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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-05-2010

El pueblo contra los banqueros
Hoy Grecia, maana Estados Unidos

Michael Hudson
Counterpunch


Los "lobistas" financieros de Estados Unidos estn tratando de utilizar la crisis griega como argumento para presionar a favor de un recorte del gasto pblico en la Seguridad Social y el programa Medicare. Es precisamente lo contrario de lo que estn pidiendo los manifestantes griegos: que se suban los impuestos sobre el patrimonio y las actividades financieras y se reduzcan los que gravan la actividad laboral, y que se atiendan las reclamaciones de los trabajadores de dar prioridad financiera a las pensiones de jubilacin sobre las peticiones de ayuda de los bancos de los cientos de miles de millones de dlares invertidos en prstamos basura que hoy no valen nada.

Llamemos al rescate griego por su nombre: un programa de rescate de activos en situacin de riesgo de banqueros alemanes y de otros pases europeos, as como de especuladores de todo el mundo. El dinero procede de otros Estados (principalmente del Tesoro alemn, con el consiguiente recorte del gasto interno en este pas), los cuales han abierto una especie de cuenta corriente para que el Estado griego pueda pagar a los tenedores de bonos del pas que los haban comprado a precios de saldo durante las ltimas semanas. stos habrn hecho el negocio de su vida; y de igual modo se forrarn los compradores de cientos de miles de millones de dlares en ttulos de cobertura por riesgos crediticios contra los bonos del Estado griego, as como los especuladores y los distintos jugadores del capitalismo de casino que hayan contratado seguros contra otros bonos europeos. (A su vez, quienes tengan que abonar estos seguros por riesgos crediticios van a necesitar que alguien les rescate, y as sucesivamente).

Esta ganancia inesperada va a salir del bolsillo de los contribuyentes (a la larga, de los ciudadanos griegos, y bsicamente de los trabajadores griegos, puesto que los ms ricos disfrutan de una fiscalidad muy favorable), que van a tener que devolver el prstamo otorgado por los Estados europeos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Tesoro estadounidense en punto a mitigar los efectos del sistema financiero depredador. El pago a los tenedores de bonos se est utilizando como excusa para recortar drsticamente los servicios pblicos, las pensiones de jubilacin y otros gastos del Estado griego. Sin duda constituir un modelo a seguir para otros pases que querrn imponer medidas similares de ajusto econmica, a la vista del crecimiento de los dficits pblicos que van de mal en peor por la disminucin de la recaudacin fiscal sobre un sector financiero que se ha enriquecido gracias a que la economa basura se ha trocado en poltica pblica internacional. De modo que los banqueros apenas van a ver truncadas sus expectativas de ganancias para este ao. Y para cuando el sistema entre quiebra ellos ya habrn invertido su dinero en activos seguros.

Los "lobistas" de la banca ya saben que el juego financiero ha llegado a su fin. Ahora estn jugando a corto plazo. El objetivo del sector financiero es conseguir la mayor cantidad posible del dinero procedente del rescate y salir corriendo, con unos beneficios anuales lo suficientemente grandes como para poder exhibirlos de modo arrogante ante el resto de la sociedad cuando haya que empezar de cero nuevamente. Que se gaste menos en programas sociales significar que habr ms recursos disponibles para el rescate de los bancos, los cuales tienen deudas carentes de garantas que crecen exponencialmente y de las que jams podrn hacerse cargo. Es inevitable que en una situacin de quiebra bancaria los prstamos y las deudas acaben figurando en los libros contables como impagados.

Los trabajadores griegos an no son tan pesimistas como para dejar de luchar. Su lucha permite esperar que el pueblo ejerza algn control sobre el Estado (algo que son incapaces de entender sus homnimos estadounidenses). Si los trabajadores el demos flaquean en su espritu combativo, el poder pblico acabar permitiendo que sean los prestamistas extranjeros los que, por defecto, dicten la poltica pblica a seguir. Y cuanto ms se satisfagan los intereses de los banqueros ms endeudada va a acabar la economa. Sus beneficios provienen de los sacrificios y la austeridad del propio pas. Los recursos previstos para las pensiones de jubilacin y para el gasto social estatal de Grecia van a servir ahora para reponer fondos en los bancos de capital alemanes y de otros pases europeos.

Esta forma de entender el mundo ya haba tenido su expresin en la periferia europea ms septentrional, en la que se ha aplicado el tipo de masoquismo fiscal que los bancos desearan ver en Grecia. Si reconocieran lo que de veras les ocurri, los Estados blticos estaran a la vez celosos y resentidos al ver cmo Grecia trata de salvar su economa, comparado con la situacin que ellos vivieron de completa incapacidad para plantar cara a las arrogantes demandas de los pases acreedores. Visto desde el extremo ms oriental de la Unin Europea, la senda de austeridad a la que se dirige Grecia nos suena a algo familiar, escribe Nina Kolyako. Durante al menos dos aos los Estados blticos de Lituania, Letonia y Estonia han recurrido reiteradamente a la aplicacin de medidas draconianas, recortando severamente el gasto pblico y aumentando los impuestos para tratar de salir del agujero por s mismos. El primer ministro lituano Andrius Kubilius ha declarado en una reciente entrevista a la agencia AFP: Hemos aprendido de dolor, dificultad y eficacia la leccin de que hay que prestar mucha atencin a la situacin fiscal de un pas. Comprendimos muy bien que la va de la consolidacin fiscal era la nica posible si queramos sobrevivir.

Al caer en un clsico sndrome de Estocolmo (literalmente, en este caso, en relacin con los bancos suecos), el gobierno lituano se apret el cinturn de un modo tan brutal que provoc que su Producto Interior Bruto disminuyera un 17 por ciento. Letonia sufri una cada parecida. Los blticos han recortado salvajemente el empleo y los salarios del sector pblico para acabar hundindose en la pobreza en vez de conseguir acercarse a los niveles de prosperidad de la Europa occidental (y a una fiscalidad progresiva que promoviera una clase media) que les prometieron cuando se independizaron de Rusia en 1991.

Cuando el Parlamento letn impuso medidas de ajuste en diciembre de 2008, las protestas populares de enero hicieron caer al gobierno (al igual que ocurriera en Islandia). Pero el resultado fue simplemente el de un nuevo rgimen de ocupacin neoliberal que actu al dictado de intereses bancarios extranjeros. De modo que lo que se va extendiendo es una guerra social a escala global; no es la guerra de clases imaginada en el siglo XIX, sino una guerra del sector financiero contra economas enteras, contra la industria, contra los bienes races y los Estados, y sobre todo contra los trabajadores. Est ocurriendo al ritmo lento en el que suelen producirse las grandes transiciones histricas. Pero, al igual que ocurre en los conflictos blicos, cada batalla se nos aparece como algo que se desarrolla a un ritmo frentico y en la que las embestidas salvajes provocan fluctuaciones rpidas y desconcertantes en las bolsas de todo el mundo y en los tipos de cambio monetarios.

Todas stas son noticias realmente buenas para los que negocian valores por va telemtica. En estos das en los que los mercados financieros han sido zarandeados en todas direcciones por las enormes oleadas de crdito generadas por las tormentas generalizadas en un planeta financieramente sobrecalentado, en promedio los valores y las obligaciones slo se han mantenido unos pocos segundos en las mismas manos.

Lo que sigue: la distopa econmica

La crisis griega muestra cunto ha cambiado la idea de Europa desde que en 1957 seis de sus miembros crearan la Comunidad Econmica Europea (CEE). A instancias de Estados Unidos, Gran Bretaa y Escandinavia se cre la Asociacin Europea de Libre Comercio (EFTA), supuestamente rival de la CEE. Recurdese que la principal promesa del proyecto europeo al menos antes de Maastricht y Lisboa era la de conseguir que los trabajadores alcanzaran la prosperidad de la clase media; nada que ver con la imposicin actual de programas de ajuste propios del FMI que han devastado a los pases del Tercer Mundo. El mensaje lanzado a los pases endeudados est claro: Moros. Y, con el fin de apuntalar el Consenso de Washington la guerra de clases del sector financiero contra los trabajadores y la industria, estos pases obedientemente se suicidan econmicamente.

Se est transfiriendo el poder poltico, social, fiscal y econmico al aparato burocrtico de la Unin Europea y a sus controladores financieros del Banco Central Europeo (BCE), as como al FMI, cuyos planes de ajuste estructural contra los trabajadores abocan a los gobiernos a liquidar el dominio pblico, la riqueza del suelo y del subsuelo y las empresas pblicas, y a comprometerse a aplicar futuros gravmenes que permitan saldar las deudas contradas con los pases acreedores. Desde el otoo de 2008, ya se ha impuesto esta poltica en la nueva Europa (las economas postsoviticas e Islandia). Ahora se va a exigir su aplicacin en Portugal, Irlanda, Italia, Gracia y Espaa. Que a nadie le extrae si surgen protestas por doquier!

Para aquellos observadores que no prestaron suficiente atencin a lo ocurrido en Islandia y Letonia el pasado ao, es bueno que sepan que Grecia es el nuevo y ms importante campo de batalla de nuestros das. Islandia y los pases blticos al menos tienen la opcin de redenominar los crditos en su propia moneda, realizar los apuntes de sus deudas exteriores segn su criterio y gravar fiscalmente la propiedad para recuperar para el Estado los beneficios que se les haban prometido a los banqueros extranjeros. Pero Grecia est encerrada en la unin monetaria europea, la cual est gobernada por cargos financieros no elegidos mediante voto popular y que han invertido el significado histrico de la democracia. En lugar de que el sector econmico ms importante el financiero est sujeto a la poltica electoralmente legitimada, los bancos centrales (los "lobistas" nombrados por los banqueros comerciales y de inversin) se han independizado de los controles polticos.

Los ms derechistas de Europa y Estados Unidos (como el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke) llaman a esto un hito de la democracia. Ms bien se trata de un jaln de la oligarqua, que ha conseguido eliminar el control sobre la asignacin del crdito en la economa y, en el mismo viaje, la capacidad de planificacin pblica futura, a la vez que ha otorgado a las grandes finanzas un poder determinante sobre los programas de gasto pblico.

Islandia, Letonia y Grecia constituyen las primeras salvas de aviso en el proyecto de involucin del gran programa de reforma democrtica del siglo XIX y de la Era Progresista: fiscalidad sobre la tierra y sobre la revalorizacin sin esfuerzo alguno por parte del propietario de los beneficios procedentes de los bienes races, los bonos y la renta variable, as como la subordinacin del sector financiero a las necesidades de un crecimiento econmico gobernado democrticamente. Esta doctrina tuvo su continuacin en la etapa posterior a 1945, con una la fiscalidad progresiva que permiti ver los mayores incrementos del nivel de vida y de la actividad econmica en todo el siglo XX. Pero desde 1980 la mayora de pases han modificado radicalmente su senda fiscal. Los recaudadores fiscales liberaron los ingresos de sus obligaciones pblicas a partir de la idea de que as se facilitara que los bancos concedieran ms crditos, lo que a su vez permitira aumentar la liquidez para facilitar la adquisicin de propiedades.

Las casas, los edificios de oficinas y las empresas tienen un valor ligado a la disposicin de los bancos a prestar dinero. De modo que las gentes en general (y los salteadores empresariales en particular) han reaccionado a la poltica de revisin fiscal pro financiera solicitando crditos para comprar casas (y empresas), a menudo yendo ms all de sus posibilidades. Y para pagar la deuda pblica resultante del incremento de la inflacin y de la ruina financiera que han causado los recortes en los impuestos sobre el patrimonio, la solucin ha consistido en aumentar la presin fiscal sobre los trabajadores. sta es la causa de la deuda pblica de los pases. Los Estados se han endeudado como resultado de disminuir las cargar impositivas sobre los ms ricos, no slo sobre los bienes inmuebles.

Al haber seguido la misma lnea de los pases occidentales de rebajar la fiscalidad sobre el patrimonio y de aumentar la carga sobre los trabajadores durante los ltimos decenios, el gobierno griego no puede o no quiere aumentar los impuestos a los ricos, ni siquiera a los profesionales liberales acomodados. Pero los neoliberales acusan al Estado griego y a los dems pases deudores de no haber vendido suficientes empresas y suelo pblicos para cubrir las deudas. La deduccin de impuestos sobre los intereses ha hecho que las privatizaciones realizadas a crdito estn exentas de tributacin, de modo que los Estados perdern el derecho a las compensaciones que reciban por el uso de sus bienes (a la vez que los ciudadanos pagarn peajes ms caros para acceder a los servicios pblicos).

Al igual que ha hecho el gobierno de Estados Unidos, los griegos han emitido bonos para financiar el dficit resultante de estas rebajas fiscales. Los compradores de los bonos (principalmente bancos alemanes) exigen que los trabajadores griegos (y ahora tambin los contribuyentes alemanes) paguen de sus bolsillos los dficits originados por los recortes impositivos. El resultado es que los bancos, y dems tenedores de bonos, alemanes y de otros pases europeos cobrarn lo que se les debe a costa de la aplicacin de drsticos recortes en las pensiones y en los gastos sociales (e incluso mediante una mayor privatizacin de bienes pblicos, malvendidos stos a unos precios subordinados a una necesidad acuciante).

Las protestas callejeras ocurridas en Grecia han estallado porque los trabajadores han entendido algo que va ms all de la percepcin de cierto periodismo que trata el asunto como una confrontacin episdica. Los salarios reales hace tiempo que han disminuido (en Estados Unidos se frenaron en seco alrededor de 1979). El acceso de muchos ciudadanos a la propiedad inmobiliaria slo ha sido posible mediante la aceptacin de crditos hipotecarios vitalicios. Y las economas postsoviticas conquistaron su libertad poltica de Rusia al precio de ser hoy insolventes, dependiendo por completo de los dictados del FMI y la Unin Europea en punto a obtener crditos que les permitan hacer frente a las deudas contradas con banqueros extranjeros, que a su vez han impuesto fuertes cargas crediticias sobre sus viviendas, empresas pblicas, industria y familias.

Los tenedores de bonos y los especuladores financieros se han confabulado para exigir el apoyo de la Unin Europea, el FMI y Estados Unidos para la rpida obtencin de los beneficios que consideran que les corresponden antes de que se colapse la competicin financiera. La apropiacin rapaz puede realizarse con ms rapidez mediante la poltica de adelgazamiento de las economas a travs de la frmula de los planes de ajuste del FMI. El desempleo aumenta a la misma velocidad con la que las economas se endeudan (y el asunto importante no es slo que todo ello lleve a una disminucin de los ingresos fiscales de cada pas, sino que la deuda extranjera provoca un aumento de la dependencia de las importaciones).

Los acreedores reciben lo que se les debe permitiendo que se apropien del excedente econmico; esta apropiacin puede tomar la forma de endeudamiento por nuevas inversiones de capital, inversin en infraestructuras, gasto pblico social y aumento de los niveles de vida. Econmicamente, la asonada griega es una revuelta contra esta poltica de sacrificar la prosperidad para pagar a los acreedores extranjeros.

En lo poltico, la lucha consiste en salvar a Grecia de convertirse en un anti-Estado. La definicin clsica de Estado se fundamenta en la capacidad del mismo para fijar impuestos y emitir moneda. Pero Grecia ha traspasado su autoridad fiscal a la Unin Europea y al FMI, los cuales han acusado al pas de violar aqullo que los tericos polticos establecen como el primer mandato de cualquier Estado: actuar a favor del inters nacional a largo plazo. El Gobierno griego se conduce a las rdenes del capital bancario y, de hecho, acta siguiendo la pauta de terceros Estados que le obligan a liquidar activos, lo cual no redunda precisamente en una promocin del crecimiento a largo plazo.

Lo que realmente est en cuestin aqu es si en el momento de recoger los beneficios del crecimiento econmico los pases estarn gobernados por los acreedores o lo estarn por la voluntad popular. El embate oligrquico de los crditos del FMI y la Unin Europea destinados a rescatar a los bancos extranjeros y a los especuladores tenedores de bonos a costa de los trabajadores griegos (los supuestos futuros contribuyentes) tienen como objetivo que sean precisamente los trabajadores, y no el capital financiero, quienes tengan que hacer frente a las prdidas por las atrasos del Gobierno en el pago de la deuda a causa de la reduccin de los impuestos que gravaban la riqueza. Se trata de permitir que los bancos extranjeros eviten tener que pagar el precio de aparecer como protagonistas en la operacin de vaciado del mercado interior. Se pretende apartar la poltica gubernamental de las manos de los votantes y subordinarla al FMI y la Unin Europea, que a su vez actan como instrumentos del sistema financiero internacional.

Esto lleva a una situacin en la que ni Grecia ni la Comisin Europea son propiamente estados o gobiernos en el sentido poltico tradicional. Las burocracias de la Unin Europea y del FMI no pasan la prueba de una eleccin popular. Cuando sus planes financieros al dictado de terceros alcancen el xito que ellos pretenden, el capital econmico habr sido irremisiblemente saqueado y la democracia social se desmoronar.

El pasado domingo 9 de mayo los votantes alemanes expresaron su irritacin por el papel jugado por su Gobierno en el rescate de los bancos alemanes (calificado con el eufemismo de rescate de Grecia) a costa de los contribuyentes alemanes; el Banco Central Europeo (BCE) no se ocupa de velar para que haya una moneda europea independiente, sino de pasar factura a los gobiernos estatales. Los socialdemcratas (SPD) superaron al partido de la Unin Cristianodemcrata (CDU) de la canciller Angela Merkel en el land de Renania del Norte-Westfalia. Al obtener slo un tercio de los votos algo menos que los socialdemcratas (y diez puntos porcentuales por debajo de la anterior eleccin, cuatro de los cuales correspondieron a la semana en la que la seora Merkel propuso el paquete de rescate), la CDU perdi su mayora en la Cmara Alta alemana.

Puede que muchos votantes alemanes se preguntaran si penalizar a los pobres para pagar a unos ricos que practican la usura era algo tan cristiano como pregonan las siglas del partido de la canciller. O puede que estuvieran seriamente preocupados por el hecho de que la hacienda pblica alemana deba aportar cerca de 30.000 millones de dlares de su parte del rescate a los banqueros (se calla por sabido que no todo el mundo en Alemania siente aprecio por ellos, aunque sean alemanes). Y no cabe duda de que algunos ciudadanos cayeron en la cuenta de que se trataba de una jugada consistente en un engao financiero perpetrado por obedientes polticos a las rdenes del sector bancario.

El engao

Los "lobistas" financieros europeos sacaron provecho de la crisis al tomarla como una oportunidad para promover una extensa serie de rescates. La Unin Europea aprob una ampliacin de 60.000 millones de euros de las facilidades de crdito para bancos suecos y austriacos, unas disposiciones que ya estaban habilitadas para ayudar a que Hungra, Rumana y Letonia pudieran seguir al corriente de los pagos de las deudas contradas con bancos, precisamente, austriacos y suecos. Para sortear la norma que prohbe los rescates en la eurozona, este rescate especial se basa en el artculo 122.2 del Tratado de la Unin Europea, el cual permite el otorgamiento de prstamos a los Estados en circunstancias especiales [1].

Si consideramos que la seora Merkel conoce bien la situacin de las economas de las que hemos hablado, entonces no tenemos ms remedio que acusarla de haber mentido descaradamente. El problema de la deuda bltica es crnico y estructural, no excepcional. La seora Merkel tambin debe saber que est actuando de forma engaosa al pretender ayudar a Letonia mediante la extensin de los crditos que la Unin Europea limita explcitamente al apoyo del tipo cambio del lats, y en cambio los prohbe para fomentar el desarrollo econmico interno de los pases. Las divisas van destinadas a cubrir el coste que los letones deben soportar por pagar en euros las hipotecas contratadas con los bancos suecos, as como para ayudar a los consumidores letones a comprar comida y productos manufacturados que los Estados de la Unin Europea subsidian, a la vez que someten a los letones a un estado de dependencia econmica y financiera.

De esta manera, lo que se consigue es victimizar a Letonia, no ayudarla. Se trata de permitir que los bancos suecos ganen algo ms de tiempo para seguir cobrando las liquidaciones de crditos que es obvio que en condiciones normales acabaran impagados. Las divisas dedicadas a facilitar el pago de deudas privadas a bancos extranjeros se convierten as en deuda nacional que recaer sobre los contribuyentes letones. Esta forma de crdito de la Unin Europea es una expresin descarnada de neocolonialismo.

Permitir hacer algo el tardo trasvase de votos de los ciudadanos alemanes hacia la coalicin rojiverde del SPD con los partidos Verde y de la Izquierda? Probablemente no. El presidente griego Papandreu ha sido un colaborador necesario con lo sucedido a pesar de liderar la Internacional Socialista. De modo que ahora la cuestin es saber si Grecia es vctima de un jaque mate y est irremisiblemente destinada a detenerse a ver cmo el gasto pblico, las pensiones, la sanidad, la educacin y el nivel de vida sufren un deterioro parecido al que han vivido los blticos. stos se han convertido en un experimento de la planificacin centralizada neoliberal. Si son un ejemplo de lo que nos deparar el futuro, entonces el mundo pronto ver una oleada de emigracin griega parecida a la ocurrida en los pases blticos.

Evidentemente, esto es lo que anticiparon los mercados burstiles de todo el mundo cuando en la maana del lunes dispararon sus cotizaciones ante el anuncio europeo de un fondo para rescates de 750.000 millones de euros. Lo que verdaderamente se garantiz con esa accin fue el principio de que para que pueda gobernar el capital financiero primero deben saquearse a fondo las economas. Pero no cabe duda de que la batalla no ha terminado. Esta situacin persistir durante toda la presente dcada, puesto que el actual proceso consiste bsicamente en una involucin de las luchas de los siglos XIX y XX por substituir el poder omnmodo de la propiedad privada oligoplica y los intereses financieros por principios de fiscalidad progresiva y empresa pblica.

Es en esto en lo que supuestamente la civilizacin occidental ejerca su liderazgo? Enfrentados a los Parlamentos controlados por la aristocracia, los reformistas del siglo XIX trataron de tomar el poder para implantar principios democrticos. La economa poltica clsica consisti bsicamente en un programa de reforma destinado a gravar fiscalmente los beneficios privados de las rentas de la tierra, las rentas monopolistas y los intereses financieros derivados de las mismas. John Maynard Keynes celebr este programa reformista calificndolo sobriamente como la eutanasia del rentista.

Pero los intereses creados regresaron con fuerza. Al rotular a la democracia social y la regulacin pblica como un camino a la servidumbre, trataron de situar a las economas europeas en el camino de la deuda por peonaje. Al dictaminar la limitacin del poder de los gobiernos estatales democrticamente elegidos en beneficio del Consenso de Washington, tanto el FMI como las instituciones de la Unin Europea han ganado capacidad de control fiscal y econmico sobre esos gobiernos y sobre sus polticas fiscales, logrando as recortar drsticamente los impuestos sobre los ms ricos (a quienes les piden prestado para financiar los dficits fiscales resultantes).

Los partidarios del Tea Party estadounidense y los contrarios al pago de impuestos han abandonado la lucha por reformar el Estado. Asfixiados por una deuda de la que no ven salida, lo que piden son impuestos menos gravosos y esperan ver que los que ms ganan sean los que ms provecho saquen de una fiscalidad an ms regresiva. Enfrentados a un Congreso corrompido por los "lobistas" que actan de parte de los intereses creados, rechazan la idea misma de Estado y buscan refugio en comunidades locales bunquerizadas. Ven cmo los congresos y parlamentos de los pases de todo el mundo van perdiendo autonoma a favor del FMI, la Unin Europea y otras organizaciones surgidas del Consenso de Washington, que buscan imponer medidas de ajuste y trasladar las cargas fiscales a los trabajadores y la industria, liberando de las mismas al patrimonio privado y al sistema financiero depredador.

La nica forma de impedir una reforma fiscal regresiva y una asfixia por deudas es mediante la consecucin de mayores niveles de control sobre los Estados sobre la base de los principios de la economa clsica y de las reformas de la Era Progresista. Para esto es para lo que se han declarado en rebelda los trabajadores griegos. Alguien debe controlar al Estado, y no cabe duda de que si las fuerzas democrticas se retiran de la lucha, entonces el sector financiero estrechar an ms su cerco.

Lo ocurrido la semana pasado es slo el principio de por dnde discurrir este drama. Su peculiar desarrollo en las economas postsoviticas, que han seguido manteniendo sus propias monedas, se ver en los prximos verano y otoo.


Notas

[1] Ben Hall, Governments to control loan guarantee scheme, Financial Times, 10 de mayo de 2010.

Michael Hudson trabaj como economista en Wall Street y actualmente es Distinguished Professor en la University of Misoury, Kansas City, y presidente del Institute for the Study of Long-Term Economic Trends (ISLET). Es autor de varios libros, entre los que destacan: Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire (nueva ed., Pluto Press, 2003) y Trade, Development and Foreign Debt: How Trade and Development Concentrate Economic Power in the Hands of Dominant Nations (ISLET, 2009).

Traducido para Sin Permiso por Jordi Mund. http://www.sinpermiso.info/

rCR




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