajo y es imprescindible entender que las cosas se deben hacer con seriedad si pretendemos dar a la ciudadana municin para defenderse de las informaciones oficiales. Tambin creo que es deseable la cooperacin mutua, la eliminacin del egocentrismo que ha sido tradicional entre los colectivos e intelectuales de izquierdas. Estamos embarcados en un proyecto colectivo en el que cada uno tiene su papel y puede encontrar su hueco.

J.C.: Citando a uno de mis referentes tericos, Pierre Bourdieu, dir que la sociologa es un deporte de combate. Con esto quiero decir que todos podemos utilizar la propia profesin como elemento de lucha. El problema viene cuando se te pide que, adems de ser socilogo, seas poltico, juez

P.S.: Eso no es factible si no quieres terminar agarrado a una botella de gisqui porque quisiste cambiar el mundo y no pudiste. Es mejor, por una simple cuestin de salud mental, marcarse un objetivo pequeito y alcanzarlo.




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